Logo Portada   111   Interactiva   Encuestas   Foros   Documentos   Crear   Configuración   Ayuda   Portada Anterior   
Imagen de la barra de título de página de elementos Web
Historia

Esto es Chile, esta es nuestra Historia.

Primera Parte
La Canción Nacional de Chile

Primer Escudo Nacional de Chile, 1812

Por Aníbal Echeverría y Reyes
 y Agustín Cannobio G.

Vaparaíso
1904

CONCEPTO JENERAL DE TODO HIMNO PATRIO. -LOS LEMAS CHILENOS. -LA MÚSICA DE TODO HIMNO PATRIO DEBE GUARDAR CIERTA ARMONÍA CON EL CARÁCTER DE LOS HABITANTES DEL PAÍS A QUE ESTÁ DESTINADO I SER DE FÁCIL ASIMILACIÓN, SIN INCURRIR EN TRIVIALIDAD. –O’HIGGINS COMISIONA AL DR. VERA PARA QUE COMPONGA UNA CANCIÓN. –CARÁCTER DE LA POESÍA DEL DR. VERA. –JUICIO EMITIDO ACERCA DE ELLA POR EL LITERATO JUAN GARCÍA DEL RÍO. –SOMERA BIOGRAFÍA DEL DR. VERA I PINTADO.

Desde los tiempos más primitivos, cada país ha tenido su himno o canción que alentaba a los hombres en la pelea, a la vez que les servía para solemnizar de una manera entusiasta los actos de más trascendencia. Así, la Canción de Cástor era un himno guerrero que poseían los lacedemonios, i a cuyo compás entraban en combate, sirviéndose al propio tiempo de él pare rememorar las hazañas de ese héroe.

Del mismo modo, sabido es que los primitivos habitantes de Chile tenían sus cantos guerreros o chivateos, que los animaban en el combate.

Hoi, cada nación tiene su himno, i éste es, en jeneral, el compendio de los títulos gloriosos más culminantes, al par que el código augusto de las tradiciones que sirven como de modelo i enseñanza, digámoslo así, a los hijos de la patria.

Las dos canciones que hemos tenido en Chile han respondido a este principio: ambas celebran el acto de mayor importancia histórica: la independización del dominio peninsular; ambas mueven a todo chileno a luchar “sereno i fuerte” por la libertad, al propio tiempo que lo estimulan a inspirarse en el ejemplo inmaculado de nuestros antecesores, sentando los lemas guerreros que todo chileno lleva escritos en el cerebro i el corazón: “Vencer o morir”; “Por la razón o la fuerza”; invioladas divisas –no es vana patriotería- que a los chilenos en más de un combate, como a los antiguos jermanos, cuya relijión les mandaba perecer en la pelea, les ha mitigado las angustias i dolores de los postreros momentos  de vida; santa frase, en que acaso es preciso ir a buscar, descontada la innegable fiereza i natural pujanza de todo chileno, una parte no diminuta de las causas de tantas de nuestras victorias.

Porque no puede negarse, a veces basta una arenga, una frase, una palabra i hasta un simple jesto para inspirarnos más confianza en nosotros mismos y vigorizar nuestros músculos, haciéndonos capaces de llevar a cabo actos que “a sangre fría” habríamos sido absolutamente impotentes para realizar: ¡sublime triunfo del corazón sobre la materia!

Esto es en cuanto se refiere a la letra.

Ahora, por lo que respecta a la música, conceptuamos que ella debe poseer una melodía hermosa, accesible i fácilmente asimilable por la mayoría del pueblo, al cual está destinada; porque preciso es hacer notar que no ha de ser compuesta para aquellas personas que poseen una cultura musical desarrollada, quienes, por cierto, constituyen una minoría ínfima.

En este sentido puede decirse que el himno patrio es el cántico por excelencia popular, el representante del sentimiento jeneral  de los hijos de una nación.

El movimiento y rito musicales deben naturalmente guardar cierta congruencia con el carácter de cada pueblo: por manera que no sería propio de un país en cuyos habitantes predominase un carácter frío i apático, tener un himno mui entusiasta i azas alegre.

Dijimos que tales himnos debían ser de fácil asimilación, sin incurrir por ello en lo trivial, i es esta cualidad precisamente una bondad que no llena debidamente el propósito tratándose de nuestra Canción Nacional; porque si es cierto que, en jeneral, el pueblo ha llegado a distinguirla i aún a saberla entonar, presenta, como ya se ha observado mil veces, el grave inconveniente de no poder ser entonada en todas sus partes por una sola voz: necesita el auxilio de algún instrumento.

Sentadas ya estas cuestiones jenerales, tócanos al presente entrar a narrar los diversos accidentes que se han desarrollado alrededor de nuestras canciones, la llamada antigua i la actual.

En el año 1819, apenas sacudido el polvo de la audaz lucha que en Chacabuco había coronado los esfuerzos titánicos de los hermanos unidos de allende i aquende, don Bernardo O’Higgins, hombre que paraba miéntes tanto en las cosas de suma significación como en aquellos detalles más nimios, deseoso de conmemorar con gran pompa i solemnidad el imperecedero aniversario del dieciocho de Septiembre, envió al doctor argentino don Bernardo de Vera i Pintado, a la sazón en Chile, la siguiente nota, que le fue transmitida por intermedio del ministro don Joaquín Echeverría:

“Deseando su excelencia que el aniversario del Diez i ocho de Setiembre de este año se solemnice con la alegría i decoro correspondiente, me manda encargue a Ud. (como tengo el honor de hacerlo) la formación de una canción patriótica análoga a la fiesta i que pueda cantarse en aquel día por distintos coros, confiando de su patriotismo i talento el pronto despacho de este encargo para que haya tiempo de estudiarla.

Dios guarde a Ud. muchos años.

Ministerio de Estado, Julio 19 de 1819.
Joaquín de Echeverría. 

Al señor Doctor don
Bernardo de Vera”.

En cumplimiento de tan honrosa comisión, el poeta compuso el siguiente himno; que dio a luz en “El Telégrafo” Nº 37 de 28 de Setiembre de 1819:

Ciudadanos: el amor sagrado

de la Patria os convoca a la lid:

libertad es el eco de alarma

la divisa, triunfar o morir.

El cadalso o la antigua cadena

os presenta el soberbio español:

arrancad el puñal al tirano

quebrantad ese cuello feroz.

 

Coro

 

Dulce Patria, recibe los votos,

con que Chile en tus aras juró,

que o la tumba serás de los libres

o el asilo contra la opresión.

 

Habituarnos quisieron tres siglos

del esclavo a la suerte infeliz,

que al sonar de sus propias cadenas

más aprende a cantar que a jemir.

Pero el fuerte clamor de la Patria

Ese ruido espantoso acalló;

i las voces de la Independencia

penetraron hasta el corazón.

 

Dulce Patria… etc.

 

En sus ojos hermosos la Patria

Nuevas luces empieza a sentir:

i observando sus altos derechos

se ha incendiado en ardor varonil.

De virtud i justicia rodeada

a los pueblos del Orbe anunció

que con sangre de Arauco ha firmado

la gran carta de emancipación.

 

Dulce Patria… etc.

 

Los tiranos en rabia encendidos

I tocando de cerca su fin,

desplegaron la furia impotente,

que aunque en vano se halaga en destruir.

Ciudadanos, mirad en el campo

el cadáver del vil invasor…

que perezca ese cruel que el sepulcro

tan lejano a su cuna buscó.

 

Dulce Patria… etc.

 

Esos valles también ved, chilenos,

que el Eterno quiso bendecir,

i en que ríe la naturaleza,

aunque ajada del déspota vil.

Al amigo i al deudo más caro

Sirven hoi de sepulcro i de honor:

mas la sangre del héroe es fecunda,

i en cada hombre cuenta un vengador.

 

Dulce Patria… etc.

Del silencio profundo en que habitan

esos Manes ilustres, oid

que os reclamen venganza, Chilenos,

i en venganza a la guerra acudid.

De Lautaro, Colocolo i Rengo

Reanimad el nativo valor,

i empeñad el coraje en las fieras

que la España a extinguirnos mandó.

 

Dulce Patria… etc.

 

Esos monstruos que cargan consigo

el carácter infame i servil,

¿cómo pueden jamás compararse

con los Héroes del cinco de Abril?

Ellos sirven al mismo tirano

que su lei i su sangre burló;

por la Patria nosotros peleamos

nuestra vida, libertad i honor.

 

Dulce Patria… etc.

 

Por el mar y la tierra amenazan

los secuaces del déspota vil;

pero toda la naturaleza

los espera para combatir:

el Pacífico al Sud i Occidente,

al Oriente los Andes i el Sol,

por el Norte un inmenso desierto,

y en el centro libertad i unión.

 

Dulce Patria… etc.

 

Ved la insignia con que en Chacabuco

al intruso supisteis rendir,

i el augusto tricolor que en Maipo

en un día de triunfo os dio mil.

Vedle ya señoreando el Océano

I flameando sobre el fiero León:

se estremece a su vista el Íbero,

nuestros pechos inflama el valor.

 

Dulce Patria… etc.

 

Ciudadanos, la gloria presida

De la Patria el destino feliz,

i podrán las edades futuras

a sus padres así bendecir.

Venturosas mil veces las vidas

Con que Chile su dicha afianzó.

Si quedare un tirano, su sangre

de los héroes escriba el blasón.

 

Dulce Patria, recibe los votos,

con que Chile en tus aras juró,

que o la tumba serás de los libres

o el asilo contra la opresión.

Como se vé, (1) la letra del doctor Vera no podía ser más incisiva para con los vencidos. I en este sentido no puede decirse que fuera obra i vilis esclusiva del poeta ultramontano: el no hizo otra cosa que condensar en su canción los sentimientos de aversión i encono profundo i propio de tales circunstancias.

Por eso es que, como ha dicho mui bien Amunategui, cualesquiera que sean los defectos de esa canción, tiene el mérito irreemplazable de haber sido compuesta en medio de la revolución de la independencia por uno de los principales actores de tan grandioso acontecimiento (2).

Tan naturales eran esos sentimientos para aquella época, que sometido el himno por el Director O’Higgins a la consideración del Senado, don Francisco Antonio Pérez, presidente a la sazón de la espresada corporación, le comunicó por oficio de 20 de setiembre del año citado «que el senado había visto con placer la canción que éste le había acompañado, i que ella merecía justamente el nombre de Canción Nacional de Chile, con que el senado la titulaba».

Conviene saber que el año 1819 se postergó algunos días la celebración del aniversario de la instalación de la primera junta gubernativa.

El mismo 20 de setiembre, el director O’Higgins promulgó el precedente acuerdo del Senado, ordenando, entre otras cosas, «que al teatro se pasaran cuatro ejemplares, para que al empezar toda representación, se cantase primero la Canción Nacional».

El ministro de estado dirijió al autor la siguiente felicitación:

«La canción patriótica cuya composición encargó su excelencia a Ud., ha ocupado un distinguido lugar en la fiesta nacional del 18 de Setiembre, habiendo primero merecido el titulo de Canción Nacional por sanción de los poderes lejislativo i ejecutivo.

Su excelencia tiene la mayor satisfacción de que haya usted desempeñado su encargo manifestando un entusiasmo i brillantez de su acendrado patriotismo i acreditado talento. De órden Suprema, tengo el honor de comunicarlo a usted para su satisfacción.

Dios guarde a usted muchos años.

Ministerio de Estado.— Octubre 2 de 1819.
Joaquín de Echeverría. 

Al señor Doctor don
Bernardo de Vera”.

La música con que al principio se cantaron los versos de Vera, fue la del Himno Nacional Arjentino. (3)

El célebre literato don Juan García del Río emitió el siguiente juicio sobre la Canción Nacional rimada por el doctor Vera:

«Gracias al Supremo ordenador de los mundos, ha pasado ya el tiempo en que la trompeta venal i mentirosa de nuestros poetas no se empleaba sino en lisonjear el orgullo de los tiranos de América.

La sabia naturaleza en su marcha imperturbable, nos ha proporcionado otra época mas venturosa, época en que los poetas son los cantores de las grandes acciones que ilustran a la humanidad, i escojen por héroes a los hombres que veneran el valor i la virtud.

La canción nacional que ha compuesto el doctor don Bernardo de Vera, i ha sido adoptada como nacional por el Excelentísimo Senado i su Excelencia el Supremo Director, hace honor a Chile.

En la armonía i cadencia de sus versos, lejos de imponerse silencio a la razón humana, conserva la poesía el clarín verídico que ha de resonar en la estensión de los siglos, como que anuncia, por decirlo así, la voz de la posteridad. La juventud formada por semejantes pensamientos, tendrá ideas exactas de la verdadera grandeza, i sabrá encaminarse, con semblante animado i placentero, a la victoria o al sepulcro, cuando se lo exija la patria». (4)

Como puede fácilmente corroborarse, este juicio azas hiperbólico no es nada mas que hijo de la simpatía que todo el mundo profesaba al señor Vera: la canción de este literato, si bien es cierto, como lo apuntamos ya, que traducía de una manera fidelísima los sentimientos del mas acerbo encono que flotaban aun junto con el recuerdo palpitante de esa porfiada i cruenta lucha que hacia sólo unos pocos meses que acababa de dar remate con la batalla de Maipo i la hazañosa toma de Valdivia; si bien es cierto que disfrutaba de la escepcional i meritísima circunstancia de haber sido escrita por uno de los primeros, más esforzados i conspicuos luchadores en pro de la independencia de Chile, preciso también se hace confesar que está harto distante, sea contemplada bajo el aspecto del metro, sea de los pensamientos que emite, del mérito estraordinario que le atribuía el redactor de "El Sol" y de "El Telégrafo"-. Continuará...