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D E S T A C A M O S

La base del desarrollo económico es el fomento del trabajo. A mayor trabajo más capital y más dinero. Por ello, en lugar del antagonismo entre la política social y la política económica, el Socialismo Nacional postula una estrecha colaboración entre ambas.

Por lo anterior, el Socialismo Nacional postula la conservación y mejoramiento de toda la legislación existente en materia social, y la ampliación del rol social del Estado a todas aquellas áreas que la economía privada no puede solventar.

La Política Social comienza con el mejoramiento y superior nivelación de la calidad y contenidos de la educación del pueblo. Una educación que brinde a todos las herramientas necesarias para desarrollar el máximo de sus potencialidades, es la base de la generación de igualdad de oportunidades sociales.

El Socialismo Nacional rechaza las revindicaciones del marxismo, por estar basadas en el individualismo materialista de la revolución francesa, pero tampoco tolera la explotación del débil por el fuerte. Para el Socialismo Nacional, la principal finalidad de la Empresa no consiste en obtener utilidades ni en generar capital, sino en atender a las necesidades nacionales y propiciar el bienestar de todos quienes laboran en ella.

En el criterio Socialista Nacional, la propiedad deja de corresponder al principio del derecho romano de uso y abuso, y se convierte en una función social, estando fundamentalmente al servicio del bien común.

Por lo anterior, al contrario que en el libremercado en que la propiedad deja de existir por la vía de la transnacionalización, o que en el marxismo, que colectiviza los medios de producción; el Socialismo Nacional exalta y fomenta el desarrollo de la propiedad privada, a través de su opción preferencial por la pequeña y mediana empresa, con el objetivo de que cada ciudadano esté en situación de convertirse en propietario.

Por lo anterior, una Política Social sólo será verdaderamente efectiva, cuando la totalidad de la Comunidad del Pueblo tenga el derecho y el deber de acceder a una actividad productiva de acuerdo a sus propios intereses, capacidades y vocación.

Contra el Capitalismo que busca una sociedad de empleados, y contra el Marxismo que quiere una de proletarios, el Socialismo Nacional postula una sociedad de Trabajo y Propiedad, esto es, fundamentalmente, una sociedad de hombres libres.

De: 111 Conceptos para comprender el Socialismo Nacional


En Chile sencillamente se acabó la vergüenza

El Diablo vendiendo Cruces

Por Carlos López López
Director Sección Estudios Políticos y Filosóficos

Presidente Anibal Pinto: ¿Y qué tienen estos... que ver conmigo?En Chile sencillamente se acabó la vergüenza.

Observen las declaraciones del Presidente Lagos frente a la cuenta de Augusto Pinochet en el Banco Riggs:

"Me parece muy importante que esas cosas se sepan, se transparenten, y que cada chileno y chilena se forme su propia opinión, porque en definitiva, creo que nuestros gobernantes vienen a servir y no a servirse", afirmó.

El Jefe de Estado agregó que los gobernantes deben ser "transparentes y honestos", y puso como ejemplo lo ocurrido con el Presidente Aníbal Pinto cuando abandonó La Moneda. "Todos estamos muy orgullosos de saber que ha habido gobernantes que han salido del palacio de La Moneda y los amigos han tenido que hacer una vaca para comprarle una casa", señaló. (Fuente EMOL)

Nosotros como Movimiento respetuoso de la Historia y las Tradiciones también estábamos pensando precisamente en hacer una colecta para ayudar a los esforzados gobernantes de hoy en día como al Sr. Embajador García, al Sr. Cruz que carga con su apellido después que los “amigos” se hacen los lesos y muchos otros “Honorables”.

Y es porque el esfuerzo llega hasta los más humildes representantes del Pueblo. El último caso es el de los concejales de Los Alamos, quienes se vieron en la necesidad de hacer unos pequeños cambios en algunas boletitas para poder comer algo en unos seminarios en los cuales deben de aprender muchas cosas (http://www.terra.cl/noticias/noticias.cfm?id_reg=411997&id_cat=302)

Por lo tanto, a los señores políticos de todos los sectores les queremos pedir un favor:

Sean un poco menos evidentes en sus actos delictivos y no hablen de valores que nunca han conocido.

¡Tengan vergüenza si es que algo de hombría les queda!



¿Sabe cuánto le ha costado
"La Alegría" a Chile?

Sume: ONEMI + ADUANA + ESVAL + RPC + EMPORCHI + EMPREMAR + CODELCO + DIGIDER + DIPRECA + MIN.EDUCACION +JUNAEB + INJ + SOBRES + COIMAS + MOP + GATE + CORFO + INVERLINK + NSS (No Se Sabe) = $ 600.000.000.000

Más de 600 Mil Millones de Pesos, o sea + de $ 600.000.000.000 en sólo 13 años.

Esto es equivalente a $ 46.153.846.154 Anuales.

O sea $ 126.448.894 DIARIOS…

“Chile, la Alegría ya viene”... Sí.

Este es el costo de la Alegría:
126 millones de pesos diarios
 



Eyzaguirre en TVN:

"O subimos los impuestos
o cortamos el gasto Social
"

Por Alexis López Tapia










 






 

NOTAS SOBRE LA NUEVA ECONOMÍA

Twenty-two points,
plus triple-word-score


Por Felipe Moraga Sepúlveda
Director Arcania - Tesorero PNS 

 

Crisis, devaluaciones, deudas externas, ajustes y cesantía, etc. son algunos de los términos habituales que representan no sólo un estado material y cuantitativo contingencial de la economía, sino también, la desazón anímica y moral de grandes sectores de la sociedad chilena. Ni los argumentos numérico-estadísticos del Presidente, ni menos las explicaciones de Ministros, Empresarios, y los papers y conferencias de los "gurúes" de la economía mundial, han sido capaces -por lo menos aquí en Chile- de levantar el ánimo económico de la población. El marcado optimismo jaguaresco de hace algunos años, decayó en un ahora marcado pesimismo, que nos hizo asumir el "destino" de "inferioridad económica", y hacer vanas las esperanzas del país desarrollado, del que nuestras autoridades nos aseguraran pronta llegada hace algunos años.

Sin embargo, hay que ser justos, tras el advenimiento de la democracia, se ha mejorado notablemente la calidad de vida material de gran parte de la población, a pesar de las escandalosas cifras de la desigual distribución del ingreso. Por dar algunos ejemplos: hoy nos alimentamos mejor, tenemos mejor cobertura de salud, muchos tienen automóvil, y se ha hecho notoriamente accesible teléfono celular. Por lo tanto, esta desazón sólo se podrá explicar escudriñando el alma del pueblo chileno; esta tierra mágica de héroes, mitos y leyendas, que ha sido infectada antes de tiempo por la decadencia civilizadora del materialismo.

De este modo, no es la inestabilidad de la fuente laboral, ni nuestras deudas o "cheques sin cubrir" lo que nos tiene al borde de la locura urbanística, es el desamparo existencial propio del hombre sin tradición, ni ideales, que ni el hedonismo embriagador puede flanquear.

La Economía de la Maximización de Utilidades, ya hizo y seguirá haciendo crisis, mientras el descontento de la población permanece constante ante las evidentes injusticias sociales, advertidas y combatidas hace más de cien años con el advenimiento de de la 2ª Revolución Industrial.

En este artículo presentaré algunas reflexiones hacia el inicio de una discusión propositiva acerca de los principios fundacionales de un proyecto económico ajeno a la actual modernidad, y a la vez un grito de desafío a los prepotentes anunciadores del fin de la historia.

 

LIBERALISMO Y MARXISMO

A pesar de que buena parte de este siglo XX el liberalismo y el marxismo, como doctrinas económicas y políticas se disputaban sus zonas de influencia, en la tan oscura Guerra Fría; se debe advertir la naturaleza común a estas doctrinas: el materialismo, que en la práctica se traduce en la primacía casi absoluta de la economía sobre la política. Quien sepa mirar detrás de la historia de postguerra, advertirá claramente que los conflictos no eran fundamentalmente ideológicos, sino más precisamente se trataba de la disputa de zonas de influencia comercial y de nichos de mercado.

El liberalismo en su forma pura -el Chile de los ’80 casi llega a ese escenario- concibe a la economía como una entidad independiente, con plena autonomía ante los "caprichos sociales" del Estado. Su concepción supone que si las personas se disponen a satisfacer sus fines individuales y egoístas, el resultado será inevitablemente la felicidad colectiva, porque ante la competencia económica sólo el más eficiente y eficaz en cumplir las exigencias del mercado sobrevivirá en la jungla social, una clara referencia a los orígenes neodarwinistas de sus mentores. Es decir, el que produzca más barato, y atienda mejor las necesidades sociales será "naturalmente seleccionado" por el mercado. De igual modo, el mercado segregará a los ineptos de esta lucha material. Resulta claro deducir, que dicha doctrina desatiende las conductas altruistas, conductas claves del fenómeno social en la naturaleza.

Basta dar algunos vistazos a la historia y visitar las periferias de nuestras ciudades para constatar los efectos de esta concepción: desocupación, subempleo, explotación, y la separación de la sociedad en clases sociales, donde la más alta se lleva más de la mitad de los beneficios de la producción del país. Esta acaparación de las riquezas se ha visto escandalosamente acentuada en los últimos 9 años de gobierno democrático.

Además, bajo los efectos de esta doctrina económica se asiste a la más patente expresión de la Decadencia de los aspectos de la vida espiritual: el arte, el deporte, la religión, -por nombrar algunas- han sufrido la degeneración de sus fines propios, sacrificándolas en aras del éxito comercial.

Dadas las injusticias sociales obvias del liberalismo, surge el marxismo bajo los mismos fundamentos materialistas. Sin embargo, el Estado asume un rol distribuidor de la riqueza en las masas productoras del país, idealmente en una misma proporción a cada uno de los habitantes. La burocracia estatal, la nomenklatura, se constituye en una enorme oficina de planificación económica centralizada, que considera a la colectividad como un mero órgano receptor de distribución de la renta nacional. Esta nomenklatura somete a la comunidad a través del aparato estatal, de acuerdo a las metas y objetivos materiales que se propone.

Así, si el capitalismo liberal se traduce en la explotación del hombre por el hombre, el marxismo se constituye en la explotación del hombre por el Estado.

El socialismo marxista, pregonado y experimentado en el transcurso de este siglo, ha actuado muy eficazmente como una maquinaria estatal que avasalla los aspectos espirituales de las personas y pueblos donde ha intervenido. La dialéctica materialista ha sido implacable en segregar y castigar las manifestaciones religiosas y culturales que no se ajusten a los dictámenes de sus oficinas de planificación central.

Ante el evidente fracaso de las doctrinas citadas, la experimentación económica ha encontrado exitosas experiencias en las economías mixtas, con aparatos estatales convenientes para el desarrollo de los mercados internacionales, que sin duda han elevado los estándares materiales de vida de los países del primer mundo, aunque no escapan de la mercantilización del deporte, cultura, religión, y otros aspectos de la vida espiritual de los pueblos; fenómeno icónicamente representados en la sociedad del gran imperio de Norteamérica. Por otro lado, en nuestros países en las llamadas "vías de desarrollo", los beneficios de aquellos sistemas ni se atisban venir, formando parte de la agenda discursiva de nuestras autoridades y demagogos de turno.

La caída de la Unión Soviética, junto al fracaso de la llamada "Revolución Cultural" China, constituyen pruebas más que contundentes de las reacciones de los pueblos a las imposiciones utópicas, son la patente expresión de la desafiante e indómita realidad de la Comunidad del Pueblo. Sin embargo, debe advertirse con claridad la alternancia e implicancias mutuas de ambas doctrinas, constituyendo verdaderos ciclos sociopolíticos, fundados en las insatisfacciones materiales y sociales que cada una de ellas conlleva, lo que ha terminado por dar la razón a quienes afirmaron una vez, que el socialismo marxista es la etapa previa del supracapitalismo mundial.

Esta verdadera rueda del Samsara, del devenir constante, seguirá escarmentando a nuestras sociedades mientras nos orientemos sobre la base de teorías, utopías, supuestos y modelos varios; auténticos opios encegecedores de la imponente realidad vital de los pueblos.

Por ello, hoy se hace más necesario que nunca realizar un esfuerzo por recuperar el sentido Comunitario y Social de la Economía. El ser humano, como animal social, pese a la actual casi omnipotencia de su individualidad, forja su ser en la comunidad, y esta es parte constitutiva de él, preeminente, natural y ontológicamente, a pesar de las moralinas forzadas por la doctrina de los Derechos Humanos. Por lo tanto, cualquier intento doctrinario o experimentación social que vulnere esta preeminencia de la Comunidad del Pueblo, a favor de los caprichos de la individualidad, terminará sufriendo el batatazo existencial de la decadencia.

 

GLOBALIZACIÓN: La débil Participación

En estas dos últimas décadas del desarrollo de la 3º Revolución Industrial, la estapa de informática y las computadoras, hemos visto un cambio de escenario en los conceptos clásicos de la economía social. La producción y propiedad de los bienes intelectuales e informáticos, se encuentran cada vez más fuera del alcance de su control estatal. Es decir, el libre mercado se ve fortalecido a nivel mundial tras el desarrollo de las comunicaciones y la computación, donde la colectivización de los medios de producción quedará reducida casi a una red satelital de computadoras. Curiosamente, faltaría entonces, Marx debería añadir un capítulo más a "El Capital", sobre la propiedad intelectual y la globalización capitalista resultante.

De este modo, a paso forzado se ha pretendido extender los mercados a los puntos más recónditos del globo. Este estiramiento de los mercados, ya sea para producir más barato, y para aprovechar las llamadas "economías de escala", está planificando las tareas y funciones de determinadas regiones y países del mundo: unos productores de tecnologías y manufacturas, otros de materias primas, etc. En este reparto de destinos mercantiles, a nuestro país le corresponde ser la verdulería de esta aldea global, determinación impuesta y aceptada por nuestras autoridades, y presumiblemente rechazada por algunas minorías vanguardistas. El capital transnacional se servirá entonces, de la democracia liberal partitocrática, o de las siempre factibles tiranías, para explotar sus intereses. Ya sean izquierdas, derechas o centros; cada uno de sus partidos o coaliciones son presas mediáticas de los intereses de los grupos económicos.

La globalización somete el devenir de las naciones a los mercados internacionales y a el apetito de los inversionistas mundiales, vulnerando las voluntades de la Comunidad del Pueblo. Esta última permanece desorganizada, sin voz ni voto en la determinación de las políticas económicas de los países.

La fórmula democrática liberal- justificación para bombardear ciudades "por razones humanitarias" y para bloquear países chúcaros-, es la mejor herramienta de poder del capital internacional, el que opera a través de la "maquinaria política" y de la repartición del poder en partidos políticos, legitimados popularmente cada cierto tiempo por los designios de papelitos rayados. La participación ciudadana queda así reducida a una mínima expresión. Casi sin organizaciones comunitarias, sin sindicatos, sin gremios, etc., se encuentra a merced de la gran democracia cupular, es decir, una tiranía constitucional de la clase política partitocrática, que ha demostrado consistentemente en la historia reciente su muy baja estatura moral. Clase además desconectada del espíritu de la comunidad, e indolente ante el escándalo de los privilegios de entidades, sociedades e intereses foráneos.

Los gobiernos nacionales fuertes constituyen el gran frente de resistencia contra la prepotencia de las grandes corporaciones transnacionales, en conjunto con una sociedad organizada, disciplinada y solidaria, acorde con el altruismo que nos exige el medio natural para sobrevivir. Por ello, el actual modelo gobierna gracias a la máxima "dividir para reinar", estrategia que se ha aplicado perfectamente: una sociedad individualista, indiferente a la acción política pública, y el "no estar ni ahí" de una juventud ovejuna y hedonista, son las condiciones más favorable a las fauces del capital foráneo.

La influencia de la globalización no distingue entre los partidos políticos tradicionales, por lo cual, la habitual elección de nuestra autoridad casi monárquica del Presidente de la República, ha dado paso a una elección del Directorio de una Sociedad Anónima. Ya no elegimos a al político, sino a al administrador, porque el programa ya se encuentra trazado por las grandes corporaciones transnacionales. El pueblo sólo puede elegir de una misma bandeja ya determinada a sus "representantes".

Sin embargo, los actuales efectos de la última crisis económica han generado una sensación de inestabilidad social importante en los sectores medios y bajos de la población. Crece la desconfianza e incertidumbre en las políticas económicas vigentes, y se generan reacciones populares no muy organizadas a los ajustes impuestos por las entidades financieras internacionales. Tanto cultural como económicamente, ya se advierten en Occidente manifestaciones tímidas en contra de esta globalización forzada, reacciones que no se limitan a países "en vías de desarrollo", como las protestas recientes a la cumbre de la OMC en Seattle, EE.UU. lo hicieron notar. Sin embargo, estas reacciones carecen de contenido doctrinario, reduciéndose solamente a expresiones de protesta en contra de los injustos efectos de las decisiones mundiales, y por ello son incapaces aún de generar propuestas sociales innovadoras.

Así, aunque los taumaturgos del Nuevo Orden Mundial nos anuncien las bondades de la globalización, sólo se atisban nubarrones en los horizontes vitales y económicos de los pueblos. La mezcolanza cultural inducida, el mundialismo igualitarista donde "todos somos iguales", salvo que algunos somos más iguales que otros (el imperio del Norte y su estado protegido), no ofrecen una esperanza de un tercer milenio de mayores expectativas y logros. El hedonismo, la delincuencia, la drogadicción y otras infecciones sociales más, son la más clara expresión de una sociedad enferma; y sean cuales sean las curvas de crecimiento económico, el nivel de las inversiones, y la cuantificación estadística de las "felicidades" de la población, en el ambiente ávido de apocalipsis se reflejan los ánimos cansados de nuestra Civilización Occidental en su estapa de plena decadencia.

 

FINANZAS: El duelo Dinero v/s Trabajo  

Nadie duda que la actividad financiera es una actividad fundamental en la puesta en marcha de los proyectos del desarrollo productivo. Sin embargo, el lucro obtenido a partir del costo de oportunidad del dinero, ha generado una desvalorización material del trabajo, a favor del valor del dinero. Llegando a los extremos de la inmoralidad -en un mundo donde la moral puede ser comprada-, el mercado de divisas constituye una afrenta a la dignidad del esfuerzo y el sacrificio físico e intelectual de los trabajadores.

En los albores de la civilización occidental, el dinero nació como un instrumento de intercambio comercial, una simple y eficiente sofisticación del trueque. En nuestros días, las economías de casi todo el orbe se rigen a partir del patrón dinero, es decir, el trabajo productivo y de servicios se miden bajo la vara de las monedas internacionales vigentes, estas últimas, sometidas a las fluctuaciones del mercado de divisas bajo la acción de los especuladores profesionales. Luego, el valor material del trabajo se encuentra bajo el arbitrio de la banca internacional, y el esfuerzo creativo y productivo de los pueblos -aparte de ser valorado como mercancía-, se rebaja ante el oportunismo y la astucia de los inversionistas.

Economistas y especuladores se alzan como los paradigmas funcionales preponderantes en la actualidad, dejando tras de sí trabajadores descontentos, cesantía, y también escandalosos fracasos de políticas económicas. Sin considerar la denigración de la dignidad social del trabajo (más aún, de la noble tarea del obrero en su trabajo manual), la desigual e injusta situación en la gigantesca diferencia de paga entre obreros y empleadores es aberrante. El patrón trabajo constituye una medida justa del esfuerzo de las personas y comunidades. Cabe decir, que la cuestión del patrón dinero no fue advertida por el marxismo, problema importante y fundamental, que muchos movimientos sociales -en la primera mitad de este siglo XX- reivindicaron con valentía, y cuyas experiencias exitosas se establecieron de una forma ejemplar, a pesar de la contrariedad de la comunidad del capital internacional.

Paralelamente a este problema, subyace la existencia del karma parasitario de las políticas de préstamos a interés, en algunos casos verdaderas garrapatas de la acción y energías vitales de los trabajadores y las naciones. La deuda internacional, expuesta crudamente en la faceta de la deuda externa de los países, se cuantifica en más del doble de la capacidad productiva del planeta entero, es decir, el circulante se constituye en la fantasmagoría plena de nihilidad, e instrumento de sometimiento nacional a entidades bancarias y a otros grupos económicos claves.

 

LA ACCIÓN

La actual modernidad, tras la herencia embriagante de los discursos de libertad e igualdad de izquierdas, derechas y centros; se ha ha constituido como la destructora de la tradición vital de los pueblos. La ideologías utopistas se emplazan bajo la forma de anarquías constitucionales, ocupando los ánimos de las sociedades por algún tiempo. Sin embargo, la corrupción y la inmoralidad operantes bajo el manto de las teorías, no es capaz de retener el sino natural de los pueblos. Las ideas se desploman inevitablemente tras el terremoto asolador de la realidad de sus efectos sociales. La Revolución ideológica sucumbe, y es aquí donde precisamente nos encontramos, en la total desnudez ideológica y con una tradición vital perdida. La desolación y el abandono del hombre contemporáneo resulta patética y aberrante. En este abandono existencial, el rebaño humano está dispuesto a someterse ante cualquier pastor.

En el desamparo existencial de nuestros días, la esperanza renovadora no se ve venir en las actuales estructuras políticas, encabezadas por las generaciones que hace treinta años jugaron a la revolución. Sólo una elite de espíritus jóvenes y valientes será capaz de construir las bases de una economía real, que recupere el valor del trabajo y el esfuerzo creativo de los hombres y mujeres. La vida recta de cada uno, será el mejor puntal de una economía más justa.

Además, será preciso instar las transformaciones económicas desde la esfera política, mientras ésta última sea saneada espiritual y moralmente, y se corrijan los focos de pobredumbre, ineficiencias y corrupción. Sólo así la economía de los pueblos se desenvolverá de la forma exitosa para la Comunidad del Pueblo en su conjunto, desechando cualquier ánimo egoísta de grupos y personas

Por ello, el programa económico no es la primera necesidad, ni tampoco un proyecto político determinado. Los trabajadores organizados sobre la base de sus experiencias, por medio de gremios y sindicatos, junto a la autoridad de la élite política, con la asesoría de los técnicos en economía, serán lo suficientemente capaces de establecer la fórmula correcta para el surgimiento de una cultura productiva y organizacional en la Comunidad del Pueblo. La clave está en los objetivos no materiales de las Naciones. Entonces, el desafío principal es conocer el Ser e Identidad de la nación, es decir, el quiénes somos, y hacia dónde debemos ir.

Esto significa retomar el sentido de una Economía verdaderamente socialista, que implica aunar el sentimiento y las voluntades propias de la sociedad en su conjunto, y que permanece siempre ajena a las vanas ilusiones utopistas y a las teorías importadas y sostenidas por los llamados "expertos".

El socialismo, como tal, no es un programa económico o un proyecto político, ni la presencia preponderante del Estado en la vida económica de un pueblo. El socialismo es un estado del alma de la Comunidad del Pueblo en cuanto tal. Es la expresión viva de la voluntad del pueblo y de las relaciones altruistas interdependientes de las personas que lo constituyen. Sólo este espíritu, que es fuente de poder y creación, constituye una fuerza más poderosa que la suma de las fuerzas individuales.

Por ello, ¡qué importan los programas!

La economía no se construirá sobre los objetivos materiales y las planificaciones de unos pocos, sino que será el resultado de una nueva concepción de nuestra existencia, y de la elevación moral y espiritual de las personas y las instituciones. Para que la Economía vuelva a estar al servicio del hombre, sólo un nuevo ser humano, vencedor de la decadencia y creador de la nueva cultura, será el cimentador y fundador de la nueva economía.


Felipe Moraga Sepúlveda
es Ingeniero de Minas y
Director de la
Sección de Estudios Políticos,
Culturales y Filosóficos
ARCANIA

E-Mail: arcaniapns@hotmail.com