A propósito de comer Culebras
¿De qué vivimos... de qué viviremos?
Por Alexis López Tapia
En
El Mercurio,
Joaquín Lavín nos cuenta algunas impresiones de su reciente visita a
Vietnam.
Entre
ellas, la alegría del Embajador Jorge Canelas, quien señala que en
cinco años el comercio bilateral pasó de 20 a 200 millones de
dólares anuales…
Frente a esto, el ex candidato
aliancista-bacheletista se pregunta: ¿Qué vendemos?
Y él
mismo responde: Cobre,
harina de pescado, celulosa, salmón y vino.
Efectivamente.
En 2003 las principales exportaciones chilenas a
EE.UU. –uno de los principales “socios comerciales” del país-,
fueron: cobre; filetes y otras carnes de pescado fresco,
refrigerados o congelados; uvas, frescas o secas; madera perfilada,
aserrada o desbastada; vino y tableros de aglomerados (1).
En 2004 las principales exportaciones fueron las
mismas, con un aumento que en el caso del cobre llegó al 105,3% (2).
En 2005, las principales
exportaciones del país fueron: cobre, concentrado de molibdeno,
salmón y truchas, celulosa, uvas y vino (3)…
En 2006 los principales productos exportados
fueron: cobre, molibdeno, uva, harina de pescado, salmón, moluscos y
crustáceos (locos y centollas), fruta deshidratada, carne de cerdo,
vino, madera aserrada y tableros de fibra, y celulosa.
En 2007, la canasta exportadora del país incluyó
5.215 productos, exportados por más de 6.900 empresas, por un monto
total de 68 mil millones de dólares. De ellos, sólo el 25% -unos
1.300- correspondió a los llamados “productos no tradicionales” (4).
Sin embargo, los principales productos
exportados, nuevamente, fueron: cobre, molibdeno, celulosa, salmón,
vino, uva, madera, metanol y harina de pescado.
De este modo, las “exportaciones tradicionales”,
representan casi el 80% de los ingresos del país, mientras las “no
tradicionales” aportan algo más del 20%.
En cifras redondas, el año pasado exportamos unos
87 mil millones de dólares. De esa cifra, casi el 50% -US$ 42.415
millones- corresponden a Cobre, Molibdeno (un subproducto de la
extracción del anterior), y Alambre de Cobre.
En términos simples, Chile vive
básicamente de la venta del Cobre, y de otros cinco productos más,
que fundamentalmente le vendemos a la Unión Europea, China, EE.UU. y
Japón, en ese orden.
Dicho lo anterior, podemos mirar estos ingresos
de otro modo: estamos vendiendo, básicamente, Productos No
Renovables –el Cobre-, y Productos Renovables con un alto costo de
producción e impacto biológico: el caso del Salmón y la Harina de
pescado son paradigmáticos.
En 2004, Chile se transformó en el principal
exportador de salmones a nivel mundial, alcanzando el 36% de la
producción del planeta. El principal alimento del salmón de
pisciculturas es Harina de Pescado (6), producida fundamentalmente
con jurel, sardinas y anchoveta.
Para poder producir un kilo de salmón de
exportación, es necesario capturar entre tres y cinco kilos de
especies silvestres para harina de pescado, que es el
insumo principal para alimentar al salmón y representa el 50 por
ciento de los costos fijos de la producción (7).
En otras palabras, con cada kilo de salmón que se
exporta, estamos “exportando” de manera velada, tres a cinco kilos
de otros peces que sirvieron para alimentarlo.
En el caso de la madera la situación es bastante
similar: como vimos, nuestras principales exportaciones en este
rubro son Celulosa y madera de Pino insigne en diferentes tipos.
El impacto ambiental de las fábricas de celulosa
es bien conocido, basta recordar a los cisnes de Valdivia.
Respecto de las plantaciones de pinos, los
pequeños y medianos agricultores y ganaderos han sido los
principales afectados, tanto por la escases de agua que se produce
cuando un bosque de pinos se planta junto a un terreno agrícola,
como por los conocidos efectos de acidificación del suelo y erosión
que se produce después de la talas.
Dicho de otro modo, por cada gramo de madera que
exportamos aserrado, como tableros o celulosa, estamos consumiendo
agua, tierra y diversos nutrientes que dejan de ser aprovechados y
aprovechables para producir comida. Adicionalmente, cada bosque de
pino que se planta, es un trozo de territorio en que se eliminan la
flora y la fauna nativas y con ello, se reduce la biodiversidad y la
biomasa del país.
De esta forma, la alegría del embajador Canelas
por el aumento del comercio con Vietnam adquiere una dimensión
diferente: a corto plazo él y muchos otros pueden sonreír felices
por los grandes ingresos que se generan para el País, pero a largo
plazo esa risa terminará por transformarse en llanto.
En
efecto, el modelo exportador chileno es, como diría la señora
Juanita, “Pan para hoy y hambre para mañana”.
Estamos exportando nuestro principal recurso no
renovable, y sacrificando los recursos de nuestro mar y nuestra
tierra por una alta ganancia inmediata, obviando el hecho de que las
tasas de explotación actuales simplemente no son sustentables a
largo plazo.
Los ecosistemas del país son frágiles, la mayor
parte de nuestra fauna es endémica (exclusiva de Chile), y el
terreno de uso agrícola y ganadero es limitado.
Básicamente Chile es un tercio de desierto, un
tercio de tierras productivas, y un tercio de yermos helados.
Tenemos la suerte enorme de contar con un clima
básicamente benigno –por eso el impacto que causó la nevada del año
pasado-, y con una tierra enormemente fecunda en el tercio central
del país.
Tenemos la suerte de ser un país largo pero
angosto, una ventaja estratégica natural que nos permite exportar
Cobre barato, ya que nuestras minas están cerca de los puertos. Si
no fuera así, y si –por ejemplo- las minas de Zambia o el Congo
estuvieran cera del mar, seguramente no seríamos el principal
productor del mundo.
Y tenemos la suerte de que en este largo y
angosto territorio sólo habitemos 16 millones de chilenos, no como
en Vietnam, donde -como señala Lavín-, viven 85 millones en la mitad
de la superficie de Chile.
Y esto
explica perfectamente por qué vivimos como vivimos: Chile es un país
tan rico, que desde siempre nos hemos dado el lujo de gastar esa
riqueza a manos llenas para beneficio de unos pocos, mientras el
resto vive de lo que aún sobra o “chorrea” como diría alguien de la
UDI.
Y para confirmar esto baste mencionar que
históricamente hemos sido inmensamente ricos:
De Chile era el Oro con que Atahualpa pagó el
rescate a Pizarro. Un barril de Oro entregó Michimalonco a Valdivia
después de la batalla en Los Andes, y además, le regaló los
lavaderos del Marga-Marga, que en ocho meses produjeron 70 mil pesos
oro (8).
Ya en 1810, de los 2 millones de dólares en
exportación del país, el 75% correspondía a Oro y Plata (9).
De
Chañarcillo
–el tercer yacimiento más grande del mundo- salió la Plata que
inundó el Mundo el Siglo XIX. Generaba el 75% del producto interno
bruto de la época y de allí nacieron algunas de las mayores fortunas
del país y del mundo. Se
estima que la producción de Plata chilena en el Siglo XIX alcanzó a
800 millones de dólares de la época (10). El segundo lugar lo ocupó
el Cobre, con 600 millones de dólares.
De aquí se exportó el Salitre que entre 1880 y
1930 era el “sueldo de Chile”, aunque sus dueños principales eran
ingleses. De cobre chileno
está hecho el esqueleto de la Estatua de la Libertad… en fin.
Quizá si hubiésemos sido un país pobre,
como Alemania por
ejemplo, habríamos tenido que esforzarnos más.
Habríamos tenido que inventar herramientas y máquinas, procesos
químicos, diversos productos con valor agregado, Industrias y
grandes Empresas productivas.
Quizá si hubiésemos sido un país pobre,
como Vietnam por
ejemplo, habríamos sabido repartir mejor esos
escasos bienes, y no concentrar la riqueza al grado que lo hemos
hecho, donde el 20% más rico de la población obtiene casi el 80% del
ingreso.
Quizá si hubiésemos sido un país pobre, habríamos
aprendido hace mucho tiempo a crear y exportar bienes con valor
agregado, y no estaríamos dilapidando las riquezas naturales que aún
tenemos para beneficio de unos pocos hoy día, y hambre de muchos el
mañana.
Por eso, que Joaquín Lavín y el Embajador Canelas
estén felices con las exportaciones a Vietnam no me extraña: porque
gracias a nuestra moderna “Economía de Mercado” les mandamos
Cobre, Harina de Pescado, Celulosa, Salmón y Vino, ellos
–con su
anticuada economía de
mercado "con orientación socialista"- nos envían
Calzados, Ropa, Impresora, equipos electrónicos,
arroz y café.
Claro… la diferencia es que los vietnamitas no
sólo son pobres, no sólo perdieron el 10% de la población durante la
guerra en que le ganaron a EE.UU., no sólo son un atrasado país
comunista… sino que -como pudo comprobar en persona Joaquín Lavín-,
incluso hasta comen serpientes…
Y como vimos, también en Chile algún día
tendremos que llegar a comer culebras, si seguimos por donde vamos.
Notas
1)
Fuente:
compilado por AmCban de las estadísticas aduaneras chilenas.
2)
Ibid.
3)
Fuente:
Pro Chile
4)
Fuente:
Pro Chile
5)
Fuente:
Pro Chile, a
base de información del Banco Central de Chile.
6)
Salmón: propiedades infinitas,
Prof. Alfonso Valenzuela
7)
Entrevista a Juan Carlos Cárdenas,
Director del Centro Ecocéanos.
8)
Carlos Keller
Rueff, “La consolidación del dominio español en Chile”.
9)
Carlos Keller
Rueff, “Chile” en “Pensamiento económico latinoamericano”
10)
Ibid