El fracaso del
¿Royalty?

Por
Alexis López
Tapia
Una
vieja historia
de “nacis”
En las
elecciones
parlamentarias
de 1937, el
Movimiento
Nacional
Socialista
Chileno (MNS)
obtuvo tres
bancas,
resultando
electos los
Diputados
Jorge González
Von Mareés
por Santiago;
Fernando
Guarello Fitz –
Henry, por
Valparaíso y
Quillota; y
Gustavo Vargas
Molinare,
elegido por
Temuco;
perdiéndose por
un estrecho
margen, la
candidatura de
Carlos
Keller Rueff
por
Concepción.
En materia
económica, los
representantes
nacistas fueron
los primeros en
presentar al
parlamento dos
proyectos de
ley, que
proponían entre
otros, la
derogación
momentánea del
pago de la deuda
externa y la
necesidad de
gravar un
impuesto
progresivo a las
exportaciones de
cobre: así por
primera vez, se
comenzó a hablar
en Chile de un
impuesto sobre
nuestro
principal
producto de
exportación, con
el objetivo
explícito de
llegar a la
“Nacionalización”
del Cobre, que
el partido había
venido
sosteniendo
desde su
creación.
En 1939, el
presidente Pedro
Aguirre Cerda
consultó al MNS,
qué ideas tenían
para poder
resolver el
grave estado en
que había
quedado el país
después del
terremoto de
Enero de ese
año.
El Movimiento
le respondió que
–con suma
urgencia- debía
crearse una
Corporación de
Desarrollo
basada en un
impuesto al
Cobre,
particularmente
considerando que
se tenía la
noción de que
Europa entraría
en Guerra a
corto plazo, y
que si ello
ocurría, EE.UU.
no permitiría un
impuesto de esa
naturaleza.
La idea tuvo un
largo debate en
el Parlamento,
pero finalmente,
el 29 de Abril
de 1939, se
aprobó la Ley Nº
6.434
“De
Reconstrucción y
Auxilio y
Fomento de la
Producción”:
así nacía CORFO
apenas cinco
meses antes del
inicio de la
Segunda Guerra
Mundial.
Esa fue la
primera vez que
en Chile se
aplicó un
impuesto
específico a la
extracción de
Cobre, no
obstante, el
Estado chileno
recibía muy
pocos
beneficios,
hasta que
-recién en 1951-
la firma del
“Convenio de
Washington” le
permitió a Chile
disponer de 20
por ciento de la
producción
cuprífera.
Sólo en 1955,
el parlamento
comenzó a
legislar sobre
la producción de
Cobre y se
dictaron las
primeras leyes
específicas
sobre
tributación de
esta actividad,
destinadas a
garantizar un
ingreso mínimo
al Estado. Ese
mismo año fue
creado el
“Departamento
del Cobre”, con
atribuciones de
fiscalización y
de participación
en los mercados
internacionales
del metal.
Retomando la
vieja idea de
los nacistas,
sólo en 1966 se
inició la
llamada "chilenización
del cobre", que
partió con la
aprobación por
parte del
Congreso de la
ley 16.425, que
determinaba la
creación de
sociedades
mixtas con las
empresas
extranjeras, en
las cuales el
Estado tendría
51 por ciento de
la propiedad de
los yacimientos.
Este proceso
determinó la
transformación
del
“Departamento
del Cobre” en
una “Corporación
del Cobre”. Así,
por primera vez,
el Estado de
Chile asumió un
papel decisivo
en la producción
y
comercialización
del mineral.
La
participación de
51 por ciento
del Estado se
concretó en los
yacimientos más
importantes y
emblemáticos:
Chuquicamata, El
Teniente y
Salvador, que
como resultado
de este proceso
recibieron
inversiones de
importancia.
Entre los
objetivos de la
“chilenización”
también se
buscaba refinar
todo el cobre
dentro de este
país y aumentar
la producción
hasta un millón
de toneladas.
El escenario
de la industria
cambió
radicalmente en
julio de 1971
cuando el
Congreso aprobó
por unanimidad
el proyecto
sobre
“Nacionalización
de la Gran
Minería del
Cobre”,
promulgado en la
ley 17.450.
Para
concretar este
llamado “proceso
de
nacionalización”
fue necesario
modificar el
artículo 10 de
la Constitución
Política del
Estado de Chile,
al cual se le
agregó una
disposición
transitoria en
la cual se
planteaba que
"por exigirlo el
interés nacional
y en ejercicio
del derecho
soberano e
inalienable del
Estado de
disponer
libremente de
sus riquezas y
recursos
naturales, se
nacionalizan y
declaran por
tanto
incorporadas al
pleno y
exclusivo
dominio de la
Nación las
empresas
extranjeras que
constituyen la
gran minería del
cobre…".
Los bienes y
las
instalaciones de
estas empresas
pasaron a ser
propiedad del
Estado de Chile,
que –sin
embargo- creó
“sociedades
colectivas” para
hacerse cargo de
las operaciones,
coordinadas por
la Corporación
del Cobre de
aquel entonces:
de este modo, la
llamada
nacionalización,
en realidad
operó como una
“colectivización”,
imitando de
algún modo el
modelo de los
soviets.
La nueva
normativa
facultó al
Gobierno chileno
para que
dispusiera sobre
la organización,
explotación y
administración
de las empresas
“nacionalizadas”,
es decir,
“colectivizadas”.
También
determinó que
sólo podrían
enajenarse o
constituirse
derechos de
explotación
sobre
concesiones
mineras
para yacimientos
que no
estuvieran en
explotación para
ese momento,
previa
autorización por
ley.
Como
resultado de
estas
atribuciones
fueron dictados
los decretos ley
1.349 y 1.350
publicados en 1
de abril de
1976, que
formalizaron la
creación de una
empresa minera,
la Corporación
Nacional del
Cobre de Chile,
Codelco.
La situación
actual
En los años
1989-1990 el
aporte de
Codelco al
erario Nacional
se aproximó a
los 2.000
millones de
dólares promedio
anual.
En 1995, el
Estado chileno
recibió de
Codelco 1.735
millones de
dólares, que
correspondían al
57% del valor
total de las
ventas de cobre
de Codelco.
En el 2001,
el Estado sólo
recibió 344
millones de
dólares de
Codelco. Es
decir, un 80%
menos que el
período
anterior, a
pesar que la
producción de
Codelco había
aumentado.
En 1995 el
Estado recibió
de Codelco 72
centavos de
dólar por libra
y en el 2001
sólo 9,4
centavos de
dólar por libra.
Sin embargo,
las empresas
privadas, que
controlan cerca
del 70% de la
producción,
doblando la
producción de
Codelco, sólo
aportaron 100
millones de
dólares anuales
aproximadamente.
En el 2002,
sólo aportaron
20 millones de
dólares, según
declaró el
Tesorero General
de la República,
en el Senado de
la época.
¿A qué se
debió esto?
A tres
factores
principales.
1.
A la
sobreproducción
de cobre creada
desde Chile por
las empresas
extranjeras, con
el consiguiente
derrumbe del
precio
internacional
del mineral.
2.
A que las
empresas
extranjeras no
pagaban renta
por tonelada de
cobre extraída.
3.
Debido a que la
mayoría de las
empresas
privadas no
pagan impuestos.
Confirmando
los
planteamientos
realizados a
mediados de los
90, Chile
incrementó la
producción de
cobre en el
período
1995-1999, en
1,9 millones de
toneladas
métricas de
cobre fino.
Las
importaciones
mundiales de los
140 países del
mundo se
incrementaron
sólo en 1,3
millones.
Chile cubre
el 100% del
incremento de
las
importaciones
mundiales, y
adicionalmente
produce un
excedente de más
de 46%. El stock
-cobre que no se
vende- llegó a
los más altos
niveles de la
historia. La
sobreproducción
continúa hasta
hoy.
El precio del
cobre se
derrumbó a
partir de 1995,
a pesar de que
la demanda
mundial como
promedio anual
ha crecido
sustancialmente
hasta ahora,
-incluso durante
la crisis
asiática.
El precio del
cobre de 1995
fue de 133,2
centavos de
dólar la libra.
Durante los 30
años previos a
1995, estuvo en
torno a los 140
centavos y en
los últimos años
-en dólares de
1995- es menor a
70 centavos de
dólar la libra.
Chile aumenta
las cantidades
exportadas y el
ingreso en
dólares para el
país disminuye.
Se produce el
llamado
“Crecimiento
Empobrecedor”.
Las
exportaciones se
incrementaron
para llegar a
4,65 millones de
TM y recibe
menos que cuando
exportaba 2,41
millones de
toneladas
métricas [TM].
Es decir, en la
práctica esto
opera como si en
el año 2001 se
hubiesen
regalado más de
2,2 millones de
TM.
De este modo,
el modelo de
explotación de
cobre existente
en el país logró
que el cobre
cada año valga
menos.
En 2005,
durante el
gobierno de
Ricardo Lagos,
se aprobó un
denominado
“Royalty” a la
minería, que
gravó la
exportación de
Cobre con un 4%,
a cambio de nada
menos que 12
años de
invariabilidad
tributaria para
las mineras: es
decir, durante
12 años los
impuestos no
serían
modificados, y
las mineras
podrían explotar
todo el cobre
que quisieran
pagando un
impuesto fijo.
En
países como
Australia, el
royalty aplicado
a recursos no
renovables
alcanza un 40%.
Sin
embargo, las
mismas mineras
australianas que
explotan cobre
en Chile pagan
sólo un 4%.
La estafa que
fracasó y lo que
deberíamos hacer
Después del
terremoto, una
de las primeras
medidas
adoptadas por el
gobierno de
Sebastián Piñera
fue un paquete
de impuestos,
que incluía una
nueva alza del
impuesto
específico al
Cobre: se
pretendía pasar
de una
recaudación de
600 millones de
dólares a una de
1.000 millones,
pero… ¡a cambio
de mantener la
invariabilidad
tributaria hasta
el año 2025!
La oposición
se pronunció en
contra de la
medida.
Según el
gobierno, ellos
no tenían ningún
argumento para
oponerse, ya que
–cuando eran
gobierno-,
fueron los
primeros en
aprobar la
invariabilidad
tributaria para
la explotación
del recurso por
12 años.
Es decir,
como el Gobierno
de Lagos estafó
a todo Chile por
12 años… ¡Piñera
pretendía volver
a estafarnos por
seis años más!
Efectivamente,
porque el mal
llamado
“Royalty” a la
minería es
apenas un mínimo
tributo sobre
nuestro
principal
recurso de
exportación NO
RENOVABLE.
Si usted
fuera dueño de
una Minera, y le
dijeran que
durante los
próximos 20 años
va a poder
explotar todo el
Cobre que
quiera, pagando
sólo un 4, un 8
o incluso un 10
por ciento ¿qué
haría usted?
Por supuesto:
¡explotar la
mayor cantidad
de mineral
posible en ese
período!
El llamado
“royalty” es una
estafa, porque
produce la falsa
sensación de que
estamos
verdaderamente
cobrando un
“impuesto” por
nuestra
principal
riqueza, cuando
la verdad es que
el aporte de las
mineras privadas
al Estado es una
ínfima parte de
lo que CODELCO
tributa, pese a
que las mineras
transnacionales
producen más de
70% del cobre
del país.
La verdad es que
ni la
Concertación ni
la Alianza
tienen el valor
político de
hacer lo único
que debemos
hacer:
exactamente lo
mismo que los
diputados “nacistas”
pidieron en ya
en los años ‘30:
¡DEBEMOS
NACIONALIZAR EL
COBRE!
Y a quienes
quieran seguir
explotándolo,
simplemente
exigirles al
menos un 50% de
las utilidades,
y punto.
Adicionalmente,
debemos crear
una Bolsa de
Metales propia:
¡HAY QUE DECIRLE
ADIOS A LA BOLSA
DE LONDRES!
Hay que decirle
¡ya basta! a los
que durante los
últimos 100 años
han profitado de
nuestra riqueza:
primero con el
Salitre y ahora
con el Cobre.
Llegará el día
–más temprano
que tarde-, en
que el Cobre
chileno se
acabará:
entonces ninguno
de los cobardes
que no se
atrevió a hacer
lo que debe
hacerse, vendrá
a darle
explicaciones
por la miseria
del país a sus
hijos o sus
nietos.
La
responsabilidad
de cambiar esto
es suya, es mía
y es nuestra: de
cada uno de los
Chilenos.
Por Chile.
Por el
Futuro.