

Richard Perle

Jeanne Kirkpatrick

Max M. Kampelman y Clinton

Morton Abramowitz

Paul Wolfowitz

Eliot Cohen

Elliott Abrams

John Bolton

Norman Podhoretz

Rupert Murdoch
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Se trata de un libro muy necesario aunque espeluznante, que va a
salir por I.H.S. Press, la misma editorial que publicó ya The
Neoconned (“Los neocon…quistados”).
Stephen Sniegoski le sigue los pasos a los neoconservadores,
en su avance inexorable: aquellos que fabricaron a Bin Laden,
bombardearon Belgrado, y nos regalaron la guerra de Irak y el
Patriot Act; la gente que clamó: “ ‘Destrucción Creativa’, tal es
nuestro apodo” [1]
Sniegoski revela los orígenes ocultos de esta secta guerrerista que
tiene secuestrado al único superpoder. Hay que leer este libro
porque los neocons no se van a marchar. Tal vez se les conozca por
otros nombres, o esgriman argumentos diferentes, pero no hay que
esperanzarse con que se acabe pronto su reino.
“Las conjeturas sobre su inminente renuncia eran algo completamente
desacertado. Lejos de andar rumbo al cementerio político, los neocon
están listos para aumentar más aún su poderío”,
dice Sniegoski, citando a Jacob Heilbrunn.
¿Quiénes son?
Los neocon son principalmente judíos oportunistas, que compartieron
un tiempo con la izquierda y se convirtieron en defensores de Israel
de derechas porque sentían que la izquierda “no les conviene a los
judíos”.
Aún si hay alguna presencia de no judíos, como cautivos, entre
ellos, el movimiento es de inspiración judía, tiene una orientación
judía, y está dominado por judíos. Los neocons forman parte decisiva
de lo que llamamos la Judería americana organizada.
Al principio, eran demócratas, hasta que Ronald Reagan, con su odio
virulento hacia el comunismo y la Rusia soviética (él decía: “ahora
vamos a bombardear Moscú”) los contrató para ganar en lo ideológico
la guerra fría. Los jóvenes neocons estrecharon filas, traicionaron
los ideales de sus padres, y llevaron a la ruina a la izquierda que
se había acostumbrado a confiar en los judíos.
“Mientras los conservadores tradicionales aplaudieron la llegada de
los ‘conservadores nuevos’ como aliados en su lucha contra el
comunismo soviético y lo que llaman en el plano interno liberalismo,
los neocon actuaron en realidad como caballo de Troya en el seno del
conservantismo: se las arreglaron para afianzarse en posiciones
dominantes dentro de la movida conservadora, tanto en lo político
como en el plano intelectual, y tan pronto como fueron ganando poder
operaron la purga de aquellos conservadores tradicionales que se
oponían a sus prioridades”.
A los viejos conservadores que les habían dado protagonismo los
echaron de lado los novísimos agresores, y se convirtieron en
irrelevantes “paleo-conservadores”.
Por cierto cualquiera que haya intentado ganar una guerra confiando
en la ayuda judía ha terminado lamentándolo, incluso en caso de
guerra victoriosa. Al que le haga falta comprobar la vigencia de
este antiguo refrán, el libro de Stephn Sniegoski le ofrece la
demostración requerida.
El anterior presidente George (H.) Bush preparó su guerra contra
Irak sacando provecho de las
habilidades de los neocon para movilizar la opinión pública,
y logró que los americanos apoyaran la guerra. Pensó que podría
mantener un rumbo propio después de la victoria, y se negó a darle a
Israel unos diez billones de dólares que le pedían, mientras el
gobierno israelí no dejara de extender las implantaciones de colonos
en Palestina.
Y éste fue su error.
Mientras estuvieron en el poder, los neocon tejieron sus redes y
fueron infiltrando todos los niveles de control.
Stephen Sniegoski revela que los neocon no son
“siete u ocho individuos”,
como plantea Seymour Hirsh, ni tampoco
“unos veinticinco judíos”,
en términos de Tom Friedman, sino amplias y desplegadas redes de
magnates, medios, políticos, equipos de consejeros.
“Cuando decidieron que ya el presidente no les convenía, lo dieron
de baja activando sus redes en contra de él. Y el George H. Bush que
gozaba de un astronómico 90% de apoyo según las encuestas se vino a
pique en la derrota electoral.”
Stephen Sniegoski explica en detalle la conexión neocon con Israel,
su plan militar para “la seguridad del entorno”, donde el ‘entorno’
se refiere al Estado judío, mientras que la ‘seguridad’ se supone
que la pongan los ciudadanos yankis.
El lector se asombrará al descubrir por qué eligieron a Irak como su
primer objetivo. Proclamaron que de Irak brotaba un peligro tan
inminente como indiscutible para Israel e incluso para USA, pero
Sniegoski demuestra que eligieron a Irak porque lo consideraban
eslabón débil.
En su plan de guerra, muy correctamente calcularon que se puede
quebrar a Irak en comunidades étnico-religiosas peleándose entre sí,
y esto con relativa facilidad. También invocaron muy correctamente
la flaqueza militar y social de Irak, y por esto es que eligieron
atacar a este pobre país.
Sería un error imaginar que los neocon están haciendo simplemente lo
que Israel les pida. Quieren guerra y fratricidio dondequiera. Y lo
admiten encantados: “somos
gente peleadora y nos gusta la guerra… Lo que no soportamos no es
que podamos sufrir bajas, sino perder la guerra nosotros”. [2]
Por supuesto, la ‘gente peleadora’ en cuestión no designa a los
americanos en general, sino a la propia comunidad neocon, es decir
la Judería USiana.
Como ni ellos ni sus hijos nunca sirven en el ejército,
salvo contadas excepciones, pueden disfrutar sus guerras y
despreciar olímpicamente la cuestión de las bajas.
Su primera guerra la libraron en Afganistán.
“Los neocon apoyaron la ayuda
militar extensa a los islámicos
y afganos “combatientes de la libertad” en su lucha armada
contra la ocupación soviética.
La ayuda militar, que había
empezado bajo la administración Carter, fue muy limitada en esa
etapa. Richard Perle jugó un rol decisivo al equipar a los
“combatientes por la libertad” con misiles Stinger que resultaron
letales frente a los helicópteros soviéticos invencibles hasta
entonces. [3].
Irónicamente, los
neoconservadores ahora presentan a esos mismos musulmanes a los que
ayudaron a militarizarse como una mortal amenaza terrorista para
América y el mundo entero”.
La guerra siguiente tuvo lugar lejos del Medio Oriente, en los
Balcanes. Apoyaron el bombardero de Serbia, pero esto no era
suficiente para dicha “gente peleadora”. Pidieron que se mandaran
tropas terrestres para combatir a los serbios. “El comité
intervencionista de Acción en los Balcanes, que pidió tropas
terrestres de la OTAN para Kosovo, incluía a figuras
neoconservadoras prominentes tales como
Richard Perle, Jeanne
Kirkpatrick, Max M. Kampelman, Morton Abramowitz y
Paul Wolfowitz. Otros
propuganadores oficiales de una guerra más cruda fueron
Eliot Cohen, Elliott Abrams,
John Bolton, Hill Kristol, William Kagan y Norman Podhoretz.
[4]”
Ahora todos quieren hacer papillas a Irán, pero también está la
destrucción de Arabia saudita en sus planes.
“En agosto del 2002, Max Singer presentó un artículo a la oficina
para ‘Net Assessment’ del Pentágono, donde una vez más expresó que
era urgente el desmembrar a Arabia Saudita. [5]. La revista
Commentary, en su número de julio-agosto de 2002 ofrece un artículo
titulado “Nuestros enemigos los sauditas” por Victor Davis Hanson,
que planteó que “los subversivos sauditas ya estaban en camino de
tomar el control de los mismos Estados Unidos”
y llamó a “promover
trastornos, o incluso el caos, francamente” en Arabia saudita. El
experto para este país, prominente neoconservador, era Stephen
Schwartz, que planteó que había una conspiración saudita/wahhabista
para tomar el control de todo el Islam y regar el terrorismo en el
mundo entero.”
Mientras que estas cosas suelen ser conocidas para la gente que lee,
y se pueden hallar en el libro reciente de Jacob Heilbrunn
“El auge de los neocon”
(The Rise of the Neocons) Sniegoski agrega correctamente lo
espeluznante:
explica por qué el programa
neocon es inevitable.
Conseguirán lo que quieran, porque la base de su poderío, es decir
los judíos ricos y los dueños de los medios, tienen todas las
opciones bajo control.
¿Te imaginas que el problema sea Bush el retrasado mental o Cheney
el perverso?
Piénsalo mejor. Siniegoski nos devuelve al año 2000, cuando los
electores americanos podían haber elegido a John McCain.
“Para aquellos que critican a Bush y Dick Cheney por la guerra en
Irak, una pregunta hipotética que cabe hacer es: ¿Cómo habría
respondido McKain al 11 de septiembre, si hubiera sido el presidente
entonces? Conociendo su entusiasmo para darle guerra a un país
(Serbia) que no amenazaba a Estados Unidos en lo más mínimo, su
argumentación para cambiar por la fuerza el régimen iraquí y su
inquebrantable apoyo al ataque efectivo a Irak en 2003 (para después
ser uno de los halcones ene. proyecto de atacar a Irán), [6] no hay
ningún motivo para pensar que McCain de presidente hubiese evitado
una guerra contra Irak. En realidad, lo más probable es que habría
promovido un enfoque belicista sobre Irak aun si no se hubiera dado
tamaño ataque terrorista contra los Estados Unidos.
Más aún, el senador republicano John McCain rival de Bush en las
primarias, era el favorito de muchos preeminentes neoconservadores
en 2000. Como lo escribió Franklin Foer, editorialista del liberal
New Republic: “los
neoconservadores judíos se enamoraron mucho de John McCain. No
solamente William Kristol, editorialista de The Weekly Standard.
McCain también sedujo a personalidades faro dentro de la familia
neoconservadora como David Brooks, la familia Podhoretz entera,
Dorothy Rabinowitz del Wall Street Journal, y el articulista Charles
Krauthammer”. [7]
Los demócratas habrían llevado a USA a la misma guerra, junto con
los mismos neocon (o tal vez con otros, apenas diferentes).
¡Albert Gore y Joe
Liebermann eran aún más proisraelíes y guerreristas que Bush y
Cheney!
Esto se repitió en 2004. “Aún
si la base demócrata rechazaba con fuerza la guerra, la elección
presidencial de 2004 ofreció pocas alternativas en cuanto a Irak, a
partir del momento en que John Ferry, el candidato votado por los
demócratas, abogaba virtualmente por la misma línea. [8] La política
extranjera de Ferry habría sido, en el fondo, neocon sin los
neoconservadores, o al menos, sin los mismos neoconservadores.”
Una de las razones por las que es ineludible esta situación es el
control que ejercen sobre el discurso USiano los dueños de los
medios.
Sniegoski observa que la
Murdoch’s News Corporation
es el grupo informativo en idioma inglés más extenso en el mundo. En
2004, constaba de más de 175 periódicos (vende 40 millones de
ejemplares a la semana) y 35 canales de televisión.
Mientras se preparaba la invasión a Irak de 2003, los 175 periódicos
propiedad de Murdoch ofrecían editoriales unánimes, en el mundo
entero, a favor de la guerra.
Y Sniegoski agrega,
“claro que sí, que hay muchos
judíos que están en contra de la guerra, pero no son, ay, dueños de
ningún medio masivo….”