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Doctrina

Aquí están los que se supone que no están ni allí

De la era Precibernética a la
Ciber (R) Evolución Socialista Nacional

Por Alexis López Tapia
Julio de 2006
 

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Los políticos ciber prehistóricos

Los políticos ciber prehistóricosDesde la publicación de “T.A.Z.” The Temporary Autonomous Zone, Ontological Anarchy, Poetic Terrorism, en 1985, por el escritor sufí y “anarquista ontológico” Hakim Bey, han pasado ya 22 años.

Considerado el Padre ideológico de los hackers y los ciberpunks, el “Señor Juez” -significado del seudónimo de Peter Lambor Wilson, en turco-, profetizó en su obra surgimiento de las denominadas “Zonas Temporalmente Autónomas” o “TAZ”, espacios virtuales fuera del alcance del Estado, la censura y la coerción, y concebidos como una verdadera Mitopoiesis, relatos recursivos de sí mismos.

Wilson se sitúa en un ámbito ideológico complejo. Su “anarquismo ontológico” tiene base tanto en René Guénon -que también abrazó el sufismo- como en Gabriele D'Annunzio, y se acerca a veces y no sólo en referencias, a Mircea Eliade e incluso al propio Julius Evola, el teórico más importante del fascismo italiano, pese a que él mismo nunca fue fascista.

Esto último no es del todo extraño, si se considera que los Movimientos Nacionales de la primera mitad del Siglo XX, fueron -y siguen siendo- los únicos experimentos políticos verdaderamente propios de la Modernidad, completamente “Modernos”, al punto de que una de sus muchas expresiones en el arte fue el “Futurismo”.

Por eso no es de extrañar que la característica más relevante de la tesis de las T.A.Z., fuera la capacidad del autor de prever el actual desarrollo de Internet con mucha antelación: una verdadera precognición.

En efecto, Hakim Bey no sólo es un precursor del concepto de “ciberespacio”, sino que su tesis adelantó la existencia de la propia Internet 2.0, edad en la que actualmente nos encontramos.

Frente a esto, vale la pena preguntarnos, ¿qué ha sido del desarrollo de la Política –y de los propios políticos, en los 22 años transcurridos desde la publicación de ese profético libro?

Para comenzar a respondernos, vamos a situarnos únicamente en la realidad de Chile –que conocemos-, pese a que posiblemente nuestro análisis es exportable a casi toda América del Sur, e incluso a buena parte del resto del planeta.

La primera constatación que surge, es que la Política chilena, y en particular la enorme mayoría de los políticos “profesionales” del país, son verdaderos dinosaurios: especies prehistóricas –pre cibernéticas-, en avanzado estado de extinción.

Ello no es sólo producto de su edad cronológica –la media de nuestros políticos se empina bastante más allá de los 50-, sino particularmente de su edad mental… en términos tecnológicos al menos.

En su gran mayoría, los actuales políticos pertenecen a la generación del segundo cuarto del Siglo XX, y por ende, comparativamente, nacieron a la vida política en el Paleolítico Inferior del actual mundo cibernético.

De hecho, Patricio Aylwin, el primer presidente del llamado “Retorno a la Democracia”, es un verdadero Pithecantropus tecnológico respecto del Homo ciberneticus: nació en 1918, cuando ni siquiera existía la Televisión, y ya había cumplido más de medio siglo de edad cuando Neil Amstrong dio ese “pequeño paso para el hombre” que fue un “gran salto para la humanidad”.

Casi contemporáneo de él es Andrés Zaldívar, -algo así como un Homo erectus- que nació en 1936, apenas un año antes de que comenzaran las primeras transmisiones regulares de Televisión electrónica en Francia.

Un año después, en 1938, llegaría a ese lejano mundo precibernético Ricardo Lagos –al nivel del Homo neanderthaliensis-, que ya tenía 10 años cuando se inventó el Transistor, equivalente en su época a las herramientas del período Musteriense.

Ya en pleno Neolítico cibernético, 1942, nacería Eduardo Frei Ruiz-Tagle, -equiparable al Cromagnon- tres años antes de que Hiroshima y Nagasaki iniciaran de manera macabra el período contemporáneo.

Al inicio de la edad del bronce cibernética, 1951, llegaría al mundo Michelle Bachelet, que ya tenía treinta años cuando el Transbordador Columbia despegó por primera vez.

Tres años después del nacimiento de nuestra la actual mandataria, IBM fabricaría su primera computadora a escala industrial, la IBM 650, que tenía lector de tarjetas perforadas, pesaba 900 kilos, y costaba medio millón de dólares de la época.

De este modo, sólo en 1958, con la aparición de la segunda generación de computadores –que tenían transistores en vez de tubos de vacío-, comenzamos a entrar en la Era Cibernética propiamente tal.

En 1975, con la aparición del Altair 8800, comienza el período del microcomputador personal, y dos años después se estrena “La Guerra de las Galaxias: una nueva esperanza”: ha nacido la posmodernidad y el mundo cibernético despunta en el horizonte.

En 1983, la separación de Arpanet de la red militar que la originó, da nacimiento a Internet: el Ciberespacio comienza a formarse desde Big Bang genético del código html.

En 1989, la caída del Muro de Berlín sepulta definitivamente la utopía marxista: es el fin de la era glacial de la guerra fría, donde prosperaron los Neandertales de nuestra política, hoy a punto de extinguirse.

Desde entonces, estos seres Pre cibernéticos nos han venido rigiendo, bajo normas y conceptos heredados de la edad del hielo tecnológico -del mundo de la Guerra Fría-, y por ende, ideológicamente tan determinados como nuestros ancestros en la etapa de la evolución puramente biológica de la especie…

Incapaces de adaptarse y evolucionar hacia nuevos estadios, sus restos conceptuales terminarán sepultados bajo yotabites (1024) de ciber sedimentos, para quizás ser redescubiertos en un lejano futuro por ciberarqueólogos, y expuestos en museos virtuales como intentos fallidos de evolución cibercultural.

En síntesis, la gran mayoría de ellos, nacieron mucho, pero mucho antes de la aparición del Atari o del Apple II, y por cierto, de la aparición de Windows 1.0 en 1985, algo que pronto será simplemente incompresible para los primeros bebés Homo ciberneticus que hoy están naciendo.

En 2005 -veinte años cronológicos desde entonces, verdaderos milenios en términos tecnológicos-, la cantidad de usuarios de Internet con conexión de Banda Ancha superó a los de modem, y los celulares a los teléfonos de red fija en la mayoría de los países desarrollados, e incluso en el lejano Chile.

Bienvenidos a la Era Cibernética.

 

El Ciber Big Bang

Ciber Big BangEn 1965, la Revista Electronics publicó un documento elaborado por el ingeniero Gordon Moore, en el cual sostenía que la complejidad de los circuitos integrados se duplicaría cada año.

Moore actualizó su predicción –hoy llamada la “Ley de Moore”- en 1975 para señalar que el número de transistores en un chip se duplicaría cada dos años. Esto se cumplió hasta hace un par de años y actualmente se ha superado.

En 2004, la industria de los semiconductores produjo más transistores -y a un costo más bajo- que la producción mundial de granos de arroz, según la Asociación de la Industria de Semiconductores.

Moore solía estimar que el número de transistores vendidos en un año era igual al número de hormigas en el mundo, pero ya para el 2003, la industria producía cerca de 10.000.000.000.000.000.000 (1018) transistores, y cada hormiga habría tenido que cargar 100 transistores a cuestas para conservar la precisión de esta analogía.

En 1978, un vuelo comercial entre Nueva York y París costaba cerca de 900 dólares y tomaba 7 horas. Si la aeronáutica avanzara con los mismos principios de la “Ley de Moore”, -es decir, de la forma en que ha operado la industria de los semiconductores desde 1978-, ese vuelo hoy debería costar cerca de un centavo de dólar, y tendría que tardar menos de 1 segundo en realizarse.

Últimamente la “Ley” ha vuelto a ser examinada: actualmente el poder de los computadores se duplica cada 18 meses, por lo que en diez años aumenta aproximadamente en cien veces.

En memoria la capacidad se duplica cada 12 meses, multiplicándose por mil en diez años.

Y el ancho de banda se duplica cada nueve meses, con lo que se calcula que en una década la capacidad de bajar los costos de transmisión se multiplicará por diez mil.

En 1996, sólo 48 millones de personas utilizaban rutinariamente la red. La WWW era un bebé que acababa de cumplir dos años de edad.

Desde entonces, el crecimiento de cibernautas ha sido enorme. Según la Internet World Stats, en 2007, la cantidad de usuarios conectados a Internet llegó a 1.244 millones a nivel mundial, con un crecimiento del 245% en 7 años.

Para el año 2010, se estima que se incorporarán otros 500 millones de usuarios adicionales.

Actualmente, Internet incluye aproximadamente 5000 redes en todo el mundo, y más de 100 protocolos distintos basados en TCP/IP, que se configura como el protocolo universal. A nivel empresarial e incluso doméstico, la tendencia actual es el reemplazo de los pares de cobre telefónicos por fibra óptica.

A las anteriores, se suman día a día miles de nuevas conexiones WiFi -muchas de ellas completamente gratuitas-, que pronto serán reemplazadas por redes WiMax que alcanzan hasta 48 kilómetros de radio a 70 Mbps, permitiendo el acceso inalámbrico de millones de nuevos usuarios en todo el mundo.

Otro tanto ha ocurrido con la información disponible en el ciberespacio: Según el informe de EMC e IDC “La expansión del Universo Digital: un pronóstico de crecimiento mundial de la información hasta el año 2010”, en el año 2006, el universo digital alcanzó la dimensión de 161.000 millones de gigabites (161 exabites).

Este universo equivale aproximadamente a 3 millones de veces la cantidad total de libros escritos en toda la historia de la humanidad, o el equivalente a 12 pilas de libros, cada una de ellas elevándose a 150 millones de kilómetros de la Tierra hacia el Sol.

El estudio proyecta un crecimiento de hasta seis veces en la cantidad de la información copiada y creada hasta el 2010, alcanzando la cifra de 988 exabytes, un crecimiento anual compuesto del 57%.

En el ciberespacio, las imágenes capturadas por los más de mil millones de dispositivos ópticos existentes, desde cámaras digitales, celulares, escáneres médicos y documentales, videograbadoras y cámaras de seguridad, constituyen la mayor porción de cibermateria del universo digital.

En el 2006, la cantidad de imágenes capturadas por cámaras digitales superaron los 150 mil millones, y las de teléfonos celulares alcanzaron 100 mil millones. Para el año 2010, el estudio proyecta que la captura de imágenes por estas y otras tecnologías alcanzará globalmente 500 mil millones de imágenes en la red.

Entre 1998 y el 2006, las direcciones de correo electrónico a nivel mundial crecieron de 253 a 1.600 millones. En ese mismo período, la cantidad de emails enviados creció a una tasa tres veces mayor que las personas que utilizan el email. En 2006 el tráfico unilateral de emails –incluyendo el spam-, alcanzó los 6 exabytes. Del mismo modo, se estima que el 2010 existirán 250 millones de cuentas de mensajes instantáneos.

Más del 95 % del universo digital se compone de datos no estructurados. En las organizaciones, los datos no estructurados comprenden más del 80% de toda la información disponible, y menos del 10% de la información está clasificada o valorada.

En 2004, Tim O’Reilly acuñó el término Web 2.0, para referirse a la segunda generación de la Web, basada fundamentalmente en las comunidades de usuarios, y una enorme nueva gama de servicios: redes sociales como facebook; blogs; fotologs; wikis; videowebs como youtube; podcast; mapas virtuales 3D; centros de compra, venta y emplo; redes peer to peer como Emule; telefonía IP como Skype, correo web, grupos de acción, e incluso verdaderas vidas virtuales como Second Life.

De este modo, superando con creces las mayores expectativas de Hakim Bey, las T.A.Z. son actualmente un hecho empírico, no una teoría.

 

Dinosaurios en el Ciberespacio

Dinosaurios en el CiberespacioEn un día laboral típico, suelo hablar vía Skype con amigos en Australia, la India, España, Perú, Bolivia o Argentina –por mencionar los más habituales-, hago una videollamada a mi hermano en EE.UU., y chateo con una media de 20 personas vía Messenger. Recibo emails de las más diversas fuentes –deseados o no-, reviso noticias a las que estoy suscrito vía RSS o email; agendo reuniones para la semana; hojeo la mayoría de los diarios nacionales y visito las principales agencias internacionales; contesto mensajes en el muro de Facebook -donde también me reencuentro con amigos que personalmente no veo hace años-, busco videos por tema en Youtube; reviso blogs, fotologs y wikis de amigos y trabajo en mis propias Webs –ya demasiado numerosas-, mientras veo Discovery, National Geographic o History Channel en la pantalla secundaria del PC.

A un lado, en el Notebook, respondo correos comerciales, me entero del pronóstico del tiempo para la semana en el gadget de foreca, y -para relajarme- juego un partido de Go con alguno de los miles de jugadores de todo el mundo, mientras escribo un artículo como este, desarrollo una nueva solución, creo un dibujo o una presentación.

De este modo, tres pantallas, dos teclados y un cable, me brindan acceso instantáneo y expedito a una vida social, familiar, cultural, política, económica e incluso emocional, a la que de otro modo simplemente no tendría ninguna posibilidad de acceder.

Y, en sentido inverso, más de 260 mil personas han podido leer esta Revista, varios miles más han escuchado mis programas de radio, revisado fotografías, copiado, criticado y citado artículos, o aprendido algo nuevo en la Academia, por señalar solo algunos de estos medios de feedback.

Lo que comento no es una exageración, simplemente es un hecho. Y en mayor o menor medida, la mayoría de las personas con quienes me relaciono diariamente –de mi generación de los ’80, muchos más de los ’90 e incluso algunos de los primeros Homo ciberneticus de este Siglo -, también pasan una parte importante de su tiempo en la red: en los hechos, parte de su vida se desarrolla –literalmente- en el ciberespacio, y como hemos visto, esta tendencia va en aumento exponencial.

Las constataciones que hemos venido señalando implican una certeza evidente: si hoy en día un niño no tiene acceso a un computador -y a través de él a Internet-, estará condenado a vivir en las mismas condiciones tecnológicas que habría tenido un hombre del paleolítico, trasladado de pronto a la Edad Media. Y ciertamente la comparación se queda corta.

Hoy en Chile la gran mayoría de la población es urbana, y por ende, la mayoría de los niños que están naciendo desarrollarán sus vidas en este ambiente.

Eso impone un criterio básico a la hora de definir las habilidades necesarias para la subsistencia de cualquier persona: ya no se trata tan solo de las capacidades físicas –indispensables, por ejemplo, en la vida rural- , independientemente del nivel cultural.

Esas habilidades hoy, se tratan básicamente de dominio de las tecnologías de la información. Esta es la verdadera “Guerra del Fuego” de la Era Cibernética.

Adicionalmente, la ciudad en el Siglo XXI se transformará -más temprano que tarde-, en una extensión física de la realidad virtual: la posibilidad de trabajar desde el hogar, el acceso a bienes y servicios a través de la red, y la orientación de nuestra economía hacia los Servicios, implica que cada día más chilenos deberán vivir laboralmente en la red, ya sea en intranets corporativas, call centers, conectados a distancia, o desde sus propios hogares.

Por ello, la interacción con el entorno social, económico, político y cultural, se realizará cada vez en mayor medida desde el ciberespacio, y a partir de él, en los espacios públicos físicos.

Lo anterior fue un fenómeno claramente visible en 2006, cuando la Revolución Pingüina fue coordinada, informada y sostenida exitosamente a través de medios digitales: desde cientos blogs y fotologs hasta coordinación vía Messenger, mensajes de texto vía SMS, fotografías y videos capturados y enviados desde miles de celulares.

Si en vez de una protesta se hubiese tratado de una guerra, los pingüinos llevaron lejos la delantera en Comando, Control y Comunicaciones sobre el Gobierno, e incluso, en muchas ocasiones, sobre las propias capacidades tecnológicas de las fuerzas de Orden y Seguridad.

Y esto fue sólo un síntoma de lo que está ocurriendo con nuestros Ciber Estudiantes, los que muy pronto serán Ciber Ciudadanos del país y del mundo digital.

Hay una verdadera (R) Evolución -secreta y a la vez completamente pública-, que está naciendo a la luz deslumbrante de las tecnologías de la información: se siente en la tierra virtual, se huele en el aire digital.

Frente a ella, la enorme mayoría de los actuales políticos son y actúan como verdaderos Dinosaurios en el Ciberespacio de cristal: demasiado torpes, demasiado pesados, demasiado lentos y demasiado dependientes de las viejas formas de energía, dominio y comunicación, frente a los modernos mamíferos cibernéticos, pequeños, ágiles, móviles, multidimensionales, multifocales, diacrónicos y sincrónicos, dispersos, diversos, desligados y –al mismo tiempo- múltiple y permanentemente conectados.

Y es por eso que cuando uno de estos pequeños mamíferos cibernéticos, ve a un dinosaurio parlamentario utilizando internet para mirar modelos semidesnudas en pleno hemiciclo, la sonrisa que le surge no es precisamente de desdén, sino del más profundo, auténtico y total desprecio.

Desprecio, claro, porque supuestamente los parlamentarios no están allí para hacer voyeurismo virtual… y doble desprecio, porque si se trata de mirar modelos hermosas en serio, un joven cibernauta jamás iría a un indigno sitio de farándula y siliconas: le basta con entrar a Metart.

Frente a casos como el mencionado –para no nombrar a otros que apenas saben usar un mouse-, debemos reconocer que en Chile hay algunos políticos que sí saben, o a lo menos presienten la (R) Evolución que se aproxima… son como esos protagonistas cromagnon de “La Guerra del Fuego” que viajaron al Sur para aprender el secreto, y volvieron para salvar al Clan acompañados por “una de los otros”.

Entre ellos sin duda destaca Fernando Flores, uno de los “Gurúes” tecnológicos del país… no por nada estimuló a Rafael Echeverría para escribir “Ontología del Lenguaje” –quizá uno de los análisis más lúcidos de la comunicación en la actualidad-, y no por nada en su sitio está posiblemente más al día que todos los demás en cuanto a TI.

También Sebastián Piñera anda en sintonía –y no le quita mérito que tenga todos los recursos necesarios para hacerlo-, porque para esto no basta simplemente con tener las “lucas” necesarias: la Edad de los metales surgió después de más de 300 mil años de uso de herramientas de piedra… y los metales estuvieron allí durante todo ese tiempo.

No obstante, si destacan como puntos de luz, es simplemente por la pasmosa oscuridad que los rodea… similar a la escena inicial de la película mencionada, donde la cámara se acerca desde una distancia inaudita hasta la pequeña fogata en la que se arriman los protagonistas.

Hasta hace poco tiempo –en el país de la “Agenda Digital”- teníamos de Ministra de Educación a una señora que ignoraba por completo cuestiones básicas de la Era Cibernética. Y por eso quizá no debería sorprender que para ser Presidente de la República, no se exija ni siquiera haber terminado la Educación Básica…

Y claro, porque cuando el proyecto estrella del “neanderthal” Lagos, precisamente se denomina “Agenda Digital” –literalmente, “cosas para hacer con los dedos”-, es claro que tenemos entregado nuestro destino tecnológico a gente que sigue pensando en función de las mismas habilidades que en el paleolítico inferior eran necesarias para fabricar un canto tallado… “cosas para hacer con los dedos”.

Lo que Chile necesita, claramente no se trata de ni, ni en la Agenda Digital: basta ir a mirar el sitio web para darse cuenta de que allí simplemente no hay futuro: un chiquillo de segundo medio tiene más clara la importancia del look & feel, la tipografía, íconos e información necesaria para hacer atractivo, instructivo y relevante su Blog personal, incluso su Fotolog.

Mientras el mundo virtual navega velozmente en .Net, Ajax, Podcast, y Silverligth –por mencionar algunos-, la “Agenda Digital” se queda pegada con el W3C estricto, a punta de javascrip, apuesta veladamente por el código abierto, y usa el CCS con la sutileza de un pintor de brocha gorda.

Y claro que hay temas interesantes, pero de nada le sirven los pétalos más hermosos a la Orquídea más exótica, si crece en medio de un bosque umbrío, gris como una tumba, parco como un mudo, y tan entretenido como un balancín quebrado por la mitad.

Y cómo iba a ser de otra manera, si el Sitio fue desarrollado por la “Secretaría Ejecutiva de la Estrategia Digital”, dependiente nada menos que del Ministerio de Economía… el resultado no podía ser otra cosa que lúgubre.

Por aquí no va la cosa, eso es claro.

El país debería contar hace muchos años con un Ministerio de Ciencia y Tecnología, concentrado básicamente en Investigación y Desarrollo (ID).

Pero cuando miramos la inversión en esta área el año 2000, verdaderamente da vergüenza:

Tras alcanzar un pico en 1995 y 1996, la inversión en I+D como porcentaje del PBI de la región se ubicó el año 2000 en valores similares a los de comienzos de la década del noventa.

En esa fecha, la inversión de América “latina” en el área, representó el 1,6% a nivel mundial… algo es algo, dirían en el Gobierno.

En 2007, la inversión en investigación científica, alcanza apenas el 0,6% del PIB, muy por debajo de los países con que se suele comparar a Chile, como Irlanda y Nueva Zelanda, que superan el 1%, o Brasil, que se acerca al 1%.

Según el gobierno, parte del problema es la “poca participación del mundo privado en la ciencia”, ya que en Chile sólo el 35,2% de la inversión científica proviene de la empresa privada, mientras que en Irlanda la cifra se eleva a 59% y en Nueva Zelanda y Brasil al 40%, como el año pasado afirmó la flamante Ministra de Planificación, Clarisa Hardy.

Sin embargo -por solo poner un ejemplo-, si el Gobierno está interesado en fomentar la inversión privada en Ciencia y Tecnología, ¿no debería comenzar por eliminar el impuesto a la importación de tecnología, que alcanza a un 15%, además del IVA?.

Es decir, cada vez que usted compra, por ejemplo, un Software Educativo para su hijo, está pagando un 34% de Impuestos…

¿Así quieren que los privados –todos nosotros que no vivimos de la Vaca Pública como ellos- invirtamos en Ciencia y Tecnología?

Es claro que en el Ministerio de Planificación tampoco saben muy bien por donde va navegando el Barco Virtual del país.

Y así volvemos al principio, porque si tenemos Políticos que son dinosaurios tecnológicos, y ellos aprueban las inversiones, determinan los presupuestos y establecen las prioridades “alimentarias” tecnológicas, es claro que los pequeños mamíferos cibernéticos deberemos vivir con lo que quede por allí no más… al menos hasta que estos Tiranosaurios desaparezcan.

Lo que uno se pregunta a estas alturas, es cuándo va a caer el dichoso cometa que acabe de una vez con todos ellos, y los deje con un recuerdo borroso, algo así como la línea K-T del Ciberespacio.

 

La (R) Evolución que viene

CiberculturaMuy por el contrario de lo que afirma Huttington y Fukuyama, no nos encontramos ni ante un “Choque de Civilizaciones” ni mucho menos ante el “Fin de la Historia”…

Por allí “no va na la cosa”, como veremos XD

El año pasado, le pasé a mi hija de 8 años el libro de Dominique Nora, “La Conquista del Ciberespacio”, que leyó en un par de semanas.

Publicado originalmente en 1995, el prólogo comienza señalando:

“Este libro está dirigido a aquellas personas para quienes las palabras “multimedia”, “CD-ROM”, “CD-I”, “televisión digital” o “servicio en línea” no significan nada; aquellas personas que poseen un ordenador pero sólo saben usarlo como máquina de escribir, aquellas personas que se sienten intrigadas por esas “autopistas de la información” de que tanto hablan los medios, aquellas personas, en fin, que se preguntan si es necesario familiarizarse con las nuevas tecnologías de la información”…

En efecto, se trataba de una obra hecha para y pensando en los Dinosaurios Tecnológicos… de hace 12 años.

Y quizá por eso fue que mi hija lo encontró “anticuado”.

Sí, porque muchas de las cosas que el libro anticipaba hoy en día ya son noticia vieja… el CD-ROM esta casi obsoleto, y los mismos DVD serán reemplazados próximamente por Blu-Ray… y así.

Hoy día, la discusión de los ciber niños de 8 a 14 años, es acerca del MP3 y el MP4, las características del Celular -¿de cuántos mega pixeles es la cámara? ¿Tiene radio? ¿Con cuánta memoria viene? ¿Cuánto tiempo de video puedes grabar… con audio?-, y por cierto,  qué página de juegos, si ya salió Final Fantasy XIII, qué blog, qué fotolog y –por supuesto- cuántos amigos tienes en Facebook, y si ya tienes Wii.

¿Ustedes creen que esos niños estarán interesados en escuchar las palabras de un señor que les habla del “Golpe Militar y la Dictadura”? (“¡Ahh!, esa cosa que hubo como 40 años atrás”); de la “lucha de clases” (¿Se refiere a los Pokemones contra los Pelolais, o será a los Emos?), de las “reivindicaciones históricas del proletariado” (“¿Estará hablando de los niños pobres que no tienen internet?”), de los detenidos desaparecidos (“¿En qué etapa de Left4Death sale eso?”)… y para qué hablar del los Partidos Políticos (“Mmmm ¿son esas cuestiones donde unos viejos discuten puuuras leseras todo el día?”).

Tampoco se saca mucho con hablarles de “las ventajas de la Democracia” (“¿Y de qué me está hablando éste? Nosotros votamos en la asamblea del Colegio, y de todos modos ellos aprobaron la LGE”) y en síntesis, los Dinosaurios no tienen mucho que decirles… en realidad no tienen nada.

Como señala Rafael Echeverría en “Ontología del Lenguaje”:

“Estamos enfrentando nuevamente una revolución de importancia capital en la forma de comunicarnos con los demás. Hace mucho tiempo, en la antigua Grecia, debido a la invención del alfabeto, surgió un nuevo modo de comunicación basado en la capacidad de leer y escribir. Algo similar ha ocurrido en las últimas décadas. Hemos estado enfrentando una transformación de la mayor importancia en nuestro modo de comunicación, como resultado de importantes innovaciones tecnológicas y de la emergencia del lenguaje electrónico”.

Precisamente, se trata de un problema de lenguaje… del analógico al digital, de digital al cibernético… del cibernético al quántico y desde allí, a una nueva conexión con la espiritualidad profunda del Ser Humano.

Y en sincronía con las etapas de la evolución biológica, se trata de que simplemente hay especies  conceptuales, -“especies lingüísticas”- que no pueden sobrevivir al cambio de las condiciones ecológicas en las que se desarrollaron en las etapas anteriores.

La rigidez estructural, la especialización extrema, los nichos conceptuales acotados y delineados a sangre y fuego, son claves para comprender los factores que llevarán a la extinción a las viejas estructuras políticas del país… y del mundo.

Y ello fundamentalmente se está produciendo en este mismo instante por una de las variables no considerada adecuadamente por los planificadores del “Nuevo Orden Mundial” y la “Globalización” en sus planes: precisamente la “globalización de las comunicaciones”.

En el foco de los planes mundialistas, el uso de las tecnologías de la información como una herramienta más para el control global, se encontraba presente desde un comienzo.

Sin embargo, el efecto que la red mundial está teniendo sobre las Naciones del mundo, ha sido exactamente el contrario al que los mundialistas esperaban obtener.

La red ha incrementado la Socialización, y –en forma paralela y en la misma medida-, ha aumentado la Identidad Nacional en el Ciberespacio.

El hecho de que hoy día pueda hablar directamente con personas de cualquier parte del mundo, tiene como efecto inmediato el reforzar la propia identidad, a partir del descubrimiento de los contrastes, las diferencias y las semejanzas que aprehendo de cada relación.

No se trata entonces, para nada, de un “Choque de Civilizaciones”, de “El Fin de la Historia” (que sí lo es –y qué bueno- para los Dinosaurios Tecnológicos), y mucho menos de la lucha Busheana contra el “Eje del Mal” y “La Suma de todos nuestros Miedos”… No.

Lo que efectivamente está sucediendo, es que nos volvemos cada vez más ciber Sociales y ciber Planetarios, en la misma medida en afirmamos nuestras identidades ciber culturales, a partir de nuestra Nacionalidad.

Para muestra un pequeño byte final:

Cuántos CHILENOS hay en FacebookEl 5 de Febrero de este año se creó en Facebook el grupo “Cuántos Chilenos hay en Facebook”. El 9 de Junio -en menos de seis meses-, había alcanzado 50.000 miembros.

A la fecha somos 74.247 miembros, y aumentamos en unos 1.000 cada semana.

Allí mismo pueden verse los temas que de verdad interesan en el Ciber Espacio Planetario: el grupo “1.000.000 de personas para sancionar el maltrato animal” ya tiene 209.999 miembros.

Le sigue el grupo “1.000.000 de voces contra el calentamiento global”, con 160.993 miembros.

Y después de “cuantos chilenos…” vienen nada menos que “Queremos de vuelta nuestro escudo nacional”, con 2.341 miembros.. y “Por un cobre 100% chileno”.

¿Algo más que agregar?

Si alguien no se da cuenta “pa’onde va la micro” con este simple ejemplo, entonces que se dedique a vender “sanguche e’potito” a la salida del estadio, antes que dedicarse a la política… a la Política que viene, por cierto… no a eso que aún nos rige.

Porque como estableció adecuadamente Gustave Le Bon en “Psicología de las Revoluciones” hace ya 101 años:

"Las verdaderas revoluciones, aquellas que transforman los destinos de los pueblos, la mayoría de las veces se logran tan lentamente que los historiadores apenas si pueden señalar sus orígenes.

El término de “evolución” (es decir, (R) Evolución) es, por lo tanto, por lejos más apropiado que el de “revolución”.

Y lo que viene -tan rápido como un byte viajando a velocidad luz en la fibra óptica-, es ciertamente una Ciber (R) Evolución, que será Socialista, y que será Nacional.