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Pardes Un estudio en la Cábala
Por Israel Shamir
Traducción de Germán Leyens
El camino a Suez
En 1973, mi gallarda unidad de los Boinas Rojas fue llevada en helicóptero al amarillo Desierto al Este de Egipto y aterrizó a unos 101 kilómetros de El Cairo. Nos dieron órdenes de bloquear la ruta de El Cairo a Suez, y durante dos días decisivos ocupamos unos pocos cerros pequeños frente a los imponentes riscos de Jabal Attaka, rechazando a tiros todo avance de los tanques y comandos egipcios. Éramos sólo unos cien hombres pobremente equipados con anticuadas armas antitanque, pero los egipcios pensaron que teníamos por lo menos la dimensión de una división. Nos enterramos en los montes encontrando protección en su suelo amarillo contra las poderosas salvas del fuego enemigo; y volvíamos a salir cuando los cañones cesaban el fuego para permitir que su infantería nos expulsara. Los tanques egipcios que iban hacia el Este caían bajo nuestro fuego y se detenían para recomenzar el bombardeo. Nos aferramos a nuestro cerro, aunque no teníamos agua, ni tiempo para enterrar a nuestros compañeros muertos. Era bastante difícil impedir que los perros del desierto, hambrientos y escuálidos, se dieran un festín con sus hinchados cuerpos púrpura.
Ninguno de nosotros, con la posible excepción de nuestro comandante, comprendía la lógica de nuestras acciones. “No era cosa suya el porqué”, los soldados no combaten sobre la base de que necesitan saber. Tratamos de hacer nuestra tarea y sobrevivir. Sólo dos días más tarde, cuando las columnas blindadas del general Brenn nos alcanzaron, supimos de los planes del Estado Mayor de aislar al Tercer Ejército egipcio en la orilla Este del Canal de Suez, y arrancar la victoria de las mandíbulas de la derrota. Mucho más tarde supimos cuál era el hombre que lo había posibilitado - Henry Kissinger, el Secretario de Estado judío de EE.UU. que dio la luz verde y extendió el paraguas nuclear de protección sobre las tropas israelíes (1). Le había dicho a una indecisa Golda Meir que rompiera el cese al fuego ordenado por el Consejo de Seguridad y completara el cerco. Sólo entonces nuestra modesta acción comenzó a encajar en una estrategia.
De la misma manera, un judío raramente sabe o comprende lo que los judíos esperan de sí mismos y de una humanidad desconcertada. Esta falta de comprensión lleva a que muchos excelentes hombres y mujeres proclamen su apoyo (u oposición) al cuerpo político llamado ‘los judíos’. Haber nacido y haber sido criado como judío no ayuda para nada, de la misma manera que ser miembro de unidades elite no asegura la comprensión de los planes del Estado Mayor.
Una persona de pocos conocimientos es descrita en la tradición judía como un "tinok shenishba", "un niño raptado".
Un niño judío raptado no tiene idea de las costumbres judías, sólo sabe que pertenece a los judíos. Recientemente, el presidente de Israel, Moshe Katzav, describió a los judíos no-religiosos como "niños raptados", e incluso los judíos religiosos tienen una comprensión muy limitada de los planes judíos de organización del mundo. Muchos israelíes expresaron su cólera ante las palabras de Katzav, pero tenía razón. El ‘judío’ promedio tiene muy poco conocimiento y comprensión de los temas de los que trataremos; es muy probable que él (o ella) se considere como judío simplemente porque sus abuelos fueron judíos.
Nuestro objetivo es comprender y explicar lo que quieren ‘los judíos’.
Tarea difícil, porque los judíos no tienen líderes obvios que creen una sola estrategia, ni una central ni un comando único. Es difícil aceptar que los judíos puedan tener una estrategia, pero no un estratega, y los "Protocolos de los Ancianos de Sión" son populares precisamente porque postulan un tal estratega (aunque sea críptico). Sin embargo, "las langostas, que no tienen rey, y salen todas en cuadrillas" (Proverbios 30:27) devastan países enteros como si lo hicieran según un plan.
Es posible que no haya (o casi no haya) judíos que comprendan por completo lo que quieren ‘los judíos’. El término ‘Los Judíos’, tal como lo utilizamos en este artículo, quiere denotar una persona espiritual de alto rango, relacionada con los judíos individuales como la Iglesia Católica se relaciona con un individuo católico, o una colmena a una abeja. Por lo tanto, no existe una culpa subjetiva asociada con judíos individuales, a menos que sus acciones o inacción específicas sean criminales o pecaminosas per se. Por lo tanto, este discurso debería ayudar a un individuo a decidir si quiere ser un judío o no, de la misma manera como uno puede decidir si quiere ser comunista o cuákero.
Ser o no ser
Nació en una familia judía, vino a Cristo, pero evitó la comunión total con la Iglesia porque consideró que la Iglesia era demasiado pro judía (2).
Para ella, no sólo los profetas hebreos, sino los griegos y galos, indios y chinos, alemanes y eslavos, sabían de Cristo antes de que Él naciera.
Rechazó la aseveración de las “raíces judías” del cristianismo, diciendo que la adopción indiscriminada del Antiguo Testamento fue más bien un “defecto de nacimiento” de la Iglesia. Su Cristo se encontraba cerca de Dionisio y Attis, mientras que Deméter e Isis fueron prefiguraciones de Nuestra Señora. El espantoso acto de la Crucifixión podía ocurrir sólo en un sitio donde el Mal dominaba sobre el Bien, en sus propias palabras.
Simone Weil tampoco estuvo sola. De San Pablo a Santa Teresa de Ávila, de Karl Marx a León Trotsky, fueron personas que nacieron en familias judías y que rompieron con el redil y se unieron a la gente con la que vivían. Y esas personas no sólo fueron unas pocas, sino una vasta mayoría. De siete millones de judíos en los días de San Pablo, sólo unos pocos miles siguieron siendo judíos en el siglo VIII, el resto se hicieron palestinos e italianos, franceses y egipcios, cristianos y musulmanes. Millones de judíos del siglo XX y sus descendientes también fueron exitosamente asimilados.
Algunos fueron recibidos en la Iglesia Católica como Edith Stein, otros en la Iglesia Ortodoxa como el Padre Alexander Men, otros en el Islam como mi compañera israelí, la maravillosa Neta Golan; otros se casaron fuera del redil judío y rompieron con los judíos.
El matrimonio fuera de la comunidad representa el signo máximo de ‘cruce de las líneas’.
Deborah Lipstadt, que ha escrito y ha dado ampliamente conferencias sobre el negacionismo del Holocausto, ha llamado a los padres judíos a decir rotundamente que no al matrimonio mixto [con no-judíos], de la misma manera que esperan que sus niños no tomen drogas. (3)”
Elliott Abrams escribió un libro: "Faith or Fear: How Jews Can Survive in Christian America”, [Fé o Temor: cómo los judíos pueden sobrevivir en EE.UU. cristiano] en el que critica el matrimonio mixto como un peligro para la supervivencia judía en EE.UU. (4).
Meir y Lipstadt han seguido la línea tradicional de los judíos: el Antiguo Testamento glorifica a Fineas que mató a un hombre judío por haber tenido relaciones sexuales con una mujer gentil; Ezra excluyó a todos los sacerdotes judíos que habían contraído un matrimonio mixto con palestinas nativas, el Talmud comparó el matrimonio mixto con la bestialidad: ‘porque los gentiles están más cerca de las bestias que de los judíos’. Enla tradición judía, se supone que una familia judía debe realizar ritos fúnebres sólo formalmente si su hijo o hija se casa con un goy [no-judío, peyorativo].
Los Donme, los seguidores de Sabbatai Zevi en Turquía, aceptaron en apariencia el Islam, pero siguieron casándose sólo dentro de su comunidad. Esta peculiar secta jugó un papel importante en los trágicos acontecimientos de Turquía a principios del siglo XX; algunos historiadores turcos relacionan a esta secta con la expulsión genocida de los armenios, las masacres de griegos en Anatolia y con las políticas contrarias a la traducción de Kemal Ataturk.
Con esta tradición críptica en mente, comprendemos que el matrimonio mixto es un paso importante, una verdadera ruptura que exige mucho carácter, independencia mental, algo que puede enorgullecer a sus hijos. Porque un matrimonio es muy afín a la comunión; un matrimonio mixto es siempre un acto de rebelión contra el judaísmo, una ruptura hacia la libertad, un pacto con el pueblo nativo.
Bajo circunstancias normales, este proceso bendito hubiera esfumado a los judíos en cien años, pero fue detenido e incluso invertido recientemente.
Como los judíos forman ahora un grupo de elite, los ‘de arriba’, los hijos de los matrimonios mixtos vuelven al redil. Otros ‘descubren sus antepasados judíos’ igual que los británicos ‘descubrieron su origen normando’. Importantes candidatos a la presidencia de EE.UU. en 2004 compiten por encontrar sus ‘raíces judías’.
La abuela de Hillary Clinton se casó con alguien llamado Max Rosenberg, y John Kerry "averiguó que sus dos abuelos por el lado paterno eran judíos" (Kerry era originalmente Kohn).
Los hijos de Howard Dean y de su mujer cristiana de origen judío fueron educados como judíos. Por lo tanto todos los esfuerzos de la generación anterior están siendo deshechos en nuestra época.
Los hijos de matrimonios mixtos suelen no comprender la acción iconoclástica de sus padres, y los padres a menudo dudan antes de explicar la importancia sacra de su acto a sus hijos, los cuales, en lugar de enorgullecerse, tratan de invertirlo y ‘retornar’ al redil judío.
Su intento de ‘retornar’ está destinado al fracaso, porque un tal niño jamás puede llegar a ser un ‘judío enterizo’ según la ley judía. Él o ella no podrá casarse con un Cohen, o en realidad con ninguna familia judía ‘verdadera’.
Su posición es prácticamente la misma de un mamzer, un bastardo, “un hijo de puta”.
Por cierto, a principios del siglo XX, el hijo de un matrimonio mixto se identificaba casi siempre con los nativos de su país. Pero esa tendencia fue contrarrestada por la narrativa del Holocausto, una construcción ideológica que imponía a los descendientes de los judíos un sentimiento fatalista de ‘no hay escape’. “No importa si eras un judío de pura cepa o si sólo tenías unas pocas gotas de sangre judía, si te habías bautizado o no – igual serías asesinado por los nazis de Hitler. Por ello, quédate con los judíos y apoya a los judíos” – ésta es, en breve, la idea impulsada por los judíos para conservar su periferia, los descendientes de judíos.
Así los judíos, tal como los presentan los ideólogos del Holocausto, convirtieron a Adolfo Hitler y sus nazis en su mejor aliado.
No es simple coincidencia que Lipstadt, obsesionada por la ‘pureza judía’ protesta contre el estudio histórico crítico de los trágicos acontecimientos de la II Guerra Mundial, porque la narrativa oficial del Holocausto apunta a mantener a los judíos como sirvientes obedientes de los judíos. Fue probablemente por esta misma razón por la que los banqueros judíos suministraron un temprano apoyo a Hitler y a su partido en su camino al poder.
La realidad fue algo diferente de la narrativa fatalista de los ideólogos del holocausto: más de 150.000 hombres de origen judío sirvieron en el ejército de Hitler, como lo documenta un profesor de historia en la Universidad Militar de EE.UU., Bryan Mark Rigg (6); entre ellos estaban el almirante Bernhard Rogge que recibió su Cruz de Caballero de Hitler en persona, el general Johannes Zukertort, el general de la Luftwaffe Helmut Wilberg, mariscal de campo Erhard Milch y muchos otros.
“Estoy tratando del judaísmo, en el sentido platónico, como una idea. El judío absoluto no tiene más realidad que el cristiano absoluto. Para derrotar al judaísmo, un judío debe comprenderse primero a sí mismo, y combatir contra sí mismo. Sólo una firme resolución, unida al mayor auto-respeto, puede liberar al judío del ser judío. Por ello la cuestión judía sólo puede ser resuelta individualmente; cada judío en particular debe tratar de resolverla en su propia persona” – descubriendo la presencia de Dios en el mundo, es decir descubriendo a Cristo.
El hombre al que Hitler calificó de ‘su amigo paternal’, el poeta bávaro Dietrich Eckart combinó una línea anti-judaica con el pensamiento anti-capitalista. Creía que el elemento judío está presente en todos los pueblos y todas las naciones; tiene que ser superado pero no puede ser totalmente aniquilado (7). Judíos y arios corresponden a contrarios como Ying y Yang, a su juicio, una nación necesita algo de ‘judío’ (egoísmo), para sobrevivir. Sentía mucho respeto por los judíos que se volvían hacia Cristo. Hitler le dedicó el segundo volumen de Mein Kampf.
A pesar de su admiración por Weininger y su amor por Eckhart, la mente pragmática de Hitler prefirió, antes de combatir el enfoque judaico, imitarlo convirtiendo a ‘su propio pueblo, los alemanes’ – en el Pueblo Elegido. Esta actitud racista causó un océano de sufrimientos a todas las naciones de Europa y arruinó el viejo continente por años.
No obstante es importante recordar que una lectura negativa del judaísmo no es inherentemente racista, sino que puede llegar a ser ideológica y teológicamente sublime.
El pensamiento anti-judaico está en los fundamentos del cristianismo y del comunismo, para mencionar sólo dos de las ideologías más importantes. Los judíos tratan de presentar la línea anti-judaica como racismo. Aunque el pensamiento anti-judaico ha existido durante siglos, los judíos insisten en utilizar el nombre de “antisemitismo”, una teoría racial relativamente reciente de fines del siglo XIX.
Para el antisemita, un judío tiene cualidades innatas inherentes e incambiables, mientras que el pensamiento anti-judío analiza y combate la tendencia judaica – en el arte, la ideología, las ciencias políticas. Pero los judíos no pueden confrontar una objeción razonada, racional, a sus ideas, e insisten en el mantra “Es por lo que somos, no por lo que hacemos”, del que recientemente se apropió el presidente Bush. Así que tiene que ser racismo. David Mamet, el dramaturgo judío-estadounidense, vio un Volvo con una pegatina en el parachoques “Israel ¡fuera de los asentamientos!”, un eslogan que en sus palabras “podría traducirse como “¡Judíos de nariz ganchuda muéranse!”
Graham Barrett escribió en el periódico de dirección judía The Age 8: “el primer ministro malasio saliente lanza un disparo de adiós a los judíos “de nariz ganchuda” que “gobiernan el mundo por encargo”, “un sentimiento repetido en otras capitales islámicas”. Barrett miente: el Dr. Mahathir no hizo la observación racista que Barrett le atribuye. Mamet también mintió: la persona que conducía el Volvo con la pegatina podría fácilmente haber sido un hombre o una mujer de origen judío.
Recibí un correo de un tal “Sam Jones” que decía: “Sus valientes esfuerzos y escritos son apreciados en toda esta nación. Comparto profundamente su desdén por las alimañas sionistas de nariz ganchuda. Habría que volver a poner a todo inmundo judío en los hornos. Gracias una vez más por su ayuda en la difusión de este mensaje vital”.
El rastro de su dirección de correo electrónico condujo a un cierto provocador sionista, pero la investigación no era necesaria: “nariz ganchuda” es un signo evidente del esfuerzo judío por convertir toda polémica antisionista o antijudaica en polémicas racistas. Por cierto, “Sam Jones” también envió correos similares a otros amigos de Palestina.
Jeff Blankfort, un acérrimo antisionista de origen judío, lo caló de inmediato; sin embargo, otros, como nuestro amigo gentil Harry Clark, se echó atrás y se retiró de la discusión.
Por suerte, las personas de origen judío son inmunes a este tipo de ataque psicológico.
Por eso en los primeros años de los Soviets, los devotos comunistas de origen judío (Evsekcia, la sección judía) atacaron el judaísmo, mientras que gentiles de buen corazón (Kalinin y Lunacharsky) erraban por el lado filosemita.
Otto Weininger señaló:
Sus palabras son aún más relevantes ahora: con el Alza de los Judíos, el peso de la tarea de atacar el judaísmo recae sobre la gente conraíces judías.
Durante años, ha habido una continua discusión en la que “¡antisionismo es antisemitismo! alterna rápidamente con: “¡No confundan sionismo con judaísmo! ¡Cómo se atreve, antisemita!” – en boca del divertido Michael Neumann. Críticos de Israel juran a diario que no son antisemitas. Mientras rechazamos el prácticamente inexistente antisemitismo biológico racial, esa aberrante teoría del siglo XIX, podemos abrazar la gran tradición anti-judaica de San Pablo, Marx, Simone Weil.
El antisionismo podrá ser anti-judaico o no, pero el Evangelio ciertamente lo es.
Sólo Dios es benevolente, mientras que los judíos son perfectamente capaces de actuar destructiva y malevolentemente hacia el mundo en el que vivimos, hacia la naturaleza y hacia los no-judíos.
Esta clara desconexión del pensamiento anti-judaico con el antisemitismo biológico debería haberse realizado hace tiempo, porque devolverá nuestro mundo a la normalidad.
Los antisionistas se darán el lujo de elegir entre estar contra el sionismo, considerándolo un fenómeno aberrante (el punto de vista del rabino Arik Asherman), o andar el camino hasta el final y rechazar el sionismo como parte inherente del paradigma judaico (mi punto de vista).
Finalmente esto revivirá los esfuerzos por contrarrestar y contener la tendencia judaica, ante todo alentando a personas de origen judío a no darle apoyo. Pero, ¿qué es la tendencia judaica y por qué debería ser derrotada? La exégesis judía ofrece cuatro niveles crecientes de penetración en el significado profundo de los versos bíblicos.
Los cuatro niveles son abreviados como"PaRDeS" (Paraíso, o huerto), por ‘peshat', o lectura sencilla, y ‘raz’ , ‘derash’ y ‘sod’ – el contenido místico más profundo.
Seguiremos ese esquema para exponer los designios de los judíos: mientras peshat tiene que ver con dinero, raz trata del discurso, derash es el nivel político y sod es el ámbito teológico.
El Hombre de más arriba
(Peshat)
Tres ladrones, con suficiente suerte para salvarse de sus perseguidores, pero arruinados y abatidos, su camino los lleva hasta una pequeña ciudad de la región central de EE.UU.: así empieza un cuento gracioso, “The Man Higher Up” del virtuoso estadounidense del género, O.Henry.
Esos hombres representan tres tipos de chanchullo: Bill es un ladrón, Jeff es un estafador, mientras que Alfred vende acciones basura. Finalmente, Bill asalta un banco y abre un salón de póquer, Jeff marca los naipes y despluma a Bill, “dejándole un gato negro y ansias de conocer mundo”. Pero la alegría de Jeff dura poco: invirtió los beneficios de sus operaciones “de negocios” en acciones de una mina de oro, sólo para descubrir demasiado tarde que las acciones están firmadas por el Director Ejecutivo A.L. Fredericks, que no es otro que su compañero delincuente Alfred E. Ricks. Por lo tanto, los beneficios del robo pasan a un empresario y terminan con un especulador, y entonces Jeff, el estafador, exclama: ¡la especulación de Wall Street y los robos deberían ser eliminados por la ley!
Esta historia podría ser leída como una parábola de los destinos estadounidenses. Bill el ladrón simboliza la adquisición primaria (o "acumulación primitiva", en boca de Marx).
Los pioneros originales mataron a los nativos y robaron el nuevo continente. Cavaron buscando oro y petróleo, convirtieron praderas en campos de trigo y se eternizaron en los carteles de Marlboro como intrépidos vaqueros. Jeff, el yanqui, un típico empresario estadounidense, desplumó a Bill, abrió negocios y bancos, vendió Coca Cola, creó compañías petroleras, engañó al Sir, convirtió a América Latina en su patio trasero compuesto de repúblicas bananeras, sólo para llegar a ver su dinero invertido con A.L. Fredericks alias Goldman Sachs, Marc Rich, Michael Milken, Andrew Fastow et al.
En la vida real, como en el cuento, A.L. Fredericks había estafado a Jeff el estafador. Tomó sus dólares reales y los convirtió en “dinero que no vale nada”, ‘pagarés no canjeables, sin intereses, de la Reserva Federal, que no son respaldados salvo por la confianza de los crédulos’, en las palabras de un gracioso de Internet. Por 650.000 millones de dólares emitidos, la Reserva Federal sólo tiene 17.000 millones de dólares en patrimonio, ‘la verdadera garantía’. EE.UU. tiene ahora 38 billones de dólares de deuda total incurrida por Alfred en relación con un PBI de 10 billones de dólares producidos por Bill y Jeff. La mayor pirámide de todas está construida sobre los mismos principios que la pirámide albanesa que arruinó a ese pequeño país balcánico hace unos pocos años. Llegará el momento en que Jeff, la clase media estadounidense, sentirá el apretón de una crisis próxima que amenaza con hacer parecer pequeña la de 1929. Bill, el trabajador estadounidense, ya la siente. La ruina de la clase trabajadoraestadounidense e incluso de su clase media es inevitable, porque las increíbles riquezas de EE.UU. han desaparecido en el agujero negro de Alfred.
¿Podemos tratar de identificar con mayor precisión a ‘Alfred’, el Hombre de más arriba, más que simplemente como un ‘hombre rico malo’? ¿Quiénes son los que se benefician en neto con la pirámide?
Un nuevo estudio nacional (9) de Lisa Keister, profesora asociada de sociología en la Universidad del Estado de Ohio, dice que ‘la riqueza (o la valía neta media) de la gente judía en EE.UU. es de 150.890 dólares, o sea más de tres veces la riqueza promedio de los estadounidenses (48.200 dólares). (En comparación, en 1958 la riqueza de un judío estaba apenas un poco por debajo del promedio). La riqueza de los protestantes conservadores (el Bill de la historia) es de 26.200 dólares, o sea aproximadamente la mitad del promedio general. La riqueza de los protestantes y católicos mayoritarios (Jeff en la historia) es aproximadamente el promedio de toda la muestra.
Por lo tanto, el judío tiene tres veces más riqueza que el tan difamado Jeff el WASP [blanco protestante anglosajón] y seis veces más riqueza que el aún más despreciado Bill el redneck [sureño reaccionario de la clase baja].
“Lo que divide el mundo es el hecho de pertenecer o no a una especie dada. La causa es la consecuencia; se es rico porque se es judío, se es judío porque se es rico”, en las resonantes palabras de un destacado erudito marxista sobre el colonialismo, Frantz Fanon (mutatis mutandis): hablaba de los “blancos” en la realidad colonial de África).
Keister señaló que: “un tercio de los judíos invierten en activos de alto riesgo, de elevada rentabilidad como acciones y bonos, en comparación con ninguno de los protestantes conservadores, y un 4 por ciento de los católicos”.
Aunque los judíos no poseen un monopolio de la especulación en Wall Street, constituyen el núcleo duro del colectivo de los A.L. Fredericks. Forma parte de su tradición.
Seligman fue también el que movió los hilos tras el caso Panamá, una estafa en el mercado de valores que se hizo proverbial en Francia.
“Durante la Prohibición, -señala Robert Rockaway, autor de un apologético libro sobre los gángsteres judíos-, un cincuenta por ciento de los principales contrabandistas eran judíos, y criminales judíos financiaron y dirigieron gran parte del tráfico de narcóticos del país...
Esos mafiosos defendieron y apoyaron a la comunidad judía.” (12)
Murder Inc., la banda de Chicago dirigida por judíos, suministró armas a los sionistas; el gángster judío Mickey Cohen reunía dinero para los terroristas judíos de la banda Irgun. (13).
La actual dirección de los judíos estadounidenses está formada en gran parte por hijos de gángsteres judíos, asesinos, contrabandistas y estafadores; por ejemplo: los Bronfman, hijos de Bronfman el Contrabandista, o Michael Steinhardt, hijo del mafioso “Red Steinhardt”, uno de los principales patrocinadores del candidato presidencial demócrata Joseph Lieberman (14).
El Dr. William Pierce escribió un interesante material sobre tunantes judíos (14).
Sí, claro, el Dr. Pierce es un racista de extrema derecha, pero eso no invalida sus observaciones. La mitad del discurso antisionista fue basado en libros de Benny Morris, un nazi israelí, que alabó la limpieza étnica de palestinos y lamentó que Palestina no fuera libre de goys.
Si utilizamos las obras de Morris, no hay motivo para desdeñar al Dr. Pierce que escribió:
“¿Recuerdan la inmensa catástrofe de ahorros y préstamos durante los años 80 que terminó costando a los contribuyentes estadounidenses 500.000 millones de dólares? Una gran parte del motivo del colapso de la industria de los ahorros y préstamos en los años 80 fue la enorme inversión en los así llamados “bonos basura” por parte de tantas instituciones de ahorros y préstamos. Y el individuo tras los bonos basura – el genio financiero que persuadió a los de ahorros y préstamos para que los compraran – no fue otro que Michael Milken.
Pero en realidad, A.L. Fredericks está relacionado con los judíos, sea judío o no.
El jefe de las finanzas de Enron fue Andrew Fastow, descrito por el rabino de su sinagoga como ‘un mensch, un miembro muy comprometido de la comunidad. Es activo en el apoyo de causas judías, es un devoto partidario de Israel’ (15) mientras que su mujer Lea (que ahora está negociando un acuerdo con el fiscal) (16) Weingarten, que ‘proviene de una destacada y muy respetada familia filantrópica’, no se perdía una lección en la sinagoga.
Pero Kenneth Lay, el goy en la cumbre del escándalo Enron, también era un devoto de la causa judía.
Él y su mujer, igualmente gentil, Linda donaron 850.000 dólares en un evento de recolección de fondos el año pasado para el Museo del Holocausto en Houston, Texas, según el Jerusalem Report (17), y concluyó: “en total, Enron estuvo relacionado con cerca de un tercio de los 3,5 millones de dólares recolectados en el evento, que honró al antiguo senador de Texas, Lloyd Bentsen, y a la cronista del Holocausto Ruth Gruber.»
Vemos de nuevo esta asombrosa, alucinante, estrecha conexión de tunantes y – no judíos, sino causas judías, sea el culto del Holocausto o la causa sionista. Lay y Fastow robaron miles de millones de dólares de Jeff el Inversionista, robaron aún más de Bill el Trabajador, mientras Lea Fastow-Weingarten trasvasaban el dinero hacia refugios libres de impuestos en las Islas Caimán. Pero cuando se trataba de caridad, no se preocupaban de los pobres estadounidenses, o de africanos hambrientos. Daban su diezmo a la causa judía.
Posee el Jerusalem Post, un periódico sionista extremo que critica a Sharon por su falta de fervor. Como era de esperar, resultó ser un pillo. Desvalijó los activos de las compañías que dirigía y robó cientos de millones de dólares (18).
Pero un individuo rico que gusta de los judíos y gasta tanto en las causas judías es invariablemente un pillo, sea un judío como Fastow o un Goy como Lay.
Si el vínculo de los criminales judíos con la causa judía puede ser explicado por sentimientos étnicos, ¿qué es lo que hace la causa judía tan atractiva para los pillos gentiles?
Para responder a esta pregunta fundamental, comenzaremos con los motivos psicológicos de los pillos judíos.
El Dr. William Pierce ofrece una perspectiva interesante:
No es la única ventaja de un pillo judío. El sentimiento de victimización impuesto por su sociedad es aún mejor, porque como víctima perenne, el judío siente la necesidad de corregir la ‘injusticia’ mediante alguna acción extra-legal. Los israelíes explican su robo de tierras jordanas en el Valle Arava por su deseo de corregir la “injusticia” de la naturaleza: por razones geológicas, los mejores suelos aluviales se acumulan en el banco este jordano de Arava. El robo de tierras palestinas fue explicado (por el rabino Lerner, entre otros), por la necesidad de corregir la ‘injusticia’ de la ocupación romana de Palestina hace 2000 años. El establecimiento del Estado judío es explicado por la ‘injusticia’ de que los árabes tengan 22 Estados, mientras que los judíos no tenían ninguno.
El robo diario de los bancos suizos corrigió la ‘injusticia’ de las confiscaciones nazis, aunque los bancos nunca tuvieron depósitos judíos. De cierta manera, los museos del Holocausto son un factor importante en el crecimiento de la criminalidad judía, porque refuerzan el sentimiento de la calidad de víctima judía.
“Esta seudo calidad de víctima que justifica toda clase de daño es el motor de la criminalidad judía”, escribió Ken Freeland, un pensador religioso texano. La extrema combatividad, el estado de guerra con la sociedad [gentil], una característica constante de la tendencia judía, suministra otra explicación de la criminalidad judía. El estado de guerra que permitió a los judíos cobrar intereses, recaudar impuestos exorbitantes, comerciar con alojamientos en los barrios bajos y con propiedad robada, se ha convertido hasta cierto punto en la norma de la ‘sociedad abierta’ neoliberal, en la que cada uno está en guerra con todo el resto del mundo. Desde el punto de vista de Freeland, “igual como los criminales judíos creen que su criminalidad es exonerada, compensada o justificada por su contribución financiera en última instancia a las causas judías, así esos tipos de criminales gentiles sienten un sentido similar de expiación gracias a sus contribuciones. Los judíos (como Iglesia) “otorgan salvación” en circunstancias en que la Iglesia Cristiana exigiría arrepentimiento como condición previa; los judíos no discriminan entre riqueza legítima e ilegítima cuando aceptan donaciones”.
Freeland es convincente, pero lo que hace que los pillos gentiles escojan las causas judías no es sólo la disponibilidad de “salvación sin arrepentimiento”, sino un atractivo de la estructura judía para ciertos no-judíos a los que llamamos “mammonitas”; prefieren un paradigma de ‘outsider’ algo luciferiano, se sienten en guerra con la sociedad, libres de las limitaciones morales impuestas por la mayoría, y a pesar de ello elegidos por una entidad superior.
Estos ‘judíos copiones’ realmente creen que prosperarán en un mundo instrumentado por los judíos. Por ello apoyan la causa judía y admiran al Estado de Israel, el país sin limitaciones morales, asesino masivo y destructor de la naturaleza, lavador de dinero negro y uno de los principales exportadores de equipos de armas y tortura. Jacob Ben Efrat (19) , un activista israelí por la democracia, nos llama a “mirar hacia Tel Aviv donde una cuarta parte de la población se compone de trabajadores migrantes de Asia del este, Europa oriental y África. Los globalizadores capitalistas quieren una fuerza laboral flexible, que puedan transportar a su gusto de país en país. Como resultado, la brecha entre los que poseen y los que no poseen aumenta. Israel es un magnífico ejemplo.
Allí el quinto superior de la población gana 21 veces más que el quinto inferior (comparado con 11 veces más en EE.UU.)”- Este hecho hace que Israel sea tan adorado por los mammonitas gentiles.
Por lo tanto, para un estadounidense, europeo o ruso, la conclusión es clara: sus políticos favorables a Israel, pro-judíos constituyen lo peor para la gente y lo mejor para los pillos. Bastaría con que un potencial inversionista en Enron, equipado con este ensayo, investigara las contribuciones de Enron al museo del Holocausto y sabría suficiente como para llevar su dinero a otra parte, a menos que quiera perderlo por motivos tributarios. Un votante en California debiera consultar la opinión de Diane Feinstein sobre el Estado judío, y votar por ella, si le gusta la Guerra de Irak, la cara electricidad privatizada y un torrente de trabajadores ilegales. Por cierto, Diane Feinstein, demócrata nominal, contribuyó más a la Guerra de Irak que el republicano promedio. “Minutos después del discurso de Powell sobre la guerra, dirigentes demócratas del Senado como Joseph Biden de Delaware y Diane Feinstein de California proclamaron que era una acusación incontestable contra Irak, preparando así el camino para que su partido se alineara con la guerra que ahora está sólo a unos días o semanas de distancia”, señaló el sitio en la red de The World Socialist Web en febrero de 2003. (20)
La actual competencia por los votos judíos y mammonitas en las elecciones presidenciales de EE.UU. representa una mala señal para Bill y Jeff porque compiten por quién los va a despellejar mejor.
Al votar o al invertir, un estadounidense, europeo o ruso prudente debería buscar la compañía del candidato que no apoya la causa judía o sionista.
Por cierto, puede ser un voto por un político de origen judío, como el senador de Minnesota Paul Wellstone, muerto en un accidente aéreo muy oportuno en octubre de 2002. Wellstone era la voz más fuerte contra la guerra en Irak, y apoyaba la lucha palestina.
Michael Howard, el nuevo líder del Partido Conservador, es otro buen ejemplo.
Obviamente yo siempre preferiría ver a un británico gentil, blanco, anglosajón, celta, como primer ministro de Gran Bretaña. Pero cuando miramos a la cobarde actuación pro-judía, pro-sionista, de perro faldero de EE.UU. del actual ocupante de esa posición -Tony Blair- que tiene todas las características étnicas que he mencionado, podríamos tener motivos para reflexionar”.
Por cierto, un no-judío que gusta de la causa judía -como Tony Blair o Condoleezza Rice, Bill Clinton o George Bush– es mucho más peligroso que un judío que se mantiene alejado de las causas judías.
Como lo vimos anteriormente, los judíos y sus aliados mammonitas han sido los beneficiarios netos durante las últimas tres décadas, en circunstancias en que, en las palabras del destacado filósofo estadounidense, Immanuel Wallerstein, algunos han ganado mucho dinero, y otros han perdido hasta la camisa. “En realidad, la mayor parte del beneficio ha sido obtenido mediante manipulaciones financieras” (21), o, en nuestras palabras, A.L. Fredericks realizó sus beneficios a costa de Bill y Jeff.
Immanuel Wallerstein compara los eventos de 1968 con un ‘naufragio’, después del cual el talentoso A.L. Fredericks llega a duras penas a la playa, ‘sin preocuparse por sus compañeros que se estaban ahogando’, pero (para continuar con la parábola de Wallerstein con nuestras palabras) Bill y Jeff llegaron a interpretar la capacidad del talentoso para nadar hasta la orilla como una evidencia de esperanza para ellos.
Wallerstein no vio de qué se trata: esta interpretación no fue hecha por Bill y Jeff, sino por la agencia subsidiaria de entera propiedad de A.L. Fredericks, los medios de propiedad judía con sus expertos judíos. Sin ese instrumento, Fredericks hubiera sido emplumado, si no linchado en la mejor tradición estadounidense.
Un proceso similar ha tenido lugar en muchos otros países.
Menos conocido es que Rusia también tuvo su Jeff que estafó a Bill antes de que Alfred lo estafara a él. El Jeff ruso fue un apparatchik del Partido o un ejecutivo empresarial, alguien importante en los días soviéticos.
Gestionaba la industria del petróleo y del gas, creó un programa espacial incomparable; dirigió la inmensa red ferroviaria y aérea. Sin embargo, Jeff el goy era sólo un director, no el propietario de esos activos, y sucumbió a la tentación de ‘privatizar’ (léase – robar) la propiedad pública.
Desmanteló el sistema soviético, sólo para ver como Alfred lo estafaba.
En Rusia, también, Bill es el que pierde en última instancia: si bajo Jeff tuvo su modesto departamento y salario garantizado, Alfred objeta a esos lujos contrarios al mercado. En lo que respecta a Alfred, Bill puede morirse mañana si no puede competir con la mano de obra barata china o mexicana.
¿Por qué nos debería importar quién se guardó el dinero de Bill – si fue un ‘típicamente-americano’ Jeff el Estafador o un cosmopolita Alfred el Timador?
Por cierto, si el dinero judío fuera sólo dinero, sería un motivo legítimo de preocupación sólo para la clase media. Los socialistas de principios del siglo XX y la posterior Escuela de Frankfurt consideraron el antisemitismo como una ‘defensa pequeño burguesa contra el capital financiero’, una defensa de Jeff contra Alfred. Desde este punto de vista, un estadounidense de la clase media tiene una causa muy válida para preocuparse, porque es su sustento lo que está en peligro. Pero para el resto, y para los estadounidenses corrientes de la clase trabajadora, ¿hay motivo para preocuparse? Si uno se preocupa por el capital judío, ¿por qué no preocuparse por el capital de los musulmanes (el hombre más rico del mundo es el musulmán Sultán de Brunei) o de los armenios y asiáticos del este (otras comunidades ricas del exterior)?
Todo capital de minorías étnico-religiosas causa problemas, porque los capitalistas de las minorías no se preocupan generalmente por los trabajadores nativos. No están relacionados con ellos por vínculos de matrimonio o fe, y pueden ser mucho más crueles que los empresarios nativos. Las minorías étnicas capitalistas – armenios y griegos en el Imperio Otomano, los chinos de ultramar en el Lejano Oriente, los indios en África del este – presentan un paralelo fácil con la posición judía dentro del mundo cristiano.
La erudita china filipina Amy Chua (22) llamó a esas minorías ‘dominantes en el mercado’. Escribió:
Sin embargo, Alfred el judío es de una clase especial, y no por su crueldad. El Sultán de Brunei construye un palacio y le regala un Boeing a su hija. Paul Getty se encierra en un sitio lejano. Pero es que los judíos ricos compran medios de comunicación masiva, y los medios son instrumento de alteración de la mente. Por lo tanto, su influencia va mucho más allá de la dominación del mercado, hasta las aguas hasta ahora inexploradas de control de la mente.
La lista de judíos en posiciones elevadas en los medios es demasiado larga para incluirla aquí, y puede ser encontrada en otros sitios (por ejemplo en el nuevo prefacio de Kevin Macdonald (23) a Culture of Critique) [N.d.E.: este artículo ha sido borrado de la Web que aparece mencionada en las notas del artículo, usted puede ver una traducción aproximada pinchando aquí].
Al presentar la relación entre la riqueza y la influencia en los medios, Benjamin Ginsberg, Profesor de Ciencias Políticas en John Hopkins University escribió en 1993:
“Actualmente, aunque apenas un 2% de la población de la nación es judía, cerca de la mitad de sus multimillonarios son judíos. Los directores ejecutivos de las tres principales redes de televisión y los cuatro mayores estudios de cine son judíos, así como los propietarios de las mayores cadenas periodísticas y el periódico más influyente, el New York Times.” (24)
Esto tiene un supremo sentido, porque de otra manera, los medios libres apuntarían su dedo acusador en dirección a los culpables. El pueblo de EE.UU. exigiría que Alfred le mostrara sus bolsillos y devolviera lo robado. Sin embargo, semejante remedio nisiquiera se le ocurre a Joe Público. La razón es la participación judía en el discurso. Por ello, podemos completar el primer nivel de nuestro análisis con una nota puramente materialista, tan cercana a los corazones de los marxistas vulgares. Los judíos ricos compran los medios para encubrir sus fechorías ( y las de sus correligionarios). Los judíos en los medios protegen a los judíos ricos; en los medios derechistas, protegen a todos los ricos y poderosos; en los medios de izquierda, borran la distinción entre Jeff y Alfred. ¿Es esto pues lo que quieren los judíos?
Las dos damas de Estrasburgo
(Raz)
“Los judíos son los grandes defensores históricos del imperio de la ley, hasta el punto que han llegado a encarnarlo. El antisemitismo amenaza el imperio de la ley y la intolerancia hacia los judíos es el primer paso hacia un régimen dictatorial” (25).
La CIA no es famosa por su amor del imperio de la ley, sino del imperio de las elites. Por eso se puede leer la conjetura de Woolsey como: “Los judíos han llegado a encarnar el imperio de las elites”.
Opiniones similares son expresadas por el presidente George W. Bush, Condoleezza Rice, y todos los candidatos a la presidencia de EE.UU. que descubren rápidamente sus raíces judías, o por lo menos las raíces judías de sus mujeres y amantes. En realidad, como señalara correctamente el semanario israelí Vesty, cuatro de cinco principales candidatos tienen derecho a la ciudadanía israelí.
El mismo fenómeno se observa en el Imperio del Mal de antaño.
En la Europa oriental comunista posterior a la II Guerra Mundial, los judíos encarnaban el régimen del Kremlin, y formaban gobiernos, fuerzas de seguridad y los aparatos ideológicos de muchas repúblicas independientes y soviéticas. Su influencia fue más fuerte entre 1945 y 1956, cuando formaban parte de las elites nacionales más leales a Moscú. Después de 1956, al ganar más independencia esos países, su influencia en las estructuras del poder decayó, pero su parte en el movimiento de disidentes creció correspondientemente. Si antes los regímenes dirigidos por judíos en Hungría, Polonia y Checoslovaquia eran comunistas de la línea dura ahora la ascensión de los judíos ha ocurrido bajo la bandera de Barras y Estrellas.
Después de las revoluciones de los años 90, los judíos (lejos de ser numerosos) se convirtieron en la personificación del estilo occidental, del mundo unipolar de EE.UU. Se nota en Polonia y Hungría, Bulgaria y Rumania: los nuevos gobernantes post-comunistas establecieron estrechas relaciones con el estado judío, abrieron museos del Holocausto, predicaron la guerra contra el antisemitismo, que es identificado con anti-americanismo tal como solía ser identificado con anti-sovietismo. En el mundo post-comunista, los judíos son considerados a menudo como la quinta columna de la globalización dirigida por EE.UU. (26). En la actualidad, las fuerzas pro-estadounidenses (descritas como pro-democracia o pro-mercado en las publicaciones occidentales) contienen usualmente cantidades desproporcionadas de judíos y gentiles filosemitas, aunque la verdadera poroporción judía en la población es bastante pequeña.
Las últimas elecciones parlamentarias en Rusia lo han demostrado. Mientras en Rusia propiamente dicha, el partido extremo pro-mercado y pro-EE.UU., la Unión de Fuerzas de Derecha (SPS, por sus siglas en ruso) recibió un 4% de los votos, los judíos rusos le dieron un 41% de los suyos. El profesor Alexander Panarin, un filósofo socialista ruso escribió:
Ninguno de los dos está dispuesto a dejar de lado a los judíos; al contrario, están unidos en su intento de ganar a los judíos para que se pongan de parte de los nativos en la confrontación mundial.
Recuerdan los antiguos días cuando los judíos apoyaban a Rusia soviética, cuando la pareja Rosenberg fue ejecutada por ayudar a la Unión Soviética; cuando cada conspirólogo desde Winston Churchill hasta Douglas Reed consideraba el comunismo como un complot judío.
Por eso también aceptan (sin ningún intento de aclarar el motivo) el concepto de la importancia judía para el mundo. Sin embargo, esta importancia no es (o no sólo es) debida a la riqueza judía: en Rusia soviética los judíos no eran ricos, pero su influencia fue un factor importante en la creación y en el colapso de la Unión Soviética.
La opinión ordinaria y corriente de la influencia judía como un subproducto del dinero no llega a explicar el fenómeno, a menos que introduzcamos la categoría toynbeana de la Iglesia.
En la sociedad tradicional, la función del discurso, el superego nacional, la manejaban los sacerdotes. La Iglesia era responsable de la conciencia de la nación, mientras que los gobernantes eran responsables del bienestar material de la gente.
En una situación ideal, la Iglesia y el Estado representan dos autoridades independientes (y mutuamente dependientes), (aunque este equilibrio fue frecuentemente afectado por un fuerte poder papal o real), la Iglesia subrayando el bienestar espiritual y la necesidad de solidaridad del pueblo con el Rey. Así la Iglesia respalda y a la vez limita el poder absoluto del gobernante.
Viajemos a la capital de Alsacia, una región francesa cercana a Alemania, y hogar de una antigua comunidad judía, la primera comunidad judía asquenazí en Francia, como resultado de la integración de Alsacia en ese país. Sobre las jambas de la imponente catedral de Estrasburgo hay dos figuras femeninas. Una es majestuosa y lleva corona; la otra es encorvada y se apoya en una lanza quebrada. Representan a la Iglesia y la Sinagoga. Esas dos damas compiten por la atención del Rey, no sólo del rey celestial sino también del rey terrenal
Ahora bien, parece que la visión de los artistas de la catedral de Estrasburgo fue algo prematura. A pesar de la lanza quebrada y de la falta de corona, la dama más anciana todavía se trae algo entre manos. Para empezar, se arrima más al Rey. La poderosa Iglesia presenta numerosas exigencias al Rey, pero el establishment judío alternativo ofrece apoyo y no tiene exigencias. La sinagoga se comporta frente al rey gentil como Jezabel la sidonita hacia Acab el Rey de Israel: lo considera todopoderoso, más allá de la ley moral y de todo reproche. A sus ojos puede robar y matar. Mientras la ame, se le perdona y recibe pleno apoyo. No trata de derrocarlo, porque no puede gobernar sola en un país extranjero. Para la iglesia cristiana, el rey debe ser bueno con el pueblo, pero la iglesia judía, foránea, no formula semejantes exigencias; es implacable con los plebeyos gentiles. Mejor todavía, es un enemigo jurado de la Reina exigente e independiente, la Iglesia.
Por cierto, Occidente fue desgarrado durante siglos por el conflicto entre los poderes papal y real, hasta que la Revolución Francesa completó el desmantelamiento de la Iglesia. La fuerza motriz tras la lucha de la Revolución Francesa contra la Iglesia no fue atea: la gente que profanó Notre Dame y otras hermosas y grandes catedrales de Francia ofrecía un culto alternativo a la Razón Suprema. La mayoría eran ex eclesiásticos, a menudo conectados a la “tendencia galicana”, intentando establecer la iglesia autocéfala (independiente) de Francia. Trágicamente, este deseo fue rechazado por la Iglesia Católica, y los presuntos reformadores se convirtieron en rebeldes. Sin embargo, no lograron establecer una nueva Iglesia, porque una Iglesia tiene que proveer la mística de la vida y la suprema autoridad, algo que la Razón no pudo hacer. Lo que hicieron fue debilitar la Iglesia Católica en Francia.
Hermann Hesse (27) lo describió bien:
Por lo tanto la historia nos ha dado una confirmación de que ninguna sociedad puede sobrevivir sin su Iglesia. “Tienes que servir a alguien, sea el Diablo, sea el Señor, pero tienes que servir a alguien”, en las palabras de Robert Zimmerman (Bob Dylan). El breve interregno de la ‘sociedad civil’ construida sobre las ruinas de la Bastilla terminó con el establecimiento de los judíos como la nueva casta sacerdotal.
La Iglesia alternativa de nuestra sociedad, los judíos, sobrevivió en estado latente durante cientos de años. Mientras la Iglesia Cristiana se ocupaba del discurso, los judíos simplemente no tenían posibilidad de competir; pero cuando su poder fue derrocado por los que buscaban libertad, salió adelante la alternativa.
La elección entre ‘Iglesia o Judíos’ fue sentida por los intelectuales europeos. En su hermoso e inquietante Fanny y Alexander, el brillante cineasta sueco, Ingmar Bergman, contrapone al adusto y severo obispo de la Iglesia Luterana y el suave y encantador judío. El obispo maltrata a sus ahijados y los recluye en un oscuro ático; el judío salva a los niños yfinalmente ayuda a su madre a recuperar la libertad. El obispo muere, es una muerte horrible, y el judío toma su lugar en la reunión familiar.
Bergman no trata siquiera de hacer que su fábula sea realista: su judío, un hombre ortodoxo con una inmensa yarmulke negra, bebe vino con los suecos en la mesa de Navidad, algo que ningún judío religioso jamás haría. Pero para Bergman, el ascenso del judío es una forma de mostrar su animosidad contra la Iglesia.
Por otro lado, los anti-judaicos T.S. Elliott, G.K. Chesterton, y Jorgen Graf, un iconoclasta investigador del Holocausto, terminan por ser recibidos en la Iglesia. El ascenso de la iglesia judaica es similar al ascenso de los eunucos en la corte de los emperadores bizantinos, otomanes y chinos, como señalaron (separadamente) Michael Neumann y Siegfried Tischler: tiene lugar cuando el poder del Rey es débil. Si EE.UU. tuviera su propia dirección fuerte, no estaría reducida a su presente nivel de obediencia a los eunucos de Sulzberger y Foxman, si se sigue ese punto de vista. Pero nos parece que el símil falla: incluso una aristocracia fuerte requiere el apoyo de una iglesia para legitimar su régimen. Si la iglesia cristiana no puede proveer la cobertura hay que presentar una iglesia alternativa.
Los judíos estaban bien preparados para la toma del poder gracias a su actitud ante el discurso. Durante las épocas de poder cristiano, los judíos ricos de los que hablamos en el capítulo anterior, soportaron tradicionalmente la pesada carga de mantener a los eruditos judíos y casarlos con sus bien provistas hijas. Un judío rico sabía que era su deber mantener a los eruditos. Los judíos ricos tienen una cierta razón práctica para adquirir medios, como hemos dicho, pero no tenían razones prácticas para gastar dinero en ese vasto aparato ideológico, en ‘la iglesia alternativa’. Mirándolo al revés, esa iglesia alternativa (llamémosla Los Judíos) constituían la raison d’ être de sus esfuerzos.
El asno del Mesías
(Derash)
La expresión se basa en las palabras de Zacarías el profeta (9:9)
El Mesías (y antes de él Abraham y Moisés) pudieron utilizar los instrumentos materiales (‘montar el asno’) sin sucumbir al mundo material. En lenguaje corriente, el espíritu siempre vence sobre la materia; y el camino del Mesías del Espíritu es utilizar el Asno de la Materia. Según Rachelevsky, la teología cabalística del rabino Koch con su embriagadora mezcla de ideas mesiánicas, odio hacia el goy y la izquierda socialista sionista, el deseo de venganza y derramamiento de sangre se convirtieron en la ideología predominante de los judíos ortodoxos,
Los cabalistas no se preocuparon mientras los sionistas socialistas construían Israel y libraban sus guerras, “pavimentando el camino hacia la eventual redención del pueblo judío; pero una vez que logró los objetivos necesarios, la izquierda debe descender del escenario de la historia, porque su existencia misma contradice el concepto de la salvación nacional.-religiosa”, escribió Eliezer Don-Yehiya en Haaretz (29).
“Algunos críticos han comparado este libro con los Protocolos de los Sabios de Sión. En realidad, El asno del Mesías es mucho peor, pertenece a la categoría de virulentos escritos antisemitas” – concluyó el crítico ortodoxo.
El libro de Seffi Rachelevsky ‘el virulento antisemita’ fue un gran bestseller en Israel, y fue aclamado por numerosos intelectuales israelíes, desde el mejor poeta en vida de Israel, Nathan Zach, hasta el activista por la paz, Uri Avnery, que lo calificó de “el libro más importante publicado aquí en los últimos años. Es una lectura obligatoria para todo el que se preocupe por el futuro del país (30)”
¿Pero eran realmente desconocidos esos hechos y estos cientos de citas?
Existe una inmensa literatura que explica las ideas ponzoñosas del judaísmo. Desde el siglo IV, cuando San Juan Crisóstomo de Antioquia tuvo sus percepciones de la nueva creencia del Talmud, o desde el siglo XII, cuando Occidente se dio cuenta de que la fe judía era eso mismo (previamente los europeos occidentales habían pensado que los judíos se adherían al judaísmo bíblico pre-cristiano) e incluso antes de obras recientes como "Los tres mil años de tradición judía" de Israel Shahak o "Los extraños dioses del judaísmo" de Michael Hoffman, hubo literalmente miles de libros sobre el tema.
Durante siglos, cientos de judíos renunciaron al credo, se tornaron hacia Cristo y revelaron el secreto del ‘odio a los goyim’ y de la ‘búsqueda del poder absoluto’. Pero la comunidad judía sólo se retorció las manos en respuesta y gritó ‘antisemitismo’. E incluso Uri Avnery, en su discurso en Colonia, 31 años después de su elogio del libro de Rachelevsky, prefirió olvidar ‘los hechos desconocidos y cientos de citas’, y unirse a los denunciantes – no de los ‘que odian a los goyim y buscan el poder absoluto’, sino de los ‘antisemitas’ que hicieron que se conocieran los hechos y las citas.
Sin embargo, aunque Rachelevsky dio un paso importante al revelar la verdadera cara del judaísmo a los ‘niños raptados’ o sea los modernos israelíes, su teoría falla en el control de los hechos. Incluso si aceptamos su premisa de una intoxicación mesiánica cabalista de los judíos ortodoxos, esto no significa que sus opiniones (por horribles que sean) puedan ser convertidas en una política coherente. Los judíos ortodoxos son los más pobres y discriminados de los segmentos de la sociedad israelí. Incluso los judíos religiosos-nacionalistas distan de ser poderosos, y los brutales colonos de Hebrón son sólo unas pocas docenas en total. Piensen lo que piensen sobre los sionistas izquierdistas, es bastante irrelevante.
Además, el sionismo socialista no es menos terrible que las enseñanzas del rabino Kook.
Lasse Wilhelmson (32) lo definió correctamente como un nacionalsocialismo judío; si uno quiere escuchar puntos de vista repugnantes, la ‘izquierda’ sionista no-religiosa es un buen punto de partida. Matti Golan, el epítome de un sionista liberal no-religioso, ex redactor-jefe del periódico Haaretz, escribió en la víspera de Año Nuevo:
En realidad, Matti Golan repitió en dichas palabras las contenidas en la plegaria matinal judía: “Bendito seas, Señor, porque nos hiciste diferentes de los goyim, porque nuestra suerte no es su suerte, porque no somos como las naciones de la tierra.”
Por lo tanto, Rachelevsky estaba equivocado, y la popularidad de su libro en Israel se debe, en parte, a la selección del culpable: los judíos religiosos no son queridos por los sionistas. Correctamente identificó el estrato oculto del judaísmo con el ‘odio a los goyim’ y la ‘búsqueda del poder absoluto’, pero erró cuando culpó por su activación a la relativamente pequeña comunidad religiosa.
También erró cuando convirtió a los sionistas socialistas (tan racistas como cualquiera) en el inocente Asno del Mesías. Los sionistas socialistas (son descritos sin ningún motivo que yo pueda identificar como la ‘izquierda israelí’) no juegan un papel mayor que los poderosos judíos en otros sitios, desde Sulzberger a Soros.
En cierto modo, todos los judíos interpretan inconscientemente el papel del Asno del Mesías, en la que el Mesías es un espíritu, no un ser humano.
El rabino Leitman, un destacado cabalista, expuso:
Sergey Balandin, un interesante escritor espiritual ruso que vive en Jerusalén, notó la similitud entre este punto de vista y el cristiano. Pero es la similitud de los antípodos. Cristo es, la Luz Celestial, que brilla sobre todos, judíos y helenos que quieran aceptarlo, mientras la Luz del Mesías Judío brilla sólo sobre los judíos, pero difunde la oscuridad sobre los cristianos. Si un judío comprende que la Luz de Cristo es para todo el que la acepte, se convierte en cristiano. Y cuando un hombre acepta a Cristo, se da cuenta de que Su Luz brilla sobre todo el que la acepte. Pero la oscuridad difundida por el Mesías judío separa al ser humano de Cristo, lo aleja de Dios. Como cualquier ingeniero lo puede confirmar: si quieres alumbrar a alguien, asegúrate de que a su alrededor haya oscuridad.
Israel es Real
(Sod)
El Mesías judío al que los judíos llevan sobre sus espaldas, como un asno, a lo largo de su largo viaje a través de los siglos, es un cierto Espíritu, que se relaciona con los judíos como Cristo con la Iglesia. Pero los judíos no lo consideran Dios, y tienen razón, porque “no es Dios, sino el ídolo al que rinden culto los judíos – escribió Simone Weil – no una figura de metal o madera, sino la Nación, un objeto igualmente de-este-mundo. La fe judía no puede ser separada de esta veneración de un ídolo debido a su concepto básico del Pueblo Elegido”. (35)
Por cierto, un judío se considera parte inseparable, una sola unidad de Yisrael, de una gran entidad sacra, que se relaciona con otro judío como una colmena a la abeja, como la Iglesia a un católico. Yisrael es la figura andrógina central del universo judío, porque es el novio de la Torah, y ella es la novia Elegida de Dios. Pero mientras en el universo cristiano existe el par Cristo-Iglesia, en el universo judío, Yisrael, la Iglesia de los judíos, es como Cristo para los cristianos, porque la Iglesia de los judíos, o Yisrael, venera a Yisrael, o sea a sí misma. Esta persona narcisista de rango elevado, una especie de superego neurótico de la personalidad colectiva de los judíos, tiene una voluntad propia; y su voluntad no coincide con las voluntades y deseos de los judíos individuales.
Yisrael no se preocupa de los judíos por separado – son desechables si es necesario para su misión.
Howard Bloom, autor de un nuevo libro popular "El principio de Lucifer", propuso una explicación que suena científica:
Un cristiano sabe que Dios está por encima, y que la iglesia es central para la comunidad. Pero un judío, en general, confunde su sentimiento de pertenecer al superorganismo nacional con el sentimiento religioso. Por eso la sinagoga era más bien un club que un sitio de culto. (El ruido y las conversaciones de los judíos en sus sinagogas constituyeron una importante queja de los judíos reformistas en el siglo XIX.)
Los judíos religiosos creen en Dios, que es el Dios de Yisrael, el divino protector del superorganismo. Su “monoteísmo” no es una religión tribal como dicen sus detractores, sino el egocentrismo extremo de una hormiga que no cree que hay vida fuera de su hormiguero, o un dios que no sea el Dios de las Hormigas. Y los pocos judíos piadosos perciben a Dios el Padre de Todo que es consubstancial con Cristo. Estos últimos son los Hijos de los Profetas, rechazados por los judíos. Están muy cerca de Cristo y la Iglesia siempre reza porque la Gracia Divina los lleve a Cristo.
El ordinario modelo biológico y material de Bloom (“el hormiguero”) corresponde a un profundo concepto espiritual, que ayuda a comprender el acertijo de la existencia judía.
El Pueblo Elegido eran los miembros de Israel, la gran super-alma, un equivalente espiritual del superorganismo. Tocado por Dios, forjado por Su Alianza, Israel fue una super-realidad en el mundo pre-cristiano. Con el advenimiento de Cristo, esta super-alma sufrió una catarsis y su parte mayor y mejor fue bautizada en la super-alma de la Iglesia. Pero la parte excretada no murió.
Se mantuvo parcialmente en el mundo espiritual, y por otra parte en el mundo material. Sigue siendo real, a diferencia de la realidad imaginaria de las naciones desespiritualizadas; pero tiene aspecto demoníaco y desorientado. Recuerda vagamente para qué fue elegida, y trata de actuar, pero sin Cristo, sus esfuerzos llevan a un rumbo equivocado. Se convierte en una parodia del antiguo Israel; y mientras trata de cumplir las profecías, (llámesela Yisrael) hace daño.
Desde el punto de vista cristiano, Yisrael se encuentra en un estado de rebelión contra Dios, así que es afín a Lucifer.
No puede vivir, no puede morir; como un elefante solitario, residuo desespiritualizado del antiguo gran Israel, va por el mundo y causa destrucción a su paso. Combate a Cristo, porque Cristo eliminó esa sustancia cruel de Israel e impidió que convirtiera su Universo en el único; espera vencer, eliminando a Cristo de este mundo. Sus planes fracasarán, nunca existirá la Jerusalén con la que sueñan los judíos; destruyen la Tierra Prometida mientras esperan construirla; el mundo que edifican no es otra cosa que una atroz parodia de las visiones proféticas.
Pero mientras tanto, la gran Súper Alma de la Iglesia, esta reencarnación de Israel en el fuego bautismal de Cristo, sufrió terribles calamidades. Al haberse roto las comunicaciones entre el Este místico y tradicional y el Oeste exotérico y materialista, estas dos mitades de nuestra conciencia sufrieron una división esquizofrénica: Occidente se fortaleció físicamente, pero se debilitó espiritualmente.
Ésa fue la gran ocasión para Yisrael. Enfermo y equivocado, fue una realidad mientras las iglesias nacionales desaparecían. Una nación sin su Iglesia nacional es un organismo muerto, sin alma, porque su Iglesia era su alma. Yisrael residía en los cuerpos muertos de las naciones sin iglesias, creando una imitación de su superego. Pero mientras la Iglesia atrajo a los más espirituales, Yisrael, el Simulador, atrae al montón vil dispuesto a separarse de Cristo, negar la espiritualidad y buscar posesiones materiales.
Para un sirviente de Mammon, todas las otras consideraciones mundanas están prohibidas, mientras que el beneficio es elevado a la cumbre de la escala de preferencias.
Un escritor ruso moderno, Victor Pelevin, propuso la desmitificación de Mammon. Rebautizó al endiosado Mammon como ‘Oranus’ (de oral + ano), un mejillón, o pepino de mar, o estrella de mar, una especie de criatura viviente, incapaz de un pensamiento sofisticado. No tiene oídos, ni nariz, ni ojos, ni mente. No es una concentración del mal.
No tiene voluntad propia. Es un parásito virtual primitivo, desde el punto de vista de la evolución, inferior a sus células. Oranus – Mammon consiste de células, aunque cada célula es una proyección económica, relacionada con el dinero, del ser humano.
El hombre es una criatura multidimensional; puede ser proyectado a un espacio mammonita-económico o hacia la esfera de Cristo y la Iglesia, o como un trozo de carne para un tigre, o medio litro de sangre para un vampiro, etc. Por lo tanto ‘un hombre como célula de Mammon’ es una proyección de cierto ser humano, sin pasión por Dios, el Amor, y el Arte. Al ser un animal inferior desde el punto de vista de la evolución, Mammon-Oranus no tiene deseos complicados; el dinero es su sangre y como quiere más movimiento del dinero, desarrolla una especie de sistema nervioso, los “medios publicitarios’. Mammon es la cara de Yisrael vuelta hacia los gentiles, un subproducto de la desespiritualización del mundo. La actitud mammonita se basa en el concepto del Homo homini lupus est, desarrollado por Hobbes y sostenido por von Hayek, Popper, Soros, Jacob, Glucksman y otros neoliberales. Es una actitud judaica para la relación modelo fuera de la comunidad judía, desarrollada para tratar con los goyim que son las “porquerías inherentemente malas’, según la Cábala. En lenguaje corriente, el neoliberalismo es un judaísmo sin dios.
Cristo es un enemigo de Yisrael, porque es su divina intervención la que causó su excreción. Sin embargo, Yisrael no puede admitirlo sin admitir que Jesús es Cristo; en su lugar, creó el mito de la Destrucción del Templo como el acontecimiento catártico del pasado. Los judíos creen que la reconstrucción del Templo restaurará integralmente el poder de Yisrael, y lo conducirá a la comunión con Dios, pero se equivoca: de la misma forma que la verdadera catástrofe de Yisrael fue su rechazo de Cristo, la reconstrucción del Templo será el mayor fracaso judío desde la Resurrección.
Pero Mammon es un enemigo de Cristo en un sentido peshat, también, porque tradicionalmente se enseña a los cristianos que deben avergonzarse de ser ricos. Se les enseña el tamaño comparativo de un camello y del ojo de una aguja. Generalmente comprenden que la riqueza raramente le llega a la gente honesta. Se avergüenzan del poder, porque se les dice: los últimos serán los primeros. Los mammonitas no tienen problemas de ese tipo. Buscan el poder, porque el Antiguo Testamento dice: “Sírvante pueblos, Y naciones se inclinen a ti; Sé señor de tus hermanos, Y se inclinen ante ti los hijos de tu madre” (36). Creen que la riqueza es una señal de bendición, mientras que para los cristianos una señal de bendición es ser una bendición para otros.
Se supone que los judíos obedecen a Yisrael. Por cierto, cualquiera que haya conversado prolongadamente con judíos se da cuenta de su ilimitada apología de la conducta judaica, de su negación de verdades poco cómodas, de su vehemencia en la discusión, de una vasta variedad proteica de maneras de defender a Yisrael y de atacar la sociedad gentil. Su juego de equipo es excepcional: comunistas o capitalistas, pobres o ricos, repiten un mismo estribillo, apuntando a un mismo objetivo. Si no protegen a Yisrael, simplemente no son judíos, incluso si ellos piensan otra cosa.
En 1648, durante la guerra civil en Ucrania, los cosacos trataron de separar a los judíos pobres de sus hermanos ricos. Enviaron una delegación y ofrecieron plena protección a los judíos pobres, porque su lucha era una lucha social de pobres campesinos ucranianos y sus belicosos aliados cosacos contra sus explotadores, los terratenientes polacos y los gerentes y prestamistas judíos. Los cosacos no sentían necesidad de combatir a judíos o polacos pobres. Pero los judíos pobres rechazaron su proposición y se evacuaron con los judíos ricos, escribe un historiador judío marxista crítico, Saul Borovoy.
Desde el sumo sacerdote del culto del Holocausto Elie Wiesel hasta el acérrimo antisionista Lenni Brenner, del profesor izquierdista israelí Benny Morris a la extrema derecha cabalista de Baruch Marzel, expresan su enemistad hacia el Islam, aunque sea por una variedad de razones.
La gente que no sigue la línea, que no considera que pertenece al superorganismo, que no quiere disculpar los crímenes de los judíos – simplemente no son judíos, aunque hayan nacido en familias judías. Por alguna falla, no han establecido una ‘conexión telepática’ con Yisrael. (También sucede con las abejas, pero esas abejas generalmente mueren.)
Este sentimiento de colmena de los judíos es bastante excepcional, y hasta el fin de sus vidas no lo entienden. Por eso juegan a lo que Michael Neumann ingeniosamente llama “el venerable juego de la concha de la identidad judía: ‘¡Mira! ¡Somos una religión! ¡No! ¡Una raza! ¡Perdón, - una religión!’”
Un historiador antisionista, Joachim Martillo trató (37) de liberarse de esa singularidad de los judíos, colocando al sionismo en el contexto histórico y geográfico de Europa oriental y central. Dio a los judíos otro nombre, Asquenazí. A su juicio, el nombre europeo oriental ayuda a reducir el tema a sus proporciones normales. Subrayó las similitudes entre el nacionalismo, el confesionalismo en varias naciones este y centro europeas y el sionismo, y describió el sionismo como un movimiento ‘orgánico’ con ideas ‘primigénicas’, y objetó al mismo tiempo al excepcionalismo promovido por los eruditos judíos.
Por desgracia, esta reducción no funcionó. Por mucho que a uno le desagrade el excepcionalismo, no está fuera de lugar en este tema. Si los asquenazí son gente europea oriental ordinaria llena de ideas orgánicas primigénicas, como los serbios, según Martillo, ¿por qué, entonces, en el principal discurso dominante todos los europeos orientales, y por cierto todos esos movimientos orgánicos, fuera del sionismo son condenados? ¿Por qué esta exclusión? ¿Por qué no permite el New York Times ni a los serbios ni a los japoneses que tengan un movimiento orgánico e impulsos primigénicos?
Si el movimiento judío es tan similar al nazismo alemán, ¿por qué es uno condenado por los medios dominantes y el otro ensalzado? ¿Cómo este pequeño pueblo europeo oriental ha logrado dominar el discurso de EE.UU. y Rusia, y en menor grado, europeo?
¿Cómo llegó el arma financiera mayor y más devastadora a ser encarnada en la persona de George Soros? ¿Cómo ocurrió que las ideas de estos ‘casi serbios’ se convirtieran en el paradigma del día bajo la marca del neoliberalismo? ¿Por qué sucede que uno puede decir lo que le dé la gana sobre los serbios, pero que el menor indicio de antisemitismo congela la tinta en los bolígrafos?
La comparación de Martillo es muy interesante pero engañosa. El sionismo tiene, en efecto, algunas características similares a los movimientos nacionalistas orgánicos europeos (“nazis, etc.”, pero ¿son inherentes o superficiales esas características? ¿Es ‘nacionalista orgánico’ el sionismo? Seguramente no lo es, porque en realidad es un movimiento para erradicar todas las auténticas tradiciones de los judíos asquenazí y de cualquier naturaleza en su nuevo hábitat – en Palestina. Pretende ser orgánico para atraer a seguidores de los movimientos orgánicos. O más bien lo pretendía en los años 20 y 30 del siglo pasado, cuando los movimientos nacionalistas orgánicos estaban en ascenso.
El sionismo tiene también algunas características similares a los movimientos socialistas, ¿pero son básicas estas características? El kibbutz parece un rasgo socialista hasta que se mira más de cerca y encuentra una cualidad “excepcionalista” singular con absoluto racismo, orden militar y lavado de cerebro.
¿Es socialista el sionismo?
No, sino que pretendió ser socialista para atraer a los socialistas, y con mucho éxito.
En la actualidad, el Estado Sionista se presenta como una sociedad abierta y una democracia. De nuevo, es sólo apariencia, creada para engañar y atraer. No precisa mucho ejemplos, porque la verdadera naturaleza del criminal apartheid israelí debería ser conocido por el lector.
Ésta es mi objeción a la atractiva tesis de Martillo. El sionismo, o Movimiento Judío, merece un trato excepcional porque es excepcional en su capacidad de mimesis (38) o mimetismo (39). Nazi, socialista, democrático, lo que se quiera, proteico, en todo caso.
El sionismo no puede ser comprendido sin referencia a otros movimientos dirigidos por judíos, del Bund antisionista a los neoconservadores no-sionistas. La actividad judía en Palestina parece ser parte integral (y no la más importante) de un marco más amplio.
La prudencia me obliga a hacer una advertencia: esta actividad es percibida como un todo integrado e interconectado, aunque siempre se pueda dar el caso de que esta gente importante se reúna a veces sólo para asuntos de golf en las Bahamas.
Científico, en su fuero interno, Martillo quiere clasificar el sionismo, traspasarlo con una aguja y colocarlo como parte de su colección de monstruos europeo-orientales.
Pero este monstruo es demasiado grande. No es sólo una forma desagradable de nacionalismo. Su peligrosidad consiste en su remoción de Dios: los Profetas de Israel condenaron a los israelitas por ser impíos. La aguja de Martillo simplemente no basta para esta criatura – requiere un clavo.
Mundos y dioses
Para comprender la voluntad de Yisrael, tenemos que abarcar dos universos paralelos, el judío y el cristiano (40).
Aventurémonos por el universo judío. Allí, la Creación del Mundo separó el mundo de Dios y lo convirtió efectivamente en Impío, pero en Su Misericordia, el Todopoderoso eligió a Yisrael y le dio (41) la Torah. La Torah descendió a nuestro mundo como Sofía en la visión gnóstica, pero para siempre, para no abandonarlo nunca más; la Tierra desposó a Yisrael y juntos encendieron una isla de Luz en un mundo oscuro. Yisrael es la Iglesia de la Humanidad; es la única presencia de Dios en el mundo material, porque Yisrael podía estar en íntima comunión con Dios, mientras que los gentiles son existencialmente diferentes del pueblo de Yisrael, y no tienen manera de venerar al Dios de Yisrael excepto si sirven a Yisrael. Yisrael es Israel, es la Luz de las Naciones, y las Naciones están iluminadas por esta Luz, como un árbol es iluminado por el sol, pero sigue siendo un árbol.
En el universo judío, todas las comunicaciones entre el Hombre y Dios están rotas. Incluso una intervención directa de Dios es imposible según los Sabios Judíos, según las palabras talmúdicas: desde que la Torah fue dada a Israel, todas las decisiones las tomamos nosotros, sobre la Tierra. Después de la Destrucción del Templo, ni siquiera Yisrael puede estar en comunión con Dios. Por lo tanto, el Universo Judío sigue huérfano de Dios, en todo lo que se refiere a la actividad práctica.
En el universo cristiano, no hay una brecha infranqueable, existencial, entre Dios y el Mundo, porque Dios en persona descendió al mundo y fue encarnado en éste. Nunca hubo una brecha existencial entre judíos y gentiles, tampoco. Todos somos hijos de Adán.
Antes de la encarnación de Cristo, los judíos rendían culto a Dios, pero no poseían el monopolio: Melquisedec, Sacerdote de Dios Altísimo, fue contemporáneo de Abraham y superior a Abraham.
Melquisedec fue sacerdote de la Iglesia de la Humanidad original, portadora de la tradición cristiana antes de la Encarnación de Jesucristo. Cristo no es sólo el Mesías de Israel, sino el Altísimo Sacerdote de la Iglesia de Melquisedec, de la Iglesia de la Humanidad. Cristo abrió Israel a todos. La Luz que estaba en Israel llevó a las Naciones a la Luz, como el fuego se extiende por el bosque.
Esto fue posible porque las ideas cristianas estaban presentes entre las naciones del mundo no menos que dentro del antiguo Israel.
Simone Weil (42) escribió sobre las intuiciones pre-cristianas de los griegos y subrayó las fuentes no-judías de la fe cristiana. Rechazó el concepto de la idolatría gentil como una “invención del fanatismo judío, ya que todas las naciones de todos los tiempos sabían de Un Dios”-
La masiva inclusión de los gentiles por el poder y la gracia de Cristo no cambió la elección de Israel: fue y siguió siendo Elegido. Israel después de Cristo, o el Verdadero Israel, es la Iglesia cristiana, e incluye a judíos y gentiles que aceptaron a Cristo.
Los judíos que rechazaron a Cristo cesaron de pertenecer a ese Verdadero y único Israel, y quedaron fuera de la Alianza con Dios. Por lo tanto los judíos que rechazaron a Cristo rompieron con Dios, desde el punto de vista cristiano.
Para Simone Weil, la fe judía después de Cristo se convirtió en una forma de idolatría, porque la veneración judía de su nación o raza (un objeto mundano, de-este-mundo) está presente en la expresión misma de “Pueblo Elegido”. Por lo tanto, el Yisrael judío es el residuo excretado del verdadero Israel antiguo, algo insignificante, en el mejor de los casos, y un aliado de Satanás, en el peor.
Volvamos al universo judío. Aquí, la elección de Yisrael es la elección eterna de una cierta línea de sangre. Incluso la aceptación de conversos no cambia este principio, porque un genuino converso nace con un alma judía, aunque por providencia Divina en un cuerpo Gentil. Para él, la conversión es sólo el medio de corregir ese error de nacimiento.
Un verdadero gentil no se puede convertir, porque no hay manera de otorgarle un alma judía.
Para algunos cabalistas modernos, la diferencia entre un judío y un gentil es una diferencia del nivel genético del DNA. Un gentil, como toda criatura viviente, tiene el deber de rendir culto al Dios de Yisrael, pero de ninguna manera debería tratar de unirse a Israel.
Un goy que intentase seguir los preceptos de la Torah otorgados a Yisrael debería ser matado, como un plebeyo que tratase de poner una corona (de Rey o de Sacerdote) sobre su cabeza.
Incluso un goy que estudia la Torah debiera ser matado, aunque hay una discusión erudita sobre si debiera ser matado como un ladrón por robar el patrimonio de Yisrael o como un adúltero por tratar de estar con la esposa legal de Israel (43).
Por lo tanto, el universo judío está reflejado en una sociedad de casta, en la que la casta sacerdotal está separada del resto, y se desalienta la movilidad social.
En el universo judío, Yisrael es realidad, mientras que las naciones y dioses gentiles no son más que un producto de la imaginación.
La disolución de las naciones gentiles y la eliminación de sus dioses son un objetivo teológico de Yisrael, pues su misión proclamada estriba en tener un solo Dios, un Templo en Jerusalén, y ninguna otra forma de adoración. La existencia misma de las naciones gentiles con su propia esfera sacra es una ofensa al celoso Yisrael.
Por eso Yisrael globaliza y homogeniza el mundo, desarraiga y desnuclea a la humanidad.
El apoyo judío a la globalización fue confirmado por el Dr. Avi Beker, director de Asuntos Internacionales del Congreso Judío Mundial, miembro de los consejos de Yad Vashem, Bar Ilan University y Beth Hatefutsoth, en su Dispersión y Globalización: los Judíos y la Economía Internacional (44). Escribió:
Hay varias maneras de interpretar la tendencia judía al internacionalismo y la globalización. Los optimistas la ven como una prueba de la suprema humanidad de los judíos. Bueno, puede ser. También es posible, como dicen los cínicos, que los judíos ven poca diferencia entre las diversas naciones y sus pueblos; para los judíos, un goy es un goy, y a los goyim se les puede agrupar indiscriminadamente. Hay que considerar declaraciones judías como: “¡Las nacionalidades desaparecerán! ¡Las religiones deben ser sobrepasadas! Israel, sin embargo, no cesará, porque este pequeño Pueblo es el Elegido de Dios (45).”
¿Pero no será el propio Yisrael destruido por la Modernidad y la Globalización? El ‘ser judío’ es un profundo elemento teológico, una relación arquetípica con las cosas y el hombre, y los Judíos creen que puede sobrevivir al desarraigo y la homogenización.
Algunos judíos imaginan un judío perfectamente privado de su identidad étnica, laico, sin un lenguaje, una cultura o una religión separadas, pero que seguiría siendo judío.
Los mammonitas gentiles apoyan totalmente la globalización.
“Los adeptos de Mammon no gustan del delicioso mosaico de razas y culturales; preferirían homogenizar el mundo. Tienen un motivo práctico: es más fácil vender a una humanidad homogenizada. Tienen una razón moral: no quieren que la gente goce de esta belleza gratuitamente, así que hay que destruirla. Las cosas bellas antiguas deben estar en un museo, donde se pueda cobrar entrada, después de destruir la aldea.” (46)
Yisrael apoya la inmigración, porque contribuye a homogenizar a los gentiles; el ‘multiculturalismo’ causa la indiferencia religiosa. Weil estaba horrorizada por una tal idea ‘multicultural’ como declarar la religión asunto privado sin importancia pública, como la elección de un partido o de una corbata. Estaba horrorizada por frases como ‘católicos, protestantes, judíos o ateos – somos todos franceses’, como si la fe fuera un atributo irrelevante. Para ella, era la cualidad más relevante de un ser humano.
Pero en el universo judío, un gentil sin dios es mucho mejor que uno que es piadoso, porque el que no tiene dios testimonia sinceramente de la ausencia de Dios fuera de Yisrael, mientras que el piadoso crea para sí mismo un ídolo falso o pretende a la Corona de Yisrael.
Por lo tanto, EE.UU., que es tan judío como Italia era católica, ha prohibido la mención de Allah y del Corán en los libros de texto de Irak ocupado (47).
El personal de USAID solicitó a los expertos del Ministerio de Educación que eliminaran versos del Corán de los materiales experimentales de enseñanza para la gramática árabe, y que los reemplazaran con un contenido neutral: “Si hay una frase como “Alabado sea Dios” en un texto de gramática, tendremos una discusión para que sea revisado o modificado para dar lugar a una frase diferente”, dijo un experto estadounidense. La guerra contra el Islam no es sólo una guerra por el petróleo, no es sólo una guerra por el estado de Israel y sus intereses, es también una guerra religiosa para imponer la fe en el “Dios de Yisrael” y desarraigar la fe existente.
En EE.UU., la fe de Cristo es apenas tolerada. Incluso la Pasión de Cristo parece estar prohibida: La cinta de Mel Gibson, condenada por los judíos, no logra encontrar un distribuidor, mientras incluso la exhibición de figuras de la Natividad en Navidad está prohibida en los sitios públicos. Por cierto, por ley judía: “Un gentil es punible con la pena de muerte si ha inventado una festividad religiosa [como Navidad].”
¿Cuál es el motivo teológico para este cambio total del cristianismo y el aumento de la Idea Judía? Está relacionado con la antigua, pero aún relevante, cuestión del Espíritu contra la Materia, el tema más básico del Hombre. Para comprenderla, tenemos que hacer un zoom out del mundo de las ideas para descubrir la tendencia anti-judaica más allá del cristianismo, es decir el gnosticismo.
La teología cristiana es tan improbable como que una moneda caiga sobre su borde; tan improbable como el big bang, como el magma hirviente bajo una pradera primaveral, como el poder explosivo del hidrógeno. Una de sus características más complejas es la cosmogonía de la Creación requerida para asegurar el libre albedrío, la capacidad del Hombre de distinguir y elegir entre el Bien y el Mal. En las doctrinas no-creacionistas (por ejemplo, el hinduismo) no existe un verdadero libre albedrío, ningún mundo real, no existe el Bien contra el Mal, sino una ilusión maya, irreal. En el judaísmo, hay Creación y libre albedrío, pero a un coste elevado, un abismo insalvable entre el Espíritu y la Materia.
En el universo cristiano, este abismo fue salvado por Dios y por la Santa Virgen, un ser humano material, que dio nacimiento a Cristo, un Hombre y Dios. La salvación fue para todos: ‘Dios se hizo Hombre para que un Hombre pueda ser Dios” (en palabras de San Atanasio) sin cesar de ser Hombre.
Esta gran idea abrió el pozo del espíritu a la humanidad, y su primer adversario fue el aspecto de-este mundo del antiguo judaísmo bíblico que formó la tendencia judaica.
Cristo rechazó esta tendencia al proclamar que Su Reino no pertenece a este mundo, al rechazar el Templo y Jerusalén, al rechazar la letra de la Ley a favor de su Espíritu, pero ante todo por su Encarnación, la improbable Encarnación del Logos en carne mortal. San Pablo combatió las tendencias judaicas dentro de la naciente iglesia elevando el contenido espiritual de la fe renovada. Su alta espiritualidad fue llevada demasiado lejos por los gnósticos.
Si la tendencia judaica dentro del cristianismo prefirió ver a Cristo como Hombre (profeta o rabino), la tendencia gnóstica lo vio como Dios, cuya encarnación no era más que una ilusión. Para los gnósticos, la Materia era una trampa maligna para las almas humanas, este mundo no era otra cosa que una prisión temporaria del Espíritu. En su arquetípica narrativa, el mundo fue creado por un Demiurgo ignorante (o directamente malvado), el Dios Judío Yahweh, que ni siquiera tenía conocimiento de las esferas espirituales superiores. Por eso nuestro mundo dista mucho de ser perfecto. Sofía, el alma arquetípica, se disputó con el Dios Superior y descendió al mundo material. Aquí sufrió, fue degradada y llevada a la extrema miseria. Luego ella apeló a su Padre, el Dios Superior, y Él envió a Cristo, Su Novio y Salvador. Cristo la desposó y la hizo remontar, de vuelta al Pleroma, al mundo espiritual superior. Este concepto gnóstico fue problemático porque rechazaba la sublime belleza de nuestro mundo, de su maravillosa naturaleza, de la alegría material, y del Hecho de Cristo. Por cierto, para los gnósticos Cristo no tuvo un verdadero cuerpo material, y no pudo ser crucificado: la ejecución de Gólgota fue sólo una visión. El concepto del Malvado Demiurgo volvió a introducir la división entre el Hombre y el Mundo. En su forma extrema, el gnosticismo rechazaba el matrimonio, la naturaleza, la sociedad, y consideraba la estadía temporal del hombre sobre la tierra como una sentencia de prisión. Este nihilismo erainsoportable, mejor dicho suicida, para la sociedad, y la naciente Iglesia reaccionó volcándose hacia la tendencia judaica de glorificar al Creador y el Mundo material.
En breve, la tendencia judaica ensalza la Materia y reduce el Espíritu a un agregado apenas necesario; mientras que la tendencia gnóstica ensalza el Espíritu y considera la Materia una prisión ilusoria. Fueron los Scylla y Charybdis del pensamiento cristiano, y la Iglesia navegó por esos estrechos en duras y apasionadas discusiones; es la llamada ortodoxia. Bien afinada, la enseñanza ortodoxa podía conducir al Hombre a Dios manteniéndolo en comunión con su sociedad y la naturaleza.
Vivimos en tiempos de abrumador dominio de la tendencia judaica, creencia en la Materia y rechazo del Espíritu. Este punto teológico se traduce en los artículos del presupuesto y del código penal. Por ejemplo, para un gnóstico, la muerte de un cuerpo es de poca importancia, o incluso deseable; para un cristiano del punto medio, uno no debería temer a los que pueden matar el cuerpo, sino a aquellos que quieren matar el espíritu; para los judíos, el que mata a un judío es como alguien que elimina el universo.
Estas ideas son de valor: el pensamiento gnóstico es bueno para el guerrero y para el hombre de espíritu, pero puede ser duro para la gente, mientras que la idea judía es aparentemente humanista, pero ha causado una masiva sobrepoblación, excesivos cuidados geriátricos y atención para los niños deficientes, exagerados cuidados sanitarios para los ricos, y una prohibición de la eutanasia. Un retorno al equilibrio cristiano permitiría que los ancianos mueran pacíficamente, y que los jóvenes crezcan.
Por lo tanto, el judaísmo no es una fe extraña, totalmente diferente para los cristianos, como el Bon tibetano, o el sijismo; es una tendencia extrema al margen del cristianismo, como el trotskismo está al margen de la Iglesia Comunista. Es peligroso porque entra en resonancia con la base fundamental de la sociedad cristiana.
La resonancia es una fuerza terrible: se sabe que un batallón en marcha puede causar el colapso de un puente. Por eso los judíos no ponen en peligro a las sociedades no-cristianas: sus conceptos no resuenan en las profundas estructuras que existen allí. Los judíos en India, China o Japón sólo fueron minorías étnicas o religiosas de poca importancia, mientras que para las sociedades cristianas formaban una fuerza mortalmente destructiva.
Alexander Dugin (48) propuso un punto de vista diferente: algunas religiones actúan como grupos de ‘contra-iniciación’ los unos hacia los otros. El judaísmo y el cristianismo son un par semejante de religiones mutuamente contra-iniciadas. Crecieron al mismo tiempo, en los primeros siglos después de Cristo, cuando por un lado los padres de la Iglesia y por el otro Tanaim y Amoraim formaron, perfectamente conscientes de la identidad de su adversario, sus comentarios mutuamente exclusivos sobre la Biblia. Un erudito judíos adecuadamente preparado actúa como un contra-iniciador en la sociedad cristiana, y un sacerdote cristiano en el Estado judío socava la lealtad ciega de los judíos. No en vano, en el estado judío, persiguen al cristianismo. Para vivir, el cristianismo debe combatir la tendencia judaica, incluso si está disfrazada de movimiento no-religioso. Pero la simetría no es total.
Las religiones generalmente tienen dos papeles: el de delimitadoras de las sociedades y de protectoras de la diversidad. La distinción entre shiíes y sunníes ayuda a los árabes y a los persas a preservar sus diferencias culturales. De la misma manera, la existencia separada de las iglesias ortodoxa y católica ayudó a los rusos a asegurar su propia cultura incluso en épocas de supremacía occidental. Algunas comunidades religiosas pueden coexistir pacíficamente en un estado: el Islam sunní y el cristianismo ortodoxo son un buen ejemplo de buena vida común desde Palestina hasta Turquía y Rusia. Pero esta pareja no puede compartir un Estado con los cristianos occidentales, católicos o protestantes, como lo demostró la ruptura de Yugoslavia y Checoslovaquia, la incapacidad del imperio otomano para mantener a Croacia católica y de Rusia para asegurarse de Polonia y Lituania católicas y los estados bálticos protestantes. Las diferencias de religiones constituyen a menudo un indicador sobre la incapacidad de las sociedades para mezclarse. Dice un chiste ruso: “Lo que es saludable para un ruso, es mortal para un alemán”.
Japón anterior a la era Meiji permitió que los comerciantes holandeses entraran a sus fronteras con una condición: tenían que pisotear los Evangelios. Los japoneses sentían que semejantes comerciantes al no llevar equipaje religioso no ponían en peligro la cohesión de la sociedad japonesa. Pero si volvemos al judaísmo y al cristianismo, encontramos un problema: la tendencia judaica puede entrar a una sociedad cristiana con un disfraz materialista no-religioso y trastocarla. A diferencia del ejemplo japonés mencionado, el rechazo de un judío a su fe tradicional no basta.
La tendencia gnóstica es un remedio tradicional contra la influencia judaica, y por eso Simone Weil siguió a Marcion en el rechazo del Dios de los Judíos y del Antiguo Testamento. La influencia gnóstica es particularmente fuerte en el Islam: los musulmanes, como los gnósticos docetistas, creen que la Crucifixión fue sólo una visión, y que Dios llevó a Cristo al Cielo mientras dejaba la imagen de un hombre sobre una Cruz. Al excluir la Biblia de su canon, los musulmanes se salvaron de la tendencia judaica atada a la letra, al prohibir la usura bloquearon el camino a la alianza mammonita-judía. Al no tener ni Papa ni Vaticano, evitaron la concentración del poder espiritual en un sitio determinado empobreciendo el resto.
La victoria musulmana sobre los judíos fue tan completa que los judíos dejaron de constituir un peligro para el Islam. Una pequeña comunidad que se ocupaba de lo prohibido (intereses, préstamos y hechizos) era hasta cierto punto similar a los Burakumin de Japón, la casta paria que se ocupaba de matar animales, lo que está prohibido por la ley budista. Pero sólo hasta cierto punto: los Burakumin no podían mejorar su suerte adhiriéndose estrictamente a la norma budista, mientras que los judíos en el mundo musulmán podían unirse a la sociedad aceptando el Islam. En los cuentos de Las mil y una noches escritos en Bagdad abasida, un brujo judío mezquino y malo, derrotado por un héroe musulmán, tenía que renunciar a su malvada creencia. Las mujeres judías eran fácilmente convertidas y entregadas en matrimonio a musulmanes.
Por eso la ideología antijudaica es prácticamente inexistente en el Islam; los musulmanes no necesitan y no comprenden el pensamiento antijudaico de la sociedad europea occidental o cristiana ortodoxa; y no importa cuántos Protocolos se impriman, ni siquiera la propaganda anti-islámica dirigida por los judíos, pueden cambiar este hecho.
Para los musulmanes los judíos no representan un peligro ideológico; y los judíos tienen que combatirlos con tanques y misiles en lugar de los medios más sutiles que utilizan contra la Cristiandad. La habladuría del ‘antisemitismo musulmán’ no sólo es engañosa, sino que simplemente errónea. Pero también significa que la influencia musulmana no va a ayudar a la Cristiandad asediada contra su más antiguo enemigo.
Sólo recientemente apareció la secta wahabí con su rechazo de los peregrinajes a los santuarios locales (ziyara) y de la veneración de santos, con su ‘estricto monoteísmo’, con su orientación hacia la tendencia judaica. Los wahabíes no son amigos de los judíos, pero tampoco lo fueron los precursores de los sionistas cristianos.
Dentro de una doctrina cristiana, la tensión entre Jerusalén y Atenas, entre la Creación y la Manifestación, el judeo-cristianismo y el heleno-cristianismo encontró diferentes soluciones en el Este y en Occidente. Incluso antes del cisma, la Iglesia Oriental prefería la tendencia helena con sus características esotéricas y Cristo Dios, la Iglesia Occidental prefería la tendencia judaica del culto exotérico y Cristo Hombre. El Este prefería el Espíritu, Occidente prefería la Materia, dentro de la misma ortodoxia. El cisma entre Oriente y Occidente fortaleció esas tendencias opuestas, y la Cristiandad occidental se separó de sus raíces espirituales en el este, se orientó hacia más materialismo.
Pero esto no fue suficiente para los calvinistas, que prácticamente recrearon el judaísmo sin judíos. Se tornaron hacia el Antiguo Testamento, legitimaron la usura, renunciaron a la Virgen, rechazaron la Iglesia y los sacramentos, causaron abundantes genocidios y dieron lugar al capitalismo depredador. Si se quiere ser positivo al respecto, se puede identificar la tendencia judaica con la libertad: libertad de las restricciones sociales, libertad de la moralidad, libertad para que el fuerte oprima al débil y, en última instancia, libertad de Dios. Su reino de la libertad no fue más que una etapa temporal en el camino hacia la esclavización del hombre desarraigado, pero los buscadores de libertad no estaban conscientes de ello. Finalmente, la tendencia judaica venció en Occidente creando un mundo des-espiritualizado, profano, listo para abrazar la iglesia judaica de Mammon.
La batalla no había finalizado: la tendencia judaica fue atacada desde la izquierda por los comunistas y desde la derecha por los nacionalsocialistas. Hoy vivimos en el período subsiguiente a la gran victoria de los judeo-mammonitas sobre esos rebeldes, pero echemos una mirada al pasado.
La derecha y la izquierda contra Mammon
Si el neoliberalismo mammonita es una lectura atea de las actitudes judías dentro del mundo gentil, tipificado por ‘El hombre es un lobo para el hombre’, el comunismo es una lectura atea de la actitud cristiana de ‘Ama a tu prójimo como a ti mismo’.
La consigna comunista rusa era ‘El hombre es para el hombre un amigo, camarada, hermano’. Por cierto, los comunistas fueron tradicionalmente hostiles a los judíos.
No sólo Marx escribió: “Su Dios es la codicia”, también Rosa Luxemburgo se refirió a los líderes gentiles como ‘shabbesgoyim’ (‘esclavos de los judíos’, un insulto favorito para los antisemitas), Lenin expulsó al Bund, el partido judío, de sus bolcheviques, y las opiniones de Simone Weil son bien conocidas por ser tan anti-judías como las de cualquiera.
Hubo una fuerte corriente anti-judía representada por Proudhon; Stalin y Trotsky fueron casi igual de anti-judíos.
Los préstamos tomados por los rusos comunistas de su patrimonio cristiano ortodoxo fueron frecuentes. José Stalin estudió teología, y su retórica siguió siendo cristiana; a menudo utilizó la teología anti-judía de San Pablo y citó el Nuevo Testamento. Esto fue señalado por numerosos autores (49).
No hay ideas tan viles que no puedan ser convertidas en algo bueno; no hay ideas que sean tan buenas que no puedan ser convertidas en algo vil. La tendencia judaica dentro del comunismo promovía la modernidad, el desarraigo, la homogenización, la centralización, la vertical imperial del poder y las cualidades similares a la Iglesia del Partido Comunista.
Bertrand Russel señaló (50) en 1920:
También lucharon contra la Iglesia Ortodoxa Rusa y le causaron muchos sufrimientos.
Jacques Attali, el banquero judío, llamó a crear el Nuevo Nómada, un hombre ‘libre de todas las ataduras’, libre de raíces nacionales, tradiciones culturales, pasiones políticas, vínculos familiares constantes y una Civilización Nómada de hombres sólo conectados por relaciones financieras.
En la Unión Soviética, hubo una tendencia a desarraigar al Hombre, y fue bastante exitosa: el Nuevo Hombre soviético no era un animal comercial como el del sueño de Attali, pero vivía en un moderno edificio alto, perdió sus tradiciones, nunca iba a la iglesia, y estaba tan alienado con respecto a la naturaleza como sus homólogos occidentales.
La alienación con respecto a la naturaleza estaba relacionada con el abandono del tradicional culto de Theotókos, Madre de Dios, porque Su imagen significaba el amor del hombre por la tierra en las sociedades cristianas. El gran avance capitalista de Europa del norte se basó en la eliminación del culto a la Madre de Dios, porque permitió que el hombre sustituyera el Amor a la Tierra por la Dominación sobre la Tierra. El poder occidental con su relación depredadora con la Tierra, la Naturaleza y el Hombre, fue más fuerte que sus víctimas amantes de la Tierra, como un caníbal es más fuerte en la ciudad asediada. Los comunistas rusos fueron por el mismo camino, renunciaron a su amor por la Madre Tierra para tener éxito en la competencia con EE.UU. Sin Cristo y Su Madre, los rusos sobrevivieron el desafío armado de Occidente, pero terminaron por perder la guerra ideológica.
A pesar de todo, los comunistas rusos bajo José Stalin debilitaron la tendencia judaica, y dieron a los descendientes de los judíos una posibilidad de unirse al pueblo. Muchos descendientes de judíos aprovecharon dicha posibilidad: se casaron con gente de otros grupos, ingresaron al Partido y, más tarde, fueron a la Iglesia. Esto sucedió especialmente con los hijos de matrimonios mixtos: hasta 1990 escogieron invariablemente la identidad rusa. Si la Unión Soviética hubiese existido otros cincuenta años, probablemente hubiera tenido éxito en la asimilación de sus judíos, como lo tuvieron Sicilia, España y China.
En ningún momento los comunistas rusos se orientaron hacia el odio biológico a los judíos; ése fue el distintivo del nacionalsocialismo alemán. Los alemanes fueron demasiado lejos en su rechazo de los judíos, y rechazaron también el cristianismo apostólico. El nuevo libro de Konrad Loew, Die Schuld (La Culpa), con el subtítulo ‘Judíos y cristianos en la opinión de los nazis y en la actualidad’ (Resch Press, 2002) cita a Hitler deseando pisotear la Iglesia Católica ‘como se hace con un sapo’. Según la tendencia dominante de los nazis, las raíces cristianas en el Antiguo Testamento significaban que quienquiera estuviese contra los judíos debía estar también contra la Iglesia, por ‘el brazo indoblegable del espíritu de sangre y tierra contra la plaga hebrea y el cristianismo’.
La tendencia dominante nazi fue igualmente anticomunista y anticristiana. Un importante ideólogo y ministro del gobierno, el Dr. Robert Ley, en un discurso programático (51), dijo: ‘Nuestra enseñanza afirma la vida. Es la idea de raza, sangre y tierra, la idea de esta vida y de las bellezas de la tierra, Madre Tierra, esa es nuestra Patria. Ésa es nuestra defensa contra los oscuros poderes del marxismo, del bolchevismo, del liberalismo, de la masonería y la creencia en el Mesías (Cristo, ISH), la doctrina judía de salvación’.
Los nacionalsocialistas alemanes entendieron mal la dialéctica de Hegel y fueron demasiado lejos. Está bien estar contra ‘los judíos’ pero en una medida razonable. De otra manera uno cae en el abismo del rechazo de Cristo, y el gran edificio de nuestra cultura está basado en Cristo. Y la fe en Cristo es una estrecha senda cimera entre dos abismos, el de la tendencia judaica y el de la tendencia gnóstica, entre Atenas y Jerusalén. Ambas tendencias pueden ser mortíferas si se las sigue demasiado lejos.
Es natural que en la época de la supremacía gnóstica nos hayamos vuelto hacia el remedio judaico como los Padres de la Iglesia lo hicieron en los días de Marcion; mientras que en el contexto de la supremacía judaica nos volvemos hacia el gnosticismo para compensar el equilibrio, como lo hizo Simone Weil.
Este pensamiento fue comprendido muchos años más tarde por un hombre nada corriente, miembro de la Fracción del Ejército Rojo (de extrema izquierda) y fundador del partido de extrema derecha “Partido Nacional Alemán”: Horst Mahler.
Escribió: “Sólo en abril de 1945 comprendió Hitler que los judíos son portadores de un cierto Espíritu que sólo puede ser curado por su falta de objetividad (queriendo decir ‘derrotado’ en terminología hegeliana – ISH) sólo a través del Espíritu y no mediante el asesinato de judíos.
Deberíamos criticar el principio judío de la separación de Dios y el Hombre, y comprender que la “visión científica del mundo” y el ateísmo no son más que el mensaje negativo del judaísmo.
Deberíamos pronunciarnos contra el racismo biológico del nacionalsocialismo histórico, que redujo al ser humano a sus impulsos animales, que destruyó la espiritualidad del Hombre, porque no reconocieron el Espíritu como infinito, y por ello no lo reconocieron como inmortal. No comprendieron que la Libertad es la esencia del Espíritu, y concibieron la libertad del individuo como la raíz del Mal. En un gesto radical, han arrancado esta raíz – y al hacerlo se han destruido ellos mismos”.
Por lo tanto, Mahler, que pasó 10 años de su vida en prisión, subrayó la función positiva de los judíos – porque el desarraigo del Hombre lo libera, junto con la función negativa de la separación del Hombre y de Dios. Para él, un seguidor de Hegel, el Espíritu de los judíos no debería ser derrotado sino ‘curado de su parcialidad’ mediante la síntesis.
Josías vuelve
Mi amigo y sincero amigo de Palestina, Jeff Blankfort, me escribió:
Esto es verdad, tan verdad como el hecho de que de los cien valerosos paracaidistas en el kilómetro 101 apenas uno o dos comprendían por qué habían ido a parar allí. Muy pocos de ellos sentían algo de odio u hostilidad hacia los egipcios. Tampoco era necesario: nuestros comandantes fijaban los planes, y teníamos que hacer lo que hacen los soldados.
De una manera similar, los judíos corrientes (e incluso los no tan corrientes) no saben y no comprenden los planes de Yisrael. Son obedientes – y eso basta. Por lo tanto un soldado no tiene que odiar al enemigo o comprender los planes de sus generales: basta con que cumpla su papel. El problema no radica en su acción consciente, porque sólo es un Asno para su Espíritu Guía.
Tampoco los judíos ortodoxos son peores que los ateos. Más bien, es al revés: porque un judío religioso tiene una vaga conciencia de Dios, mientras que un judío ateo piensa a menudo que la responsabilidad es suya, y que no hay dios fuera de Yisrael. El ‘plan’ judío no es ningún secreto; no es necesario releer los Protocolos o preguntar a los judíos lo que quieren.
Yisrael quiere en apariencia lo mismo que Israel quería antes de Cristo, y estos deseos son santificados para los cristianos, a primera vista. Por cierto, los cristianos leen los mismos libros de Profetas, encuentran inspiración en los mismos Salmos, y, para un extraño, sus objetivos parecen ser idénticos a los de los judíos.
En breve, Yisrael como Israel antes, quiere unir el mundo bajo su guía espiritual; el Templo del Dios de Israel ha de ser ubicado en Jerusalén, centro de este universo ordenado por los judíos y todas las Naciones le llevarán tributo. Las Naciones adorarán a Dios sirviendo a Yisrael.
Este paradigma de globalismo no es particularmente atractivo; y algunos pensadores modernos han seguido su pista hasta el Antiguo Testamento.
Los sionistas cristianos llegaron a la misma conclusión aunque el resultado final es diferente. Los sionistas cristianos siguen a Bush y a la Biblia, mientras que Marek G. sigue a Marcion y repudia a Bush y la Biblia. (Va mucho más allá que Marcion, que amaba a San Pablo, y también rechaza las enseñanzas paulinas, pero eso es otra historia).
Sin embargo, estos amigos y enemigos del Antiguo Testamente están equivocados por igual. Las mismas ideas, los mismos versículos de la Biblia son interpretados diferentemente por judíos y cristianos y como resultado, los deseos de Israel (la Iglesia) e Yisrael (los judíos) son muy diferentes.
Era de esperar, porque Yisrael no es más que una parodia, una malvada burla de las antiguas profecías, mientras que Israel, la Iglesia, representa su lectura espiritual.
En las palabras de Marx, el judaísmo es un cristianismo sórdido, mientras que el cristianismo es el judaísmo espiritual.
La lectura judía del Antiguo Testamento es bastante diferente de la cristiana. Por ejemplo, el mandamiento “No matarás” significa para los judíos “No deberías matar a un judío”. En consecuencia, los nobles sueños de los profetas (unidad espiritual de la humanidad alrededor de Jesucristo) reciben una sórdida interpretación a nivel de posesiones materiales. Para los cristianos, “Jerusalén” es un símbolo de la Iglesia universal, para los judíos, una ciudad concreta cruzada por un muro de 4 metros de altura con alambrada de púas.
En la lectura judía, la exclusiva sacralidad de Jerusalén requiere la desacralización de las Naciones y del resto del mundo. No habrá iglesias ni mezquitas, ni sacerdotes cristianos o musulmanes. El mundo se convertirá en un profano desierto poblado por bestias profanas, las Naciones, y sus pastores, los judíos.
Los Padres de la Iglesia estaban conscientes del conflictivo concepto judío de Jerusalén como el centro sacro del mundo, porque desacraliza el resto del mundo. San Gregorio de Nisa objetó incluso a peregrinajes a la Tierra Santa, porque temía que los cristianos considerasen que sus propias iglesias no eran suficientemente sacras. Por cierto, el cristianismo es al mismo tiempo global y local. Aunque Cristo es el mismo Cristo, Su Iglesia no tiene un solo punto focal. Toda iglesia en Moscú o en París es tan buena como el templo de Jerusalén. Todo sacerdote es tan bueno como el Sumo Sacerdote judío. Por lo tanto, la Iglesia no es una fuerza globalizadora; una pequeña parroquia es tan buena como la Catedral de Chartres.
Durante el primer milenio de su vida, la Iglesia tampoco tuvo un jefe titular. Las sedes de Constantinopla y Roma, Alejandría y Jerusalén, Antioquia y (más tarde) Moscú tenían sus propios Papas autocéfalos, o Patriarcas. Era una política importante orientada a descentralizar la Iglesia, equilibrada por los Sínodos Ecuménicos donde los teólogos más importantes de todas las iglesias nacionales discutían y decidían sobre la teología común. En el Este, a tradición fue preservada: más y más iglesias nacionales se hicieron autocéfalas preservando al mismo tiempo la teología conjunta; incluso las pequeñas Serbia y Georgia tienen sus iglesias nacionales independientes. En Occidente esta tradición fracasó trágicamente: las iglesias nacionales de Europa del Norte, aunque luchaban por la independencia, se separaron y se alejaron demasiado. Escogieron su propia teología, y llegaron a la creencia errónea de que una Iglesia Nacional puede ser creada mediante una simple decisión soberana. Estaban equivocadas: para tener vida, una iglesia nacional debe estar en comunión sacramental con la Iglesia creada por Cristo.
La Iglesia es una, como Israel es uno; fue creada por Dios, y no puede ser creada por hombres; su unidad doctrinaria debería ser restaurada mientras se alienta la descentralización. No es un problema político de luchas por el poder. El cristianismo (incluyendo al cristianismo anterior a Cristo) presupone la Presencia Divina difundida por el Mundo. Localizada – en iglesias y en lugares santos, pero ampliamente extendida.
Al contrario, Yisrael quiere profanar el mundo – y salvar Jerusalén. Los judíos quieren recrear a escala global la hazaña del Rey Josías, que destruyó todos los lugares santos del país para establecer la singularidad del Templo de Jerusalén (2, Reyes, 23). “Quemó los utensilios, quitó a los sacerdotes idólatras, profanó los templos y los lugares altos, derribó los altares y derribó las estatuas” etc. Simone Weil dijo correctamente:
Escribió estas palabras en 1942, cuando los judíos étnicos estaban sufriendo una gran calamidad, pero incluso entonces Weil sintió que era su deber advertir a la gente sobre el peligro ideológico de la teología judía, su tendencia a globalizar, a desespiritualizar el mundo y desarraigar a su gente. “Los judíos son el veneno del desarraigo”, escribió Simone Weil.
La bomba espiritual
Citamos anteriormente la imagen profética de la era mesiánica en la que todas las naciones enviarán su oro y su plata a Jerusalén: “Y serán reunidas las riquezas de todas las naciones de alrededor: oro y plata, y ropas de vestir, en gran abundancia”, etc. Para los cristianos esto tiene sólo un significado espiritual no relacionado en modo alguno con la Tierra Santa, igual que las parábolas de Cristo no se refieren realmente a viñedos.
Pero Yisrael, fortalecido por el colapso de la Iglesia, realiza su propio programa, basado en una lectura literal. Su peshat (interpretación literal) se convirtió aparentemente en realidad – los judíos probablemente poseen más dinero que los cristianos o los musulmanes, pero EE.UU. y Alemania siguen enviándonos miles de millones de dólares. Además existe una derash (interpretación profunda): las naciones entregarán asimismo su espíritu a los judíos. Esto se ha realizado hasta cierto punto: es difícil encontrar una esfera de aplicación del espíritu en el que los judíos no tengan un papel dirigente. Como resultado, el espíritu nacional europeo y estadounidense se manifiesta en el apoyo a cierto estilo judío práctico, despersonalizado, en la arquitectura, en el arte conceptual, en la sociología de Frankfurt, en la economía de Chicago, en la psicología vienesa, en la política neoconservadora, en la teología del Holocausto y el sionismo.
Esto no significa que los judíos sean brillantes: simplemente tuvieron éxito en la conversión de su agenda en agenda universal.
Por ejemplo, ocurrieron dos eventos importantes en Rusia al mismo tiempo: el juicio de Bayliss, acusado y declarado inocente de la acusación de asesinato de niños con propósitos religiosos; y la tragedia de los últimos días de León Tolstoy. Aunque para el hombre universal el segundo evento fue más significativo, dicho juicio recibió (y sigue recibiendo) más cobertura. En la actualidad, unos graffiti sobre el muro de una sinagoga atraen mayor atención que la destrucción de la iglesia de Santa Bárbara por el ejército israelí.
La tragedia de las víctimas judías en la II Guerra Mundial y la tragedia de Hiroshima ocurrieron en la misma época. Hasta el ascenso de los judíos en 1968, hubo Hiroshima Mon Amour; ahora sólo existe La lista de Schindler. El espíritu de Occidente se ha vuelto servil frente a la agenda judía.
Hay una interpretación sod, también: en el universo judío, hubo una catarsis anterior y conectada con la destrucción del Templo. El exilio de Yisrael fue causado por la necesidad de reparar un desastre cósmico que ocurrió cuando las Naves Celestiales se rompieron bajo la presión de la Luz Divina; sus fragmentos cayeron a la tierra y se mezclaron con chispas de luz. Mientras Yisrael está en el mar de luz, las Naciones son básicamente malignos fragmentos, pero algunas de ellas portan una chispa de luz. Es el alma judía enquistada en el mundo gentil.
En su momento, una generación tras otra generación, todas las chispas se reunirán en el pueblo judío; mientras que los fragmentos – los goyim – se tornarán totalmente oscuros y desespiritualizados. Este es el propósito del exilio judío: la cuidadosa remoción de las chispas espirituales del mundo gentil.
Ahora, nosotros también atestiguamos este fenómeno. En los últimos años, hay docenas de institutos en los que se está enseñando a los gentiles alguna forma de judaísmo: no se les convierte, sino que forman un segundo escalón de apoyo. Muchas personas religiosas prefieren a un ‘Dios’ no religioso, que también se ajusta a un modelo judaico.
El teísmo es otra forma aceptable para los judíos, porque afirma que no existen puntos focales particularmente sagrados.
Es un lugar común que los judíos desean dominar el mundo. Pero no buscan el dominio de un Rey, sino el de una Iglesia, en última instancia una iglesia-estado teocrática. Los judíos no quieren convertir a los gentiles, sino hacerlos judíos, tal como la Iglesia desea conferir el sacerdocio a sus laicos. Para los cristianos, cualquiera puede llegar a ser sacerdote; para los judíos, es igual de fácil que un gato se convierta en hombre, como que un goy se convierta en judío. Las exigencias de la Iglesia judía para sus laicos gentiles no son muy extenuantes: pueden hacer lo que quieran, pueden acumular riquezas y poder, siempre que renuncien a su alma y acepten no tener inspiraciones espirituales. No deberían ayudarse mutuamente, tampoco, porque el altruismo es una característica singular del judío, según la doctrina judía. Y muchos aceptan la sugerencia. Degradada o no, la Iglesia Cristiana fue fundada por Él que lavó los pies de sus discípulos y prometió que el primero será el último. La Iglesia Judía fue basada en la promesa al adepto de que sus propios hermanos se arrodillarán ante él. Así, la Iglesia Judía es más adecuada para los que buscan el dominio.
En el universo judío, los gentiles deberían someterse a los judíos. La aceptación de los Siete Mandamientos de Noé (52) es una forma de admisión semejante.
En breve, un Goy tiene que abstenerse de venerar a otros dioses. Más importante todavía, un goy no debería tener festividades ni ritos propios. Mientras no tenga religión todo está bien; su existencia desespiritualizada no causa alarma. Rambam (o Maimónides) expuso: “Un gentil que crea o siga un régimen religioso además de los Siete Mandamientos debería ser azotado y advertido de que será ejecutado si persiste. No permitimos que los gentiles realicen ritos y mandamientos propios.” (53). Al aceptar los Siete Mandamientos, una persona acepta su estatus de goy en el Universo Judío.
Cuando San Pablo y San Pedro comenzaron su misión hacia los gentiles, los líderes de la Iglesia de Jerusalén – judíos que llegaron a Cristo – exigieron que circuncidaran a los nuevos adeptos (54). A sus ojos, el cristianismo era sólo para judíos, aunque estaban dispuestos a aceptar conversos. San Pedro rehusó. Entonces los dirigentes de la Iglesia ofrecieron un compromiso: que los nuevos cristianos de origen gentil aceptaran los Mandamientos de Noé y se abstuvieran de comer animales sacrificados según ritos paganos.
San Pedro estuvo dispuesto a aceptarlo, porque no comprendió el significado de la prohibición. San Pablo se negó, porque comprendió: al aceptarla, sus Nuevos Cristianos estarían de acuerdo con ajustarse al universo ordenado por los judíos. No insistió en que comieran, pero sí consideró que era necesario decir: podemos, esta ‘prohibición’ es irrelevante para nosotros.
No hay nada demasiado ínfimo en el mundo del espíritu. Un cabalista de Safed, José della Reina, capturó a Satanás dentro de un pentagrama mágico y le ordenó que liberara el alma del Mesías, según un cuento medieval judío. Satanás aceptó, con una pequeña condición: pidió a José que encendiera una vela por él. José encendió la vela, y este acto de adoración liberó a Satanás. Tomó a José y lo lanzó lejos, hasta Tiberias.
De la misma manera, unos pequeños acuerdos con los judíos causaron la sumisión de la Cristiandad – no sólo a los judíos, sino también a su Espíritu Guía. Esto comienza con cosas pequeñas: la remoción de los signos religiosos fuera de escuelas y sitios públicos.
Pero nosotros sabemos interpretar esta rendición del espíritu como prueba de una victoria judía. Hace cierto tiempo, el Congreso de EE.UU., en un acto extremadamente extraño de sumisión, aceptó dar el estatus de ley a los Siete Mandamientos. (56) Era bastante irrelevante, pues no comemos alimentos sacrificiales; fue tan irrelevante como la vela de Della Reina, pero tan catastrófico como la locura del cabalista.
Una locura aún peor fue la idea de dos documentos del Concilio Vaticano IIº.
Un cristiano podrá argumentar que el Nuevo Testamento es diferente del Antiguo, pero deberá aceptar la idea de la Supercesión, como lo hicieron los católicos. Alternativamente, uno puede creer, con los ortodoxos, que existe un solo Pacto, y que el Antiguo es idéntico con el Nuevo. Entonces deberá declarar que los judíos que rechazan a Cristo ya no forman parte del Pacto. Pero de ninguna manera puede un cristiano declarar que el Pacto Judío es válido; porque mina el significado mismo del sacrificio de Cristo. Crea, necesariamente, una religión con dos escalas, en la primera clase están los ‘judíos cristianos’, beneficiados con los dos pactos, y en la segunda clase los goyim, afectados sólo por el segundo pacto. La Iglesia debería atraer y bautizar a los judíos, pero sin darles un estatus especial. De otra manera la Iglesia, la más poderosa defensa contra la continua ofensiva judía, será subyugada y la majestuosa señora de Estrasburgo cambiará su sitio por el de la Sinagoga.
El Universo Judío se está edificando, un ladrillo sobre el otro, y uno de sus signos es la disminución del nivel educacional y espiritual de los gentiles.
En el mayor Estado judío, EE.UU., se necesita más de 30.000 dólares por año para pagar una buena educación universitaria. La vasta mayoría de los estadounidenses no pueden ni soñar con sumas semejantes, pero eso sigue siendo asequible para los judíos. Las películas estadounidenses degradan a sus espectadores, mientras la televisión es capaz de convertir a un telespectador insistente en un zombi.
El delicado tema de la integración escolar viene al tema. John Spritzler de Democracy Now! escribió:
Fíjense, por favor: el Boston Globe es un periódico de propiedad judía. El transporte en autobuses fue algo muy bueno para las escuelas y guarderías judías, pues, gracias a lo engorroso de los viajes interminables en autobús, pudieron atraer a todos los judíos más los gentiles de la clase alta y cobrarles buenos honorarios. Y consideren la diversión extra de enojar y humillar a los WASPs – o de integrar a todos los goyim en una sola familia feliz. Por cierto el transporte en autobuses dio lugar a una caída del nivel educacional de la clase media estadounidense, y la debilitación de los WASP; de modo que fue un paso necesario en la apropiación de la mente estadounidense. Porque la victoria total del espíritu judío se logrará sólo cuando un debilitado goy analfabeto lama agradecido una mano judía y lo bendiga por ser su guía.
Tierra Santa
¿Qué quieren los judíos en Tierra Santa? Vivir en paz, dicen sus partidarios. Quieren matar o expulsar a los palestinos, dicen sus adversarios. Esperan crear un super-estado del Nilo al Éufrates, dicen los pesimistas. No importa, mientras nos dejen en paz, dicen los antisemitas, y se equivocan. Seguramente hay judíos que quieren una de las tres cosas. Pero ‘los Judíos’ (a diferencia de los judíos) quieren convertir a Jerusalén en la suprema capital del mundo, y su templo reconstruido en el punto focal del Espíritu sobre la Tierra. Y es lo único que todavía falta en la continua construcción del Universo Judío.
En 1962, la revista Look invitó al fundador del Estado judío, David Ben-Gurion, a visualizar el mundo dentro de 25 años. Predijo (erróneamente) que en 1987 ya habría un Gobierno Mundial, con la Corte Suprema para la Humanidad (el cuerpo eclesiástico superior) establecida en Jerusalén, así como un santuario, conmemorando el papel judío en la unificación de la humanidad (57).
Si esto se realiza algún día, el mundo habrá cambiado irreversiblemente. El cristianismo morirá, el espíritu abandonará a las naciones en nuestra parte del mundo, y nuestra dudosa democracia de la actualidad será suplantada por un vasto estado teocrático. La paz es lo último que la gente puede esperar en tales circunstancias. No es agradable vivir en estados teocráticos, sea dirigido por jesuitas en Paraguay o en el Estado Papal, o en la Nueva Inglaterra puritana. Sin embargo, el estado teocrático judío será considerablemente peor, porque los gentiles corrientes no participarán en su dirección y no tendrán acceso a su espiritualidad. Desespiritualizados y desarraigados, sin hogar y solitarios, los Amos del Mundo de ayer se convertirán en esclavos, en todo menos en el nombre.
Ahora comenzamos a comprender el supremo misterio de la doble unidad de dos ideas políticas que parecen opuestas, el sionismo y el liberalismo mammonita. Mientras el sionismo establece la base para la central del Nuevo Orden Mundial, el liberalismo mammonita establece la esclavitud en el mundo. Jabotinsky y Soros están realizando tareas diferentes para un mismo sistema: el Muro de Acero y la Sociedad Abierta son sólo nombres diferentes para lo mismo. Cuando los judíos en la Tierra Santa afirman su derecho a conducir tanques por donde quieran, secuestrar a sus enemigos en todo el mundo, privatizar las tierras de los palestinos y las plantas de aluminio de los rusos, están realizando el paradigma de la Sociedad Abierta. Cuando construyen el muro sobre las tierras de los palestinos y obligan a sus esclavos chinos a firmar contratos con “nada de sexo, nada de Dios” (58), se vuelven hacia la hipóstasis del Muro de Acero.
Además, la Sociedad Abierta no puede existir sin el Muro de Acero. Los miembros de la sociedad abierta, a la que le han robado su subsistencia, atacarán a los ladrones, que tienen que erigir el Muro de Acero. En Tierra Santa, los judíos tienen agua y tierra, los gentiles tienen hambre y sed; y por eso los territorios palestinos están abiertos para las incursiones judías, mientras el Muro protege a los judíos. Al describir al sumo sacerdote de la Sociedad Abierta y sus ideas, Marek G. escribió: “El grueso de los escritos de von Hayek está dedicado a la elaboración de métodos para hacer que las personas sean ajenas las unas de las otras, privadas de cualquier ápice de amistad y altruismo (59). Propone que la población del Imperio Global debe ser constantemente remezclada, de manera que no aparezcan culturas duraderas y distintas (o sea, que sean preservadas del pasado).
Se supone que los habitantes del Imperio Global no tengan nacionalidad (y así, automáticamente, no tengan identidad), humanoides, moviéndose “individualísticamente” en direcciones que les han sido dictadas por comandantes financieros “invisibles”, cuya existencia es implícita en los escritos de Hayek. Proclama que la “Liquidación de la soberanía de los estados es el objetivo necesario y lógico del programa liberal”. El único objetivo colectivo de la actividad humana admitido en el Imperio Global debería ser la adquisición de propiedad privada, especialmente esos artículos móviles, brillantes, que son el objeto de producción y distribución competitiva en masa”. (60)
El (neo) liberalismo es la visión judaica del mundo sometido a los judíos. Es la línea fundamental de asalto de Yisrael, mientras que el sionismo, con toda su crueldad, no es sino una operación menor. Ahora vemos un fenómeno interesante: George Soros, el Guderian de Yisrael, se queja de que las imprudentes acciones de los neoconservadores sionistas estadounidenses ponen en peligro su operación mucho más importante (61).
No es poco usual que en el ejército un general exija que se prohíba una operación exitosa de otra unidad, porque debilita su esfuerzo principal. George Soros tuvo éxito solo (bueno, casi solo) en la colonización de Europa Oriental (62), y espera poder ofrecer una alternativa a los belicosos neoconservadores para Europa Occidental.
Parece que el proyecto predilecto de Yisrael se completará durante nuestras vidas.
Sin embargo, la profanación total del Hombre es físicamente imposible. Basta una privación de la vida sexual normal en las cárceles para causar perversiones, y es una perversión de la espiritualidad occidental lo que tendrá lugar. Los esclavos africanos en América desarrollaron un nuevo culto esclavo, mezclando sus antiguas creencias con las de sus amos. Cultos esclavos similares están surgiendo ahora entre los europeos, y elculto del Holocausto es uno de ellos.
Teológicamente, este culto es una adaptación del régimen espiritual judío para mentes cristianas, ya que reemplaza a Cristo por Israel, el Gólgota por Auschwitz, y la Resurrección por la creación del Estado Judío. Los que discuten el dogma del Holocausto reciben el trato que los herejes encontraban otrora. Son excomulgados y excluidos de la sociedad.
Generalmente se trata de personas con mentes científicas, sus argumentos recuerdan los argumentos de ateos ingenuos que tendían a decir: “Una ballena no puede tragarse a un hombre, por lo tanto, la historia de Jonás no es verdad”. De la misma manera, los herejes del culto del Holocausto dicen: una cantidad tan grande de judíos no podía ser asesinada, o no hay cámaras de gas fehacientes. Pero esos argumentos no llevan a ninguna parte: la gente que acepta estar metida en el universo judío tuvo que inventar nuevos instrumentos religiosos y dogmas.
A un nivel subsconsicente, los estadounidenses y en menor grado los europeos ya han aceptado su derrota. Claude Lanzmann lanzó el desafío cuando dijo:
Nadie aceptó el desafío. Ningún nuevo Roland recogió el guante del enemigo en avance. Lanzmann no fue condenado al ostracismo, sus películas fueron proyectadas en los cines de Francia, mientras los teólogos discutían acerca del “cristianismo después de Auschwitz”. La capitulación espiritual de Occidente se manifestó al remover la Cruz y una iglesia del terreno de Auschwitz, la confirmó el viaje a Canossa del Papa cuando fue a Jerusalén, cuando el jefe de la iglesia católica romana pidió perdón a los judíos.
Fue un error. No fue casual que poco después, Sharon marchó al Monte del Templo y comenzó la Tercera Guerra Mundial. Los judíos no son cristianos, y consideran una disculpa como un signo de rendición. Nuestro amigo Paul Eisen escribió:
Eisen fue demasiado optimista. Palestina no es el objetivo final de los judíos; lo es el mundo. Palestina es sólo el sitio de la central estatal para el mundo; necesario, porque de otra manera el pueblo de Europa no quedaría magnetizado como un conejo ante los focos de un coche. Si se estableciera un Estado judío, digamos en Argentina, según el Barón Hirsh, o en Uganda, según Theodor Herzl o en Madagascar, según Hitler, no podría activar los niveles más profundos de la conciencia cristiana. Ahora, presentada la conquista de Palestina como parte de una profecía, ha cautivado sus mentes. También ha cautivado las mentes de los israelíes. Hay que admitir que su tarea en todo el asunto es limitada. Los judíos, en su impulso por la dominación del mundo, requieren una base, y los israelíes tienen que apoderarse de esa base y afianzarse en ella. Para una tal tarea no se necesita mucha imaginación, y los sionistas forman un pueblo simplón.
Incluso el cociente intelectual promedio israelí es de 95, está por debajo del centroeuropeo de 100 y muy por debajo del judío europeo de 105. El bajo IQ no es el resultado de que se haya contado a los judíos sefardíes, como se afirma a veces, sino de un hecho bien conocido: los judíos listos y exitosos casi nunca inmigraron a Israel. Hicieron su carrera en EE.UU. o en Rusia, en Francia o Alemania. Hicieron su dinero en Wall Street, combatiendo el antisemitismo desde las páginas de Le Monde y el Times, gobiernan naciones y escriben críticas de arte. Los israelíes proceden de la chusma judía mundial, enviada a conquistar el país para la central del Nuevo Orden Mundial.
Muy pocos judíos miran más allá del próximo cerro que esperan quitarle a los palestinos. Están poseídos por su deseo, aunque no pueden comprender ni explicar por qué. Un buen caso es el Dr. Benny Morris. El experto en la Tragedia Palestina de 1948, ahora la aprueba, lamenta que no haya sido más completa, y desea repetirla, multiplicada y ampliada (64).
No se trata de una negación del Holocausto, es aprobación del Holocausto. Para Morris, el desarraigo de palestinos y la destrucción de su cultura, su tierra, y su singularidad, no importa mucho, pues no fueron matados en un sentido biológico, ¿no es cierto? Y el goy es sólo una máquina biológica, un animal, cuyo entorno y forma de vida pueden ser destruidos por un ser superior si es necesario.
Y Morris dice “Sigo pensando que soy izquierdista". Si ésta es la Izquierda judía, ¿qué será la Derecha judía?
A medida que pasa el tiempo, el reconocimiento de su misión penetra la conciencia de los israelíes. La metamorfosis de Nathan Sharansky, un luchador por los derechos humanos de antaño convertido en un judío nacionalista de derecha, lo prueba. El que fuera liberal, recientemente (65) exhortó a la retención del Monte del Templo en manos judías incluso al precio de una guerra sin fin. Benny Morris, ayer amigo de los palestinos, llama hoy a la limpieza étnica y predice una guerra eterna con un holocausto nuclear dentro de veinte años. Los judíos por todas partes están infatuados con el Estado de Israel, aunque no les importaba gran cosa antes de 1968, porque sólo después de ese memorable año comenzaron a sentir el avance de los planes globales de Yisrael.
En Israel, la cantidad de gente que aprueba los planes del Tercer Templo aumenta permanentemente, y excede ahora un 60 por ciento. Con la ocupación de Irak, los palestinos encerrados tras el muro, los iranios apocados de miedo y los saudíes muertos de miedo, es sólo cosa de meses hasta que la Cúpula Dorada sea volada y se erija el Tercer Templo. Es difícil calcular las consecuencias; si se limitarán felizmente a un Apocalipsis nuclear, o (la posibilidad mucho peor) si nuestro Ecumene derivará hacia el universo judío.
Bueno, no se trata de esto exactamente: mientras las naciones cristianas sigan muriendo espiritualmente, una gran cantidad de templos abrirá la no-existente línea de comunicación entre los judíos y Dios; no habrá ningún flujo de gracia del cielo y para la gente. El burlón satánico se reirá de los judíos que creían que los tanques y las aplanadoras podían llevarlos a poseer a Dios.
En una historia de Charles de Coster, el embaucador y burlón Tyl Ulenspiegel (66) vendió a los judíos una bolsita mágica, prometiéndoles que podrían adivinar el futuro al chuparla. Los judíos esperaban descubrir cuándo vendría su Mesías, y chuparon fuerte, sólo para descubrir que la bolsita estaba llena de mierda.
Una desilusión similar espera a los constructores del templo.
Pero las maléficas consecuencias de esta empresa serán muy reales, porque la aceptación del régimen satánico influenciará la conciencia extremadamente poderosa, si no omnipotente, de la humanidad. Los científicos del Proyecto Manhattan que fueron llamados a crear la primera bomba nuclear temían que la reacción en cadena destruyera la tierra, convirtiéndola en una estrella. La interferencia con las esferas divinas puede causar un resultado igualmente dañino convirtiendo el mundo en un desierto espiritual.
Para salvar el mundo de una posible devastación espiritual, el estado judío debe ser desmantelado. Incluso si Yasir Arafat jurara lealtad a Ariel Sharon, hay que hacerlo –no sólo por el bien de los palestinos, sino por el bien del mundo entero. Se puede hacer suavemente, sin transferencias ni derramamiento de sangre, creando un Estado democrático para todos los residentes de Palestina, palestinos nativos y adoptivos. No será un estado judío, pero los judíos israelíes serán, en su momento, absorbidos por los palestinos, como los judíos antiguos fueron absorbidos por los palestinos entre los siglos II y VII.
Después de todo, los palestinos nativos y los judíos israelíes son un mismo pueblo, separado por la religión. En un reciente estudio, el genetista español, profesor Antonio Arnaiz-Villena, de la Universidad Complutense en Madrid, descubrió que judíos y palestinos comparten un pool de genes muy similar y que deben considerarse como estrechamente emparentados, no genéticamente separados. La rivalidad entre los dos grupos se basa, por lo tanto, “en diferencias culturales y religiosas, no genéticas”, señalaron los autores (67). Por lo tanto, la familia de Abraham será reunificada, y el mundo se recuperará lentamente de la devastación causada por Yisrael.
¿Maldición o bendición?
¿Hay una manera de decidir objetivamente quién tiene razón, cuál es el modelo del universo válido, judío o cristiano, o si es cosa de gusto, como el elegir entre té o café?
¿Y deberíamos darle alguna importancia? Oh sí, sí existe, y sí, deberíamos. Si lo que los judíos dicen es cierto, y ellos son el Verdadero Israel, su presencia debería ser una bendición para la gente entre la que viven; si lo que enseña la Iglesia es verdad, y su Yisrael es un impostor, el Auge de los Judíos va a ser una maldición para los nativos.
Éste es un punto de acuerdo mutuo entre judíos y cristianos: la bendición es el criterio. Un popular portavoz judío, Irwin Graulich, cuyo artículo Obsessive-Compulsive Judaism (68) [Judaísmo obsesivo-compulsivo] circuló mucho en Internet, escribió: “La respuesta (acatar a los judíos o no) es en realidad bastante simple y proviene de una importante frase en el Nuevo Testamento [sic]. ‘Los que bendigan a los judíos serán bendecidos y los que maldigan a los judíos serán malditos’. Todo el que crea en esta declaración tomará el camino de los religiosos cristianos estadounidenses [sionistas]. No puede sorprender que EE.UU. se haya convertido en el país más bendecido en la historia del mundo. ¿Y cuáles son las naciones más maldecidas en la actualidad? ¡Obviamente el mundo árabe y musulmán, a pesar de todos sus pozos petrolíferos!”
No se encuentra ninguna frase semejante en el Nuevo Testamento. Sinagoga de Satán, sí. Los judíos persiguieron a Jesús, sí. Los judíos hicieron todo lo posible para matarlo, sí. Los judíos actuaron con poca sinceridad, sí. Pero la frase de la que Irwin Graulich afirma que se encuentra está perfectamente ausente.
La cita correcta (69) dice: “Bendeciré a los que te bendijeren (Abraham), y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra”. Para un cristiano, Dios se está refiriendo a Cristo, un descendiente directo de Abraham. ¿Qué podría ser una bendición más alta y mejor que ser un antepasado de Cristo? Por cierto, a través de Cristo, todas las familias de la tierra (gentiles) fueron bendecidas, y todos los que aceptaron a Cristo se convirtieron en hijos de Abraham, en las palabras de San Pablo (70).
Pero los que rechazaron a Cristo fueron maldecidos por la misma maldición. Ya que Cristo había abierto el Pacto a todos, la Iglesia Cristiana se convirtió en el Verdadero Israel, y los judíos que habían rechazado a Cristo ya no pertenecen al Verdadero Israel, ni les siguen perteneciendo las divinas profecías. Al aplicar las promesas anteriores a Cristo a la realidad posterior a Cristo, Graulich embauca a su inocente lector.
La opinión de un Graulich significaría muy poco en este mundo si no fuera porque la misma línea fue la que difundió la The New Scofield Reference Bible, Oxford 1967 y sus subsiguientes ediciones; se trata de una vasta empresa de inspiración judía, que es popular entre predicadores estadounidenses de corto alcance. Esta ‘Biblia’ es más bien un Talmud, un vasto conjunto de ‘comentarios’ y ‘notas al pie’ sobre el texto de la Biblia. El resultado está tan alejado del Antiguo Testamento como el Talmud judío, otra serie de ‘comentarios’. Por ejemplo, el Talmud comenta sobre la palabra ‘hombre’ como sigue: “significa un judío, porque un no-judío no es llamado ‘hombre’.
Los editores de Oxford de la Biblia Scofield implantaron las siguientes notas al pie en el Antiguo Testamento:
Veamos si les ha ido bien a los que han protegido al judío, en el mejor sitio para un semejante examen, el Estado judío.
En los montes arenosos y polvorientos del Negev, la vasta área en el sur de la Tierra Santa, justo bajo el paso Scorpio construido por los romanos, al borde del valle Arava, a medio camino entre Jerusalén y Eilat y de Gaza a Petra, hay un venerable y venerado árbol shizef milenario (73). Bajo sus frondosas ramas eternamente verdes solía haber un generoso manantial, llamado En-Hazeva en la Biblia, y Ain- Husub en árabe moderno. Sus chorros de agua atraían a las caravanas de comerciantes nabateos que portaban mirra e incienso desde Arabia Felix al Mediterráneo, vivían cerca los antiguos israelitas, los edomitas construyeron un pequeño templo en el monte que domina. y los romanos erigieron baños. En los tiempos modernos, numerosos pastores beduinos, hijos de Abraham, condujeron sus rebaños a la corriente bendita y formularon sus juramentos ante el árbol, en su profunda y fresca sombra.
Es la frontera de la Tierra Prometida, hogar de la figura pastoral del pastor con el cordero sobre sus espaldas. Enjuto y robusto en ropajes blancos sueltos, con una noble cara curtida por el clima, en el marco blanco de su tocado circundado por una cuerda tejida negra, con un cigarrillo liado de hierbas cultivadas en casa en sus ásperas manos, el árabe se siente tanto cómodo en la desnuda inmensidad del desierto como tú en tu Calle Principal. Siempre tranquilo y amistoso, es un placer encontrarse con él. Muchas veces, al vagar por el desierto me encontré con una negra tienda beduina y fui reanimado con su té maramiye, siempre calentándose en una gran tetera de aluminio sobre carbones ámbar.
Las estrellas, inmensas estrellas del desierto encima de su fogata eran mucho más impresionantes y emocionantes que la pantalla plana de televisión en la que estamos acostumbrados a clavar los ojos. La electricidad, esa dudosa bendición, nos ha dado el placer de leer libros de noche, pero nos ha robado las estrellas; es más fácil prender la luz eléctrica que encender un fuego, pero el árabe tiene un calor vivo de fuego además de la luz, con el mismo esfuerzo. Para la gente asentada, los muros detienen el viento, pero bloquean la visión; pero el árabe tiene la visión viva de la naturaleza virgen, intacta. Los techos nos protegen del sol y de la lluvia, pero el árabe tiene su alto cielo para recordarle a Dios.
De lejos, todos los habitantes del Medio Oriente son ‘árabes’, pero aquí, ese nombre pertenece sólo al beduino. En el hermoso mosaico de Palestina, los pastores árabes, los fellah campesinos, y los burgueses de las ciudades son tan diferentes como los colores básicos; todos muy buenos y diferentes. El fellah tiene manos para las plantas; hace florecer los almendros y hace que los olivos produzcan su fruto; construye terrazas y casas de piedra. La gente de la ciudad vive entre las grandes iglesias y mezquitas de Palestina; son ellos los estudiosos y los que comercian. Los árabes son diferentes de la gente asentada, porque están expuestos a los elementos; lavados por la lluvia, calentados por el sol, castigados por el viento, forman parte integral de la naturaleza.
T.E. Lawrence estaba enamorado de ellos, y pensaba que los judíos protegerían a los beduinos de los fellahs y de la gente de la ciudad. Por eso apoyó la Declaración Balfour y la colonización judía de Palestina.
Sin embargo, con la declaración unilateral de independencia de Israel en 1948, los judíos expulsaron a los beduinos del valle Arava hacia Jordania, el Sinaí y la Franja de Gaza. Sólo una familia permaneció cerca de la vertiente de Ain Husub, la familia de Ali Abu el Mesk Amrani cuyo padre ‘protegió al judío’: ayudó a los soldados sionistas a encontrar el camino hacia el sur a Eilat en 1949. Como recompensa, le permitieron permanecer en la tierra de sus antepasados cerca del gran árbol antiguo y del generoso manantial. Pero no por mucho tiempo: en 1960, los colonos judíos llegaron a Arava.
Querían aprovechar su cálido clima para crear una agricultura rentable para la exportación a Europa. El suelo era pobre, así que se apoderaron de tierras jordanas al otro lado de la frontera. El trabajo era duro, así que trajeron a trabajadores tailandeses. Sus ideas sobre agricultura se habían desarrollado en Europa con abundancia de agua, así que hicieron profundos pozos y le sacaron el jugo a la tierra. En 1964, el antiguo manantial de Ain Husub se secó; al cabo de pocos años todas las (26) pequeñas vertientes que solían suministrar el agua para las ovejas de Ali se habían secado y muerto. Después de perder su sustento, Ali decidió construir una casa y adaptarse al estilo moderno de vida. Pero no se lo permitieron: las autoridades que habían permitido que los colonos judíos construyeran sus villas, se lo prohibieron a Ali, el goy. Él y su familia siguieron viviendo en sus carpas desgarradas, cerca de la vertiente seca de Ain Husub, cerca de las prósperas villas de los colonos judíos, cerca de las chabolas llamadas Bangkok para los labradores tailandeses. Aquí nos podemos olvidar del multiculturalismo posmoderno, del enfoque contra el odio, del no ofender a nadie, que proclama el mismo valor de todas las religiones, y responder la pregunta de quién tiene razón, qué modelo del universo es mejor: el judío o el cristiano.
En resumidas cuentas, el universo judío es bueno para los judíos, pero es una maldición para los demás. La Iglesia tenía razón: su bendición se hizo maldición, y quienquiera los bendiga es maldecido; como lo viven ahora los estadounidenses en carne propia. La dominación judía no es una buena señal para la gente corriente, y esto se ha comprobado muchas veces.
En Europa oriental, los tiempos de la dominación judía fueron los peores para la gente corriente. La Rusia posrevolucionaria vivió el reino del terror en los años 20, la destrucción de sus iglesias, la gran hambruna en Ucrania, y el desarraigo masivo de campesinos. Mis abuelos judíos no querían hacer mal, no eran monstruos malvados.
Como un niño que saca el lindo pececito de la pecera para que goce del sol, los judíos querían el bien. Querían convertir a Rusia en un país moderno, eficiente, sin iglesias, sin Dostoievsky ‘el antisemita’, sin su cultura nativa primitiva. Si los rusos necesitaban una iglesia, estaban dispuestos a dársela y apoyaron la jerarquía como-de-iglesia del PC de la URSS. con su policía ideológica como-de-la-Inquisición, la Cheka.
Los judíos perdieron sus elevadas posiciones en la Iglesia Comunista en 1934, y la vida de los rusos corrientes mejoró considerablemente. Después de 1991, los judeo-mammonitas impusieron su paradigma a Rusia, y la vida de los rusos corrientes empeoró, mientras las nuevas elites prosperaban.
En Polonia, Checoslovaquia y Hungría, los años de dominación judía (1945-1956) fueron los más duros y desagradables. En Alemania, la preeminencia judía en los años 1920 coincidió con la terrible inflación y el desempleo para los alemanes, y el crecimiento de la riqueza e influencia judía.
Los nativos gentiles fueron aplastados totalmente en el Estado judío de Israel. Y en EE.UU., a medida que la influencia judía ha ido creciendo permanentemente desde 1968, la vida de la gente corriente ha ido empeorando y las brechas sociales se han multiplicado.
La revista derechista estadounidense Business Week, en un artículo titulado “Despertando del sueño estadounidense”, informó que entre 1973 y 2000, el ingreso real promedio del 90 por ciento inferior de los contribuyentes de EE.UU. disminuyó realmente en un 7 por ciento. Al mismo tiempo, el ingreso del 1 por ciento superior aumentó en un 148 por ciento, el ingreso del 0,1 por ciento superior aumentó en un 343 por ciento y el ingreso del 0,01 por ciento aumentó en un 599 por ciento. La movilidad ascendiente bajó de un 25% a un 10%, y muy pocos niños de la clase baja llegan a una afluencia siquiera moderada. Paul Krugman escribe en The Nation (74) que EE.UU. crea una sociedad de castas, en la que la posición baja de los estadounidenses corrientes es afianzada mediante recortes en la educación y la salud, y al reducirse la carga tributaria de los ricos y sofisticados.
Esta tendencia es fuerte en el Estado judío, en el que los beneficios del mercado bursátil, y las ganancias del negocio inmobiliario no pagan impuestos en muchos casos, mientras que el trabajo paga impuestos en su totalidad. No es por coincidencia, los judíos desprecian tradicionalmente el trabajo y a los trabajadores, y el auge de la iglesia judía ha tenido severas repercusiones para la gente trabajadora corriente. En el Estado de Israel, el tema de ‘bendición o maldición’ en realidad es palmario. Los gentiles nativos de la Tierra Santa sufren por la destrucción de su país, sus olivos son arrancados, sus ingresos son una fracción de los de los judíos, mientras que a ellos se les encierra tras el gran Muro de Sharon.
Un autor israelí, Ran HaCohen, escribió en Antiwar.com: “Ya es hora de decirlo fuerte y abiertamente: En todo el curso de la historia judía, desde el exilio babilónico en el siglo VI AC, nunca ha habido una era con la suerte de tener menos antisemitismo que la nuestra. Nunca ha habido un tiempo mejor para la vida de los judíos que el nuestro”.
Estoy de acuerdo. Pero no es la mejor época para decirlo en alta voz: una buena época para los judíos no es buena para el resto de la humanidad. Desde 1968, a los judíos les ha ido mejor y mejor, mientras que a la gente corriente les ha ido peor y peor.
Por consiguiente, hemos encontrado una respuesta a la pregunta: la bendición para los judíos es una maldición para los demás, y por ello los judíos no son un Israel bendito. Un teólogo judío de Nueva York, Saadiya Grama, lo expuso sucintamente: “los éxitos judíos en el mundo dependen totalmente del fracaso de todos los demás pueblos. Sólo cuando los gentiles confrontan la catástrofe total, les va bien a los judíos”. (75) Su libro fue correctamente condenado como racista, porque afirmó: “La diferencia entre el pueblo de Israel y las naciones del mundo es esencial: El judío por su origen y por su propia esencia es enteramente bueno. El goy, por su origen y por su propia esencia es totalmente maligno. No es simplemente un asunto de distinción religiosa, sino más bien de dos especias completamente diferentes”.
Grama dijo explícita y sucintamente lo que piensan numerosos otros judíos – desde los hasídicos Lubavitch hasta Matti Golan. Más importante aún, es una genuina presentación del paradigma teológico judío, purificado de las mentiras y el disimulo de las Relaciones Públicas. Sería objetivamente cierto incluso si ningún judío expresara o tuviera conscientemente semejantes pensamientos. De la misma manera, América está separada de Europa por el Atlántico, aún si su existencia siguiera desconocida por los europeos.
El modelo del restaurante chino
En el siglo XIII, los franceses tomaron la isla de Sicilia. Se establecieron en las ciudades, y formaron una clase alta, separada de los nativos. Eran más ricos y poderosos que lo sicilianos, y las tropas francesas estacionadas en la isla los protegían. Pero en la Semana Santa de 1282, a la hora de vísperas, el dócil pueblo de Palermo se rebeló y mató a los soldados franceses y a los colonos. 2.000 franceses fueron masacrados durante lo que se recuerda en la historia como las Vísperas Sicilianas. Francia perdió su control sobre el reino. Y, diez años más tarde, el Reino de los cruzados de Acre fue vencido por el sultán Halil al-Ashraf, y los colonos francos fueron masacrados, vendidos como esclavos o huyeron a Chipre.
No es ésta una solución poco acostumbrada al problema de la supremacía extranjera. Si los extranjeros gobernantes se quedan entre sí, y no se integran con los nativos, preparan para sí la desagradable suerte de los franceses en Sicilia o de los francos en Outremer. Pero hay una manera menos sangrienta de tratar con las elites extranjeras, como podemos descubrir durante una cena. En los mejores restaurantes chinos, se goza de un placer visual, además de una buena cena: las camareras llevan una falda que llega al suelo, con una apertura lateral que les llega a la cintura, así que cada paso de esas deliciosas deja vislumbrar sus magníficas piernas. No es un signo de decadenciaoccidental, incluso restaurantes muy tradicionales en China observan esta excitante costumbre. No es que quieran distraer a sus clientes del placer de un Pato Pekinés – el corte en la falda tiene un significado diferente.
Es un recuerdo de la conquista de China por los manchúes, un pueblo relacionado con los mongoles de la provincia del noreste chino de Manchuria. En 1644 los manchúes rechazaron los avances rusos en el valle Amur, y con la ayuda de chinos disidentes, se establecieron como los nuevos gobernantes de China bajo el nombre de Dinastía Ch’ing. El gobierno dinástico de China por los Chi’ing duró hasta 1911, casi trescientos años. Durante este tiempo, los chinos asimilaron a sus gobernantes semi-nómadas: los manchúes perdieron su idioma, su cultura específica, sus costumbres y se convirtieron en chinos.
Pero la asimilación es un proceso bidireccional. Los manchúes – hombres y mujeres –eran intrépidos guerreros y jinetes; las damas manchúes de alta alcurnia vestían largas faldas con un corte hasta la cintura que les permitía montar a caballo. Llevaron con ellas sus faldas a su nueva capital imperial en Beijing, y pronto todas las damas aristocráticas chinas adoptaron la moda aunque nunca montaban a caballo. La revolución de 1911 convirtió China en una república; el régimen manchú se había acabado de una vez por todas, a pesar de un breve intento japonés por crear un nuevo estado manchú de Manchukuo. Lo único que quedó de los siglos de régimen manchú fue el vestido cortesano con profundos cortes para la equitación, e incluso eso está limitado ahora al uniforme del restaurante chino.
Es una manera de deshacer la dominación de elites extranjeras. No siempre es posible expulsar al invasor, a veces es más fácil asimilarlo. La dominación judía en EE.UU. y en Palestina requiere la rápida asimilación de los judíos. Algunas trazas del período del régimen ideológico judío permanecerán, pero cuando lleguen al nivel de las faldas manchúes, no representarán un peligro. Pues bien, aunque condenamos la teología y la ideología judías, queremos salvar a los judíos del maleficio, recuperarlos, poner su energía al servicio de la gente. El fuego de Palestina muestra el camino.
La próxima Semana Santa es un período muy especial. Este año todas las Iglesias de Oriente y Occidente celebrarán juntas la Semana Santa, porque las Semanas Santas de las Iglesias de Oriente y Occidente – calculados de modo diferente- coinciden de vez en cuando. Este año, el Viernes Santo coincidirá con el Día de la Masacre de Deir Yassin, el día en el que cientos de palestinos: hombres, mujeres y niños, fueron masacrados en 1948 por los judíos a fin de capturar Jerusalén, a pesar de la decisión de la ONU de que la ciudad estuviera bajo control internacional. También coincidirá con la masacre de Yenín hace dos años, cuando sus aplanadoras sepultaron a la gente bajo los escombros de sus hogares. Coincidirá con el sacrílego asedio a la iglesia de la Natividad en Belén.
Esta conexión de la tragedia palestina y de la Crucifixión está por lo tanto grabada en la historia. Pero sabemos que después de la Crucifixión, existe la Resurrección.
Notas
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