Logotipo Portada   111   Interactiva   Encuestas   Foros   Documentos   Crear   Configuración   Ayuda   Portada Anterior   
Imagen de la barra de título de página de elementos Web
Nacional

A propósito de comer Culebras

¿De qué vivimos... de qué viviremos?

Por Alexis López Tapia

Exportaciones 2007En El Mercurio, Joaquín Lavín nos cuenta algunas impresiones de su reciente visita a Vietnam.

Entre ellas, la alegría del Embajador Jorge Canelas, quien señala que en cinco años el comercio bilateral pasó de 20 a 200 millones de dólares anuales…

Frente a esto, el ex candidato aliancista-bacheletista se pregunta: ¿Qué vendemos?

Y él mismo responde: Cobre, harina de pescado, celulosa, salmón y vino.

Efectivamente.

En 2003 las principales exportaciones chilenas a EE.UU. –uno de los principales “socios comerciales” del país-, fueron: cobre; filetes y otras carnes de pescado fresco, refrigerados o congelados; uvas, frescas o secas; madera perfilada, aserrada o desbastada; vino y tableros de aglomerados (1).

En 2004 las principales exportaciones fueron las mismas, con un aumento que en el caso del cobre llegó al 105,3% (2).

En 2005, las principales exportaciones del país fueron: cobre, concentrado de molibdeno, salmón y truchas, celulosa, uvas y vino (3)…

En 2006 los principales productos exportados fueron: cobre, molibdeno, uva, harina de pescado, salmón, moluscos y crustáceos (locos y centollas), fruta deshidratada, carne de cerdo, vino, madera aserrada y tableros de fibra, y celulosa.

En 2007, la canasta exportadora del país incluyó 5.215 productos, exportados por más de 6.900 empresas, por un monto total de 68 mil millones de dólares. De ellos, sólo el 25% -unos 1.300- correspondió a los llamados “productos no tradicionales” (4).

Sin embargo, los principales productos exportados, nuevamente, fueron: cobre, molibdeno, celulosa, salmón, vino, uva, madera, metanol y harina de pescado.

De este modo, las “exportaciones tradicionales”, representan casi el 80% de los ingresos del país, mientras las “no tradicionales” aportan algo más del 20%.

En cifras redondas, el año pasado exportamos unos 87 mil millones de dólares. De esa cifra, casi el 50% -US$ 42.415 millones- corresponden a Cobre, Molibdeno (un subproducto de la extracción del anterior), y Alambre de Cobre.

En términos simples, Chile vive básicamente de la venta del Cobre, y de otros cinco productos más, que fundamentalmente le vendemos a la Unión Europea, China, EE.UU. y Japón, en ese orden.

Dicho lo anterior, podemos mirar estos ingresos de otro modo: estamos vendiendo, básicamente, Productos No Renovables –el Cobre-, y Productos Renovables con un alto costo de producción e impacto biológico: el caso del Salmón y la Harina de pescado son paradigmáticos.

En 2004, Chile se transformó en el principal exportador de salmones a nivel mundial, alcanzando el 36% de la producción del planeta. El principal alimento del salmón de pisciculturas es Harina de Pescado (6), producida fundamentalmente con jurel, sardinas y anchoveta.

Para poder producir un kilo de salmón de exportación, es necesario capturar entre tres y cinco kilos de especies silvestres para harina de pescado, que es el insumo principal para alimentar al salmón y representa el 50 por ciento de los costos fijos de la producción (7).

En otras palabras, con cada kilo de salmón que se exporta, estamos “exportando” de manera velada, tres a cinco kilos de otros peces que sirvieron para alimentarlo.

En el caso de la madera la situación es bastante similar: como vimos, nuestras principales exportaciones en este rubro son Celulosa y madera de Pino insigne en diferentes tipos.

El impacto ambiental de las fábricas de celulosa es bien conocido, basta recordar a los cisnes de Valdivia.

Respecto de las plantaciones de pinos, los pequeños y medianos agricultores y ganaderos han sido los principales afectados, tanto por la escases de agua que se produce cuando un bosque de pinos se planta junto a un terreno agrícola, como por los conocidos efectos de acidificación del suelo y erosión que se produce después de la talas.

Dicho de otro modo, por cada gramo de madera que exportamos aserrado, como tableros o celulosa, estamos consumiendo agua, tierra y diversos nutrientes que dejan de ser aprovechados y aprovechables para producir comida. Adicionalmente, cada bosque de pino que se planta, es un trozo de territorio en que se eliminan la flora y la fauna nativas y con ello, se reduce la biodiversidad y la biomasa del país.

De esta forma, la alegría del embajador Canelas por el aumento del comercio con Vietnam adquiere una dimensión diferente: a corto plazo él y muchos otros pueden sonreír felices por los grandes ingresos que se generan para el País, pero a largo plazo esa risa terminará por transformarse en llanto.

En efecto, el modelo exportador chileno es, como diría la señora Juanita, “Pan para hoy y hambre para mañana”.

Estamos exportando nuestro principal recurso no renovable, y sacrificando los recursos de nuestro mar y nuestra tierra por una alta ganancia inmediata, obviando el hecho de que las tasas de explotación actuales simplemente no son sustentables a largo plazo.

Los ecosistemas del país son frágiles, la mayor parte de nuestra fauna es endémica (exclusiva de Chile), y el terreno de uso agrícola y ganadero es limitado.

Básicamente Chile es un tercio de desierto, un tercio de tierras productivas, y un tercio de yermos helados.

Tenemos la suerte enorme de contar con un clima básicamente benigno –por eso el impacto que causó la nevada del año pasado-, y con una tierra enormemente fecunda en el tercio central del país.

Tenemos la suerte de ser un país largo pero angosto, una ventaja estratégica natural que nos permite exportar Cobre barato, ya que nuestras minas están cerca de los puertos. Si no fuera así, y si –por ejemplo- las minas de Zambia o el Congo estuvieran cera del mar, seguramente no seríamos el principal productor del mundo.

Y tenemos la suerte de que en este largo y angosto territorio sólo habitemos 16 millones de chilenos, no como en Vietnam, donde -como señala Lavín-, viven 85 millones en la mitad de la superficie de Chile.

Y esto explica perfectamente por qué vivimos como vivimos: Chile es un país tan rico, que desde siempre nos hemos dado el lujo de gastar esa riqueza a manos llenas para beneficio de unos pocos, mientras el resto vive de lo que aún sobra o “chorrea” como diría alguien de la UDI.

Y para confirmar esto baste mencionar que históricamente hemos sido inmensamente ricos:

De Chile era el Oro con que Atahualpa pagó el rescate a Pizarro. Un barril de Oro entregó Michimalonco a Valdivia después de la batalla en Los Andes, y además, le regaló los lavaderos del Marga-Marga, que en ocho meses produjeron 70 mil pesos oro (8).

Ya en 1810, de los 2 millones de dólares en exportación del país, el 75% correspondía a Oro y Plata (9).

De Chañarcillo –el tercer yacimiento más grande del mundo- salió la Plata que inundó el Mundo el Siglo XIX. Generaba el 75% del producto interno bruto de la época y de allí nacieron algunas de las mayores fortunas del país y del mundo.  Se estima que la producción de Plata chilena en el Siglo XIX alcanzó a 800 millones de dólares de la época (10). El segundo lugar lo ocupó el Cobre, con 600 millones de dólares.

De aquí se exportó el Salitre que entre 1880 y 1930 era el “sueldo de Chile”, aunque sus dueños principales eran ingleses.  De cobre chileno está hecho el esqueleto de la Estatua de la Libertad… en fin.

Quizá si hubiésemos sido un país pobre, como Alemania por ejemplo, habríamos tenido que esforzarnos más. Habríamos tenido que inventar herramientas y máquinas, procesos químicos, diversos productos con valor agregado, Industrias y grandes Empresas productivas.

Quizá si hubiésemos sido un país pobre, como Vietnam por ejemplo, habríamos sabido repartir mejor esos escasos bienes, y no concentrar la riqueza al grado que lo hemos hecho, donde el 20% más rico de la población obtiene casi el 80% del ingreso.

Quizá si hubiésemos sido un país pobre, habríamos aprendido hace mucho tiempo a crear y exportar bienes con valor agregado, y no estaríamos dilapidando las riquezas naturales que aún tenemos para beneficio de unos pocos hoy día, y hambre de muchos el mañana.

Por eso, que Joaquín Lavín y el Embajador Canelas estén felices con las exportaciones a Vietnam no me extraña: porque gracias a nuestra moderna “Economía de Mercado” les mandamos Cobre, Harina de Pescado, Celulosa, Salmón y Vino, ellos –con su anticuada economía de mercado "con orientación socialista"- nos envían Calzados, Ropa, Impresora, equipos electrónicos, arroz y café.

Claro… la diferencia es que los vietnamitas no sólo son pobres, no sólo perdieron el 10% de la población durante la guerra en que le ganaron a EE.UU., no sólo son un atrasado país comunista… sino que -como pudo comprobar en persona Joaquín Lavín-, incluso hasta comen serpientes…

Y como vimos, también en Chile algún día tendremos que llegar a comer culebras, si seguimos por donde vamos.

Notas

1)      Fuente: compilado por AmCban de las estadísticas aduaneras chilenas.

2)      Ibid.

3)      Fuente: Pro Chile

4)       Fuente: Pro Chile

5)      Fuente: Pro Chile, a base de información del Banco Central de Chile.

6)      Salmón: propiedades infinitas, Prof. Alfonso Valenzuela

7)      Entrevista a Juan Carlos Cárdenas, Director del Centro Ecocéanos.

8)      Carlos Keller Rueff, “La consolidación del dominio español en Chile”.

9)      Carlos Keller Rueff, “Chile” en “Pensamiento económico latinoamericano”

10)   Ibid