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Esto es Chile,
esta es nuestra Historia.
Primera Parte
La Canción Nacional de Chile

Por
Aníbal Echeverría y Reyes
y Agustín Cannobio G.
Vaparaíso
1904
CONCEPTO JENERAL DE TODO HIMNO PATRIO. -LOS LEMAS
CHILENOS. -LA MÚSICA DE TODO HIMNO PATRIO DEBE GUARDAR
CIERTA ARMONÍA CON EL CARÁCTER DE LOS HABITANTES DEL
PAÍS A QUE ESTÁ DESTINADO I SER DE FÁCIL ASIMILACIÓN,
SIN INCURRIR EN TRIVIALIDAD. –O’HIGGINS COMISIONA AL DR.
VERA PARA QUE COMPONGA UNA CANCIÓN. –CARÁCTER DE LA
POESÍA DEL DR. VERA. –JUICIO EMITIDO ACERCA DE ELLA POR
EL LITERATO JUAN GARCÍA DEL RÍO. –SOMERA BIOGRAFÍA DEL
DR. VERA I PINTADO.
Desde los tiempos más
primitivos, cada país ha tenido su himno o canción que
alentaba a los hombres en la pelea, a la vez que les
servía para solemnizar de una manera entusiasta los
actos de más trascendencia. Así, la Canción de Cástor
era un himno guerrero que poseían los lacedemonios, i a
cuyo compás entraban en combate, sirviéndose al propio
tiempo de él pare rememorar las hazañas de ese héroe.
Del mismo modo, sabido es
que los primitivos habitantes de Chile tenían sus cantos
guerreros o chivateos, que los animaban en el combate.
Hoi, cada nación tiene su
himno, i éste es, en jeneral, el compendio de los
títulos gloriosos más culminantes, al par que el código
augusto de las tradiciones que sirven como de modelo i
enseñanza, digámoslo así, a los hijos de la patria.
Las dos canciones que
hemos tenido en Chile han respondido a este principio:
ambas celebran el acto de mayor importancia histórica:
la independización del dominio peninsular; ambas mueven
a todo chileno a luchar “sereno i fuerte” por la
libertad, al propio tiempo que lo estimulan a inspirarse
en el ejemplo inmaculado de nuestros antecesores,
sentando los lemas guerreros que todo chileno lleva
escritos en el cerebro i el corazón: “Vencer o morir”;
“Por la razón o la fuerza”; invioladas divisas
–no es vana patriotería- que a los chilenos en más de un
combate, como a los antiguos jermanos, cuya relijión les
mandaba perecer en la pelea, les ha mitigado las
angustias i dolores de los postreros momentos de vida;
santa frase, en que acaso es preciso ir a buscar,
descontada la innegable fiereza i natural pujanza de
todo chileno, una parte no diminuta de las causas de
tantas de nuestras victorias.
Porque
no puede negarse, a veces basta una arenga, una frase,
una palabra i hasta un simple jesto para inspirarnos más
confianza en nosotros mismos y vigorizar nuestros
músculos, haciéndonos capaces de llevar a cabo actos que
“a sangre fría” habríamos sido absolutamente impotentes
para realizar: ¡sublime triunfo del corazón sobre la
materia!
Esto es en cuanto se
refiere a la letra.
Ahora, por lo que
respecta a la música, conceptuamos que ella debe poseer
una melodía hermosa, accesible i fácilmente asimilable
por la mayoría del pueblo, al cual está destinada;
porque preciso es hacer notar que no ha de ser compuesta
para aquellas personas que poseen una cultura musical
desarrollada, quienes, por cierto, constituyen una
minoría ínfima.
En este sentido puede
decirse que el himno patrio es el cántico por excelencia
popular, el representante del sentimiento jeneral de
los hijos de una nación.
El movimiento y rito
musicales deben naturalmente guardar cierta congruencia
con el carácter de cada pueblo: por manera que no sería
propio de un país en cuyos habitantes predominase un
carácter frío i apático, tener un himno mui entusiasta i
azas alegre.
Dijimos que tales himnos
debían ser de fácil asimilación, sin incurrir por ello
en lo trivial, i es esta cualidad precisamente una
bondad que no llena debidamente el propósito tratándose
de nuestra Canción Nacional; porque si es cierto que, en
jeneral, el pueblo ha llegado a distinguirla i aún a
saberla entonar, presenta, como ya se ha observado mil
veces, el grave inconveniente de no poder ser entonada
en todas sus partes por una sola voz: necesita el
auxilio de algún instrumento.
Sentadas ya estas
cuestiones jenerales, tócanos al presente entrar a
narrar los diversos accidentes que se han desarrollado
alrededor de nuestras canciones, la llamada antigua i la
actual.
En el año 1819, apenas
sacudido el polvo de la audaz lucha que en Chacabuco
había coronado los esfuerzos titánicos de los hermanos
unidos de allende i aquende, don Bernardo O’Higgins,
hombre que paraba miéntes tanto en las cosas de suma
significación como en aquellos detalles más nimios,
deseoso de conmemorar con gran pompa i solemnidad el
imperecedero aniversario del dieciocho de Septiembre,
envió al doctor argentino don Bernardo de Vera i
Pintado, a la sazón en Chile, la siguiente nota, que le
fue transmitida por intermedio del ministro don Joaquín
Echeverría:
“Deseando su excelencia que el aniversario del Diez
i ocho de Setiembre de este año se solemnice con la
alegría i decoro correspondiente, me manda encargue
a Ud. (como tengo el honor de hacerlo) la formación
de una canción patriótica análoga a la fiesta i que
pueda cantarse en aquel día por distintos coros,
confiando de su patriotismo i talento el pronto
despacho de este encargo para que haya tiempo de
estudiarla.
Dios guarde a Ud. muchos años.
Ministerio de Estado, Julio 19 de 1819.
Joaquín de Echeverría.
Al
señor Doctor don
Bernardo de Vera”.
En cumplimiento de tan
honrosa comisión, el poeta compuso el siguiente himno;
que dio a luz en “El Telégrafo” Nº 37 de 28 de
Setiembre de 1819:
|
Ciudadanos: el
amor sagrado
de la Patria os
convoca a la lid:
libertad es el
eco de alarma
la divisa,
triunfar o morir.
El cadalso o la
antigua cadena
os presenta el
soberbio español:
arrancad el puñal
al tirano
quebrantad ese
cuello feroz.
Coro
Dulce Patria,
recibe los votos,
con que Chile
en tus aras juró,
que o la tumba
serás de los libres
o el asilo
contra la opresión.
Habituarnos
quisieron tres siglos
del esclavo a la
suerte infeliz,
que al sonar de
sus propias cadenas
más aprende a
cantar que a jemir.
Pero el fuerte
clamor de la Patria
Ese ruido
espantoso acalló;
i las voces de la
Independencia
penetraron hasta
el corazón.
Dulce Patria…
etc.
En sus ojos
hermosos la Patria
Nuevas luces
empieza a sentir:
i observando sus
altos derechos
se ha incendiado
en ardor varonil.
De virtud i
justicia rodeada
a los pueblos del
Orbe anunció
que con sangre de
Arauco ha firmado
la gran carta de
emancipación.
Dulce Patria…
etc.
Los tiranos en
rabia encendidos
I tocando de
cerca su fin,
desplegaron la
furia impotente,
que aunque en
vano se halaga en destruir.
Ciudadanos, mirad
en el campo
el cadáver del
vil invasor…
que perezca ese
cruel que el sepulcro
tan lejano a su
cuna buscó.
Dulce Patria…
etc.
Esos valles
también ved, chilenos,
que el Eterno
quiso bendecir,
i en que ríe la
naturaleza,
aunque ajada del
déspota vil.
Al amigo i al
deudo más caro
Sirven hoi de
sepulcro i de honor:
mas la sangre del
héroe es fecunda,
i en cada hombre
cuenta un vengador.
Dulce Patria…
etc. |
Del silencio
profundo en que habitan
esos Manes
ilustres, oid
que os reclamen
venganza, Chilenos,
i en venganza a
la guerra acudid.
De Lautaro,
Colocolo i Rengo
Reanimad el
nativo valor,
i empeñad el
coraje en las fieras
que la España a
extinguirnos mandó.
Dulce Patria…
etc.
Esos monstruos
que cargan consigo
el carácter
infame i servil,
¿cómo pueden
jamás compararse
con los Héroes
del cinco de Abril?
Ellos sirven al
mismo tirano
que su lei i su
sangre burló;
por la Patria
nosotros peleamos
nuestra vida,
libertad i honor.
Dulce Patria…
etc.
Por el mar y la
tierra amenazan
los secuaces del
déspota vil;
pero toda la
naturaleza
los espera para
combatir:
el Pacífico al
Sud i Occidente,
al Oriente los
Andes i el Sol,
por el Norte un
inmenso desierto,
y en el centro
libertad i unión.
Dulce Patria…
etc.
Ved la insignia
con que en Chacabuco
al intruso
supisteis rendir,
i el augusto
tricolor que en Maipo
en un día de
triunfo os dio mil.
Vedle ya
señoreando el Océano
I flameando sobre
el fiero León:
se estremece a su
vista el Íbero,
nuestros pechos
inflama el valor.
Dulce Patria…
etc.
Ciudadanos, la
gloria presida
De la Patria el
destino feliz,
i podrán las
edades futuras
a sus padres así
bendecir.
Venturosas mil
veces las vidas
Con que Chile su
dicha afianzó.
Si quedare un
tirano, su sangre
de los héroes
escriba el blasón.
Dulce Patria,
recibe los votos,
con que Chile
en tus aras juró,
que o la tumba
serás de los libres
o el asilo
contra la opresión. |
Como se vé, (1) la letra
del doctor Vera no podía ser más incisiva para con los
vencidos. I en este sentido no puede decirse que fuera
obra i vilis esclusiva del poeta ultramontano: el no
hizo otra cosa que condensar en su canción los
sentimientos de aversión i encono profundo i propio de
tales circunstancias.
Por eso
es que, como ha dicho mui bien Amunategui, cualesquiera
que sean los defectos de esa canción, tiene el mérito
irreemplazable de haber sido compuesta en medio de la
revolución de la independencia por uno de los
principales actores de tan grandioso acontecimiento (2).
Tan
naturales eran esos sentimientos para aquella época, que
sometido el himno por el Director O’Higgins a la
consideración del Senado, don Francisco Antonio Pérez,
presidente a la sazón de la espresada corporación, le
comunicó por oficio de 20 de setiembre del año citado
«que el senado había visto con placer la canción que
éste le había acompañado, i que ella merecía justamente
el nombre de Canción Nacional de Chile, con que
el senado la titulaba».
Conviene
saber que el año 1819 se postergó algunos días la
celebración del aniversario de la instalación de la
primera junta gubernativa.
El mismo
20 de setiembre, el director O’Higgins promulgó el
precedente acuerdo del Senado, ordenando, entre otras
cosas, «que al teatro se pasaran cuatro ejemplares, para
que al empezar toda representación, se cantase primero
la Canción Nacional».
El
ministro de estado dirijió al autor la siguiente
felicitación:
«La canción patriótica cuya composición encargó su
excelencia a Ud., ha ocupado un distinguido lugar en
la fiesta nacional del 18 de Setiembre, habiendo
primero merecido el titulo de Canción Nacional por
sanción de los poderes lejislativo i ejecutivo.
Su excelencia tiene la mayor satisfacción de que
haya usted desempeñado su encargo manifestando un
entusiasmo i brillantez de su acendrado patriotismo
i acreditado talento. De órden Suprema, tengo el
honor de comunicarlo a usted para su satisfacción.
Dios guarde a usted muchos años.
Ministerio de Estado.— Octubre 2 de 1819.
Joaquín de Echeverría.
Al
señor Doctor don
Bernardo de Vera”.
La música con que al principio se cantaron los versos de
Vera, fue la del Himno Nacional Arjentino. (3)
El
célebre literato don Juan García del Río emitió el
siguiente juicio sobre la Canción Nacional rimada por el
doctor Vera:
«Gracias al Supremo ordenador de los mundos, ha
pasado ya el tiempo en que la trompeta venal i
mentirosa de nuestros poetas no se empleaba sino en
lisonjear el orgullo de los tiranos de América.
La
sabia naturaleza en su marcha imperturbable, nos ha
proporcionado otra época mas venturosa, época en que
los poetas son los cantores de las grandes acciones
que ilustran a la humanidad, i escojen por héroes a
los hombres que veneran el valor i la virtud.
La
canción nacional que ha compuesto el doctor don
Bernardo de Vera, i ha sido adoptada como nacional
por el Excelentísimo Senado i su Excelencia el
Supremo Director, hace honor a Chile.
En la
armonía i cadencia de sus versos, lejos de imponerse
silencio a la razón humana, conserva la poesía el
clarín verídico que ha de resonar en la estensión de
los siglos, como que anuncia, por decirlo así, la
voz de la posteridad. La juventud formada por
semejantes pensamientos, tendrá ideas exactas de la
verdadera grandeza, i sabrá encaminarse, con
semblante animado i placentero, a la victoria o al
sepulcro, cuando se lo exija la patria». (4)
Como puede fácilmente corroborarse, este juicio azas
hiperbólico no es nada mas que hijo de la simpatía que
todo el mundo profesaba al señor Vera: la canción de
este literato, si bien es cierto, como lo apuntamos ya,
que traducía de una manera fidelísima los sentimientos
del mas acerbo encono que flotaban aun junto con el
recuerdo palpitante de esa porfiada i cruenta lucha que
hacia sólo unos pocos meses que acababa de dar remate
con la batalla de Maipo i la hazañosa toma de Valdivia;
si bien es cierto que disfrutaba de la escepcional i
meritísima circunstancia de haber sido escrita por uno
de los primeros, más
esforzados i conspicuos luchadores en pro de la
independencia de Chile, preciso también se hace confesar
que está harto distante, sea contemplada bajo el aspecto
del metro, sea de los pensamientos que emite, del mérito
estraordinario que le atribuía el redactor de
"El
Sol"
y de
"El
Telégrafo"-.
Continuará... |