La Batalla del Topater

Desde Chile escribe: Ricardo de la Castilleja

 

"Cuando el clarín de la Patria llama
el clamor de las madres calla".

J. de S.M.M.

 

    Eran los días grises del año 1879. Negros nubarrones de guerra se cernían sobre nuestro país, pero, la decisión estaba tomada.

    Al mando del Coronel Villagrán B., nuestro ejército emprendió la marcha hacia el norte, marcha dura, pesado armamento de guerra. Durante las horas del día agobiante calor. En la noche, el frío que calaba los huesos.

    En esos días no existían las ropas de abrigo, ni la calidad del calzado de hoy. El armamento de la época, mucho más pesado y menos cómodo de portar. Las tiendas de campaña eran de gruesa lona de algodón y la tropa avanzaba caminando largas jornadas sin más entretención que la Banda de Guerra, compuesta de pífanos, tambores, cajas redoblantes y unos cuantos clarines.

    Nuestro ejército había marchado más de mil kilómetros, y a la altura del paso del Topater -hoy desdibujado por las nuevas carreteras, confundido entre el paisaje de las nuevas ciudades levantadas en el auge del salitre -hoy convertidas en pueblos fantasmas-, allí, en esos parajes, nuestro ejército fue interceptado por unos cincuenta hombres, civiles, armados de escopetas de gran calibre.

    Eran bolivianos, liderados por un hombre muy bien vestido, que respondía al nombre de Eduardo Abaroa, Ingeniero de profesión que, al igual que sus hombres, tenía residencia en Calama.

    El Coronel Villagrán dialogó con ellos para que no interfirieran el paso al ejército chileno. No se llegó a acuerdo alguno, pero convinieron en reunirse al otro día en el Consulado de Francia, en Antofagasta. Eran otros tiempos, donde la Guerra no se separaba del Honor.

    Nuestra tropa vivaqueó esa noche junto a sus respectivos oficiales de mando, y -al día siguiente-, el Coronel Villagrán, acompañado de su Estado Mayor, se reunió con Abaroa en el Consulado de Francia, ante el Cónsul de ese país, quien elaboró las Actas del Encuentro.

    Resumimos el diálogo que se produjo en la Sala de Reunión del Consulado entre el Coronel Villagrán y el señor Abaroa. Haremos conocer las partes más importantes:

    En el Acta de ese día, quedó impreso que las partes no llegaron a acuerdo alguno, y que se retiraron a sus posiciones.

    Y al otro día, el ejército chileno recomenzó su marcha. En el paso Topater,  Eduardo Abaroa y sus hombres abieron fuego ¡fue una acción temeraria, pero cargada de patriotismo!

    Así lo entendió el Coronel Villagrán, y por eso dio orden de no responder al fuego de Abaroa y sus hombres, pero las horas pasaban. El ejército chileno se encontraba demorado, y las fuerzas civiles bolivianas habían logrado herir a algunos soldados chilenos.

    El Coronel Villagrán no podía esperar más, y lanzó un grito a su oponente:

    El conminante grito resonó en el Paso Topater, y la respuesta, plena de orgullo y llena de la sin razón de los hombres que combaten, tronó en el aire:

    Y en ese grito, con esa respuesta, el Ingeniero Abaroa pasaba a la historia.

    El Coronel Villagrán ordenó el disparo de un mortero, que mató a Eduardo Abaroa y que dejó heridos a varios de sus hombres.

* * *

    Si la gesta del Ingeniero Eduardo Abaroa pasó a la historia, fue porque el Coronel Villagrán, cuando llegó la paz a nuestras patrias, escribió al gobierno de Bolivia relatando estos hechos.

    Y quedó en el aire que el Coronel Villagrán ordenó envolver el cuerpo del Ingeniero Abaroa en una bandera chilena, ante la ausencia de una bandera boliviana, y que -al enterrarlo con honores-, se efectuaron veintiun disparos.

    Además de contar lo sucedido, informó que se encontraba en su poder un Reloj de bolsillo con leontina de oro, el anillo de casamiento y las colleras del mismo metal, además de la billetera con algún dinero, fotografías de familia y de los hijos del Ingeniero Abaroa, y que rogaba que se enviara a alguien a retirar estas pertenencias a su casa situada en la Villa de San Bernardo, población cercana a Santiago.

    El gobierno de Bolivia, envió al Ministro Plenipotenciario Dr. Terrazas, quien recibió de manos del Coronel las prendas indicadas.

    Y fue en el año 1947 que el gobierno Boliviano pidió la repatriación de los restos del Ingeniero Eduardo Abaroa, que fue concedida por el gobierno de Chile.

    Cuando exhumaron los restos del héroe boliviano, se rompió la fábula para dar paso a la historia: aún conservaba parte de la bandera chilena con la que se le había envuelto, y en la fosa se encontraban vainillas de las balas disparadas en su honor.

    En esta gesta, en esta historia, quedó claramente de manifiesto el espíritu de noble guerrero del Coronel Villagrán B., y la casta de héroe del Ingeniero Eduardo Abaroa.

    Un trozo de nuestra historia ignorado por muchos, perfectamente documentado, que nos hace sentir orgullo de aquellos hombres que, en el pasado, por la armas ayudaron a forjar nuestra Patria desde la independencia, y le dieron carácter a nuestro país, aún en la guerra, con valentía y llenos de honor.

RDLC