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Historia

El Éxodo y la Arqueología

La Arqueología y la Biblia - II

Por el Profesor Víctor Silva

 

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El Éxodo

“…He visto la aflicción de mi pueblo que esta en Egipto,

y he oído su clamor a causa de sus exactores;

pues he conocido sus angustias,

y he descendido para librarlos de mano de los egipcios,

y sacarlos de aquella tierra

a una tierra buena y ancha, a tierra

que fluye leche y miel,

a los lugares del cananeo, del ferezeo,

del heveo y del jebuseo.

Éxodo 3, 7-8.

La historia más importante y fabulosa que se relata en el antiguo testamento, aparece en el libro del éxodo y es la salida desde Egipto de las doce tribus de Israel, que conducidas por Moisés, consiguieron escapar del ejercito del faraón cruzando las aguas del Mar Rojo, para terminar deambulando durante alrededor de 40 años por el desierto de Sinaí.

Importante, hemos dicho, porque representan  la base del ideario colectivo y el sustento moral del pueblo judío; ideario que se realiza en la cualidad de ser el pueblo elegido del único Dios verdadero (alianza). Pueblo que tiene la misión de conservar la única religión del Dios verdadero entre los hombres. Importante, porque es el pilar en que se sustenta y legitima el sistema ético-ideológico de las religiones de orientación judeo-cristiana a través del desarrollo del Cristianismo en occidente y su posterior expansión por otras regiones del mundo. El Decálogo, es decir, la Ley o conjunto de los diez mandamientos, que Moisés recibe en la cumbre del monte Sinaí entre truenos y relámpagos, serán las bases y la síntesis de los principios morales del judeo-cristianismo.

Según nos cuenta la Biblia, los israelitas fueron establecidos por José, hijo de Jacob, en el país de Gessén, región fértil entre el Delta y el desierto arábigo. En esta región permanecieron durante siglos, durante los cuales perdieron sus costumbres pastoriles haciéndose un pueblo sedentario que prospero y se multiplicó en las tierras egipcias. Esta prosperidad, unida a sus peculiares costumbres, ajenas a las del pueblo egipcio, atrajo la hostilidad de los locales y de su líder el faraón. Los Israelitas fueron esclavizados y obligados a trabajar en obras de construcción para el faraón.

Es entonces cuando Yahvé, el Dios de Israel, le encomienda a Moisés, el encargo de salvar a su pueblo.

Moisés, que había nacido en la tribu de Leví durante el tiempo de mayor opresión, fue depositado en una cesta sobre las corrientes del Nilo que lo llevaron a las manos de la hija del faraón, quién lo adoptó, siendo de esta manera criado y educado en la corte del faraón según la tradición de los príncipes egipcios.

Ya adulto, y consciente de su verdadero origen, quiso ayudar a sus compatriotas, teniendo que escapar y refugiarse en el desierto de Sinaí. Ante la orden de su Dios, abandonó el desierto y junto con su hermano Aarón, fue a pedirle al faraón que dejase salir de Egipto a los israelitas.

Ante la negativa del monarca, Yahvé envió sobre Egipto las diez terribles plagas. Ante tal calamidad, los israelitas pudieron salir de Egipto y guiados por su Dios, tomaron el camino del desierto, llevando todos sus bienes y animales. No obstante, pasado un período de tiempo, el faraón se arrepintió de haberlos dejado escapar del país y fue en su persecución con un poderoso ejército. Al llegar al Mar Rojo, Yahvé hizo que este se abriera dejando pasar a su pueblo elegido, pero cerrándose al paso de las tropas egipcias que perecieron ahogadas.

En la península de Sinaí los israelitas vivieron durante cuarenta años agrupados en doce tribus descendientes de los doce hijos de Jacob, siendo su centro de reunión el monte Sinaí, sitio donde Moisés recibió las Tablas de la Ley y donde se selló definitivamente la alianza entre la divinidad y su pueblo. Una vez que transcurrieron cuarenta años de nomadismo por el desierto, emprendieron la marcha hacia Canaán –la “Tierra Prometida”-, conquistando a sangre y fuego toda Canaán [1] desde Hebrón hasta las fuentes del Río Jordán.

Esta saga histórica, plagada de hechos sobrenaturales y milagros, es el fundamento sine qua non a través de todas las épocas para la existencia del pueblo judío, el sustento  ideológico que justifican las acciones políticas de los sectores sionista y conservadores judíos en la actualidad y, lo principal, la base histórica en que se sustenta el establecimiento del moderno Estado de Israel.

La justificación de la dominación y exterminación del pueblo palestino, encontrarían su contraparte histórica en las matanzas que padecieron  los antiguos cananeos, y –ahora como en la antigüedad- el Dios verdadero permitía y más aún exigía tales masacres [2].

De esta manera, una historia, tan fundamental para la comprensión de los orígenes de un pueblo y que es el pilar de las actuales concepciones religiosas judeocristianas, fue considerada por los historiadores y arqueólogos bíblicos, si bien no completamente verdadera, sí como depositaria de ciertos elementos históricos que forman el núcleo del relato, los que posteriormente las futuras generaciones de israelitas fueron refinando y amoldando a sus intereses políticos, sociales y religiosos.

No obstante esta necesidad de demostrar, al menos en parte, la veracidad de estas historias y del hecho que algunos estudiosos defienden la idea de la existencia de hechos históricos tras el relato bíblico, la ausencia de pruebas literarias y arqueológicas están haciendo esta idea cada vez menos convincente.

Desde la década de 1970 la “Nueva Arqueología” ha venido planteando serias dudas sobre la historicidad de tales relatos.

Apoyada  en los recientes descubrimientos arqueológicos o en la total ausencia de pruebas que confirmen las narraciones bíblicas, ha propuesto nuevas teorías para explicar los orígenes del pueblo de Israel. En esta parte del ensayo, muestro las teorías de estos arqueólogos así como el análisis e interpretación que hacen los expertos, de algunas fuentes escritas, ya sea tanto de los que refutan la historicidad de los relatos bíblicos como de aquellos que defienden su veracidad. Muchos estudiosos de la Biblia han creído encontrar en antiguos hechos históricos, como fue la expulsión de los Hiksos desde Egipto o en el turbulento período de Amarna, los hechos reales desde donde siglos posteriores la elite político-religiosa judía va ha elaborar sus propios relatos para crear las bases ideológicas e históricas para la unidad de Israel.

Las fuentes literarias que hablan de la presencia de extranjeros en Egipto son numerosas, pero ninguna confirma la presencia de hebreos, y mucho menos de israelitas en Egipto. Por otra parte el registro arqueológico es mucho mas contundente a la hora de negar la historicidad de del Éxodo, la presencia de israelitas en el desierto del Sinaí .

Las Fuentes Literarias  y el registro Arqueológico

Fuentes Literarias

Se consideran como fuentes literarias todos los escritos antiguos que describen o dan testimonio de la realidad social, cultural y política del período en que fueron realizados. Por lo general estos escritos representan la visión de las clases dirigentes, sobre determinados fenómenos sociales y pueden ser tan diversos que tenemos desde escritos religiosos hasta poemas que recuerdan alguna hazaña épica. Los escritos que aquí se analizan, se pueden clasificar en primera instancia según su tipo, estos pueden ser: sellos, cartuchos, tablillas, estelas, papiros, óstracas o fragmentos. En segunda instancia se pueden clasificar según su contenido. Las principales fuentes literarias que tenemos para el período analizado en este ensayo, es decir, desde inicios del Bronce Medio hasta el final de la edad del hierro I (2.000-1000 a. de C.), corresponden en su mayoría a cartas entre los diversos reinos de la región, textos religiosos, instrucciones o ordenes reales, inscripciones militares y documentos administrativos. También es significativo el número de fuentes literarias consideradas como narraciones o cuentos. Esta clasificación puede ser arbitraria, pero para efectos de la descripción posterior, me parece al menos aceptable para lograr un primer acercamiento a las fuentes escritas de este período de la antigüedad.

Uno de los hechos que, ciertamente, más preocupa a los estudiosos bíblicos, es la presencia de hebreos en Egipto, pues si hemos de creer lo que la Biblia transmite, las fuente escritas y los restos materiales de una población numerosa, debieran ser abundantes, pero es aquí donde radica el problema, a la hora de dar veracidad a los relatos. Es precisamente la falta de fuentes que confirme lo que la Biblia relata, lo que refuta su veracidad.

La presencia de extranjeros en Egipto esta confirmada por varios relatos que nos cuentan las relaciones que establecieron al interior de la sociedad egipcia, sus rasgos culturales y en determinados casos, el violento choque que se produce entre estos y el estado egipcio. Nada hay sin embargo sobre los hebreos, si bien muchos de estos extranjeros o asiáticos, como los escritos los llaman, provienen de Palestina.      

Los primeros relatos de extranjeros en Egipto provienen de los textos literarios del primer período intermedio[3] conocidos como ”Las enseñanzas de Merikare, las admoniciones de Ipuwer o la profecía de Neferty”.

En estos textos se culpa a los ”Amu” , traducido como asiáticos, de la destrucción del Imperio Antiguo.

Las enseñanzas de Merikare, señalan a estos asiáticos como habitantes que pueblan el este del Delta:

Debe decirse esto acerca del extranjero:

Mira, el vil asiático,

El es un miserable a causa del lugar en que se halla:

Poco agua, escasez de madera,

Sus caminos son demasiados y penosos a causa de las montañas.

No habita en un único lugar,

La comida le impulsa a moverse,

Combate desde el tiempo de Horus,

Ni conquista, ni tampoco es conquistado,

El no anuncia el día del combate,

Como un ladrón que se precipita hacia un grupo.

 

Hice que el bajo Egipto les atacara,

Capturé a sus habitantes,

Me apoderé de su ganado,

Hasta que los asiáticos aborrecieron Egipto.

No te consternes por él,

El asiático es un cocodrilo en su orilla,

Saquea en un camino solitario,

Nada puede arrebatar de una ciudad con gran población.

Los Amu, como describe este texto, serían grupos de nómadas, de constante deambular en la búsqueda de su sustento, debido a la escasez y esterilidad de su territorio, lo que también los llevaría a prácticas de bandolerismo y saqueo de caminos. Más que hablar de un pueblo con especificidad étnica, se refiere, a grupos humanos desarraigados en constante lucha con un medio natural hostil y con los pueblos sedentarios establecidos en ciudades o fértiles oasis. Estas luchas los llevaron a invadir el delta del Nilo, desde donde serían expulsados por el monarca Merikare-Jety.

El apelativo de Amu, se hizo el equivalente de la palabra extranjero, que era aplicado a las tribus y grupos beduinos, que habitaban el territorio sirio-palestino.

Durante el reinado de Nebhepetra Mentuhotep (2.061.-2.010 a. de C.), monarca de la XI dinastía y reunificador de Egipto, es que comienza el llamado Imperio Medio (2061-1783 a. de C. y abarca desde la dinastía  XI a la XII).

Es con este soberano que se inicia el reestablecimiento de la relaciones con los países extranjeros, enviando expediciones a Nubia, hacia el desierto del Sinaí y la costa arábiga del Mar Rojo, con el objeto de explotar sus riquezas mineras. El contacto con pueblos extranjeros hizo que muchos de estos se establecieran en Egipto.

Ya a finales de XII dinastía, grupos sucesivos de inmigrantes asiáticos se establecieron en Egipto en el limite oriental del delta, tal como lo señalan los papiros de Kahun, en la tumba N° 3 y  N° 14 de Beni Hassan, en “El Cuento de Sinue” y el papiro de Brooklyn N° 35, 1446.

Estas fuentes literarias señalan que los extranjeros se desempeñaban en Egipto en variados oficios que iban desde el de trabajador simple hasta artesano, sirvientes calificados, como peluqueros o maquilladores; obreros agrícolas, especializados como jardineros; funcionarios públicos, artistas y mercenarios. Además hacen referencia a los tratos que mantenían los monarcas con estos extranjeros.

En las inscripciones de la tumba N° 3 de Beni Hassan, perteneciente al hijo de Sesostris II (1897-1878  a. de C.), un grupo de Amu es conducido a la presencia del monarca.

El egipcio que los presenta lleva un mensaje que dice:

En el año 6 bajo la majestad del Horus Sentauy, el Rey del Alto y Bajo Egipto

Jajeperra. Lista de Amw que trajo el hijo del monarca Jnumhotep

A causa de la pintura de ojos. Lista de Amw: 37.

El primer Amu que encabeza la lista se llama Abishai y es encabezado por el apelativo “heka-jaset” o gobernante extranjero, que en la actualidad se piensa es el origen del termino Hikso.  Mientras que la tumba N° 14 hace referencia a los amu como mercenarios.

El papiro de Kahun, también menciona a los Amu, como integrantes del personal que participa en una fiesta de Sesostris II.

En este escrito los Amu se desempeñan como acróbatas, cantantes y bailarines. Mientras que un sello en forma de escarabajo encontrado en Tell el-Daba, fechado a finales del Imperio Medio contiene una inscripción que dice: “Delegado del tesorero, el Amu…”, o que demuestra que los extranjeros estaban asimilados en la sociedad egipcia, llegado a ocupar cargos de cierta importancia administrativa.

En conclusión, los Amu, al finalizar el imperio medio van a estar integrados en la estructura social y económica de Egipto desenvolviéndose en diversas actividades, proceso que no se interrumpirá cuando la invención de los Hiksos ponga fin al Imperio Medio.

Algunos investigadores bíblicos han creído ver en la historia de la expulsión de los Hiksos, la base del relato de la salida de los israelitas de Egipto.

Las fuentes literarias y arqueológicas para el período han dado lugar a diferentes interpretaciones, la más aceptada es que serían pueblos semitas y grupos de otro origen étnico, incluidos indoeuropeos, que expulsados por la expansión hitita hacia la alta Siria, se desplazaron hacia la zona del delta del Nilo. En un inicio esta ocupación habría sido pacifica pero a medida que la crisis interna de poder del estado egipcio se agravaba la penetración se habría vuelto violenta.

La más reciente hipótesis sobre la procedencia de los Hiksos, es la que señala que tendrían un origen micénico; Esta idea se fundamenta en la similitud entre los nombres de los monarcas Hiksos y los nombres pertenecientes al grupo de lenguas o dialectos proto-griegos o micénicos.

El período que va desde el 1640 al 1537 a. de C. Egipto va a estar gobernada por monarcas extranjeros, llegando a su máximo esplendor durante  la XV dinastía, cuyo primer monarca, Salitis, empezó a cobrar los tributos del Alto y del Bajo Egipto, fundando la ciudad de Avaris o Tanis, como el centro militar y administrativo de esta dinastía.

Los Hiksos asimilaron las costumbres, lengua y escritura de la sociedad egipcia, a la vez que introducen nuevas técnicas en la metalurgia y la alfarería.

En el aspecto militar se introduce el arco compuesto y se inicia la utilización del carro y del caballo. No obstante la asimilación de los invasores, la siempre presente hostilidad  hacia los extranjeros invasores, hizo que estallara una insurrección con asiento en la ciudad de Tebas, siendo terminada esta empresa por el faraón Ahmosis, quién conquisto Avaris y expulsó a los Hiksos hacia Palestina, iniciando la conquista de la costa de Palestina con el fin de recuperar el control político, económico y militar de la región, proceso que tendría su máxima expansión durante el reinado de Ramses II durante el Imperio Nuevo y culminaría hacia el final de este período cuando cesa toda influencia egipcia en la zona.

No obstante la presencia de los Hiksos en Egipto, no existe evidencia que demuestre la presencia de israelita en la zona del delta o que ligue a este pueblo con los Hiksos.

No se ha descubierto ni la más insignificante tablilla o inscripción que compruebe la presencia del pueblo que describe la Biblia durante este período.

Durante el Imperio Nuevo, algunas fuentes escritas señalan la presencia de un grupo que recibió la denominación de Apiru [4].

Las primeras referencias a los Apiru, las  encontramos durante el reinado de Amenhotep II (1450-1425 a. de C.) faraón de la XVIII dinastía.

En la estela de la campaña de Siria de los años e a 9 de su reinado, se menciona que el monarca trae consigo:

“…127 gobernantes de Retenu [5],

179 compañeros de los gobernantes, 3.600 Aperu…”

Durante el reinado de  Seti o Sethos I (1294-1279 a. de C.), faraón de la XIX dinastía, se menciona a los Apiru en la llamada segunda estela de Seti:

“Ese mismo día alguien vino a informar a su majestad, que los Apiru de la montaña de Yarmutu,…agredieron a los Amu de Ruhma.

Dijo entonces: “¿Qué piensan estos malditos Amu tomando sus arcos para pelear?, sabrán a quién han ignorado, al gobernante valiente como un halcón, un toro de amplia zancada y afilados cuernos, desplegadas sus alas de pedernal…”

En esta estela se menciona a los Amu como la denominación genérica para todos los extranjeros que poblaban el Levante Mediterráneo, siendo los Apiru integrantes de estos.

No obstante las fuentes escritas más relevantes para conocer la situación de los Apiru durante el imperio nuevo, las encontramos en los archivos de Tell el-Amarna[6].

Las tablillas fueron descubiertas en 1887, fueron descubiertas  por lugareños que buscaban fertilizante de ladrillo de barro descompuesto en las ruinas de un emplazamiento construido por orden del faraón Amenofis IV, mejor conocido por el nombre de Akhenaton, durante la primera mitad del siglo XIV a. de C.

El sitio se ubica a unos 350 kilómetros al sur de El Cairo y conocido en la actualidad como Tell el-Amarna. En realidad el sitio no es un tell (ruina en forma de montículo o colina que contiene los restos de ciudades, pueblos u otro emplazamiento), y al parecer toma el nombre de una aldea cercana llamada El Till, que en combinación con el nombre de la tribu local Beni Amran, darían el nombre al yacimiento del Bronce Tardío.

Se conocen cerca de 400 tablillas repartidas entre los museos de Londres, Berlín y El Cairo. Estas tablillas corresponden a la correspondencia establecida entre el faraón y varios reyes y vasallos. Las primeras provienen de reyes de potencias del oriente próximo independientes de Egipto como Babilonia, Mittani, Alasia, Asiria, Arzawwa y Hatti, pero la mayoría son cartas de jefes o vasallos que tenían sus tierras en la Región de Siria-Palestina.

Estas cartas dan una clara situación de la situación social y política del oriente próximo, que se caracteriza por las constantes rivalidades de los pequeños reinos o ciudades-estado, bajo la presión de los Imperios de Egipto y de Hatti (hititas). Además muestran a los Apiru, como un factor desestabilizador en la zona. Apiru o Habiru en acadio, es una denominación general para una serie de tribus semi-nómadas dispersas por todo Retenu (Palestina), no siendo considerados habitantes de una zona en concreto. En una carta (EA 289) de Abdu-Heba de Jerusalem al Faraón, se acusa a Labayu de dar las tierras de Shechem a los Apiru, los que a su vez son acusados de dedicarse al pillaje en todas las tierras del faraón. Otra carta (EA 60) muestra como Rib-addi, rey de Gubla (Biblos), informa de los avances del caudillo de los Habiru / Apiru Abdi-Ashirta y que terminaría por someter toda la zona de Amurru, al norte de Palestina. Los sucesos que describen las cartas de el-Amarna, llevaron a los estudiosos bíblicos a pensar que de algún modo estaban relacionados  con los relatos del Antiguo testamento, equiparando las incursiones de los Apiru, al relato de la conquista de Canaán por Josué y a relacionar el termino Apiru con el de Ibri (hebreo). 

El término , aprw, parece ser un termino egipcio, derivado del verbo pasar, atravesar (api) y del sustantivo limite o frontera (r-a).

El signo de la boca   se utiliza en numerosas palabras que utilizan el concepto de entrada o limite. Por lo tanto el significado de Apiru podría ser el de los que atraviesan límites, es decir los errantes.

Es decir Apiru o errantes sería la denominación general de los asiáticos, que al igual que el caso de los Amu del primer período intermedio y del Imperio Medio, serían tribus semi-nómadas sin una tierra propia.

El término no se refiere a un grupo étnico definido, a un grupo social o a una clase económica u mucho menos a los hebreos, hasta ahora “…nadie a probado de forma concluyente que los términos Apiru e Ibri se relacionen desde el punto de vista etimológico, ni que los hebreos formaran alguna vez parte del movimiento de los Apiru.

En primer lugar, la población a la que se aplica el término Apiru existió por todo el Oriente Próximo a lo largo del II milenio a. C.

Si los hebreos fueron algunas vez Apiru es, por el momento, una cuestión abierta” [7].

Otra fuente importante, pues es la primera mención referencia de una fuente egipcia a Israel, es la estela de Merneptah (1213-1203 a. de C.).

Esta estela data del quinto año del reinado del faraón Merneptah (hijo de Ramsés II) y contiene una serie de himnos que celebra la victoria del faraón sobre sus enemigos:

“Los príncipes están postrados, diciendo: ¡Clemencia!

Ninguno alza su cabeza a lo largo de los Nueve Arcos.

Libia está desolada, Khatti está pacificada,

Canaán está despojada de todo lo que tenía malo,

 Ashkelón está deportada, Gezer está tomada,

Yanoam parece como si no hubiese existido jamás,

Israel está derribado y yermo, no tiene semilla,

 Siria se ha convertido en una viuda para Egipto.

¡Todas las tierras están unidas, están pacificadas!

No obstante, los intentos por identificar el “Israel” de la estela con el Israel de la Biblia que escapó de Egipto guiado por Moisés,  han sido infructuosos.

Nada hay en la estela que señala la presencia de israelitas en Egipto.

Lo que se infiere de la estela es que es un documento redactado por escribas a finales del siglo XIII a. de C. que informa de las victorias del faraón Merneptah sobre pueblos que habitaban los territorios conocidos como Canaán y Siria. Entre estos pueblos se menciona a Israel, seguido por el jeroglífico egipcio que indica una población o comunidad en oposición a una ciudad o región. Nada se menciona en la inscripción sobre la organización política, dioses o culto que practicaban, su lugar de origen, ni siquiera su relación con el Israel que surgiría 200 años después bajo los monarcas Saúl y David.

De esta manera la estela de Merneptah nada informa sobre el éxodo por lo tanto es irrelevante como fuente escrita para solucionar la cuestión si ocurrió el éxodo israelita de Egipto según la versión de la Biblia.

 

Registro Arqueológico

Los datos que arroja el registro arqueológico para dilucidar la cuestión del Éxodo son prácticamente inexistentes.

Si tuviéramos que prescindir de la información de la Biblia para conocer la historia de éxodo y recurrir al los datos entregados por las investigaciones arqueológicas en Palestina llegaríamos a la conclusión de que tal relato es cualquier cosa menos histórico. Esto es determinante no solo en lo que respecta para comprobar la historicidad del Éxodo ya que además termina por cuestionar la veracidad de los siguientes relatos que forman la zaga bíblica de la Conquista de Canaán, que por otra parte también  son  refutados de manera contundente por  los datos que entrega el registro arqueológico.

La “Nueva Arqueología”, siguiendo una metodología estrictamente científica y multidisciplinaría, ha aportado nuevos antecedentes interpretativos, que han refutado categóricamente las tradicionales interpretaciones y han puesto una serie de problemáticas históricas para quienes interpretan los datos arqueológicos de manera negativa y deshonesta.

Cualquier “investigador” que afirme la historicidad de los relatos bíblicos de Éxodo y de la conquista de Canaán utilizando la arqueología como fuente de verificación, tendrá que explicar una serie de contradicciones que surgen al comparar los hechos que cuentan  los “relatos sagrados” y la información que entrega la moderna  arqueología.

Para una mejor comprensión  de los datos aportados por el registro arqueológico, entrego a continuación un listado de las incongruencias entre la historia bíblica y el testimonio arqueológico moderno.

    La presencia egipcia en Palestina se evidenció desde la expulsión de los Hiksos. Esta expansión, que buscaba evitar nuevas invasiones por parte de la población asiática, hizo que se construyeran una serie de fortificaciones que desde el Delta hasta Canaán[8], las que mantenían un estricta vigilancia de las poblaciones que habitaban la región; de este sistema de fortificaciones el área mas protegida  era la vía que conducía desde  el  Delta hacia Gaza denominada “Camino de Horus”. A lo largo de toda su extensión no solamente se había establecido un complejo sistema de fuertes, sino también, almacenes, graneros y pozos situados a intervalos de una jornada de marcha. Los anales del gran faraón conquistador Tutmosis III relatan que marchó con sus tropas en diez días desde el este del Delta hasta Gaza, una distancia de 250 kilómetros. Un relieve del reinado del faraón Sethos (Seti I) padre de Ramsés II, muestra los fuertes y depósitos de agua en forma de mapa antiguo que representa la ruta del este del Delta a la frontera sudoeste de Canaán. Los restos de estos fuertes fueron descubiertos en investigaciones arqueológicas realizadas en el norte del Sinaí por Eliezer  Oren, de la Universidad Ben Gurion, en la década de 1970. Tomando en cuenta las teorías bíblicas [9] que sitúan el acontecimientos del Éxodo durante el gobierno de Ramsés II [10], la huida de un numeroso contingente de personas desde Egipto y su vagabundeo por el desierto y su posterior entrada en Canaán es imposible. A los israelitas les hubiera resultado imposible sortear el sistema defensivo  del margen central del Delta, menos aún durante el reinado de Ramsés II, en el que Egipto era la principal potencia militar de la región e importantes contingentes del ejército del faraón recorrían con frecuencia la vía del Delta a Gaza, en dirección del Eúfrates. Si a esto sumamos que los datos arqueológicos señalan que los centros militares de Megido y Beth Shan, durante el gobierno de Ramsés II, contaban con importantes contingentes militares y numeroso personal administrativo, poca libertad de acción hubiera quedado para un grupo cuantioso de fugados que difícilmente hubiera pasado desapercibido para los centinelas ubicados en estas plazas fuertes.

Además el relato bíblico dice que el faraón pereció al frente de su ejército [11], no obstante la momia de Ramsés II goza de buena salud en el museo de el Cairo.

Gracias a su momia  sabemos que Ramsés II, murió alrededor de la edad de 90 años, en los últimos años de vida andaba encorvado y tenía deformaciones en la columna vertebral debido a la artritis. Tenía además afecciones a las encías (gingivitis). Sus dientes estaban en muy mal estado y en el momento de su muerte tenía una importante infección que con seguridad le provocó fuertes dolores en los últimos días de su vida.

Izquierda: Sarcófago de Ramsés II. Museo del Cairo.

Según el relato bíblico, varios cientos de miles de personas vagaron por la península del Sinaí durante cuarenta años.

Sin embargo,  los datos arqueológicos no muestran nada parecido a lo que relata la Biblia y menos aún, ha encontrado pruebas  de la influencia egipcia en una población que vivió más de 400 años en el país del Delta.

Lo único que se puede mencionar son los yacimientos arqueológicos de Tell el-Quderait al norte del Sinaí, que se ha identificado con la antigua Kadesh-Barnea mencionada en el relato bíblico en relación al deambular de los israelitas por el desierto. La historia arqueológica de Tell el-Quderait, no ha arrojado ningún material arqueológico del Bronce Tardío (1550-1200 a. de C.), tan sólo restos de una fortificación de finales de la Edad del Hierro (Hierro II C 700-540 a. de C.).

Lo mismo sucede con Esyon Gheber,  en el golfo de Aqaba, que fue un establecimiento donde acamparon los israelitas, nada ha revelado para el período del Bronce Tardío, solamente materiales de la Edad del Hierro. Es inadmisible aceptar como verdadera la estancia de 40 años en el desierto de Sinaí de cientos de miles de israelita al comprobar que el estudio arqueológico no ha arrojado al más pequeño resto material no siquiera algún diminuto fragmento cerámico que justifique la historia bíblica del paso de los israelitas por este territorio.

La península de Sinaí. Principales localidades citadas en la historia del Éxodo.

Según I. Finkelstein – N.A. Silberman.

El sitio de Tell Arad mencionado en el libro  de Números [12], en donde los israelitas enfrentaron al rey cananeo de esta ciudad,  no ha revelado ningún material arqueológico para el período del Bronce Tardío, con lo que se puede asegurar con certeza que durante este período no existía. En cambio el emplazamiento de Tell Arad, si ha arrojado restos materiales fechados en otros período. Esta era una ciudad importante, con 17 hectáreas de extensión durante  el Bronce Antiguo (3300-2000 a. de C.). También se han encontrado vestigios de un importante emplazamiento para la Edad del Hierro II A (1000-900 a. de C.). La ciudad de Heshbón, capital de Sihon, rey de los amorreos, que se enfrentó a los israelitas  al impedirles el paso por su territorio rumbo a las tierras de Canaán [13], durante el Bronce Tardío era apenas una aldea. Posteriormente los israelitas se enfrentaron al rey de Moab [14]  y al pueblo de Ammón (Madián), sin embargo durante el Bronce Tardío estos reinos no estaban habitados por poblaciones sedentarias.                                  

En su libro “La Biblia Desenterrada”, el arqueólogo de la Universidad de Tel-Aviv, Israel Finkelstein, propone como fecha de redacción del Éxodo el siglo VII a. de C.,  durante el período de esplendor del reino de Judá.

Para este investigador el relato del éxodo se ajusta plenamente al mensaje divino que justificaba el programa expansivo y religioso del gobierno de Josías (639-609 a. de C.).

Dicho mensaje tenía que ver con el deseo de Yahveh de que todo el pueblo de Israel viviera unido en la tierra que se le había legado. De tal manera la misión del reino de Judá es la unificación de Israel bajo una misma religión y para esto el diseño de una historia común que justificara este ideal panisraelita era fundamental.

Finkelstein basa su afirmación en evidencias concretas, como que el cuadro de detalles con que fue compuesto el Éxodo corresponde a la realidad del siglo VII a. de C. Los topónimos citados en el éxodo describen el entorno del reino de Judá para este siglo. Los sitios de Kadesh Barnea, Esyon Gheber y el reino de Edom fueron importantes lugares de peregrinación  para los israelitas durante el siglo VII a. de C.

Otro dato importante que aporta Israel Finkelstein, es el escenario que nos describe la “Historia de José”, con nombres egipcios como Zaphenath-paneath, que era el gran ministro del faraón, Potiphera, Asenath [15] y Putifar [16], que eran muy populares durante el siglo VII a. de C.

En conclusión, los problemas de justificación arqueológica que envuelve el relato del Éxodo hacen que se niegue su historicidad, al menos al menos desde el punto de vista de la hipótesis que presenta un Éxodo histórico de proporciones bíblicas.

Tal como plantea Laughlin, el éxodo israelita de Egipto debe verse como algo provisional, debido a que algún material por descubrir  puede aportar  nueva información a las recientes interpretaciones de la “nueva arqueología”, no obstante de existir algún “núcleo histórico”, ya sea esta en el contexto de las migraciones Amu a Egipto, la expulsión de los Hiksos [17], la saga histórica de Abdi Ashirta , los conflictos de los faraones del Imperio Nuevo con los Shasu y otros pueblos nómadas, este tendrá escasa semejanza con la versión relata en la Biblia.

Continuará……

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Notas

[1]  “Y cuando los israelitas acabaron de matar a todos los moradores de Hai en el campo y en el desierto a donde los habían perseguido, y todos habían caído a filo de espada hasta ser consumidos, todos los israelitas volvieron a Hai, y también lo hirieron a filo de espada.  El número de los que cayeron aquel día, hombres y mujeres, fue de doce mil, todos de Hai. Porque Josué no retiró su mano que había extendido con la lanza, hasta que hubo destruido por completo a todos los moradores de Hai”. Josué 8. 24-26.

[2]  “Yahvé dijo a Josué: No temas ni desmayes; toma contigo toda la gente de guerra, y levántate y sube a Hai. Mira, yo he entregado en tu mano al rey de Hai, a su pueblo, a su ciudad y a su tierra. Y harás a Hai y a su rey como hiciste a Jericó y a su rey; sólo que sus despojos y sus bestias tomaréis para vosotros. Pondrás, pues, emboscadas a la ciudad detrás de ella”. Josué 8. 1-2.

[3] El primer período intermedio se extendió cronológicamente entre el 2160 al 2055 a. de .C. y abarca las dinastías de la IX a la XI. Según los hallazgos arqueológicos, los investigadores han planteado la hipótesis de un constante debilitamiento del poder del faraón en el control administrativo de los recursos del país, esto habría llevado a un aumento del poder de la nobleza que gobernaba en las provincias, generándose una fragmentación del poder. Además en los inicios del período sucedieron una serie de desbordes descontrolados del río Nilo que habrían causado la ruina de las cosechas produciéndose períodos prolongados de hambruna.

A todo esto hay que señalar la incapacidad de las ciudades del bajo Egipto para frenar las incursiones de los nómadas del desierto.

[5] Amplia región que abarcaba el Líbano, parte de Siria, Palestina e Israel actuales.

[6] Antiguo sitio donde se levantaba la ciudad que el faraón Akhenaton dedicó al Dios Atón, en contraposición a la ciudad de Tebas  dedicada al Dios Amón.

[7] Laughlin. John C. H. "La Arqueología y la Biblia". Pag. 100. Editorial Crítica. Barcelona. 2001.

[8]  Kamosis, tercer faraón de la dinastía XVII, comenzo la última expulsión de los hicsos atacando sus dominios en Egipto Medio, destruyendo las fuerzas del los hicsos  en Nefrusy y Cinopolis. Su hermano Amosis recuperó Menfis, Helioplis  y Avaris, haciendo retroceder a los Hiksos a Sinaí. Los faraones de la dinastía  XVIII, especialmente Tutmosis I, emprendieron campañas bien al interior de Palestina, hasta alcanzar la cuenca del Orentes en Siria, lo que no sólo terminó con la influencia de los hicsos, sino que asestó duros golpes de advertencias al estados hurritas y a las fuerzas citanias  cerca del Eúfrates.

[9]  La Biblia menciona los trabajos de los israelitas en la ciudad de Ramsés. Éxodo 1. 11 : “Entonces pusieron sobre ellos comisarios de tributos que los molestasen con sus cargas; y edificaron para Faraón las ciudades de almacenaje, Piton y Ramesés".

[10]  Generalmente se fecha el éxodo en el siglo XIII a. de C., utilizando para esto fuentes egipcias que señalan la construcción de la ciudad Pi Ramsés durante el reinado del faraón  Ramsés II  (1279-1213, según sugerencia del egiptólogo K. Kitchen en el coloquio sobre cronología absoluta  que tuvo lugar en la Universidad  de Gothenberg en agosto de 1987).

[11] “Y volvieron las aguas, y cubrieron los carros y la caballería, y todo el ejército de Faraón que había entrado tras ellos en el mar; no quedó de ellos ni uno” Éxodo 14.8.

[12] “Cuando el cananeo, el rey de Arad, que habitaba en el Neguev, oyó que venía Israel por el camino de Atarim, peleó contra Israel, y tomó  de él prisioneros. Entonces Israel hizo voto a Yahveh, y dijo: Si en efecto entregares este pueblo en mi mano, yo destruiré sus ciudades. Y Yahveh escuchó la voz de Israel, y entregó al cananeo, y los destruyó a ellos y a sus ciudades; y llamo el nombre de aquel lugar Horma” Números 21.1.

[13] “Entonces envió Israel embajadores a Sihón rey de los amorreos, diciendo: pasaré por tu tierra; ni nos iremos por los sembrados, ni por las viñas; no beberemos las aguas de los pozos; por el camino real iremos, hasta que pasemos tu territorio.  Más Sihón no dejó pasar a Israel por su territorio, sino que juntó Sihón todo su pueblo y salió contra  Israel en el desierto, y vino a Jahaza y peleó contra Israel. Y lo hirió Israel a filo de espada, y tomó su tierra desde Arnón hasta Jaboc, hasta los hijos de Amón; porque la frontera de los hijos de Amón era fuerte. Y tomó Israel todas estas ciudades, y habitó Israel en todas las ciudades del Amorreo, en Heshbón y en todas sus aldeas” Números 21.21-26.

[14] “Partieron los hijos de Israel, y acamparon en los campos de Moab junto al Jordán, frente a Jericó. Y vio Balac hijo de Zipor todo lo que Israel había hecho al amorreo. Y Moab tuvo gran temor a causa del pueblo, porque era mucho; y se angustió Moab a causa de los hijos de Israel. Y dijo Moab a los ancianos de Madián: Ahora lamerá esta gente todos nuestros contornos, como lame el buey la grama del campo. Y Balac hijo de Zipor era entonces rey de  Moab” Números 22. 1-4

[15] “Y llamo Faraón el nombre de José, Zafnat-panea; y le dio por mujer a Asenat, hija de Potifera sacerdote de On”. Génesis  41. 45.

[16]  “Llevado, pues, José a Egipto, Potifar oficial de Faraón, capitán de la guardia , varón egipcio, lo compró de los ismaelitas que lo habían llevado allá”. Génesis 39. 1.

[17]  Egiptólogo Ronald Redford, sostiene la tesis de que el núcleo histórico que subyace en el relato bíblico del Éxodo tiene como origen la expulsión de los hicsos de Egipto, cuya historia se mantuvo en Canaán durante siglo, siendo modificada con el paso del tiempo.