|
Por Alexis López Tapia
Serrano jamás formaría en batallón alguno. Carece por completo de cualquier tipo de disciplina militar. Se burló de la belicosa actitud del Almirante Merino –quien participó como artillero en la batalla de Guadalcanal-, el cual -según él- reaccionó mostrándole un revólver ante su mención del Socialismo Prusiano. Incluso ha sostenido que “la decadencia comienza con los militares; son el señor Pinochet y compañía los que liquidan la intelectualidad chilena”. Efectivamente, él es un intelectual. Un aristocrático miembro de las familias de más rancio abolengo de la intelligentzia criolla. Pariente de Condes y Marqueses. Nieto de Doñas y Señores. Sobrino de Huidobro. Amigo de Jung y Hesse. Epíritu afín del Dalai Lama. Asesor de Nehru. Secreto romance de Indira Gandhi. Nada tiene que ver con la sangre, las tripas y las piernas destrozadas de los niños irakíes. Nada tiene que ver con los esmirriados soldados de Saddam combatiendo tanques con akas. Nada tiene que ver con los pobres y fanáticos fedayines. Nada tiene que ver con un pueblo que está pagando con sangre la culpa de vivir en un territorio rico en petróleo y profundas convicciones religiosas. No. Miguel está más allá de eso. Muy lejos de eso. Completamente ajeno a eso. Él es un monje-guerrero, el “último visigodo”, un “templario negro”, todo un SS… no un simple y vulgar soldado. Él es un acólito, un iniciado en profundos misterios esotéricos… no un simple fanático dispuesto a morir por fundamentalistas convicciones religiosas. El es un culto y cultivado occidental. El más europeo de los ex diplomáticos chilenos. Un consagrado autor de connotadas trilogías… nada tiene que ver con ese atrasado y fanático mundo islámico que finalmente ha sido “liberado” a punta de tomahawks. No. Serrano no está enfermo. Sólo es el Trompeta, el Escalda, el Heraldo de un ejército ideal, donde únicamente hay generales de cinco estrellas. Donde todo oficial tiene doctorados en filosofía hindú. Donde cada guerrero es iniciado en alquimia tántrica y encarna a la perfección el espíritu del Berserksgangr, de la Wildesherr, del último batallón antes del final de los tiempos. Desde siempre, desde antes del tiempo, desde la flor inexistente, Miguel ha entonado cánticos y loas a ese ejército ideal. Ha tocado miles de bronces en páginas cargadas de emoción que emocionan a jóvenes de Chile y el Mundo. Ha llamado cientos de veces a entregar la vida por causas nobles, dignas de Homero, gratas a los Dioses como la sangre de los héroes. No. Serrano no está enfermo. Morirá en su cama, de viejo. No hoy ni mañana. Ojalá –inchalá- en mucho tiempo más. El sólo es el Trompeta. Un trompeta que nunca llegó a ningún campo de batalla y que por eso, jamás ha sido alcanzado por el enemigo. Porque siempre ha estado más allá de él. En un mundo al que sólo tienen acceso almas escogidas y excelsas como la suya. Nosotros, los jóvenes chilenos comunes y corrientes que de verdad luchamos contra el enemigo diario que asola a nuestra Patria, nosotros que luchamos contra la ignorancia, contra la mala calidad de la educación y la salud, contra las alzas de los pasajes y el pan, contra la mala clase política, contra la decadencia total y la eterna crisis moral que envilece a la nación; nosotros que peleamos contra el Nuevo Orden Mundial y el sionismo como podemos… nosotros no tenemos nada que temer. Nosotros no estamos llamados a ir a luchar a Irak. Eso es para verdaderos Guerreros, como Miguel Serrano. Nosotros debemos luchar aquí, ahora, con lo que tengamos y como podamos por salvar a nuestra Patria. Y no llegaremos a viejos para morir en una cama. Moriremos antes y no seremos héroes. Únicamente seremos jóvenes chilenos que murieron por un ideal aún posible que se llama Chile.
Alexis López Tapia |