El gran animal llamado Gaia podrá mirarse y mirar al universo para entender que no está solo...

Gaia en la Historia, la Política
y la Cultura Alternativas

Por Alexis López Tapia
1996

Bajorelieve del Ara Pacis, representando la alegoría de Tellus Saturnina, la versión latina de la Tierra Madre, Roma, 25 a.C.

"Viene raffigurata come una donna che tiene in grembo due bambini tra fiori e frutta. All’ombra della sua fecondità tranquilla e regale, placidamente sostano una pecora e un bue. Ai lati, due figure femminili seminude più piccole: quella di destra, simboleggiante l’Acqua, cavalca, sopra onde increspate, uno squamoso serpente di mare, l’altra, l’Aria, seduta sul dorso di un cigno, trasvola un ciuffo di canne palustri. La brezza ha gonfiato le loro vesti come se fossero delle vele ma il gesto con cui trattengono l’ampio lembo del mantello non è di pudore".


 

Gaia en La Cultura

 

El enfoque gaiano implica una profunda transformación en nuestro modo de comprender las cosas. Remite a un mundo en que no hay sucesos independientes, en que cada parte afecta al todo y en que el todo resulta mayor que la suma de sus partes.

 

En un análisis superficial, estos principios parecerían encontrarse acordes con las tendencias homegeneizantes, globalizantes y unificadoras que el sistema parece proponer.

 

En un análisis superficial, Gaia se encuentra de acuerdo y proporciona una base teórica a visiones del tipo «aldea global», «desarrollo ambientalmente sustentable» e «internacionalización global política y económica».

 

No obstante, ello es sólo efectivo en la medida que el propio sistema puede utilizar la teoría para sus fines.

 

En sentido estricto, Gaia supone una completa revolución de nuestra comprensión del poder, del control y del destino de la vida humana en el contexto mayor de la vida planetaria.

 

Básicamente, ninguna de las ideologías dominantes, posee una estructura teórica original, que se funde en postulados coherentes con la teoría de la Tierra Viva.

 

Una primera aproximación a este hecho, la proporciona el contraste entre las teorías de la historia [humana], y su interpretación desde la perspectiva Gaiana. Para los filósofos de la historia, desde Arnold Toynbee a Francis Fukuyama, la interpretación de los procesos históricos tiene su origen en y desde una perspectiva social, esto es -para ellos- supra biológica.

 

Lo anterior se encuentra en desacuerdo con la visión batesoniana que sostiene: "Los procesos políticos no son sino fenómenos biológicos ¿pero qué político sabe esto?".

 

Paralelamente, Maturana proporciona una base para la comprensión de la sentencia de Bateson, a partir de sus postulados sobre Teoría del Conocimiento.  En apretada síntesis, el autor señala que nuestra comprensión del mundo, está íntimamente ligada a nuestra ontogenia, la que es principal y finalmente biológica.

 

Desde la perspectiva gaiana, hay una profunda indivisibilidad entre la evolución de las especies y la evolución del entorno, como Lovelock sostiene:

«Gaia existe gracias a las adaptaciones de sus especies, y éstas se adaptan siguiendo las fluctuaciones adaptativas Gaianas, que son mayores que la suma de las adaptaciones de las especies que la forman».

De acuerdo a esto, ningún proceso histórico resulta aislado, independiente, de condiciones y condicionantes que en primera y última instancia resultan ser biológicas. Para proponer una nueva visión de lo humano, el sistema debería renunciar a la pretensión de que los procesos históricos se encuentran aislados -que son independientes-, de fenómenos biológicos mucho mayores y que apenas hemos comenzado a vislumbrar.

 

No se trata en ello de reducir toda la sociología, toda la filosofía y toda la ética a una especie de agregado biológico incluso descartable. Se trata de volver a repostularnos la posición de lo estrictamente humano, en un plano que lo engloba, que lo contiene y que lo modifica en un rango mucho mayor que lo que hasta ahora se había aceptado.

 

La base teórica de la ideología dominante puede retrotraerse dos fuentes: la visión cartesiana del universo, esto es, el reduccionismo que lleva a la separación absoluta entre mente y cuerpo (Cogito ergo Sum), y el predominio absoluto de la lógica aristotélica en la comprensión del mundo (sistemas lineales de causa y efecto, o principio de causalidad).

 

En tal sentido, la ideología dominante se estructura sobre la sentencia de que “si algo es bueno, más de lo mismo es mejor”, esto es, un proceso lineal, proyectado al infinito sobre los ejes del tiempo y el espacio, del que se excluyen procesos mentales no “racionales”, como la emoción y la intuición.

 

Gaia se desarrolla sobre los postulados circulares derivados de la actual comprensión de los sistemas cibernéticos. En ellos, causa y efecto resultan ser «etiquetas» colgadas a instantes definidos subjetivamente, de un único proceso.

 

En un sistema cibernético -no lineal- causa y efectos no son discernibles aisladamente de la totalidad del fenómeno. Lo anterior implica que no se puede comprender el proceso a través del método cartesiano, reduccionista, ya que las partes no explican el todo, y cualquier sistema teórico que se desarrolle sobre esta noción es limitado y parcial.

 

De la comprensión de los sistemas cibernéticos surge la Teoría General de Sistemas que sostiene: “en todo sistema, cada una de las variables se relaciona con las demás de una forma tan completa que no cabe establecer separación entre causa y efecto. Una única variable puede ser a la vez causa y efecto. La realidad se resiste a quedarse quieta. ¡Y no es posible desmontarla!”.

 

Resulta especialmente interesante comprobar que la civilización occidental, antes de la implantación de la cultura judeo-cristiana, poseía un vínculo profundo con el entorno.

 

Desde sus Dioses hasta sus sistemas sociales estaban imbricados en y con la naturaleza.

 

Gaia no es sino una de innumerables diosas Tierra o diosas Madres (genéricamente llamadas Venus en arqueología), que -como ha señalado la arqueóloga Marija Gimbutas-, pueden retrotraerse en Europa hasta el final del período Paleolítico Medio y el comienzo del Superior, en la cultura Perigordiense, entre 33 y 35 mil años a. de C.

 

Como indica la investigadora Bárbara Walker:

"A la tierra se le han dado miles de nombres femeninos -Asia, Africa, Europa- recibieron el nombre de manifestaciones de la Diosa. Diversos países llevaban el nombre de alguna antepasada o de otra manifestación de la Diosa: Libia, Rusia, Anatolia, Lacio, Holanda, China, Jonia, Akkad, Caldea, Escocia [Scotia], Irlanda [Eriu, Erin, Hera], fueron sólo unos pocos. Cada nación dio a su propio territorio el nombre de su propia Madre Tierra".

En América, la divinidad existía bajo los nombres de Pacha-Mama o Mamanchic para los Incas; Mapu para los Mapuches; Ixchel, la Hera del panteón Maya; Coatlicue para los Aztecas; la Nuna de los esquimales; Tacoma de los Salish; Maka Ina de los Siux Oglalas; Iyatiku de los Keres y Kokyang Wuthi de los Hopis, además de otros muchos. En Africa era Mawu; Nin-hursag en Sumer; Hepat en Babilonia, Mami en Mesopotamia; Isis o Hator en Egipto; Innana, Astarté, Ishtar o Asherah en Oriente Medio; Rhea en Creta; Kubaba en Turquía, Cibeles en Grecia; Semele en Tracia y Frigia; Zemyna en Lituania; Pele en Hawai... la lista es interminable.

 

El historiador del arte Merlin Stone comenta:

"No nos... encontramos ante una desconcertante miríada de deidades, sino ante una variedad de títulos que son el resultado de lenguajes y dialécticas diversos, pero cada uno de los cuales se refiere a una divinidad femenina muy parecida... se hace evidente que la deidad femenina en el Próximo Oriente, en Oriente Medio y en muchas otras partes del mundo, era venerada como Diosa, del mismo modo que la gente hoy piensa en Dios".

Es posible sostener que hay una profunda ligazón entre estas Diosas y un determinado tipo de proceso social. Son culturas que por definición resultan «ecológicas», en vinculación armónica y orgánica con la Tierra.

 

Son culturas de procesos productivos circulares, expresados por medio del uso intensivo de los productos naturales -carne, pieles, huesos; hojas, tronco, semillas, raíces- y su continuo reciclaje. Detentan una cosmovisión generalizada -calificada como «animista» por el sistema-, que en su significado intrínseco proporcionaba un lugar definido para el hombre en el entorno, como parte de él, cosmovisión que puede resumirse adecuadamente en la famosa frase del Jefe Seattle: «La Tierra no pertenece al Hombre. El Hombre pertenece a la Tierra».

Sólo con el cristianismo puede hablarse de religión: el intento de ligar a Occidente -y a todas las culturas del planeta- a un dios que no le pertenece.

Todo esto cambia con la implantación de la Teología Cristiana en Occidente. Se produce un quiebre histórico que dura -a lo menos-, mil años. Toda la Edad Media.

 

Allí se suplanta sistemática y conscientemente el antiguo culto por la nueva religión. Y hacemos la diferencia entre culto y religión ya que para las creencias originales no había nada que re-ligar. El hombre y la naturaleza eran uno.

 

Sólo con el cristianismo puede hablarse de religión: el intento de ligar a Occidente -y a todas las culturas del planeta- a un dios que no le pertenece. El cristianismo no sólo utiliza los antiguos lugares de culto, transformados en otras tantas Iglesias y santuarios. Durante más de mil años asesina a los sacerdotes y sacerdotisas de la antigua religión, al principio por Paganos, luego por Herejes, más tarde por Brujos.

 

Occidente se queda de este modo sin historia. Sin su historia.

 

Habrá que esperar mil años antes de que -gracias a los árabes-, a través de España vuelvan a recordarse las raíces de Occidente. El Renacimiento no es sino el recuerdo de la cultura precristiana occidental, sintetizada magistralmente por los griegos, conservada hasta el año 415 en la Biblioteca de Alejandría, preservada por Bizancio, traducida al sirio y de éste al árabe y vuelta a Europa desde la España mora. (NdE: ver Pendragón Nº 7, "La angustia de recordar").

 

El doble error de las teorías de la historia postuladas por la ideología dominante, subyace tanto en su negación del ámbito biológico -ámbito omnipresente en la civilización precristiana-, como en la doctrina de que hay una Solución de Continuidad obvia entre el Mundo Antiguo, la Edad Media y la época Moderna.

 

Sostenemos que Occidente es amnésico. En sentido estricto, no posee recuerdo de sus raíces históricas. Sólo desde el Renacimiento hemos comenzado -muy lentamente-a recordar.

 

A través de la Teoría Gaia podemos remontarnos a los albores de la conciencia humana, de allí al sentido último y final del Ser Humano en la Tierra Viva.
 

Gaia en la Política

Extrañamente, quienes vienen sosteniendo los enfoques Gaianos en diversos ámbitos del pensamiento, se han visto enfrentados a una terrible paradoja respecto a los aspectos políticos del nuevo paradigma.
 

Desde nuestra posición, resulta sintomático que esta paradoja deviene de la imposibilidad de aceptar que -finalmente-, muchas de las posiciones que se pretenden establecer como “propias” de una política Gaiana, son básicamente peticiones de principio a priori, producto de la incapacidad estructural de los teóricos, de plasmar la concepción gaiana en nuevos modelos políticos.
 

Un aspecto en que ello resulta evidente, es la defensa absoluta de la Democracia como forma de gobierno intrínseca o lógicamente adecuada a una política gaiana. La paradoja estriba en que no hay evidencias concretas que señalen que -desde una perspectiva ecológica-, el sistema democrático resulta adecuado como forma de gobierno.
 

Más bien los hechos señalan lo contrario.
 

Ante una cultura que fomenta la individualidad como eje del proceso democrático, se hace evidente que en Gaia no hay individuo: no existe un ente concebible aislada e independientemente de los demás. Por definición, Gaia es orgánica, jerarquizada y poliestructurada.
 

No obstante, debemos señalar que esta “jerarquía” no hay que buscarla en estructuras conceptuales existentes. En tal sentido, quizá el principio de liderazgo es la visión de jerarquía que más se aproxima a lo que estamos señalando: una autoridad que proviene de la responsabilidad y de la entrega total, esto es, altruismo.
 

¿Cómo se realiza una política basada en el altruismo?, o mejor, ¿qué estructura política responde a esta noción?
 

Humberto Maturana señala: “Sin altruismo no hay fenómeno social”, y la ecología [el estudio de las relaciones], nos enseña que en la naturaleza los fenómenos sociales tienen como origen conductas altruistas. En la naturaleza, el ser “jefe” implica una voluntad o instinto de sacrificio absolutos, y de allí una autoridad también absoluta para con el clan, rebaño o manada.
 

A modo de ejemplo, dos casos específicos: En los leones el jefe de manada cumple un rol muy específico: defender al grupo de otras manadas, vía lucha con los machos dominantes adversarios, y posible resultado de muerte. Muerto el jefe, la manada se disgrega, perece como estructura social. Caso similar en los Lobos y otras muchas especies.
 

En los elefantes, La jefe de clan enfrenta el peligro: machos solitarios, leones o humanos. Lo mismo en las gacelas, los papiones, man-driles y miles de ejemplos.
 

Respecto al hombre, Hitler señala:

“El instinto de conservación ha alcanzado en él su forma más noble, al subordinar su propio yo a la comunidad y llegar al sacrificio mismo en la hora de la prueba. El criterio fundamental del cual emana este modo de obrar, lo denominamos -por oposición al egoísmo- idealismo. Bajo este concepto entendemos únicamente el espíritu de sacrificio del individuo en favor de la colectividad, en favor de sus semejantes”.

Aquí se encuentra, a nuestro entender, la expresión máxima de una política altruista.
 

Se podrá argumentar que esta noción resulta “ideal”, es decir, inalcanzable. No obstante resultaría igualmente absurdo hablar de cosmovisión sin hablar de utopía. Por definición un ideal es una utopía, y vice versa.
 

Se trata en esto de construir una nueva civilización cimentada -por vez primera en la historia humana-, en una conciencia profunda de nuestra posición en la naturaleza.
 

Si hay lugar para desarrollar una utopía que logre ser alcanzada, si hay lugar para un ideal que pueda ser una meta, sostenemos que su origen se encuentra en las ideas que hemos venido presentando.
 

De allí que cuando hablamos de una política basada en el altruismo, estemos hablando de un ideal/meta, concepto que sólo puede surgir de la posibilidad biológica de llevarlo a cabo.
 

Si la política y la cultura alternativas han de poseer un ámbito de desarrollo que les sea propio, hay que buscarlo precisamente en la raíz del aforismo “Conócete a ti mismo”, de donde luego “Sé tu mismo”.
 

Estructuralmente, una visión de esta naturaleza debe expresarse en una multiplicidad dinámica de sistemas culturales, sociales y políticos. Por extensión, tales sistemas comprenden la totalidad, en el sentido de que abarcan -holísticamente-, comunidades insertas en ecosistemas que están ligados a ámbitos mayores, hasta llegar a Gaia.
 

De allí surge la posibilidad estructural de generar sistemas sociales más concientes, en un planeta vivo que piensa a través de nosotros.
 

Un resumen provisional de las concepciones respecto del poder y la política generadas por el nuevo paradigma, versus la ideología dominante, lo proporciona Marilyn Ferguson en su libro “La Conspiración de Acuario”, resumen al que hemos agregado nociones propias:

 

Antiguo Paradigma

  • Énfasis en los programas, los temas, las tribunas, los manifiestos, los objetivos.
     

  • Cambios impuestos o inducidos por la sola voluntad de la autoridad.
     

  • Institucionaliza la ayuda y los servicios. Actitud paternalista.
     

  • Tendencia a un gobierno central fuerte.
     

  • Distribución piramidal del poder. Jerarquía artificial.
     

  • Poder sobre los otros o contra los otros.
    Alternativa: ganar o perder.
     

  • Gobierno como institución monolítica y autosustentante.
     

  • Respeto a los intereses adquiridos. Manipulación. Ejercicio del poder por medio de representantes.
     

  • Democracia vía libre mercado.
     

  • Modelo puramente racional, lineal,
    aristotélico y cartesiano.
     

  • Sistema estático.
     

  • Dirigentes agresivos, seguidores pasivos.
    Interacción de dependencia clásica.
     

  • Orientado en función de partidos o temas concretos propuestos y sostenidos por los mismos partidos.
     

  • O pragmático o visionario.
     

  • Énfasis en la libertad con respecto a ingerencias determinadas.
     

  • Gobierno para mantener a la gente a raya (estado policial, rol disciplinario, o cómo padre benévolo).
     

  • Izquierda contra derecha
    (al menos hasta que haya Gobierno Mundial).
     

  • Humanidad como conquistadora de la naturaleza:
    Ideología explotadora de recursos.
     

  • Acento en las formas impuestas desde el exterior. Incapacidad estructural de responder al «conócete a ti mismo».
    Negación de la personalidad.
     

  • Programas y proyectos de actuación a corto plazo o con financiamiento diferido.
     

  • Instituciones, programas y ministerios fijos.
     

  • Elección entre intereses individuales o comunitarios.
     

  • Aprecio de la adaptación y el conformismo.
     

  • Compartimentalización de los aspectos de la experiencia humana: "Cogito ergo sum".
     

  • Modelado de acuerdo con la visión newtoniana del universo.

  • Mecaniscista, atomista, reduccionista.
     

  • Economía basada en procesos lineales dirigidos al infinito:
    "Si algo es bueno, más de lo mismo es mejor"

     

  • Explotación. Plusvalía. Capital como bien primordial. Usura.
     

  • Antinatural. Artificial.

Nuevo Paradigma

  • Énfasis en una perspectiva nueva. Resistencia a los planes y programas rígidos.
     

  • El cambio emana del consenso
    y/o por los líderes.
     

  • Fomenta las redes de autoayuda y de mutua ayuda.
     

  • Gobierno descentralizado siempre que resulte posible.
     

  • Distribución horizontal y circular del poder.
     

  • Poder con los otros.
    Alternativa: ganar o ganar.
     

  • Gobierno como consenso y sujeto a cambios.
     

  • Respeto por la autonomía de los demás en función de la colectividad.
     

  • Altruismo. Interdependencia. Holismo.
     

  • Principios a la vez racionales e intuitivos.
    Aprecia la interacción no lineal.
     

  • Sistema dinámico.
     

  • Líderes y seguidores comprometidos en una relación dinámica,
    de flujo e influjo.
     

  • Orientado en función de un paradigma. Política determinada por la cosmovisión y la comprensión.
     

  • Pragmático y visionario.
     

  • Énfasis en la libertad creadora. Autoconocimiento.
     

  • Gobierno para fomentar el crecimiento, la creatividad, la cooperación, la transformación, la sinergia.
     

  • Ni izquierda ni derecha.
    Síntesis ecofilosófica.
     

  • Humanidad como parte de la naturaleza:
    Fomento del equilibrio ecológico. Actitud recicladora.
     

  • Acento en la necesidad de transformación de los individuos como vía al cambio. Comprensión.
    Fomento de la personalidad.
     

  • Previsión de repercusiones a largo plazo. Énfasis en la ética y la flexibilidad. Desarrollo sustentable.
     

  • Experimentación. Evaluación frecuente. Autogestión.
     

  • No se plantea esa elección. Reciprocidad de intereses.
     

  • Diferencia. Pluralismo. Innovación. Estímulo para mejorar.
     

  • Interdisciplinariedad. Holismo. Interfecundación. Conexión.
    “Mens sane in corpore sane”
    .
     

  • Fluido. Concebido de acuerdo a los postulados de la física moderna. Cuántico. Cibernético. Circular.
     

  • Economía basada en la sustentabilidad estructural, el valor del trabajo y el reciclaje.
     

  • Trabajo como bien primordial. Fin de la usura.
     

  • Natural.

Gaia en la Cultura Alternativa

Ante una ideología dominante que sostiene una hegemonía cultural unipolar globalizante, Gaia sostiene la policulturalidad como base de la evolución biosocial. Esta policulturalidad no dice relación con una especie de hetereogeneidad amorfa.

Gaia nace y se desarrolla, a partir de la posibilidad estructural de la diferencia como base de la evolución.

La ideología dominante persigue el logro de una «unicidad» universal, una «monótona noche en que todas las vacas son negras», citando una de las cáusticas frases hegelianas. Esto se disfraza con la verbosidad humanista, para la cual «todos somos iguales», o «todos somos hermanos».

No obstante, a partir del hecho simple de que para referirnos a los seres que sustentan la vida en Gaia, utilizamos el término «especie», se deduce que la especificidad y la particularidad, la rica abundancia de seres y cosas diferentes, son la realidad constitutiva y consubstancial a la vida.

El «totalitarismo unificador» del sistema no permite la evolución, de hecho, la niega. Se remite evidentemente a un «fin de la historia», en que a expensas de un supuesto «beneficio colectivo», se suprime la posibilidad de engendrar nuevas y mejores expectativas y posibilidades.

La totalidad que nosotros sostenemos, es una estructura ricamente articulada que posee una historia y una lógica interna propia. El holismo en este caso, es resultado de un esfuerzo consciente para verificar como se ordenan las particularidades de la vida en la tierra, como su «geometría» [según lo plantearían los antiguos griegos], hace que el todo sea más que la suma de sus partes.

De allí que la totalidad a la que hacemos referencia, no debe confundirse con la «unicidad» de la que hemos hablado, unicidad espectral que torna a la disolución cósmica en una especie de nirvana democapitalista sin estructura alguna.

La totalidad gaiana es una estructura ricamente articulada, que posee una historia y una lógica propias. En ella, cada sistema cultural posee su propia articulación, su propia diferencia, su propia y característica historia y lógica.

La unicidad del sistema, busca estipular una finalidad inexorable al curso de la evolución humana, lo que lleva implícito un concepto teleológico estrecho -inhumano-, de «ley social», que niega la capacidad de la voluntad del hombre y de la elección personal en favor de la colectividad, para dar forma al curso de los acontecimientos sociales.

Estipular que lo social resulta independiente de lo biológico, -por extensión, de lo ecológico-, lleva a generalizar la visión de que las leyes humanas están «fuera» de un contexto mayor, delimitado por la vida en toda su amplitud. Ello se vincula directamente al objetivo de conformar una única cultura global, mixtura indiscernible producto de la trituración de las diferencias culturales.

Así también queda en evidencia el verdadero antirracismo del sistema: la definición de que para acabar con el «odio entre las razas» se debe promover una civilización multiracial. Ciertamente, el odio contra una o más razas es antirracismo, ya que implica una actitud contra la naturaleza, contra la raza.

Desde la perspectiva Gaiana, la raza es una condición natural de la evolución de las especies. La biodiversidad se basa en el proceso de especiación, cuya manifestación primaria es el surgimiento de razas diferentes a partir de una misma especie. La raza se vincula directamente con el desarrollo de las poblaciones. La capacidad evolutiva de adaptación se sustenta en esta posibilidad. Sin razas no hay fenómeno adaptativo. Sin raza no hay evolución.

La visión gaiana sostiene que la etnia de un pueblo es fundamental para comprender su idiosincrasia, su arte, su cultura, su historia y su lógica. Esto es una política racista.

El sistema propende a la negación de las individualidades culturales, deshace la adaptación al promover la hibridación, frena la evolución al negar la diferencia. De este modo el sistema propone un modelo político antirracista: contrario a las razas y las culturas.

En palabras de Miguel Serrano:

«Racismo es considerar que la raza y la variedad de culturas y de formas de vida es algo que se debe mantener, y que éstas están basadas en la variedad y riqueza de las etnias del mundo. Y que por tanto esa variedad cultural y vivencial debe ser mantenida mediante el apoyo a la diversidad étnica, no mediante la uniformización racial. Esta es la base del racismo, no cualquier otra consideración que se pretenda sacar de esta premisa».

Gaia proporciona un marco teórico extraordinariamente sólido para el desarrollo de una Cultura Alternativa, cultura que se está generando paralelamente en muchos lugares y por muchas personas del Planeta.

Esta cultura posee vinculación directa con una historia anterior a la civilización judeo-cristiana, historia por ello inconclusa. La historia de todas las culturas recicladoras, ecológicas y altruistas, enraizadas en un vínculo estrecho con el planeta, desarrollándose a velocidades y en procesos diferentes, unidas estructuralmente por un Inconsciente Colectivo característicamente humano, proyectado en símbolos arquetípicos que han guiado la evolución de la nuestra conciencia hacia una mente aún mayor.

En la medida que seamos capaces de promover la diversidad cultural, en la medida en que logremos comprender la diferencia y aprovecharla en beneficio de la colectividad planetaria, la humanidad toda adquirirá nuevos niveles de conciencia. De este modo el gran animal llamado Gaia podrá mirarse y mirar al universo para entender que no está solo, que no es el único, y que la historia de su especie humana es sólo una más entre millares, en un universo infinito, cada vez más vivo...

Y cada vez más conciente.
 

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Nota

  • * Este artículo es la Tercera Parte y final del Ensayo: ""La Teoría Gaia en la Cultura y la Política Alternativas", que se presentó a modo de ponencia en el "II Encuentro Iberoamericano de Metapolítica" - "Primer Encuentro de la América Románica de Política y Cultura Alternativas", realizado en 1996, en que participó el entonces Director de Revista Pendragón, Alexis López.
     

  • Artículos Precedentes: "La Teoría Gaia" - "Gaia y el Fenómeno de la Conciencia"