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El Proyecto Genoma y sus consecuencias

El engendro fue bautizado Mycoplasma laboratorium

 El 'padre del genoma' Craig Venter anuncia
la creación de un cromosoma artificial

 Craig Venter: al igual que en esta foto, la Ciencia tiene un lado brillante y otro muy sombrío

Afirma que el objetivo es engendrar vida sintética con un 'genoma de diseño'

Por Ed Pilkington

WASHINGTON.- Craig Venter, el polémico investigador del ADN implicado en la carrera para descifrar el código genético humano, ha conseguido engendrar un cromosoma sintético a partir de elementos químicos en su laboratorio, como paso previo a la creación de la primera forma de vida artificial de la Tierra.

[Una portavoz del centro de investigación del científico, Heather Kowalski, matizó el sábado a EL MUNDO que "no estamos preparando ningún anuncio sobre vida sintética. Cuando este trabajo haya terminado, se escribirá un artículo científico y entonces haremos un anuncio público. Es probable que todavía pasen meses hasta que el doctor Venter realicen ese anuncio", informa Pablo Pardo desde Washington.]

Una vez que el hallazgo se publique oficialmente, no cabe duda de que despertará un acalorado debate sobre la ética relacionada con la creación de nuevas especies, y podría abrir las puertas a nuevas fuentes de energía y técnicas para combatir el calentamiento global.

Venter explicó que pensaba que este hito histórico sería "un paso muy importante en la historia de nuestra especie. Vamos a pasar de la lectura de nuestro código genético a la capacidad de escribirlo, algo que nos facilita la hipotética capacidad de hacer cosas jamás imaginadas hasta el momento".

De momento, un equipo de 20 de los mejores biólogos moleculares reunidos por Venter, y dirigido por el galardonado premio Nobel Hamilton Smith, ya ha creado un cromosoma sintético, una hazaña de virtuosa bioingeniería jamás lograda hasta ahora. Mediante el uso de sustancias químicas fabricadas en el laboratorio, han conseguido coser minuciosamente los fragmentos de un cromosoma de 381 genes de longitud, y que contiene 580.000 pares de bases de código genético.

La secuencia de ADN está basada en la bacteria Mycoplasma genitalium, que el equipo redujo a los elementos básicos necesarios para constituir vida, eliminando una quinta parte de su constitución genética. El cromosoma de reconstrucción genética total, que el equipo ha bautizado como Micoplasma laboratorium, fue marcado con tinta para su fácil reconocimiento.

A continuación, se trasplantó en la célula de una bacteria viva, y en la fase final del proceso, se espera que tome el control de la célula, y que por tanto se convierta en una nueva forma de vida. El equipo de científicos ya ha logrado transplantar con éxito el genoma de un tipo de bacteria en la célula de otra, cambiando así la especie de la célula. Venter aseguró tener "confianza al 100%" en que la misma técnica funcionará en el cromosoma creado de manera artificial.

La nueva forma de vida dependerá de su capacidad de replicarse por sí misma y de metabolizar en la maquinaria molecular de la célula en la que haya sido inyectada, y en ese sentido, no será una forma de vida totalmente sintética. Sin embargo, su ADN será artificial, y es el ADN lo que controla la célula, y se cree que es la parte constructora de la vida.

Venter afirmó haber llevado a cabo una detallada revisión bioética antes de completar el experimento. "Creemos que se trata de buena ciencia", explicó. Además, ha acentuado la controversia que rodea a su potencial descubrimiento mediante la solicitud de una patente para la bacteria sintética.

Pat Mooney, director de la organización de bioética canadiense Grupo ETC, considera que este avance es un desafío inmenso para que la sociedad debata los riesgos implicados. "Los gobiernos y la sociedad en general están muy atrasados en este tema. Ésta es una voz de alarma: ¿qué significa crear nuevas formas de vida en una probeta?".

Explicó también que Venter estaba formando un "chasis sobre el que construirlo prácticamente todo. Podría ser una contribución a la Humanidad, mediante el desarrollo de nuevos fármacos, o una grave amenaza, si se utilizara para construir armas biológicas mortíferas". Venter cree que los genomas de diseño tienen un enorme potencial si se controlan adecuadamente.

A largo plazo, espera que puedan constituir fuentes de energía alternativa antes impensables. Según especula, podría ser posible crear bacterias sintéticas que ayudarían a limpiar el exceso de dióxido de carbono, contribuyendo así a solucionar el problema del calentamiento global, o producir combustibles como el butano o el propano, completamente a partir del azúcar.

El anunció de Venter ya suscitó el sábado algunas reacciones críticas.

El genetista católico italiano Angelo Vescovi aseguró que el investigador estadounidense "no ha descubierto absolutamente nada nuevo" y que "no ve un Frankenstein a las puertas".

En declaraciones a Radio Vaticano, este experto explicó que "lo que ha logrado es un organismo genéticamente modificado de algo que ya existía, no se trata de la creación de un nuevo organismo".


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El Mortal delirio de creernos Dioses

Por Alexis López Tapia

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I.- Un “duende” peligroso

En 1989, George Bush padre, en una ceremonia de entrega de medallas de ciencia y tecnología, expuso con orgullo todo lo que su gobierno y el de su predecesor -Ronald Reagan- habían hecho por la Ciencia.

Entre ellas, citó la iniciativa "Gnomo" (duende), casi como un anticipo de las ridículas muestras de profunda ignorancia que tan habituales se volverían después con su hijo.

No hizo ademán de rectificar. Nadie pestañeó, no se produjeron sonrisas, ni murmullos entre los asistentes, ni gestos de sorpresa. Y eso que el auditorio estaba compuesto y repleto de científicos, dirigentes de industrias del sector científico, burócratas relacionados con la ciencia y la técnica.

Los premiados -entre los que se encontraban Cohen y Boyer-, inventores de la técnica de corte y empalme genético, subieron al podio con la seriedad propia del acontecimiento.

Sin embargo, no había habido error de interpretación por parte de Bush.

En la transcripción del discurso entregada por el servicio de prensa de la Casa Blanca, aparecía precisamente la referencia al “duende”.

Y esto sucedía a ese altísimo nivel y en el mismo año en que los Institutos de Salud de EE.UU., gastaron 28,2 millones de dólares en las primeras etapas del “Proyecto Genoma Humano”.

El proyecto estaba formado por un consorcio público integrado por cuatro grandes centros de secuenciación de Estados Unidos; por el Centro Sanger, de Cambrigde, Inglaterra;  y por laboratorios de Japón, Francia, Alemania y China.

Si entonces el mismísimo presidente de Estados Unidos ignoraba el verdadero nombre del proyecto que su gobierno financiaba –The Genome Project-, ¿qué podría esperarse que supieran los habitantes comunes y corrientes del resto del mundo?

Fue así, en la más completa ignorancia de la mayoría del Planeta, que en 1998, una Empresa Privada –Celera Genomics-, salió al paso del Proyecto internacional.

Dirigida por el biólogo molecular Craig Venter, Celera Genomics señaló que terminaría el “mapa” del genoma humano más rápido y a un menor costo que el proyecto de los gobiernos.

Según decía Venter, el procedimiento utilizado por el equipo gubernamental le parecía excesivamente lento: dividir uno por uno los 23 pares de cromosomas humanos para analizarlos después.

Craig Venter no es ningún desconocido. Científico brillante e impulsivo, suele cumplir lo que promete.

En 1991 había inventado una forma rápida de descubrir genes humanos. En el ‘95 recibió una fulminante respuesta a su solicitud de ayuda gubernamental para diseñar el mapa genómico de una bacteria, utilizando una nueva técnica. La negativa de financiamiento iba acompañada de la “predicción” de que su proyecto no funcionaría nunca.

Cuando llegó la carta oficial, el trabajo estaba prácticamente finalizado, con resultados positivos, por cierto.

De modo que era absurdo ir contra Venter.

El proyecto público se reformó y reorientó; se adjudicaron más fondos y se fijó el objetivo de completar un primer borrador en junio del 2000. Venter se puso el mismo plazo.

Secuenciación del Genoma: los dos sistemas que se han usado para crear el mapa genético del Ser HUmanoEn 1996 el científico tuvo una idea revolucionaria y brillante: en lugar de basar las investigaciones en el ADN, pensó que se podría utilizar el ARN. El "trabajo" lo haría la propia célula, que se sirve del ARN para identificar las partes del ADN que permiten fabricar las proteínas.

Con el tiempo se fue perfeccionando la técnica, denominada shot-gun. Consiste en dividir los famosos 23 pares de cromosomas, en millones de fragmentos al azar. Cada uno de ellos se secuencia para su posterior ordenamiento en el “mapa”.

Primero se aísla el ADN del núcleo. Después, mediante la utilización de ondas sonoras se reduce cada cromosoma a pequeños fragmentos (unos tres millones), cada uno de los cuales contiene entre 2000 y 10.000 moléculas bases.

Cada fragmento se introduce después en un robot que lo descifra a gran velocidad. Tras esta fase, equipo envía los resultados, por correo electrónico, a los potentes servidores de Celera Genomics, que ensambla de nuevo cada uno de los minúsculos fragmentos a los 23 cromosomas.

Este método fue considerado desde el principio como poco ortodoxo, pero no había duda de que resultaba mucho más rápido que el empleado por el consorcio internacional. El propio James Watson, descubridor en 1953 de la molécula de ADN, descalificó a Venter afirmando públicamente que se trataba de un “mero trabajo rutinario que podría hacer cualquier mono”. Posteriormente se excusó, también en público. Francis Collins, director del proyecto oficial, comparó el "libro de la vida" de Venter con simple un periódico sensacionalista.

Ridiculizado por sus pares, Venter fue marginado en esos momentos por la comunidad científica y abandonó la investigación pública. Buscó financiamiento privado para poner en marcha su propio centro de decodificación del genoma.

Con la ayuda de su mujer, microbióloga, logró reunir una pequeña cantidad. A través de inversores privados reunió 65 millones de dólares con los que fundó, en 1994 el Instituto de Investigación Genómica (TIGR en inglés). Un año después Venter dejó perplejo al mundo al anunciar que habían conseguido descifrar el código genético de una bacteria, el Hemophilus influentiae, causante, entre otras afecciones del resfriado o de la meningitis.

Las dificultades que sus socios le pusieron para difundir los hallazgos, le llevaron a abandonar ese instituto, renunciando a un presupuesto de más de 35 millones de dólares.

Sin desfallecer, consiguió que la empresa de instrumentación científica Perkin-Elmer lo patrocinara.

Con los 260 millones de dólares que recibió, creó los laboratorios P-E Celera Genomics, que aún preside.

La empresa Perkin-Elmer había desarrollado un robot decodificador 50 veces más rápido que cualquiera de los utilizados hasta el momento, y capaz de hacer, en un solo día el trabajo que 1000 investigadores del Proyecto Genoma Humano realizaban en un año.

Entonces, Venter Prometió hacer públicos de forma gratuita los resultados de las investigaciones en el año 2000, mucho antes del 2005 que se había fijado como meta la investigación pública.

De esta forma, el 6 de abril del 2000, Craig Venter proclamó al mundo la consecución de la decodificación del ADN humano. Tras una compleja negociación con el proyecto público, se acordó la presentación conjunta de los resultados, el 26 de junio del 2000.

Esta es la corta historia del “Proyecto Genoma”, pero ¿qué implica en realidad conocer a este “gnomo”?

Nuestro código genético es el resultado de miles de millones de años de evolución de la vida, y en sí mismo, es un registro vital de la historia evolutiva de nuestra especie, y de su acoplamiento estructural con el Planeta y todos los seres vivos que lo han habitado.

En ese sentido -desde la perspectiva del “Gen Egoísta” de Richard Dawkins-, nosotros seríamos una exitosa “máquina de supervivencia para genes”.

Una metáfora adecuada para la teoría del gen egoísta es una respuesta a la pregunta ¿qué fue antes, la gallina o el huevo?

La respuesta, de acuerdo al "gen egoísta", sería que “una gallina no es más que el medio que utiliza un huevo para crear más huevos”.

Con estas premisas, Dawkins trata de explicar las relaciones entre individuos: la agresión, la guerra de sexos, el conflicto generacional e incluso la plausibilidad del altruismo.

Sin embargo, la teoría de Dawkins carece de sustento empírico: su metáfora acerca del “egoísmo” de los genes tiene una contraparte directa en la noción del Altruismo como base del fenómeno social (H. Maturana), que puede incluso verificarse en los estudios de Lynn Margulis sobre coevolución: el hecho de que la mayoría de las formas de vida son simbiontes (viven juntas) a otras formas de vida, con las cuales comparten, co-laboran y co-evolucionan.

Por ejemplo, nosotros mismos, precisamos de millones de bacterias en nuestro intestino para poder digerir adecuadamente los alimentos que consumimos todos los días: cuando impera la lógica del “gen egoísta” en nuestro estómago, el resultado  habitualmente se llama diarrea.

En síntesis, nuestros genes son únicos, pero a la vez, están interconectados con los genes de todos los demás seres vivos y con el propio planeta: no evolucionamos solos, no somos “egoístas” y todos formamos parte de este “gran animal” llamado Gaia: la Tierra.

Por eso, el “gnomo” del Proyecto Genoma podría ser “bueno o malo”, según se le mire –y por cierto, según quién está ganando millones de dólares con él-, pero de lo que no cabe duda, es de que se trata de un duende muy, pero muy peligroso.

La capacidad de alterar nuestro código genético –de manipularlo incluso aunque fuera “para bien”-, supone reemplazar millones de años de Co-evolución por un criterio exclusivamente humano, y el resultado de eso ciertamente puede ser absolutamente mortal.

 

II.- Cuando Más es Menos

Más es Menos

Un gen es –fundamentalmente- un almacén de información para elaborar una proteína.

Cada proteína es una estructura diminuta a la que es utilizada para el cumplimiento de una función dentro de la célula, desde obtener energía quemando glucosa hasta dirigir la batalla contra una infección.

Hay que llegar a descifrar la estructura de la proteína para entender su misión dentro de la célula. Hasta ahora ha resultado bastante lento, dada la complejidad de las mismas, su número y la cantidad enorme de posibles combinaciones.

Lo que se ha hecho hasta ahora en el Proyecto Genoma, en términos simples, es mapear el “Abcedario” de nuestros genes, es decir, leer cada letra.

Sin embargo, no somos capaces aún de leer palabras, y menos aún alguna frase específica.

Esto significa que una vez secuenciado el genoma, recién entonces comienza la verdadera tarea de desentrañar lo que hacen los genes, es decir, para qué sirven las proteínas que fabrican: el mismo nivel de diferencia que hay entre conocer las vocales y leerse el Quijote por entero y comprendiéndolo.

Hay quienes esperan que a partir del Proyecto Genoma podamos saber cuáles son los genes cuyo mal funcionamiento origina algunas enfermedades, para poder reemplazarlos por otros corregidos. Es lo que se llama ha denominado terapia génica.

Pero para poder combatir esas y otras enfermedades, se precisa antes saber cómo funcionan las proteínas que produce un gen determinado.

Así ha comenzado la era post-genómica. Asistimos así al relevo del Genoma por el Proteoma.

A partir de ahora, las palabras proteoma, bioinformática y biochips serán de uso corriente y aparecerán en los diarios y revistas frecuentemente.

Estamos mucho más allá de la “Tercera Ola” de Alvin Toffler.

  • Según él, primero fue la llamada “Revolución de la Agricultura”, a inicios del Neolítico.

  • Siguió la Revolución Industrial hacia 1650.

  • Entonces, señaló, en la década de los ‘60 llegó la “Sociedad del Conocimiento”.

  • Sin embargo, ya hemos superado la “Sociedad del Conocimiento” y hoy estamos en la Cuarta Ola: la llamada “Revolución Digital”.

Pero ni siquiera Toffler soñó con la “Quinta Ola”: la “Revolución Genética”.

Y como en todas las revoluciones, los nuevos revolucionarios también prometen “terminar con todos los males”

  • “¿Su hijo nacerá con defectos congénitos?, no se preocupe, ¡nosotros tenemos la cura!, implantaremos un “robot genético” que reemplazara esos segmentos de código dañado, y su hijo será normal”.

  • “¿Usted sufrirá diabetes a los 50 años?, no tendrá por qué: le haremos un tratamiento génico y podrá comer azúcar a destajo hasta que se muera de viejo”.

  • “¿Comenzó a tener síntomas de Parkinson?: entonces tómese este supresor génico, y los síntomas se eliminarán por completo”.

  • “¿Usted no quiere morirse a los 99 años?... ahora no tiene por qué hacerlo: le inyectaremos un gen de la longevidad con el que vivirá hasta los 150”.

ProteomaAsí ha comenzado la “revolución genética”, con la promesa de que viviremos más sanos, más inteligentes, más hermosos y durante más tiempo…

Y es que esta “Quinta Ola” es parte del mismo impulso que generó tres anteriores: el materialismo determinista más absoluto.

En efecto, subyacentes a la “Revolución Genética”, se encuentran las mismas tesis lineales de Dirección, Progreso y Desarrollo que dieron origen a la Revolución Industrial.

Y en los cimientos de esas ideas, está la noción primaria de que el hombre es capaz de “dominar a la naturaleza”.

Y como en todas las revoluciones, detrás de los slogans sólo quedan los muertos:

Así ocurrió con las sociedades gylánicas del paleolítico y el neolítico temprano al llegar la “Revolución de la Agricultura”.

Así ocurrió con los campesinos desarraigados y transformados en proletarios durante la “Revolución Industrial”.

Así ocurrió con el Tercer Mundo en la “revolución del conocimiento”.

Así está ocurriendo con los “analfabetos digitales” en la Era de la Informática… y así ocurrirá con todos nosotros –los genéticamente naturales- en la “Revolución Genética”.

Hasta ahora, esta tecnología se ha utilizado –por ejemplo- para desarrollar los llamados “alimentos transgénicos”, pero lo que ha hecho Celera Genomics es mucho más profundo que eso.

No se trata simplemente de manipular el código genético de una especie: tal como él lo ha anunciado, su intención es “crear vida”.

Por eso el nuevo “engendro” del Demiurgo Craig Venter -anunciado esta semana- es tan dramático: aunque simplemente ha modificado un organismo existente, el hecho es que nos acercamos cada día más a la posibilidad real de manipular y transformar exitosamente el código genético de diversas especies, y del propio Ser Humano, para reutilizarlo en la “creación” de algo completamente nuevo: de una verdadera “Quimera” genética.

De allí hay sólo un paso para “crear” una nueva especie con todo su genoma hecho en laboratorio, y –sumado a ello-, la posibilidad cada día más próxima de clonar una persona.

Y con eso, los 3.800 Millones de años de Historia Evolutiva Natural de la Tierra llegarán a su fin: a partir de entonces estaremos en “otra evolución”, y por eso, -literalmente- “en otro planeta”.

La Tierra –Gaia-, es una única forma de Vida compuesta por millones de especies interrelacionadas y en co-evolución permanente: es una armonía vital que ha aprendido a sobrevivir pese a catástrofes planetarias que han extinguido incluso el 90% de las formas de vida en determinados momentos.

Sin embargo, la aparición de incluso una única forma de vida “artificial” –en cuyo desarrollo están claramente presentes las tesis del “gen egoísta”-, implica el riesgo extremo de liberar una nota por completo disonante en la armonía evolutiva del planeta.

Una nota que estaría completamente “fuera de la escala” de nuestra deriva evolutiva planetaria, y que sin embargo, se encontraría construida con los mismos “ladrillos de la vida” que nosotros.

De allí que la tesis de “La Guerra de los Mundos”, donde una invasión alienígena es detenida por las bacterias terrícolas, no se aplique en este caso.

Aquí se trataría de nuevas especies con capacidad de infectar –replicar su código-, en la mayoría de las formas de vida del planeta, porque se ha construido a partir de ellas mismas.

Y si bien –como James Lovelock se encargó de dejar muy claro en “Las Eras de Gaia”-, la posibilidad de que un genetista loco genere una catástrofe planetaria es escasa, el hecho de que detrás de Venter se encuentren intereses económicos corporativos es un motivo de riesgo mayor: a los inversionistas de Celera Genomics no los impulsan criterios altruistas y filantrópicos, y el riesgo financiero no es equivalente al riesgo biológico.

Ellos esperan que su inversión genere más utilidades, independientemente de los potenciales problemas bioéticos o pandémicos asociados.

Pero en este caso, Más es Menos: más utilidades para ellos bien podrían significar menos posibilidades para todos nosotros.

Menos posibilidades de que -en el futuro-, nuestros hijos y los hijos de sus hijos puedan seguir viviendo, enfermándose, sanándose y muriendo naturalmente en un Planeta donde todos juntos –desde los Virus hasta el Santo Padre- somos resultado de la Evolución de la Vida en su conjunto.

Porque a partir de donde estamos hoy, bien podría ser que los próximos habitantes del planeta sean Clones con genes sintéticos, absolutamente ajenos a nuestra Naturaleza como parte de la Tierra Viva.