Ética y Legalidad
01-08-200
En la Historia de Chile de F.A.
Encina, puede leerse que en las épocas conflictivas, peruanos y bolivianos se apuraban en
firmar tratados "para ganar tiempo", confiados en el apego chileno a la
palabra empeñada y al cumplimiento de las leyes. De acuerdo al autor, nosotros los
chilenos, tendríamos un impulso natural a cumplir con las leyes que nos gobiernan.
Precisamente, en esta época, nos enfrentamos a una serie de problemas que podrían tener
su origen en aquella "virtud".
Una mujer toma su auto y se dirige a mediodía, sola, al centro de
Santiago para hacer un pequeño trámite. ¿Por qué no lo deja en casa y toma metro o
bus, a pesar de estar decretada pre-emergencia ambiental? Si se le pudiera preguntar,
respondería que, simplemente, hoy no le toca restricción.
Un trabajador entrega a su empresa todo lo que puede, pero sólo dentro de su horario y de
las funciones que establece el contrato. El empresario, a su vez, le otorga todos los
beneficios estipulados en la ley, pero nada más, a pesar de estar nadando en
ganancias.
Estos ejemplos están puestos sólo para ilustrar algo que veníamos
insinuando al comienzo: legalidad. Se cumple con las leyes y normas vigentes. Nada menos,
pero tampoco nada más.
Lo que esto implica es que sí -al hacer algo que la ley no me impide-,
pero sí afecta a la comunidad: "¡qué me importa!".
Esto está condicionado, por un lado, por la lógica individualista y
hedonista que nos gobierna. Sólo nos importamos nosotros mismos, nuestro bienestar
y nuestro placer, que durante largo tiempo ha sido confundido con nuestra felicidad.
También está condicionado por nuestro profundo y equivocado antropocentrismo: "el
mundo, la naturaleza toda, está hecha para el hombre, señor de todas las cosas; por lo
tanto, aprovechémonos hasta donde se pueda". ¿Desarrollo sustentable? Sólo
significa estirar un poco más el elástico.
Mientras no superemos esta visión legalista de las relaciones entre
nosotros y la comunidad, entre nosotros y la naturaleza, mientras no convirtamos esa
postura respetuosa de las leyes en una profunda actitud ética, que incorpore en nosotros
nuevamente las ideas tan perdidas sobre nuestro correcto lugar en los procesos sociales y
ecológicos, no tendremos ni un medio ambiente armónico ni una sana convivencia como
comunidad.
Es por esto que, cuando como sección se nos encarga "analizar el impacto de las
leyes, decretos y acciones públicas emprendidas por el gobierno", sabemos que no lo
haremos en función de nuestra conveniencia individual o humana, o de su concordancia con
otras normativas, sino única y exclusivamente, desde nuestra firme convicción que somos
Uno como Sociedad y Uno como Ecosistema. A participar en esto, están todos
invitados.
Francisco Aldea Martel