La realidad actual y el futuro
del Nacionalismo chileno

 Por Alexis López Tapia

 


Cada cierto tiempo, como si fuese una especie de mantra reiterativo e inútil, se escuchan voces que claman llamando a la “unidad” del nacionalismo chileno. 

Este solo hecho permite captar una realidad fundamental: hoy no existe algo que pueda llamarse -en propiedad- “un” nacionalismo chileno.

Por ello, no causa demasiada extrañeza que en el último de los libros publicados al respecto, “Nacionalismo chileno, génesis, desarrollo y perspectivas futuras” de la Universidad Bernardo O’Higgins, presentado el pasado 11 de Abril en la Casa Central de dicha universidad, se asevere lo siguiente respecto de las perspectivas futuras de estas ideas en el país:

“Estimamos que las condiciones actuales son poco propicias para fortalecimiento político en el país, por las razones que detallamos a continuación:

  1. Un creciente sentimiento de interdependencia y vinculación con el fenómeno de la globalización mundial de los problemas económicos, culturales, de orden político, entre otros, que impregnan  virtualmente todos los aspectos de nuestra existencia.
     
  1. La influencia, cuando no la abierta intervención no solicitada, cada vez mayor, de los organismos internacionales y de su legislación en nuestra vida política.
     
  1. El predominio indiscutido de la concepción política y económica liberal en la mayor parte del hemisferio occidental.
     
  1. La herencia negativa del fascismo italiano y del nacionalsocialismo alemán en la primera mitad del siglo XX, inspiradores de movimientos políticos con diversos rasgos de afinidad en Europa y América. Sus detractores ideológicos cargan arbitraria y equivocadamente sus excesos al nacionalismo, interpretándolo como una suerte de sinónimo o una mala copia de aquellos movimientos políticos.
     
  1. El arraigo de las concepciones democrático-partidistas, donde tiene una fuerte presencia la separación de los poderes públicos, la convivencia política en un ambiente de tolerancia y de discusión de los problemas; la elegibilidad por sufragio libre de las autoridades públicas y la periodicidad de su función; la impersonalidad de la ley y la existencia de representantes de la ciudadanía por medio de partidos políticos.
     
  1. La presencia y fuerte accionar de las corrientes internacionalistas: Marxismo, Socialismo de diversas denominaciones, Democracia Cristiana, Liberalismo.

Pese a lo dicho los designios de la historia son inescrutables y nadie puede afirmar con certeza cuál será el futuro del nacionalismo partidista en Chile”.

Si bien la última frase del autor, Jaime Antonio Etchepare Jensen -uno de los 7 que escribe en el libro-, deja una posibilidad abierta acerca del futuro, lo claro es que para él las “perspectivas futuras” de estas ideas le resultan, a lo menos, “inescrutables”.

Y eso es todo, porque en ninguna otra parte de la obra se alude a dichas “perspectivas futuras” de nacionalismo chileno, más que en el título y los párrafos precedentes. ¡Una muy curiosa categorización de las áreas señaladas en el título!

En síntesis, para esta primera obra publicada el Siglo XXI sobre el estado actual del nacionalismo chileno, simplemente no existen perspectivas futuras demasiado auspiciosas.

Ello no debería extrañar, ya que la cuestión fundamental acerca de la vigencia o la presencia política de estas ideas, permanece simplemente en el nimbo.

Sin embargo ello resulta contradictorio al verificar la actual existencia de una verdadera pléyade de grupos, tendencias y estructuras que –con mayor o menor proximidad- pueden adscribirse al nacionalismo en sentido lato.

Sin pretender ser exhaustivos, ni ideológicamente demasiado rigurosos, podríamos enumerar algunas de ellas, únicamente para efectos de análisis:

  • El Pinochetismo: representado tanto por estructuras formales como informales, está marcado por la carencia de definiciones ideológicas, políticas, doctrinarias o económicas claras, ya que mezcla actores y tendencias de dudosa coherencia interna. No obstante, representa un fenómeno político concreto y vigente, pese a la incapacidad que ha manifestado en lograr consolidar sus fuerzas en una única estructura y, menos aún, en un liderazgo definido. Adicionalmente, es heredero de una carga neta de división social, que resulta por completo irreconciliable con la noción de Nación en su sentido más amplio. Este último aspecto, es quizá el mayor de los escollos para el surgimiento de una expresión política a partir de sus fuerzas, si bien se está realizando un intento formal por crear un Partido cercano a esta categoría en la actualidad.
     

  • El Nacionalsocialismo: únicamente basado en estructuras informales, superficialmente aparece con una mayor coherencia discursiva que el anterior, basada en leitmotiv tradicionales, los cuales -sin embargo- no logran ocultar profundas discrepancias estructurales e ideológicas entre sus diversos referentes. De igual modo se debe considerar el negativo impacto de algunas expresiones que sostienen adherir a dichos postulados, como determinados colectivos juveniles de neta influencia foránea. Otro aspecto fundamental es la radical dispersión generacional, fáctica y estratégica de sus adherentes, que han carecido de toda direccionalidad plausible respecto de fines y medios. Finalmente, cabe destacar la exacerbada importancia de los personalismos, que en esta expresión ideológica hayan su mayor nivel de relevancia.
     

  • El Fascismo: mínimamente vigente en términos estructurales, cuenta, sin embargo, con un aporte teórico permanente a través de diversos medios, entre los que destaca la única publicación que –sin explicitar su adhesión a esta categoría-, ha logrado mantenerse vigente desde mediados de la década de los ’80. Tanto por su escasa representación en término de actores, así como por la tendencia intelectualizante y académica que manifiesta, este es un fenómeno de elites que no ha logrado una penetración pública relevante. Pese a ello, representa una tendencia efectivamente presente dentro del abanico de potencialidades actuales del nacionalismo.
     

  • El Nacional Sindicalismo: uno de los pocos referentes ideológicos que ha logrado preservar cierta estructura formal a lo largo del tiempo, quedó profundamente dañado en términos políticos al finalizar el Régimen Militar, situación que ha marcado su estado actual. Posee no obstante, un cuerpo doctrinario sólido y coherente, si bien relativamente conservador, que está intentando ser actualizado y elevado a una propuesta política. Sin embargo hasta ahora ha mostrado carecer del dinamismo necesario para generar una corriente de adhesión pública consistente, probablemente por el peso de las estructuras, referentes y concepciones tradicionales que lo sostienen.
     

  • El Nacionalismo Revolucionario: en la actualidad con poca o nula representatividad estructural, su mayor aporte constituyó la capacidad de reflexión crítica frente a situaciones contingentes del pasado, ante las cuales generaron orgánicas y propuestas innovadoras. Dicho legado ha permanecido latente en términos ideológicos, y tiende a expresarse cada cierto tiempo en propuestas o tendencias que reflejan sus postulados, aunque carecen completamente de la capacidad militante que llegó a tener en el pasado. Adicionalmente, la estructura más relevante que se originó en torno a sus postulados, terminó colapsada por conflictos internos, lo que de algún modo se ha perpetuado hasta hoy. En el futuro, esta tendencia puede re-emerger vinculada quizá a fórmulas antiglobalización de muy diverso signo. Este es, quizá, su mayor potencial.
     

  • El Nacional Bolchevismo: sin expresión formal concreta en estos términos específicos, abarcamos aquí a varios referentes que surgiendo de concepciones clásicas de la izquierda, se aproximan al nacionalismo en mayor o menor medida. Entre ellos cabe destacar al único partido político que se ha inscrito en los Registros Electorales: la “Alianza Nacional de los Independientes”, ANI, que seguramente discreparía de la categoría en que la situamos, si bien sus orígenes ideológicos pueden rastrearse con alguna coherencia hasta la “República Socialista” del Comodoro Marmaduque Grove, a la Vanguardia Popular Socialista o al Partido Socialista Popular. Sus actuales propuestas más bien representan una suerte de nacional populismo de izquierda. Sin embargo, en términos prácticos tanto dicha estructura como sus acciones tienen un claro sentido de oportunismo político electoral, cuyos objetivos no aparecen del todo transparentes. Por otra parte, aquí también pueden ser categorizados movimientos y tendencias claramente de izquierda, que sin embargo adhieren estructuralmente a determinadas categorías del Nacionalismo, a veces sin tener clara conciencia de ello.
     

  • El Nacional Tradicionalismo: de igual modo constituyen actualmente un sector difuso, que hemos categorizado de esta manera para referirnos a dos de sus aspectos ideológicos  principales: su concepción del nacionalismo en términos más bien arcaizantes, y su vinculación con la derecha tradicional antiliberal. En este sentido, podemos mencionar a los ex militantes del Partido Agrario Laborista, el Partido Nacional Popular, el propio Partido Nacional, y otros muchos que tuvieron su origen en el Ibañismo. Su actual relevancia está dada por la permanencia política de algunas figuras herederas de estas concepciones. Sin embargo, existe una clara declinación generacional, marcada por la ausencia de figuras juveniles que representen esta corriente. Cabe señalar no obstante que -en un sentido muy amplio-, cierto sector hoy minoritario y en franca retirada de Renovación Nacional, puede ser enmarcado en esta categoría.
     

  • El Ultra Nacionalismo: bajo esta categoría incluimos a diversos actores y estructuras, formales e informales, que en el pasado sostuvieron políticas de oposición directa al marxismo y el internacionalismo en términos generales. Entre ellas destacó el Frente Nacionalista Patria y Libertad, que hoy se encuentra representado en términos icónicos por algunos de sus ex dirigentes, si bien no ha logrado reposicionarse en términos estructurales. Ello, no obstante, está ciertamente sujeto a posibles variaciones en el futuro. De igual modo, aquí enmarcamos a los referentes que tuvieron su origen en Avanzada Nacional, que a la fecha se encuentran en igual situación que los anteriores. Dadas las actuales condiciones políticas, su herencia vinculada a acciones de fuerza, y el peso adicional que representa la creación de una estructura, podría pensarse que su futuro está limitado al campo de lo comunicacional, sin embargo, constituyen una fuerza presente y vigente, que podría emerger de acuerdo a determinadas circunstancias.
     

  • El Nacional Regionalismo: fue representado estructuralmente por el Partido del Sur, hoy integrado a la UDI, y por otras estructuras menos formales que no obstante perviven en términos de influencia y propuestas ideológicas. Entre estos últimos se puede mencionar al RIM –República Independiente de Magallanes-, y el RIP –República Independiente de la Patagonia: fuerzas de carácter sociopolítico que tienen un marcado sesgo anticentralista e incluso secesionista. Curiosamente, responden a claves de carácter nacionalista, pero radicadas en la preponderancia de lo local o regional por oposición al predominio de la Región Metropolitana. En su mejor aspecto, ello podría desembocar en la formación de Partidos Regionales, que lograran cierta capacidad de representación parlamentaria en el futuro. En su peor aspecto, pueden terminar siendo capitalizados por las fuerzas del Nuevo Orden Mundial, tal como se ha hecho con los movimientos indígenas. Su dicotomía ideológica fundamental: Región v/s Nación, es el fundamento de su inviabilidad, así como por ejemplo lo es el separatismo Vasco de la ETA, o la tesis de un “Estado” Mapuche.
     

  • El Nacional Chovinismo: sin ser una categoría explícita en términos formales, caben aquí una gran cantidad de expresiones cuyo denominador común es la oposición –muchas veces visceral-, a cualquier intromisión extranjera en el país, de preferencia en lo referido a nuestros vecinos geográficos, pero también con una extensión extra continental. En ese sentido, más bien representan una fuerza de oposición que de proposición, y su número no puede ser inferido directamente a partir de sus posibles expresiones, sino más bien como resultado de determinados procesos. Entre estos están los eventos deportivos –principalmente el fútbol-, rechazo a determinadas formas culturales –música o folclore extranjero-, y primacía de lo Chileno “über alles”. Su importancia radica precisamente en su raíz emocional, que tiene directa relación con el surgimiento de expresiones políticas formales, cuando cristaliza de modo positivo y constructivo. En su peor aspecto, representa la categoría que los contradictores del nacionalismo han calificado de “tribalismo”, para remitirlo al cuarto oscuro de los atavismos.
     

  • Otros Nacionalismos: quedan, adicionalmente, muchos referentes que no hemos categorizado en forma estricta, los cuales carecen de estructuras o liderazgos explícitos. Estas fuerzas cruzan un amplio espectro ideológico, mezclando fuentes diversas, y propuestas muchas veces muy disímiles. En términos generales, podemos abarcarlos en el sentido de su valorización de lo Nacional, una mayor o menos capacidad crítica frente al Nuevo Orden Mundial, y el sentido de necesidad de rescatar los valores patrios tradicionales. Allí pueden encontrarse orgánicas de Defensa de la Soberanía, pequeños Comerciantes, determinados Sindicatos, algunos comunicadores sociales, medios locales de escasa difusión, numerosos sitios web y muchos más. Su relevancia está precisamente dada por su gran cantidad, no así por su capacidad de movilización o militancia. Es un factor presente que seguramente no suele ser considerado en los análisis de ningún tipo.

No es ni ha sido nuestra pretensión abarcar la totalidad de las fuerzas que potencial o explícitamente pueden definirse como Nacionalistas, sino simplemente verificar su existencia dentro de marcos ideológicos generales como los planteados. 

Tampoco es nuestra intención forzar definitivamente la calificación de determinados actores o estructuras en estas categorías. La realidad se resiste ser disectada, y por ello, esta enumeración es un mero ejercicio taxonómico, únicamente válido para efectos de este análisis.

Lo que queda en evidencia es, no obstante, empíricamente exacto: no existe “un” nacionalismo chileno. Por ello, como señalábamos al comienzo, cada cierto tiempo se hace un llamado a la “unidad”.

Pero a la par, esta constatación representa una clara contradicción a las conclusiones del libro que comenzamos analizando.

Únicamente no tiene futuro aquello que no existe, que “no es”, o que ha desaparecido, por lo cual, cualquier “perspectiva futura” del Nacionalismo chileno, debe comenzar por hacerse cargo de la realidad existencial de esta corriente de pensamiento, y ello -por sí mismo- le asegura al menos una proyección en el tiempo.

 

Patria Nueva Sociedad
frente a la situación actual y el futuro

En 1999 dimos origen al Movimiento Socialista Nacional, Patria Nueva Sociedad, en un hecho que sistemáticamente ha pretendido ser ignorado por la mayor parte de la clase política nacional, y que -sin embargo- constituyó, ya en el año 2000, uno de los sucesos ideológicos de mayor trascendencia para el nacionalismo del Siglo XXI en Chile.

No obstante, al contrario de lo que podría pensarse, no sostenemos lo anterior en virtud de la mayor o menor cobertura mediática que nuestra organización ha recibido en los cuatro años de su existencia, y mucho menos al esfuerzo estructural que nos ha llevado a tener una creciente representación a lo largo del país en tan breve lapso.

Nuestra aseveración tiene que ver estrictamente con las categorías ideológicas que hemos ido desarrollando, paulatina y sostenidamente, desde nuestra fundación a la fecha. Ello es lo único verdaderamente relevante para efectos del análisis que estamos realizando.

La distinción fundamental que nuestra organización posee, respecto a todos los referentes antes citados, estriba exclusivamente en sus propuestas conceptuales. En su Cosmovisión para ser más exactos.

¿Y por qué sostenemos esto?

Básicamente, porque el único denominador común de todas las expresiones que antes categorizamos, es su radical carencia de proposiciones ideológicas viables y sustentables en el presente siglo.

Se trata por ello, de expresiones que no han evolucionado. Que se encuentran anquilosadas y arraigadas en un mundo que día a día existe menos, o ya no existe. Que por diversos motivos son incapaces de hacerse cargo de la realidad “tal cual es”, y no “como desean que sea”.

Y uno de los fundamentos básicos de cualquier concepción nacional, en cualquier época, ha sido su profunda capacidad de hacerse cargo de la realidad, tal cual es, precisamente para desde allí poder transformarla.

En este sentido, las expresiones de nacionalismo que hemos mencionado, podrían perfectamente ser abarcadas como una forma de “Consuelo Metafísico”, en la misma forma que Nietzsche definió a las religiones que han perdido su numinosidad original y han devenido en meros formulismos –ritualismos, ceremonias, conceptos-carentes de sentido profundo, y aún más carentes de relación con la naturaleza, esto es, con la realidad.

Si el libro que comentamos hubiese hecho referencia a este punto, nosotros habríamos concordado plenamente. Pero, el autor prefirió el recurso simplista de presentar el actual estado de situación, para desde allí negar la posibilidad de una proyección de estas ideas, evadiendo el compromiso que requiere hacerse cargo precisamente de la situación actual, para generar una propuesta contraria y viable.

Por ello, ya en nuestra ponencia para el Segundo “Encuentro Ideológico Internacional de Nacionalidad y Socialismo”, realizado en Bolivia en año 2001, sostuvimos que quienes intentan permanecer en el futuro anclados en el pasado, actúan desde el Optimismo y desde el Mesianismo: la pretensión de que el Nacionalismo per se –sin voluntad, sin evolución y sin acción- posee viabilidad en el futuro, esto es el “optimismo”, y que a la par, ese futuro le depara un triunfo asegurado, esto es el “mesianismo”.

Nosotros somos jóvenes chilenos del Siglo veintiuno. No del Siglo Veinte y menos del Diecinueve.

Por ello, nuestras propuestas, nuestros programas, nuestra estrategia y –fundamentalmente- nuestra visión de la realidad, está anclada claramente en el futuro, no en el pasado.

Pero ello no significa “renegar” del pasado ni nada por el estilo. Un árbol no reniega de sus raíces por concentrar sus esfuerzos en que sus ramas más altas se acerquen al sol, y tampoco deja de crecer a pesar de que hojas, e incluso ramas deban caer porque simplemente ya no tienen vida y cumplieron su función.

Claramente entonces, el desafío de las perspectivas futuras del Nacionalismo no está anclado en el pasado, sino precisamente en el futuro.

Y para construir el futuro hay que conocer, comprender y vivir el presente tal cual es y no como nos gustaría que fuese.

Nuestra segunda ponencia, “Nacionalidad, Socialismo y Globalización”, presentada en México el año pasado, se hizo cargo precisamente de ello y pronosticó algunos procesos que se han venido desarrollando ya durante el presente año a nivel continental, y que tendrán profundas repercusiones en el devenir de la próxima década.

Allí sostuvimos que: Por ello, nuestro principal deber es lograr reformular las tesis originales de acuerdo a la actual fase de desarrollo del conflicto, para generar todo un modelo ideológico y práctico diferente: una propuesta de igual potencia que las ideas y acciones del mundialismo, y completamente contraria a éste”.

Es en este sentido profundo que Patria Nueva Sociedad no representa ni cae en ninguna de las categorías anteriormente enumeradas. Y por ello, sabemos que nuestras acciones -pero en mucha mayor medida, nuestros planteamientos-, tendrán profundas repercusiones en el desarrollo de las ideas nacionales para el presente siglo.

Por ello, nosotros estamos, verdaderamente, Construyendo Futuro.

Eso es lo único que nos permite realizar este análisis desde esta posición. Nada más.

Y la construcción del futuro es fundamentalmente una labor mental, una labor de conciencia, una labor de voluntad, y por cierto, una labor de acción.

Cuando nosotros hablamos de Nacionalismo, por ende, no nos estamos refiriendo a ninguna de las categorías existentes que antes mencionamos: por el contrario, estamos haciendo referencia a algo que debe ser construido como alternativa viable a la actual realidad.

No a lo que ha existido como Nacionalismo, ni a lo que queda de ello, sino a algo que aún no existe, y que por ello debe ser re-creado: construido.

Adicionalmente, nuestro análisis nos lleva a hacer notar una cuestión fundamental: Chile terminó el siglo XIX de la misma forma en que terminó el Siglo XX: esto es, con el Alma Nacional Dividida.

Efectivamente, el Siglo XIX culminó con las heridas aún abiertas de la Revolución del ’91, como el Siglo XX aún no cierra las heridas del ’73.

De allí que nuestra primera misión fundamental sea el que nuestros militantes logren comprender cabalmente lo que significa una Concepción Nacional: una concepción que no puede ser reducida a nada menos que la Nación en su conjunto. Que por ello no representa “partes”. Que no aspira a nada menos que al bienestar de todos y de cada uno de los hijos de la Patria. Que de ninguna manera puede ser expresión de izquierdas, centros, derechas, arribas o abajos, sino precisamente del Todo.

Esto es, en lenguaje actual: una visión Holística e Integradora, donde el todo es más que la suma de las partes.

Paralelamente, ello requiere comprender, conocer y vivir la realidad tal cual es, de modo que la comprensión, conocimiento y vivencia de la naturaleza es parte fundamental de nuestra formación. Y vivir la realidad, vivir la naturaleza, equivale aceptarla tal cual es, y no como nos gustaría que fuese.

Tal cual es, porque sólo desde allí podremos cambiarla, y no tal como nos gustaría que fuese, porque así únicamente podemos sufrirla, esto es: tolerarla.

Nosotros no “toleramos” lo que sucede en Chile. Nosotros queremos cambiarlo. Y para cambiarlo, debemos vivir en el Chile de hoy tal cual es, día a día.

Sin embargo, sabemos perfectamente que ello no pasa únicamente por cambiar la realidad de Chile, y por ello, un Nacionalismo del Siglo XXI tiene que ser capaz de proponer, a la par, acciones locales y pensamientos globales.

Un Nacionalismo para el futuro debe ser capaz de generar conceptos cuya amplitud abarque al Planeta en su conjunto, y que no obstante puedan y deban ser aplicados en forma específica y diferente por cada realidad Nacional, Regional y Local, sin menoscabo de lo anterior.

Finalmente, todo lo anterior implica necesariamente la permanente puesta en práctica de nuestras ideas, la Acción nacida de la Voluntad.

Si hacemos una proyección de estos preceptos, es muy posible que ni siquiera el concepto Nacionalismo, e incluso Socialismo Nacional, sean categorías precisas para definir lo que Patria Nueva Sociedad está construyendo: la realidad se resiste a ser disectada, más aún cuando se trata de procesos en desarrollo.

Por todo esto, no nos interesa como otros dicen que será el futuro: nos interesa construirlo.

Y estamos construyendo las bases del futuro Nacionalismo Chileno, no desde los escombros de su pasado, sino desde nuevos cimientos cuyos fundamentos ni siquiera han comenzado a fraguarse.

No estamos, por ello, de modo alguno interesados en la “unidad” del Nacionalismo chileno. El pasado ha dejado a la Nación con el Alma Dividida. Y muchas divisiones, aún estando juntas, no constituyen una nueva Unidad.

No nos importa para nada, entonces, si aquellos que llegan al Movimiento son de “izquierda”, de “derecha”, “pinochetistas”, “antipinochetistas”, “conservadores”, “liberales”, “nacionalsocialistas”, “fascistas”, “nacional revolucionarios” o lo que sea: únicamente nos importa que sean chilenos, y que estén dispuestos a aprender desde cero, lo que implicará serlo, vivirlo y sostenerlo en el presente siglo.

Nosotros estamos interesados en construir el futuro, y es únicamente a eso a lo que invitamos a todos los chilenos: a nada más… pero a nada menos.

Por una Patria Nueva y una Nueva Sociedad
¡Chilenos, a la Acción!