POR NIETZSCHE
Por Alexis
López Tapia
En el primer número de nuestra revista, intentamos
explorar a fondo ciertos aspectos del pensamiento de quien ha sido el filósofo más
influyente del presente siglo en Occidente.
Friedrich Nietzsche se levanta como la voz premonitoria del siglo XX, parado sobre los
hombros de una lista enorme de pensadores, que pueden retraerse a los presocráticos, en
Grecia. Será allí precisamente donde el alemán beberá las primeras gotas del licor
dionisiaco del saber. En el origen de la tragedia nietzscheana, la tragedia personal de un
filósofo que muere considerado demente, se halla ciertamente una moira que desde
el comienzo pulsa su hybris intelectual, y lo lleva de modo inevitablemente
trágico a morir en manos de la némesis de quizá qué dioses temerosos de
su elevación. Pero y lo hemos señalado en otra parte, hay en esto a nuestro
juicio una firme y decisiva constatación de la Voluntad de Poder del filósofo, por
seguir hasta sus últimas consecuencia la visión que se gestó en su interior. No muere
loco entonces, para nosotros, porque la locura en este ámbito es sólo la máxima
expresión de su apego a la voluntad creadora, que lo llevó a aproximarse al superhombre
aún a sabiendas de lo que ello implicaba. Locura entonces que es bendición, porque es a
la vez escape y cumplimiento pleno de las leyes de la naturaleza... de su propia
naturaleza.
Quizá
sea por esta temprana concepción respecto a su figura, que el Maestro de Sils-María ha
importado un ámbito de relación profundamente íntimo con la propia ontogenia de quien
escribe. Y tal es el motivo básico de no desear y no poder realizar un puro trabajo de
análisis sobre su pensamiento. Hay más en esto de lo que podemos expresar adecuadamente
con un bisturí puramente conceptual trabajando sobre su obra, porque ello implica
considerar muerto lo disectado, y nuestra (con) vivencia interior con las ideas del
filósofo nos impide considerarlas de este modo.
Hay por
ello una franca y abierta mezcla entre la pura labor de análisis, y comentarios que
básicamente corresponden a sentimientos personales. Lenguaje poético ciertamente, al
menos el clave poética, porque nos resulta imposible aceptar una única vía de
comprensión, de comunicación, por muy pedagógica, lógica y correcta que esta sea, ante
una obra que nos ha llevado de la mano durante tanto tiempo. Si, «Así habló Zaratustra» es un libro para todos y para nadie, en este número de Acción Chilena
pretendemos emular tal sentencia.
Será el juicio de
los lectores el que señalará lo cercano que hemos llegado.
Un
aspecto relevante de este análisis A Fondo, se refiere a un cordón umbilical que une
nítidamente a los Presocráticos con Nietzsche. La Tradición, en el más puro sentido
occidental del término, es una línea de pensamiento subyacente desde hace más de dos
mil años en la historia conceptual de nuestra cultura. Subyacente que no subterránea
enterrada, pues aun teniendo el formidable peso del sistema y sus adalides
teóricos sobre ella: la contracorriente del «poder», así en minúsculas, del
"resentimiento" en términos nietzscheanos; la Tradición tiene potencia
suficiente para aflorar recurrentemente a lo largo de los siglos.
Y es allí donde
aún de mejor modo se nos explica Nietzsche, en medio de una línea de
pensamiento que proyecta al Hombre más allá del Hombre. Que otorga
trascendencia a nuestra especie en una Historia que no tiene fin, porque no
tiene principio.
Como señala Harold
Bloom:
«... Si uno se va más atrás
habría que decir ciertamente en la disputa entre sofistas y Sócrates, o más adelante
entre los sofistas y presocráticos; en general, la disputa es ciertamente entre la
dialéctica racional, entre Sócrates y Platón y los pensadores de imágenes, en una
línea que va de Empédocles a Nietzsche... Yo creo que Nietzsche está en la tradición
de Empédocles, los presocráticos y los sofistas».
Y allí estamos nosotros, entre polos
opuestos. Análisis y Síntesis, Razón y Sentimiento, lógica de correspondencia y
lógica de coherencia.
Entre
estos dos ámbitos entonces —que de algún modo son representativos de la vía
Apolínea y Dionisíaca—, hemos querido presentar un primer número de filosofía
distinto. Más íntimo y a la vez más frío.
Porque si hay
alguna "verdad" que extraer en este viaje, con certeza se debe hallar a medio
camino entre Hiperbórea y Nyssa.