Revista de los Juegos Olímpicos - 1936

El Arte en las Olimpíadas de Berlín

Comisión de Propaganda de los XI Juegos Olímpicos de Berlín 1936.

Publicado en Revista Pendragón Nº 11 - 20/02/1998

En otros números de nuestra Revista hemos hablado de la importancia de la Cultura para el Nacionalsocialismo. Esta afirmación nuestra no se basa solamente en las palabras que el Führer expresa en Mein Kampf al respecto. Los hechos y las obras realizadas en la Alemania Nacionalsocialista, durante los primeros seis años de Gobierno, así lo corroboran. E incluso, durante la Guerra, estas acciones continuaron realizándose regularmente.
Un ejemplo de ello lo constituye el siguiente documento, extraído del Nº 12 de la "Revista de los Juegos Olímpicos de 1936", el órgano oficial de la XI olimpíada de Berlín, que da cuenta de la importancia asignada a la Cultura en el marco de esa memorable Olimpíada.
Lamentablemente, lo que se reseña a continuación, y las fotografías que lo acompañan son sólo el recuerdo de lo que ya fue.
El Teatro Dietrich Eckart, las esculturas y ornamentación del estadio, fueron destruidos una vez finalizada la guerra. Los símbolos de la fusión entre cuerpo y espíritu que el Nacionalsocialismo plasmó en su arquitectura y plástica no podían sobrevivir al odio de los vencedores, porque trastocaban completamente la lógica dominante del "Cógito ergo sum", del pienso, luego existo, que separa cuerpo y espíritu en la base misma de la esquizofrenia del Sistema.
Además, el propio teatro estaba concebido como un santuario para la representación de obras y ceremonias sagradas propias de la cultura Occidental. Era un lugar de reencuentro con las raíces mismas de nuestra cultura. Era una abierta y magnífica negación del materialismo del Sistema.
Sin embargo, nos queda la imaginación y nos queda la comprensión. Quienes lean las siguientes líneas y cierren los ojos por un momento, podrán incluso percibir el verdadero espíritu que alentaba a quienes nos precedieron en esta lucha por rememorar y recrear el sentido básico del ser humanos.

El Teatro Dietrich Eckart

Entre las grandes obras deportivas del Estadio olímpico ocupa un lugar destacado el teatro al aire libre "Dietrich Eckart" (pinche el icono para ver ampliado).
Aunque este Teatro no está en relación directa con el deporte y con el programa olímpico, el hecho es que ha quedado incorporado al complejo de construcciones olímpicas un lugar artístico de hermosa significación programática, demostrando hasta qué punto se ha cargado de espíritu la idea del deporte y del ejercicio físico.
El Teatro Dietrich Eckart tiene un carácter de santuario que produce una impresión singular. Por la nota que le imprime el paisaje, por la forma artística, por el efecto del conjunto se creó en él un tipo de teatro al aire libre que supera todos los teatros de la naturaleza construidos hasta ahora. Es un lugar que llena de emoción al espectador y le infunde el sentimiento que nace de la vivencia de la comunidad.
No hay nada en él que sea bastidores, nada que parezca añadido ni en el todo ni en las partes; parece que todos los elementos artísticos en que se basa el efecto que produce este lugar son lo que deben ser y que no hubieran podido ser de otra manera.
Aquí no pueden señalarse las profundas premisas espirituales de este problema más que como condiciones previas de la arquitectura de los teatros de la naturaleza. Lo cierto es que este problema no puede resolverse más que que por la compenetración de arquitectura y espíritu como determinantes recíprocos del estilo.
El problema no puede resolverse espiritualmente haciendo una distinción entre forma externa y contenido interno porque la forma arquitectónica viene determinada por la destinación poética en cierto modo sagrada y no puede desarrollarse sino a impulso de las profundas raíces psicológicas de ese nuevo teatro de la comunidad, de la misma manera que la poesía y la forma de representación deben atenerse por su parte a la íntima estructura, al ritmo y al dinamismo del espacio arquitectónico, si es que ha de darse valor a la idea básica de la forma neoclásica del teatro de la comunidad.
Aquí la arquitectura, lo mismo que el paisaje es un elemento activo del efecto artístico de este teatro en su sentido absoluto.
La separación estricta entre la escena y la sala en el teatro corriente, respondía a la idea del teatro abstracto literario, era la expresión exterior del distanciamiento interno entre la obra y el espectador.
El nuevo teatro hace intervenir exteriormente también al público en la obra, al dar unidad orgánica a la escena y al recinto para los espectadores. Esto fue también lo decisivo en el trazado y en la forma arquitectónica del teatro al aire libre Dietrich Eckart.
En él se ha dado un expresión de rara claridad a la idea arquitectónica de fundir la escena y el lugar del público. El anfiteatro de los espectadores ejerce una función de prolongación de la arena. La naturaleza se ha prestado aquí singularmente a la conformación artística ofreciendo un espacio natural.
Mérito del arquitecto Werner March, creador de este teatro de la naturaleza, es no sólo el haber visto las posibilidades de esa situación natural sino el de haber sabido sacar de ella los mayores efectos artísticos.
La situación del teatro de la naturaleza en el complejo del Estadio olímpico es de una belleza incomparable. Está situado un poco al lado del eje principal que atraviesa el campo deportivo, detrás del campo de desfile dominado por la torre de la campana, algo apartado de las verdaderas palestras y sin embargo tocando con la fila superior el muro que cierra el gran campo de desfile.
El que, impresionado todavía por la imponente monumentalidad de las construcciones del Estadio, pasando por la idílica plaza anterior, se encuentra de pronto con la decoración magnífica que el teatro Dietrich Eckart representa desde el punto de vista de la naturaleza y de la arquitectura, queda sobrecogido inmediatamente por lo único del cuadro que inesperadamente se le ofrece a la vista. El teatro que se tiende a sus pies produce el efecto de una obra maestra de la misma naturaleza pues en su naturalidad arquitectónica no se advierte la mano del que lo hizo. La escena se encuentra en el lecho arbóreo de un brazo seco de agua que unía el Spree con el Havel. Los árboles se han conservado total mente, y los severos pinos constituyen un decorado de lo más imponente que pueda imaginarse.
El valle describe un arco en ese punto. En este arco se han incrustado los 20 000 asientos en 85 filas semicirculares. Con la misma naturalidad se adapta al arbóreo altozano que avanza al frente la escena construida escalonadamente.
Las dos quiebras del valle que conducen a este ensanchamiento del mismo sirven de caminos naturales para el coro.
La unión entre la escena y el lugar de los espectadores está todavía más realzada, porque las filas del público se van estructurando hacia lo alto como ondas tres veces repetidas. La onda más alta, semicircular, de las filas superiores llega en las filas inferiores a los tres cuartos de círculo y continúa estrechándose hasta el escenario.
Si ya esta lógica de la construcción entusiasma, ornamentalmente brinda su distribución un cuadro magnífico al espectador.
Junto a los dos pasillos de entrada principales hay cuatro escaleras de acceso trazadas en forma radial en el círculo, entre las gradas de los espectadores, y que orientan con más intensidad hacia el centro de la escena.
Estas escaleras de acceso tienen por objeto realizar directamente a través del público la entrada de los abanderados y de los coros.
Imponente cuadro será el de las columnas de banderas y de antorchas moviéndose en medio de un anfiteatro repleto por esas escalinatas radiales.
La escena, punto de intersección de esos rayos, situada ante el pintoresco y ondulado paisaje, tiene una gran armonía en cuanto a profundidad y amplitud, y proporciona -tanto a la representación individual como al desfile de grandes coros- el espacio y la limitación necesarios.
Desde la orquesta llevan a la escena principal tres grandes escalinatas que producen un efecto solemne. La escena está dominada en la parte posterior por una escena más alta.
En atención a los grandes coros que la escena necesita se ha buscado la medida y la división.
Los protagonistas se moverán entre las dos escalinatas principales. Tres grandes construcciones cúbicas, como bloques, de monumental sencillez, dan a la escena canon y punto de apoyo frente a la romántica naturaleza. Estas tres construcciones están unidas por un pasillo subterráneo.
Tres puertas bien proporcionadas permiten la súbita aparición de los personajes frente al avance ya perceptible antes, de los coros que salen de las quiebras del valle.
La sencillez de la arquitectura no unida a tiempo ni a estilo, deja a la fantasía campo libre y su aplicación universal le permite prescindir de todo aditamento decorativo.
Dada la sencillez de la escena, sólo los grandes gestos, la forma y el contenido de la palabra hablada reinan en la obra.
El arquitecto ha creado aquí una escena en la cual pueden representarse lo mismo dramas clásicos que obras religiosas de la época, coros hablados y danzas y grandes obras sinfónicas, incluso óperas.
La variedad de la escena da a la regie grandes posibilidades de realización y la obliga a adaptar el estilo de la representación a la cantidad de espectadores congregados y al paisaje.
El aparato técnico de la escena está a una altura considerable pues se han utilizado los últimos adelantos. Se ha hecho por primera vez el ensayo de dotar la escena de 45 micrófonos invisibles. La unión de estos micrófonos a altavoces ocultos en los antepechos de piedra de las distintas zonas de la escena permiten que desde cualquier punto de ella se obtenga una buena acústica.
En la parte oriental en un esqueleto de hierro oculto entre pinos y en la occidental en la parte abierta del valle, en una torre de gran efecto arquitectónico de muro de cantos, se encuentra una moderna instalación eléctrica que permite tanto la iluminación de toda la gran decoración del bosque como el realce de una parte aislada de la escena.
El palco del Führer está en el corazón del teatro, en el anfiteatro central, en medio de la comunidad. Debajo de él, hábilmente ocultados se encuentran los tres puestos de regie para el director de escena, el electricista y el sonidista.
No sólo la gran disposición del conjunto sino los detalles muestran también el certero instinto artístico con que el arquitecto ha trabajado.
Toda la piedra de la obra está conscientemente sacada del paisaje serio y heroico, con fino sentido del color.
El contraste de la arena amarillenta del paisaje de la Marca con los pinos sombríos se ha tomado como valor de colorido, repitiendo el contraste que se encuentra en el Alpe suavo y en las calizas análogas de tono de Osnabrück.
El teatro de la naturaleza Dietrich Eckart, junto con las imponentes construcciones del Estadio olímpico, dará por su forma singular a los visitantes de la Olimpíada una idea del grado a que ha llegado el arte arquitectónico adherido al paisaje, a la vez que les proporcionará una impresión incomparable.

La Escultura Olímpica

La ornamentación plástica del Estadio olímpico está tan unida a las condiciones arquitectónicas del plan general que, de acuerdo con la grandeza y la severidad de la construcción arquitectónica, las obras esculturales no pueden incluirse en ella más que en proporciones monumentales y en pocos sitios pero dominantes.
Dada la variedad de tendencias y la riqueza creadora de la actual escultura alemana, fue necesario compulsar la índole de la obra de cada uno y la indispensable armonía que debía reinar entre las distintas obras esculturales y entre estas y la arquitectura.
Esta necesidad se satisfizo desde un principio mediante un concurso para una de las principales tareas: la de adornar los pilares de entrada del Teatro al aire libre Dietrich Eckart, el cual permitió seleccionar los escultores más adecuados.
Entre los premiados en este concurso y otros escultores conocidos por obras de estilos análogos, se anunciaron después concursos restringidos para la solución de determinados problemas, llegándose de esta manera a la realización definitiva de la mejor obra.
Lo nuevo de la tarea que se presentaba a los escultores en cuestión, es decir, el crear obras inspiradas en el espíritu del movimiento deportivo que anima hoy a Alemania, obras que no pierdan de vista la arquitectura monumental y el paisaje y la finalidad, condujo a una estrecha colaboración entre el artista y el arquitecto, la cual dio por resultado el que también la plástica del Estadio fuese expresión del tiempo. Tratábase en primer término de proveer de estatuas monumentales y proporcionadas el centro y los extremos del espacio que, como un bastidor, formaban cuatro torres entre el Estadio olímpico y el Campo de Mayo.
Los flancos que, como bloques, abren el Estadio Olímpico en la puerta de Marathon hacia el Campo de Mayo, son realzados por dos armónicos grupos de figuras conduciendo unos caballos. Los muros adyacentes por la parte de afuera junto a las parejas de torres, terminan al norte con una diosa alemana de la victoria que avanza, de gran altura, y al sur con un grupo de dos adolescentes.
Estas esculturas de la pared medianera monumental, se ejecutarán en travertino de Gauing, el material de la puerta Marathon, como conviene a sus grandes proporciones y a su íntima conexión con la arquitectura.
Correspondiendo a los grupos del oeste, se encuentran como terminación del vallado semicircular, de 2 m. de alto al final del Estadio Olímpico, por el este, dos grupos de atletas de 7 m. de altura.
Por sugerencia del Führer, ante este vallado se honrarán con altas estelas los vencedores olímpicos de cada Olimpíada.
El acceso al Teatro al aire libre Dietrich Eckart se abre en un alto muro entre dos potentes bloques de piedra cuadrangulares, cuya cara anterior está adornada con relieves de personajes simbólicos, alusión al doble destino del Teatro para espectáculos consagrados a las musas y para fiestas nacionales.
De acuerdo con su finalidad de lugar público de recreo, el estadio de natación tiene una ornamentación íntima y graciosa de cerámico, que adorna las naves de columnas que le rodean.
La obra de ornamentación dispersa en los edificios de la "Academia nacional de Ejercicios físicos" ofrecen una gran variedad. A la entrada de la Casa de la Gimnasia hay una gran masa cúbica que lleva al frente los emblemas del Reich y dos atletas en relieve que avanzan a los lados y visibles desde lejos. En la "Casa del Deporte", el gran eje principal está realzado con dos altos pilares de piedra coronados de dos águilas doradas. El adorno del patio interior lo constituyen las estatuas de bronce de un adolescente y una adolescente, mientras que a un lado de la piscina, se encuentra una figura de bronce de doble tamaño del natural, sola. El centro de las dos construcciones laterales de la "Casa de la Gimnasia" y la "Casa de la natación" están indicados en la dirección del patio con dos relieves de cerámica dentro de la obra de azulejos del sotechado.
Las rampas de las amplias escalinatas de la piscina abierta, están adornadas por dos toros de bronce.
Tanto en su conjunto como en el detalle las esculturas del Estadio Olímpico son una obra digna de atención del arte escultórico alemán, que ha de dar al pueblo alemán y a los visitantes de todo el mundo, una viva idea de la capacidad creadora de los artistas alemanes.