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Ecofilosofía y Política de Patria Nueva
Sociedad
IIIª
Parte
Patria
Nueva Sociedad frente al
Deconstruccionismo
Por
Alexis López Tapia

"Homo lupus homine"

I.- Las Tesis fundamentales del
Decontruccionismo
(1)
Desde
mediados del Siglo XX, la Semiología
–también llamada Semiótica- o “Nueva
Lingüística”, sentó las bases para el
desarrollo del Deconstruccionismo como
propuesta filosófica que hoy domina el
horizonte político en nuestras Naciones,
y que se está aplicando amplia y
sistemáticamente en Chile.
Dado el
hecho de que el Deconstruccionismo se
plantea como anti racionalista, cabe
analizar en qué aspectos su crítica del
racionalismo tiene paralelos con la
visión Ecofilosófica de nuestro
Movimiento, y en qué aspectos estas
tesis difiere de modo fundamental.
El Deconstruccionismo es la expresión
actualmente vigente, de una larga línea
de tesis que se originaron en el
Materialismo filosófico sustentado por
Bruno Bauer, David Strauss, Ludwig
Feuerbach y Karl Marx, entre otros.
Sin embargo, será a partir del
Existencialismo y el Estructuralismo,
que las ideas fundamentales del
Deconstruccionismo comenzarán a regir el
horizonte de lucha del Materialismo en
su forma actual.
El Deconstruccionismo surge siguiendo la
estrategia de “hegemonía ideológica”
como base del poder político de Antonio
Gramsci, considerando la evolución del
marxismo, con Louis Althusser y
fuertemente ligado con el maoísmo.
a)
Jacques Derrida
Fueron
las teorías de Jacques Derrida, de
origen judío-francés, las que dieron
lugar al deconstruccionismo, cuya
influencia filosófica y política domina
actualmente tanto en Europa como en
América, debido al cuestionamiento que
hace de la base en la que se estructura
el pensamiento filosófico occidental.
El
trabajo de Derrida se centró en el
lenguaje. El deconstruccionismo intenta
demostrar, abordando los numerosos
estratos semánticos que operan en el
lenguaje, que “es imposible
determinar un sentido único de un texto”.
La tesis
de fondo sería, entonces, que ningún
pensamiento o concepto se puede
transmitir en forma “pura” y unívoca, y
que en consecuencia habría muchas
interpretaciones legítimas.
El
vocablo “Deconstruccionismo” ya existía
en el diccionario francés, sin embargo
era raramente usado y muy desconocido en
Francia.
Derrida
“reconstruyó” el vocablo, el cual va a
nombrar y dar el ser a una nueva forma
de escrutar la realidad, esto es, a
través de su propia “deconstrucción”.
Desconstruir es deshacer, descomponer
las estructuras.
No se
trata de una operación negativa (una
destrucción) sino de una operación para
comprender cómo un todo o un conjunto de
cosas es constituido y reconstruirlo a
su fin. Es un cuestionarse lo hecho,
deshaciéndolo y un cuestionar lo propio.
En este lenguaje, la identificación es
una diferencia, un distanciarse de lo
propio.
Derrida quiere deconstruir la metafísica
occidental, el lenguaje de los
conceptos, la traducción, y quizás a sí
mismo…porque todo va perdiendo su
construcción. Y hay que desconstruirlo
para reconstituirlo y devolverle su fin.
Derrida, en este afán de deconstruir lo
propio, lo más cercano, lo que es a sí
mismo, lo idéntico, “deconstruye” la
cuestión judía, desde los pensadores
judíos herederos de la Razón moderna e
ilustrada, como Herman Cohen, el cual
hace de la identidad judía y germánica,
kantiana y nacionalsocialista, el
modelo más universal y ejemplar de toda
judaidad.
Y
también relee a Rosenzweig, el iniciador
del “Nuevo Pensamiento”, quien sin
renunciar a la razón moderna, parte ya
no de la germanidad como modelo
homogéneo, sino de la revelación y de la
condición judía para llegar a una
racionalidad universal, no excluyente.
Y a
Levinas, su colega y amigo. Al cual le
dedica unas palabras de Adiós en su
entierro, que son recuerdo, evocación y
presencia en la ausencia de su amigo y
que revelan la esencia más íntima de su
pensamiento. Un pensamiento nuevo que va
más allá de la ontología heideggeriana,
y así formula la fundamentación del ser
no en sí mismo sino en el Otro, en el
prójimo, en Dios mismo, el Otro por
excelencia.
La
“deconstrucción” de la cuestión judía es
una intención íntima y primera de
arribar a la judaidad, a su ser propio,
escrutando las distintas “judaidades”
de dichos pensadores en sus contextos
históricos, políticos, sociales y
filosóficos concretos, vividos y
asumidos, ya sea antes de la "Shoah", ya
sea después de la "Shoah" ("Holocausto").
Derrida deconstruye pues, comprendiendo
las coordenadas contextuales de cada
pensador y filósofo judío, esto es,
comprendiendo el modo cómo se ha
ensamblado todo un pensamiento, para
reconstruirlo y quizás…para reconstruir
o al menos asir el misterio de la
identidad judía y la condición de todo
pensador o filósofo judío.
“¿Somos
griegos? ¿Somos Judíos? Pero, ¿quiénes
nosotros? ¿Somos primeramente Judíos o
primeramente Griegos?” se preguntará
Derrida (La escritura y la diferencia.
Pág. 209 de la edición española).
Y en
este proceso de “deconstrucción” del
pensamiento de filósofos judíos, Derrida
extrae lo más propio, lo más íntimo, lo
más último y esencial, lo más
trascendente de la condición judía.
Y así
Derrida empezará a escuchar y aprender
de manera distinta la palabra rectitud,
honestidad, integridad en boca de
Levinas:
“…Es un movimiento hacia el otro que no
regresa a su punto de origen en la forma
en que regresa una desviación, incapaz
como es de trascendencia: un movimiento
más allá de la ansiedad y más fuerte
que la propia muerte”.
Esta
rectitud se llama “Temimut”,
la esencia de Jacob (Cuatro lecturas
talmúdicas. Páginas 85-87 de la edición
española).
“Rectitud que es fidelidad original a
una alianza indisoluble. Rectitud
opuesta a la vida del hombre occidental
que se vuelve filosofía, dirá Levinas.
Pues todo acto del hombre occidental
está precedido por el saber, la
filosofía, sin inocencia ni ingenuidad
ni compromisos espontáneos”.
“El
hombre en Occidente, quiere saber del
bien y del mal y vivir más allá, en la
ambigüedad, en una irresponsabilidad
para con el todo. Para Levinas no basta
la ingenuidad de la fe para oponerse a
esta tentación filosófica del saber. Se
hace necesario recurrir a un orden
anterior. La Revelación aparecerá como
un orden anterior al pensamiento
tentado, pues es anterior a la libertad.
La
libertad nace de la aceptación, la
Torah se acepta antes de conocerla. Hay
un pacto con el Bien anterior a la
alternativa del Bien y el Mal. Y así
queda superada la tentación”.
Derrida relee a Levinas: “la Rectitud o
“Temimut” es la esencia de Jacob,
la esencia de la identidad judía. El ser
judío es precedido por la Torah, por la
Revelación, por Dios mismo, por el
Otro”.
En estos
párrafos queda de manifiesto el
fundamento último del Deconstruccionismo
en términos ideológicos: se trata de una
tesis que en definitiva, relega a
cualquier no-judío, a cualquier
"occidental" a la categoría de "esclavo"
(No-Libre), ya que en efecto, "La
libertad nace con la aceptación de la
Torah".
b)
Michel Foucault
Por su
parte, el francés Michel Foucault
(1926-1984) elaboró su filosofía a
partir de los sofistas griegos, más
Nietzsche, Heidegger, Freud, Marx y
Wittgenstein, entre otros. Él desarrolló
un discurso ideológico sobre el poder y
su deconstrucción, constituyendo un
curso de acción estratégica para la
radical lucha político revolucionaria.
Así la
teoría de la lucha de clases de Karl
Marx es, en Foucault, la “Guerra
de Poderes y Contrapoderes, estado de
guerra del que nunca se sale”.
En
este contexto, el uso del símbolo y la
metáfora será un arma estratégica en la
total lucha ideológica por el poder
político.
Foulcault
proclama el valor y significado
estratégico de todos los fenómenos de
ruptura (Feminismo,
Homosexualidad, Multiculturalismo,
Indigenismo, etc.), a partir de los
cuales se inicia una nueva forma de
pensar.
De esta
forma, Michel Foucault desarrolla la
crítica de la “razón normalizadora”,
es decir, aquella que desde el sistema
de poder dominante establece el
“patrón social” de lo bueno y lo
malo, por ende, de lo permitido y lo
prohibido.
Sostiene Foucault que el saber y el
poder se integran para ejercer dominio
sobre la sociedad mediante su
“normalización”.
Por
ende, al imponerse el imperio de la
razón dominante, se decreta la
exclusión, la represión, el
confinamiento y final sometimiento de
todo aquello que no corresponda a la
categoría binaria de bien – mal,
definida por la predominante razón
cartesiana y científica.
Pero
Foucault estima que, siendo determinada
por el sistema de poder, en realidad la
“sana razón” social no es sino
razón alienada.
Según
Michele Foucault, procede pues subvertir
el estado de alienación, esto es, la
racionalidad y la norma que se impone
desde el poder.
Concretamente, se trata de deconstruir
la “razón” occidental a partir de la
“sinrazón” puesta en la “marginalidad”,
actuando la locura y la sinrazón como
formas de contrapoder.
De
hecho, Foucault entiende que la locura y
la sinrazón son formas de transgredir y
provocar la ruptura con el orden
establecido. El loco mismo es la
protesta contra las formas sociales de
exclusión. En definitiva, la locura y la
sinrazón despliegan sus poderes y se
constituyen en agentes político
revolucionarios fundamentales.
En
consecuencia, la idea de
representación cederá su lugar a
la cosa en sí, concebida desde el
sistema de relaciones que la constituye,
modificándose la historia del saber
contemporáneo.
El
lenguaje ya no será pensado desde la
categoría de la representación, sino en
cuanto actividad y sistema que es
expresión de la vida de un pueblo,
ligado a la historicidad que es mero
uso.
Del
mismo modo, al conocimiento no se
llegará ya por la especulación, sino por
la indagación de las obras mismas en que
se ha materializado el conocimiento. Por
tanto, la verdad sólo se conoce a
partir de lo que se hace.
Foucault
sostendrá que el conocimiento se aprecia
según sus raíces sociales, históricas y
económicas que se forman en el interior
de las relaciones que se entretejen
entre los hombres.
En esta
misma perspectiva, Foucault concibe un a
priori histórico sin sujeto, implicando
la idea de la “muerte del hombre”
o antihumanismo. Después de la
“muerte de Dios” anunciada por
Nietzsche, necesariamente abría de
sobrevenir la “muerte del hombre”.
Entiende Foucault que el “hombre” es una
invención reciente, de no más de dos
siglos, que el saber humano ha fabricado
y que está a punto de desaparecer.
El “homo
dialecticus” del hegelianismo y el
alienado del joven Marx, fue desplazado
por el inconsciente freudiano, la falsa
conciencia marxista y el proceso del
inconciente de la lengua según Ferdinand
de Saussure.
Según
Foucault, lo que no lograron Kant, Hegel
o Husserl, se encontraba, en cambio, en
Nietzsche, el psicoanálisis,
la teoría de las ideologías y la
nueva lingüística.
El
hombre aparece en las estructuras del
ser viviente, en las leyes de la
producción y en las reglas del lenguaje
que se le imponen desde fuera. El
hombre, sujeto racional y consciente, no
existe. La realidad ni siquiera gira en
torno al hombre, que se entendió
reemplazaría al Dios muerto, sino que,
ni siquiera éste resiste el embate de
las estructuras que lo aniquilan.
Si a lo
largo de la época modera el conocimiento
estuvo fundado sobre el sujeto, el
pensamientoi de Foucault implica la
anulación del sujeto y la muerte del
hombre.
Foucault
invoca explícitamente a Nietzsche cuando
declara haber quemado las ilusiones de
la dialéctica y la antropología. Implica
la “muerte de lo infinito de la
vida” (Una contradicción fundamental
con la Teoría Gaia y sus derivaciones),
quedando ésta como expresión de lo
finito – infinito que permite caminar,
según Foucault, hacia la “plenitud de
lo posible”, que en realidad
constituye el fin de la historia.
Precisa
Foucault que la filosofía no es un cielo
de ideas eternas (contra platonismo)
pero tampoco es un saber histórico
(contra la dialéctica).
El
pensamiento es intempestivo ya que surge
de un momento y en forma inactual, es
decir, fuera de los valores en curso.
Por tanto, cuestionar, con Nietzsche, la
“voluntad de verdad”, es rechazar
el motivo común de la epistemología
cartesiana y la historiografía
escatológica hegeliana. El
nietzscheanismo desea abandonar el
esfuerzo por la objetividad y la
intuición de que la verdad es una.
Siguiendo a Nietzsche, se trata de
determinar la historia efectiva.
Por
extensión, la doctrina
deconstruccionista declara:
“La
idea de partir del lenguaje tiene como
finalidad suplantar tanto el paradigma
del “ser” como el paradigma del
“sujeto”.
c)
Felix Guatari
Finalmente,
el francés Felix Guatari
determinará una estrategia concreta de
aplicación del Deconstruccionismo en la
actual fase de la “lucha política
revolucionaria”.
Él
conformará un sistema
teórico–práctico de carácter
estratégico, destinado tanto a superar
el referente histórico del
“socialismo real” como a definir una
“nueva política revolucionaria”.
Rechazando toda disociación entre acción
social o política y práctica analítica,
siguiendo el diseño y lógica de
Gilles Deleuze, Jacques Derrida,
Jean Francois Lyotard, y
Michel Foucault, Guattari procura la
“fundación de otra política”,
la cual debe conducir a “pensar y
vivir de otra manera”, además de
permitir la “recomposición del
movimiento”.
Asumiendo la naturaleza misma del poder
del Estado y sus relaciones con el
conjunto del campo social, en función
revolucionaria, procede a configura una
“cartografía” o mapa de las
correlaciones de fuerzas.
Así, a
partir de ésta, diseña un “diagrama” o
plan de acción de deconstrucción del
poder sistémico encarnado en el Estado.
Entonces, entendiendo que la palabra
“territorio” corresponde al
concepto de poder, la estrategia
deconstruccionista de Guattari concibe
el desencadenamiento de un proceso de
integral y permanente
“territorialidad”, “desterritorialización”,
“reterritorialización” y nueva
“territorialización”.
Este
consiste en un proceso de
apropiación–expropiación de la
subjetividad de los sujetos en orden a
permitir la destructuración del sistema
de poder dominante, lo cual implica
conferirle nueva integridad ideológica o
nuevo sentido a las cosas, para su
reintegración como nuevo poder.
Comprendiendo la sociedad como realidad
polisemiótica (de muchos significados),
este proceso es realizado mediante la
activación y articulación de distintos
“segmentos” o “movimientos”
(imaginarios, estéticos, sexuales,
tecnológicos, económicos, etc.).
Los
“segmentos” constituyen “fisuras”
que operan desde los “pliegues”
sistémicos como “agenciamientos”
o heterogéneos “coeficientes de
libertad” que, constituyendo
partículas que actúan focalmente,
producen “esquizes”, es decir,
cortes o quiebres del sistema de
dominio.
Su
praxis de ruptura produce un flujo de
“transversalidades” que, en conjunto,
conforman un nuevo tipo de “andamiaje
referencial”, el cual posibilita la
formulación de nuevas propuestas y la
fundación de nuevas “composiciones de
existencia”.
De esta
forma, el sistema molecular constituye
un devenir que, en tanto proceso
disipativo, deconstruye el orden molar
dominante y constituye uno sustitutivo.
En este
sentido, actuando desde la
“marginalidad” (Punks, Sharps,
Skinheads, etc.), los
“agenciamientos” son acciones de
“empoderamiento” destinadas a
realizar la “producción de
liberación” y generan “flujos
semióticos y materiales que cambian la
subjetividad” del sistema social.
Los
“agenciamientos” van
“construyendo” un “nuevo
imaginario”, el cual crea “nuevas
subjetividades, nuevos deseos, nuevas
conciencias (y) nuevos comportamientos”.
Esta
praxis se dirige a forjar el progresivo
agotamiento y derrumbe de los viejos
mitos de referencia, para crear
“conviviavilidades antropológicamente
pertinentes”.
De esta
forma, sin más se produce pues una
“reapropiación – expropiación” de los
términos sociales y una liberación de
significantes y significados.
Se
verifica por tanto una “inversión” de
principios y valores predominantes
(Lo
"bueno" es malo, lo "malo" es bueno, por
ejemplo, en las “Sectas Satánicas”),
proceso que equivale a una suspensión y
anulación del sistema de poder vigente.
El
deconstrucionismo concibe así, no una
acción de “destrucción del poder”,
sino una acción “performativa” de
“deconstrucción del poder”.
En
términos actuales, Félix Guattari
sostiene que el fenómeno imperialista
del sistema de “capitalismo mundial
integrado”, debe ser resistido,
confrontado, descompuesto y superado
mediante una política de poder plasmada
en una estrategia de “revolución
molecular disipada”.
Se
trata de una “desterritorializacion
del capitalismo sobre sí mismo”.
El
deconstruccionista Félix Guattari
sostiene que a este efecto se han de
constituir “nuevas máquinas de guerra
revolucionaria” plasmadas en nuevos
“agenciamientos de deseo y lucha de
clases” (incluyendo el "racismo"
indigenista, la lucha de los "sin
tierra", la lucha de los "segregados"
sexuales, etc.), capaces de superar las
“clausuras” sistémicas.
Sosteniendo el deconstruccionismo que
todos los engranajes sociales –
institucionales constituyen “puntos
de catástrofe” que actúan como
“fisuras” o “quiebres” del
sistema de poder imperante, estos
“nuevos aparatos de guerra”
deben ejecutar una “violencia
fundadora”.
Por
tanto, en un marco de “nuevas
alianzas”, se han de “redefinir
los derechos del hombre” y, bajo
las consignas de la diversidad y
tolerancia, se procurará transformar
esencialmente “las relaciones
cotidianas entre hombres y mujeres, las
relaciones homo y heterosexuales, las
relaciones familiares, las relaciones
entre adultos y niños… la vida personal
y el tiempo libre”.
Con este
objetivo, las fuerzas revolucionarias
proceden al “levantamiento de
máquinas revolucionarias políticas,
teóricas, libidinales y estéticas”,
cuyo objeto es el control y dirección
del “inconciente social”,
esto es, del sistema cultural.
II.-
La Aplicación del Deconstruccionismo en
Chile:
El
Gobierno contra el Estado
Desde el
llamado “Retorno a la Democracia” –la
transacción del control del poder
pactada por la oposición y el régimen
militar-, Chile ha sido sometido
sistemática y progresivamente a la
aplicación de tácticas
deconstruccionistas, en todos los
ámbitos de la vida nacional.
Los tres primeros gobiernos de la
“Concertación de Partidos por la
Democracia”, Patricio Aylwin (DC),
Eduardo Frei (DC), Ricardo Lagos (PS-PPD),
contando con la total obsecuencia de la
llamada “oposición” –la derecha
neoliberal, antinacional y globalista-
establecieron certera y sistemáticamente
las condiciones de “ruptura”, de
“fisura”, que están operando
desde los “pliegues” del sistema
como “nuevas máquinas de guerra
revolucionaria”.
a) El
Deconstruccionismo de la Nación
Así
queda de manifiesto, por ejemplo, en el
violento estallido del “Conflicto
Indígena”, al que la Concertación ha
sido “incapaz” de dar solución,
precisamente porque estas “rupturas”,
estas “desterritorializaciones” y “reterritorializaciones”,
son una de las tácticas operantes y
determinantes del actual proceso
revolucionario chileno, impulsado
directamente por los propios Gobiernos
de la Concertación, en contra del Estado
de Chile.
Por
ello, no se trata en modo alguno de
“solucionar el conflicto”, sino de todo
lo contrario.
Se trata
de sostenerlo y de mantenerlo, ya sea
por la vía de la “represión” –como en el
caso de los Dirigentes indígenas
condenados a 10 años de prisión-; por la
vía de la “negación”, impidiendo
categorizar a los indígenas como
“Pueblo” y menos aún como “Raza”; o por
vía de la dilatación del conflicto: la
promulgación de “Leyes” y “Estructuras”
absolutamente inoperantes, como la mal
llamada “Ley Indígena”, y la “CONADI”,
entre otras.
La
“ruptura” en este caso, responde a un
aspecto fundamental de nuestra
identidad: el Chile mestizo, europeo e
indígena, español y mapuche, que surgió
como resultado de la Conquista, la
Colonia y la Independencia, es
cuestionado desde su propio origen.
De nada
vale hoy el que nuestro primer Escudo
Nacional haya tenido como emblemas de la
Nación a dos indígenas. De nada vale que
Doña Javiera Carrera -una de nuestras
“Madres de la Patria”-, haya asistido a
su lanzamiento precisamente vestida de
mapuche “en símbolo de patriotismo”. De
nada vale que Colo-Colo, Caupolicán,
Lautaro y Galvarino, entre muchos otros,
hayan sido considerados los “primeros
patriotas” por los padres de la Patria.
De nada vale que la figura central de la
identidad chilena en el Siglo XIX, el
“Roto Chileno”, mestizo, criollo y
popular, haya sido quien luchó y murió
por todo Chile en la Guerra del
Pacífico.
Hoy en
Chile se ha afianzado la idea de que
existen dos tipos –dos “clases”- de
chileno: los chilenos como tal, y los
indígenas, y ello actúa, precisamente,
en contra de las reivindicaciones
legítimas de los chilenos de origen
indígena.
En
efecto, porque en aquellos sectores
“radicalizados” se sostiene la idea de
una segregación –“desterritorialización”,
“reterritorialización”- del Estado de
Chile, lo que ha llevado directamente a
una suerte de “palestinización” del
conflicto: hoy existen literalmente
“territorios autónomos” dentro del
Estado de Chile, que se encuentran en
conflicto permanente con el mismo.
Y ello
afecta directamente las demandas de
sectores indígenas “moderados”, que en
la práctica están pidiendo legítimamente
una reforma del sistema político,
económico y social del propio Estado.
Entre
estas dos lógicas –la que opera desde
fuera del Estado y la que lo hace desde
su interior-, no cabe posibilidad alguna
de solución al problema, y menos aún una
solución de carácter Nacional,
precisamente porque esta “ruptura”, esta
“fisura” atenta contra las bases mismas
de la Nación chilena.
Por
ello, el Movimiento ha venido señalando
desde su fundación, que Chile es un
“Estado Unitario Multinacional”, dado
que “la
Comunidad del Pueblo y su expresión en
la Nación, son anteriores al surgimiento
de los Estados, por lo cual un Estado
puede estar constituido por más de una
Nación o varias Naciones pueden
conformar un Estado”
(2)
La idea anterior tiene
sus raíces en la tesis de la “Europa de
las Etnias”, es decir, en una visión
orgánica y natural de la Comunidad del
Pueblo expresada en la Nación, y de allí
en el Estado.
En el actual modelo
Materialista y Deconstruccionista que
nos rige, el “Conflicto Indígena” jamás
tendrá solución, todo lo contrario: se
precisa sostener, mantener y prolongar
el conflicto en forma permanente: eso es
lo único que en realidad importa.
b) El
Deconstruccionismo de la Familia
Históricamente, la
familia chilena tuvo una estructura
extendida. Abarcaba al padre, la madre y
los hijos, y se ampliaba a los abuelos,
tíos, primos e incluso, los “bastardos”
o “guachos” que nacían fuera del
matrimonio. De hecho, el mismo “Padre de
la Patria”, Bernardo (O’Higgins)
Riquelme, fue un “guacho” al cual su
padre reconoció casi al final de su
vida.
Directamente afectada por
los efectos del primer liberalismo y
bajo los embates del actual
neoliberalismo, la familia chilena
media, progresivamente comenzó por
proletarizarse, y terminó transformada
en una familia nuclear, desarraigada y
fracturada.
Es a esta familia nuclear
–el último reducto de las estructuras
familiares tradicionales de Chile-, a la
que el deconstruccionismo de los
Gobiernos de la Concertación ha atacado
de manera directa y preferencial.
El abierto
intervencionismo del Gobierno en la
Familia ha alcanzado niveles
fantásticos: estructuras como el SENAME
(Servicio Nacional de Menores), el
SERNAM (Servicio Nacional de la Mujer),
el Ministerio de Salud, de Justicia, de
Educación y otros, han adquirido
progresiva y substancialmente, una
autoridad cada vez mayor para
involucrarse en ámbitos tradicionalmente
autónomos, soberanos e independientes de
la vida familiar.
Desde campañas
anticonceptivas y abortivas –políticas
directas de reducción de la natalidad-;
el compromiso con agendas
internacionales como la “Cumbre de la
Mujer”; la implantación de la llamada
“Perspectiva de Género”; la “Ley de
Divorcio” y otras medidas, hasta el
abierto cuestionamiento –deconstrucción-
de la noción misma de familia, los
Gobiernos de la Concertación han ha
dirigido un ataque frontal y sistemático
contra la Familia.
Los ejes de este
ataque se han dado precisamente desde
dos sectores que constituyen fuerzas de
choque fundamentales del
deconstruccionismo: el feminismo y el
movimiento homosexual.
Desde el primero, a
través de una ruptura del rol femenino
tradicional –alimentado directamente por
el modelo neoliberal dominante-, que
cuestiona, deconstruye, su multiplicidad
como mujer, esposa y madre, y la reduce
a mero “individuo de género femenino”,
esto es, un ente desarraigado de la vida
familiar y comunitaria, básicamente
egoísta y condicionado en su propio
valer de acuerdo al criterio del
mercado.
Es precisamente a esa
“individuo de género femenino” –un
producto de mercado-, a la que se
dirigen las campañas anti natalidad y
abortivas, las de “igualdad de género”,
las de “profesionalización” de
“emancipación” y hasta… las de moda.
Todo esto, en un país que
sociológicamente se ha caracterizado por
el Machismo, es decir,
precisamente por la
formación del carácter y la educación de
los hijos varones a partir de los
parámetros entregados por sus propias
madres.
Por su parte, el
Movimiento Homosexual -uno de los
“esquizes” directamente postulados por
Félix Guatari-, ha adquirido una
preponderancia directamente proporcional
a su capacidad de “ruptura”.
Sintomáticamente, el
dirigente de más notoria presencia
pública de este movimiento en Chile, es
un ex cuadro del Partido Comunista,
mismo que prácticamente lo expulsó al
descubrir que había sido arrestado por
“faltas a la moral” en la vía pública.
Y por ello, no es de
extrañar que la actuación de estos
colectivos en nuestro país parezca
sacada de un libro de recetas escrito en
conjunto por Derrida, Foulcault y
Guatari.
Precisamente, la
reivindicación más anhelada por este
movimiento ha sido la
instauración del llamado “Matrimonio
Homosexual”, una completa deconstrucción
del sentido y fundamento del matrimonio
como órgano social, en función de la
ruptura de las mismas bases de la
Familia.
No resulta sorprendente
entonces, que la actual gobernante de la
Concertación haya planteado la necesidad
de legislar para instaurar un tipo de
unión civil que emula al matrimonio,
fundamentada precisamente en la
legislación francesa que surgió a
expensas de las ideas de los
Deconstruccionistas de dicho país. A
confesión de partes…
Finalmente, la
intervención del Gobierno en las áreas
de jurisdicción tradicional de la
Familia se está implementando
consistentemente a través de las
políticas educacionales. El Ministerio
de Educación ha legitimado la existencia
de colectivos de estudiantes
homosexuales en los colegios, y se ha
dado amplio impulso y publicidad a las
denominadas JOCAS
“Jornadas
de
Conversación sobre Afectividad y
Sexualidad”,
desde la cuales se pretende enseñar
precisamente la “Perspectiva de Género”
a los estudiantes, ya que los padres no
tendrían autoridad para imponer un
determinado género a sus hijos.
Por último, el
cuestionamiento de la autoridad de los
padres frente a sus hijos ha sido
sancionado jurídicamente desde el
Ministerio de Justicia. Eventualmente,
cualquier tipo de castigo a un niño
puede ser denunciado como maltrato
infantil. Los límites son difusos,
precisamente porque de ello se trata la
labor del deconstruccionismo.
Destruida la familia,
es poco lo que puede oponerse a la
implantación de cualquier modelo de
control y planificación social.
c) El
Deconstruccionismo de las Fuerzas
Armadas
Propiciada en sus
orígenes por el llamado “Plan Alcazar”
iniciado por Augusto Pinochet, la
denominada “Profesionalización”,
constituye la piedra angular del
deconstruccionismo de las Fuerzas
Armadas nacionales.
Reducida a su esencia, la
“Profesionalización” consiste en el
reemplazo de las Fuerzas Armadas
Nacionales, por fuerzas desligadas de la
Nación a la que sirven, esto es, por
fuerzas mercenarias.
Consistentemente, este
proyecto ha sido directamente propiciado
por EE.UU., que pretende transformar a
todos los ejércitos de Sur América en
una especie de “policía militar”
al servicio de sus intereses, aunque
estos sean completamente contrarios a
los de las Naciones del continente.
Por otra parte, como
resultado directo de las políticas
aplicadas por los regímenes militares
propiciados por EE.UU. durante los años
’80, como estrategia de contención de la
URSS durante la Guerra Fría, la
Violación de los Derechos Humanos
implicó una profunda y trágica fractura
entre la Nación Civil y la Nación en
Armas –las Fuerzas Armadas- en la
totalidad de los países del continente.
De este modo, los
Ejércitos Nacionales perdieron
legitimidad al grado extremo de llegar a
transformarse simbólicamente en
“enemigos del Pueblo”: el mismo Pueblo,
la misma Nación que los originó en los
albores de la lucha por la Independencia
del Continente.
En Chile, el resultado de
esta doble ruptura se ha expresado en la
mayor crisis de la historia de nuestras
Fuerzas Armadas desde la Independencia
del país: una crisis que ha deconstruido
–literalmente en algunos casos-, lo que
en muchos casos llevó más de un Siglo
construir.
En efecto, a expensas de
la “profesionalización”, numerosos
regimientos asentados tradicionalmente
en las diversas regiones de Chile fueron
cerrados, literalmente, deconstruidos.
Por otra parte, la
persistente campaña de los llamados
“Objetores de Conciencia” –otro de los
grupos que “actuando
desde la “marginalidad”…
realizan acciones de “empoderamiento”
destinadas a realizar la “producción
de liberación” en palabras de
Guatari-, sumada a las imperdonables
muertes de Conscriptos por accidentes y
tragedias como la muerte de 45 soldados
en el Volcán Antuco el año pasado, han
terminado por cuestionar completamente
el Servicio Militar, que
–significativamente-, ya no es
obligatorio.
De
este modo, se han sentado las bases para
que el Pueblo chileno pierda por
completo su derecho a la legítima
defensa: un pueblo que ni siquiera podrá
utilizar armas para defenderse de
cualquier agresión, simplemente porque
no sabrá hacerlo.
Los
únicos que tendrán la hegemonía del
poder de las armas serán
“profesionales”: los mismos
profesionales que -en palabras de un ex
general- “defienden a Chile porque
les pagan para eso”… no porque
sean los representantes de la Nación en
Armas, sino porque para eso se les paga…
Y
entonces, si a estos “profesionales”,
alguien les pagara más, ¿a quién
defenderían?
Se ha señalado que
Chile se encuentra en una carrera
armamentista, y –en efecto-, las
adquisiciones de material bélico así
parecerían demostrarlo. Pero las armas
por sí solas de nada sirven si quienes
las deben utilizar se encuentran
internamente corroídos por factores que
ni siquiera son capaces de controlar.
Ejemplo
trágico de este estado de crisis
interior, de crisis ética y de valores
–además de Antuco-, fue la tragedia
ocurrida en la Antártida en septiembre
del 2004,
donde los comandantes Armando Ibáñez y
Mauricio Toro obligaron a sus
subalternos a acudir a recuperar un
trineo perdido, desestimando todas las
advertencias de riesgo. A ello se sumó
el ocultamiento de la información.
Cuando un oficial antepone el valor
material de un equipo a la seguridad y
la vida de sus subordinados, es claro
que se ha perdido por completo el
sentido de Ser Militar.
Por
cierto, en la Antártida los comandantes
citados actuaron claramente de acuerdo a
valores materialistas, en este caso, de
acuerdo a “valores” “profesionales”…
Los responsables
directos del estado actual de nuestras
Fuerzas Armadas, han sido los mandos
seleccionados por los Gobiernos de la
Concertación, particularmente, el peor
de los Comandantes en Jefe del Ejército
de toda nuestra historia: el General ®
Juan Emilio Cheyre.
Finalmente, cabe señalar
que la llegada al poder de Michelle
Bachelet fue directamente propiciada por
su actuación como Ministra de Defensa
durante el gobierno de Lagos. En efecto,
la imagen de Bachelet adquirió dimensión
nacional en junio del 2002, cuando
recorrió poblaciones afectadas por un
temporal, sobre una tanqueta militar en
traje de combate.
Si el Deconstruccionismo
es la causa del actual estado de
nuestras Fuerzas Armadas, entonces quizá
el historiador Alfredo Jocelyn Holt
tenía más razón de la que mismo creía
cuando durante la última campaña encaró
a Bachelet afirmando:
“En concreto, pienso
que es usted un producto mediático,
populista, una carta tapada, no
reconocida aún de la fuerza militar”.
Lo que Jocelyn Holt se
olvidó de señalar, fue que esa fuerza
militar no es precisamente Nacional.
d) El
Deconstruccionismo de la Cultura
A estas alturas hablar
del deconstruccionismo de la cultura en
Chile parecería de Perogrullo.
Sin embargo, vale la pena
reseñar algunos aspectos del que
constituye el principal “campo de
batalla” de este sistema táctico en la
“nueva
política revolucionaria”
en
nuestro país.
Una vez más, han sido los
propios Gobiernos de la Concertación los
que han propiciado, financiado y
respaldado abiertamente estas políticas,
casi sin contrapeso alguno durante 16
años.
El principal organismo
utilizado para ello ha sido el
denominado FONDART, “Fondo de Desarrollo
para las Artes”, dependiente del
Ministerio de Educación.
En palabras de una de sus
numerosas autoridades, la ex Secretaria
Ejecutiva del organismo Nivia Palma:
“el arte no está comprometido con
nada", "el arte no puede
tener fronteras", "el arte
no responde a censuras".
"Sinceramente creo que el FONDART no
puede coartar la libertad de expresión"
(3)
Pero ¿a Santo de qué se
produjo esta monumental defensa?
Simple: desde su
fundación, el Fondo ha financiado
reiteradamente “obras” que parecen –una
vez más-, sacadas directamente del libro
de cocina de los deconstruccionistas.
Para
muestra algunos petit bouches de
este menú indigesto:
En 1994
el FONDART presentó un cuadro titulado
“El Caudillo”, que presentaba al
Libertador Simón Bolívar con busto
femenino y haciendo un grosero gesto con
la mano. Ello desató la legítima
reacción de Colombia y Venezuela
precisamente en momentos en que sus
representantes en la Comisión Arbitral
de Laguna del Desierto iban a emitir dos
votos decisivos para Chile sobre aquel
litigio.
En
noviembre del 2001, FONDART financió una
historieta en que se representaba a
Arturo Prat Chacón –el máximo héroe de
nuestra Historia-, cayendo
“accidentalmente” sobre la cubierta del
acorazado Huáscar en el Combate Naval de
Iquique.
A estos
ejemplos se podrían añadir
una
"perfomance"
con un acto sexual explícito en un
festival de teatro; millonarias entregas
de dinero a ex-directores de propaganda
televisiva de la Concertación; el falo
gigante colocado como hito de bienvenida
en Machalí; la famosa
"casa
de vidrio" con una muchacha
duchándose o defecando en público, y
tantas otras muestras de "arte y
cultura" que han hecho noticia en estos
últimos años.
Finalmente, reincidiendo una vez más, en
2002 FONDART financió una “obra de
Teatro” que ridiculizaba nuevamente a
Arturo Prat, esta vez mostrándolo como
borracho, cobarde y homosexual.
Específica y sistemáticamente, los
Gobiernos de la Concertación han
financiado, promovido e impulsado un
ataque sostenido contra nuestra Cultura
desde la perspectiva deconstruccionista.
José
Martí afirmó con toda claridad:
“Ser cultos para ser libres. Un pueblo
culto es un pueblo libre”.
Si la
pretensión última del deconstruccionismo
–este hijo pródigo del materialismo-, es
hacernos esclavos, entonces el primer
paso para ello es eliminar la cultura.
Por
eso aunque parezca de Perogrullo este
aspecto es fundamental.
e) El
Deconstruccionismo en los Medios de
Comunicación
Sin excepción, los
grandes divulgadores de todas las
políticas reseñadas durante los últimos
16 años, han sido los Medios de
Comunicación, particularmente la
Televisión y los principales Diarios de
circulación nacional: sí, los de la
“Derecha”, principalmente.
Al respecto, dos de los
canales que más abiertamente han
utilizado patrones deconstruccionistas
en su programación, han sido TVN,
“Televisión Nacional de Chile” y
Chilevisión, aunque los demás no quedan
ajenos para nada.
La expresión de estas
tesis en la televisión se verifica de
modo contundente en dos tendencias que
actualmente ocupan el foco de la
atención mediática en TV: la denominada
“Farándula” y la línea editorial de las
denominadas “Historias mínimas” en los
Noticieros.
El primer fenómeno, la
“Farándula”, es la entronización del
nihilismo como guía existencial
fundamental de los referentes sociales.
Al respecto, un conocido periodista
señaló recientemente que la TV se había
“abierto a los don nadie”
(4), indicando que los “personajes” de
la “Farándula” carecían de cualquier
valor en sí mismos.
Más allá de ello, el
factor fundamental es que la “Farándula”
no refleja realidad alguna: se trata de
una pura construcción mediática,
publicitaria y de marketing. Un producto
de consumo masivo, tan vulgar como el
papel higiénico, aunque -por cierto-,
mucho menos útil que este.
Un tercio de la
programación de la Televisión pública en
Chile corresponde a “Farándula”, y
–tomando en cuenta la cantidad de horas
promedio que un chileno pasa frente a la
TV-, casi se podría concluir que un
tercio de su propia vida carece por
completo de cualquier realidad.
Por su parte, los diarios
hacen eco de ello, particularmente la
conocida meretriz de “El Mercurio”, el
diario “Las Últimas Noticias”.
He aquí el sueño máximo
del decontruccionismo: ser capaz de
generar una “realidad” irreal y
alternativa, que termine por subvertir,
suplantar y reemplazar por completo la
existencia vital del ser humano.
¡Y vaya que lo ha
logrado!
Porque si los medios de
Comunicación son –o debieran ser-, la
expresión viva de la Opinión Pública,
entonces estos Medios reflejan la total
ausencia de una verdadera opinión… por
eso la labor de los denominados
“opinólogos” se ha vuelto tan preciada:
porque a falta de contenidos reales, es
necesario deconstruir la nada para
reconstruir la nada…
Si usted necesita de
un opinólogo para saber que todas esas
opiniones carecen por completo de
cualquier relevancia, entonces usted
está deconstruido: su opinión no existe,
porque usted no tiene opinión y porque
nada se puede opinar de la nada, salvo
que es nada.
En el caso de los
noticieros de TV el fenómeno es aún más
patente: son estos canales privilegiados
de acceso a la mente del telespectador
(de hecho, la TV genera una leve
Hipnosis en el telespectador) donde con
mayor eficacia se expresan las tesis
deconstruccionistas.
Se privilegian sin
excepción las “rupturas”, los “quiebres
de sentido”, y abiertamente se manipula
a la opinión pública generando nuevos
territorios conceptuales: desde 2001,
los Medios nos han aterrorizado con la
“Delincuencia” y la “Guerra al
Terrorismo”. Vivimos bajo la amenaza
permanente del colapso económico, la
inseguridad, el miedo.
Pero, ¿de dónde surge
esto?
Simple: de la
reiteración hasta el cansancio y el
hastío de una pauta archiconocida para
generar atención y emoción en el
espectador.
Por ejemplo, si un
noticiero comienza sin Crónica Roja
–robos, asesinatos, violaciones,
accidentes, tragedias, muerte-, entonces
pierde sintonía de inmediato. Y debe
recordarse claramente que el
Deconstruccionismo es precisamente eso:
la Muerte del Hombre, no únicamente la
muerte simbólica, sino vital.
Es tan evidente este
patrón, que la historia de Hans Pozo -el
joven descuartizado-, podría haber sido
perfectamente la trama de un guionista
sádico como Tarantino en “Hostal”.
Pero no.
Se trataba de un hecho
real –y aunque suene feo, “vulgar”-… que
fue deconstruido y reconstruido como un
taquillero Triller por los
noticieros de todos los Canales de TV…
Mientras más miedo, asco,
dolor e ira se produzca en el
espectador… mejor el nivel del Show de
noticias.
A continuación, vienen
las “Historias Mínimas”.
¿De qué se trata esto?
De llevar a todo el país
la historia de la “Señora Juanita”, a la
que robaron, operaron, injuriaron,
cobraron una cuenta de más, agredieron,
insultaron, pegaron, o cualquiera de las
situaciones que cotidiana y diariamente
le ocurren a cualquier chileno común y
corriente cualquier día de su vida.
El tema aquí es reducir
la historia nacional a su expresión
individual: las grandes temáticas no se
abordan directamente, sino que se
reflejan sus efectos mínimos –que
para una persona ciertamente pueden ser
máximos-, como si la “realidad”
fuera, deconstruccionistamente
hablando-, la suma permanente de estas
“Historias Mínimas”.
Por ejemplo, la niña X
que tiene problemas de gordura, o el
joven Y que fue operado de la próstata,
o el señor Z que fue engañado por una
Empresa… etc.
Obviamente, cualquier ser
humano reacciona con empatía, con
disgusto y con rabia, cuando otra
persona sufre cualquier problema:
diariamente nos vemos involucrados de
este modo en el dolor, la angustia, la
desesperación y la miseria de otros
compatriotas… ¡Pues qué bien!
Pero la verdad es que
no es así…
Estas “Historias Mínimas”
detonan dos estímulos esenciales, dos
“bajos instintos” podríamos decir: el
morbo ante la desgracia ajena –sea o
no sea asumido como tal por el
espectador- y la autocomplacencia:
“¡Qué bueno que a mi no me ha pasado
eso!”
El tema es que las
Historias mínimas no reflejan la
realidad, independientemente de que sean
reales.
La suma de las desgracias
y las gracias individuales de un país no
constituye la realidad de una Nación,
así como una hormiga no constituye la
realidad vital del hormiguero, y no es
por ser despectivo con las hormigas.
Las “Historias Mínimas”
efectivamente deconstruyen la realidad:
sin contexto, sin profundidad
conceptual, sin análisis de causas,
simplemente son fotografías en
movimiento de los paradigmas y efectos
propios del sistema en que vivimos:
mismo sistema que simplemente no se
cuestiona.
¿Cuántas señoras Juanitas
hay en Chile? ¿Cuántas de ellas pesan
140 kilos y no pueden salir de su casa?
¿Ese es un reflejo de la “realidad”
chilena?
Luego… algunas notas
(no digamos “Noticias”) y viene,
claro… el “Deporte”.
“El Fútbol es el
Opio de nuestro Pueblo”
podría decir, parafraseando a Marx.
En efecto, el nivel de
alienación de un chileno promedio podría
determinarse bastante bien midiendo por
su interés en el Fútbol.
Este es un espacio
precisamente construido para alienar:
para sacar una vez más al telespectador
de la realidad: primero, porque no se
trata en realidad de verdadero
“Deporte”: es un Producto de
Consumo. Un Confort cualquiera más.
Y, segundo: porque si
usted no cree que es alienante, entonces
mire a las “Garras Bravas”…
Se entiende ¿no? Bueno,
es cierto que esa es la expresión
máxima, pero la alienación es un
problema de estado, no de grados.
En este momento el
telespectador –particularmente aquel que
está alienado-perdón-, futbolizado-, ha
terminado por entregarse completamente a
la lógica deconstruccionista del
Noticiario: cuando escucha atentamente
los “comentarios deportivos” de
los “comentaristas deportivos” ya
no tiene vuelta.
Finalmente… en ese
agotado estado emocional después de
tantas emociones: miedo, violencia,
asco, dolor, ira [Pausa Comercial]
morbo, autocomplacencia [Pausa
Comercial] pasión, éxtasis, dicha, gozo,
o rabia y frustración (¡Árbitro conchade….!!)
[Pausa Comercial]… entonces….
Entonces vienen las
“Noticias” internacionales (o la
Entrevista al “personaje” del día)...
Y nos enteramos que Bush
atacó a no sé quién, y que Osama dijo no
sé qué… y que la Bomba Atómica de Irán
va a ser lanzada a Israel… y que Diez mil
niños africanos mueren de hambre todos
los meses… y que hubo un terremoto en
Sri Lanka, y que el Planeta de va a
acabar… en fin… [Pausa Comercial]
A esas alturas, la
capacidad de reacción ya está superada.
La “Noticia” simplemente fluye como el
aceite: no roza la conciencia.
Y para terminar el Show…
la “Noticia bonita”, una especie “¡Ah!”
de alivio después de tanta emoción. Un
post coitum emocional después de
tanta imagen atroz… una Aspirina
comunicacional que todo mejora… otros
comentan un libro y se ríen… y así…
Terminaron las noticias
[Pausa Comercial]...
f) El deconstruccionismo del tejido
social:

La
catástrofe del Transantiago
Junio de 2006
Si para Marx “la lucha de clases es
el motor de la historia”, para los
deconstruccionistas es vital crear las
“condiciones de ruptura”, de
“fisura” que permitan la emergencia
e instalación práctica de dicho
conflicto.
Las
sociedades tradicionales -incluso
aquellas surgidas desde el Neolítico con
diferenciación social y económica-, son
herederas de los modos de adaptación de
la humanidad al entorno que se hunden en
el propio origen de nuestra especie.
Son,
por ende, Sociedades Orgánicas,
integradas y acopladas estructuralmente
con el entorno, naturalmente
jerarquizadas en torno al liderazgo de
un conductor que se hace responsable de
dicha autoridad, y en un equilibrio
dinámico permanente entre las
necesidades del individuo y los
imperativos sociales. Son, en
síntesis, sociedades armónicas donde
incluso el conflicto es parte integral
de su organicidad.
De esta
forma, dichas sociedades son, por
definición, antagonistas –a partir de su
propia existencia- de la sentencia de
Marx sobre aquello de la “lucha de
clases” como motor de la historia.
En realidad, el verdadero “motor” de la
historia es, ha sido y será la necesidad
de adaptación constante de nuestra
especie a su entorno: a su entorno
biológico, ecológico, social y cultural,
es decir, la necesidad imperativa de
evolucionar, ante la posibilidad siempre
vigente de extinguirse.
En
efecto, si bien el conflicto está
presente permanentemente en la
naturaleza, ello no implica la
existencia de una “lucha de clases”,
así como tampoco existe en la naturaleza
algo como una “lucha de especies”
ni una “lucha de razas” como
“motor de la evolución”. Lo que
sabemos actualmente sobre la forma en
que el conflicto opera en la naturaleza,
indica que este es una parte del
fenómeno más amplio del altruismo
implícito en cualquier sistema social.
De hecho, como señala Maturana: “sin
altruismo no hay fenómeno social”, por
lo cual el conflicto, en su esencia, es
también una expresión del altruismo.
Por
ello, el surgimiento de esa visión
estrecha de la realidad –la “lucha de
clases”- que influyó decisivamente en el
Capitalismo, en el Marxismo y en todos
sus herederos conceptuales, se
fundamentó en las condiciones
intelectuales y sociales propias del
nacimiento de la Teoría de la Evolución,
heredera conceptual a su vez, del primer
Capitalismo y su lógica de explotación,
dominio y “progreso indefinido”.
Era una
época donde el “hombre superior” era el
miembro de la alta burguesía inglesa
–como Darwin-, y donde el Imperio
Británico era la “cúspide de la
evolución social, cultural y económica
de la humanidad”, del mismo modo
como hoy pretende serlo el “American
way of life”.
Marx,
profundamente influido por las tesis de
los primeros Neodarwinistas, hizo suya
la idea de la “lucha por la
supervivencia del más apto” y la
transformó en el fundamento conceptual
de la “lucha de clases” como
“motor de la historia”.
Sobre
esa base teórica, pronosticó
–desacertadamente- que dicho conflicto
surgiría en los países con mayor
“desarrollo social” (otra idea surgida
del racionalismo) de Europa,
particularmente en Alemania.
Por
ello, los primeros revolucionarios
quedaron bastante confundidos al
constatar que la Revolución marxista
había triunfado en un país que apenas
venía saliendo del feudalismo: la Rusia
de los zares.
La
visión de la naturaleza como una
“bestia asesina sedienta de sangre”,
y de la “lucha por la supervivencia
con garras y dientes”, se enmarca en
el progresivo deterioro de la relación
del Hombre con la Naturaleza que comenzó
a implantarse en Occidente con la
imposición del judeo-cristianismo, y su
completo rechazo a la fundamental unidad
del ser humano como Cuerpo y Mente, y su
acoplamiento estructural con la
Naturaleza.
De esta
forma, el rechazo del “cuerpo” como
sujeto del pecado, fue equivalente al
rechazo de la naturaleza a favor de la
salvación del “alma”.
Por
ello, la naturaleza debía ser
“conquistada”, “dominada” y puesta “al
servicio de los hombres”, así como el
“cuerpo” debía ser preservado del
“pecado”, castigado por sus
“debilidades carnales” y mantenido
en la “pureza”, en perfecta sintonía con
los dictados de la Torah. Como señala
Jacques Derrida- “la libertad nace de
la aceptación, la Torah se acepta antes
de conocerla”.
Por ende, el rechazo a la naturaleza
debe aceptarse sin siquiera llegar a
conocerla. Y sobre ello se basa por
completo el triunfo del materialismo.
En
efecto, todos los materialistas, desde
Abraham hasta George Bush, parten de
supuestos no comprobados sobre la
naturaleza en su pretensión de
llegar a dominarla y dirigirla, y de
paso, dominar a todos los “reyes y
reinas” de la Tierra.
Así, la
misma escatología hebraica que se
encuentra en el substrato del
capitalismo y el marxismo, está
plenamente vigente en su actual
descendiente conceptual: el
Deconstruccionismo.
Pero,
como comenzamos señalando, cuando no
existe lucha de clases –o ella está
“larvada”-, para el deconstruccionismo
es vital crear las condiciones para que
surja.
Adicionalmente, como los fundamentos del
deconstruccionismo nacieron junto a las
barricadas de Mayo del ’68 en Paris, no
es necesario que los actuales
gobernantes herederos conceptuales de
esa época –Lagos o Bachelet por
ejemplo-, tengan cabal conciencia de sus
postulados para que los apliquen de
manera automática –es decir, como
verdaderos robots-, en el diseño de sus
“políticas públicas”.
Así ha
quedado de manifiesto, por ejemplo, en
el denominado “proyecto estrella” del
gobierno, el Transantiago.
Mucho
se ha hablado de los nefastos efectos de
este proyecto de transporte urbano para
Santiago, pero muy pocos o casi nadie ha
hecho notar el impacto neto que su
implementación está teniendo en el
tejido social de la Capital, ni de sus
fundamentos teóricos primarios.
El Transantiago es el mayor experimento
de Deconstruccionismo práctico que se ha
realizado en Chile hasta ahora, y quizá
uno de los más emblemáticos a nivel
mundial.
En efecto, literalmente se “deconstruyó”
el antiguo sistema de transporte, para
reemplazarlo por otro que -entre sus
principales características- contempla:
a)
Centralización y
Administración Vertical del
sistema:
como herramienta de
“dominio” “dirección” y
“control” del “tránsito social”.
b)
Definición
estructurada, centralizada y
vertical de una nueva “malla de
recorridos”:
en oposición al sistema de
“desafío/respuesta” que existía
anteriormente (“dirección”
contra “adaptación”).
c)
Re-segregación y
Clausura de las Comunas
periféricas de la Capital:
ahora encerradas detrás
de un anillo de “alimentadores”,
aparte del anillo de “vías
licitadas” que representa la
Circunvalación Américo Vespucio
y las restantes calles
concesionadas.
De este modo, se exacerba la
noción de “luchas de clases”,
alimentada por los efectos de
clausura del sistema de
transporte en los márgenes de
dominio del Estado.
En efecto, por definición, las
Comunas “marginales” son
“áreas de especiación cultural”
–ecotones culturales- donde el
sistema no logra penetrar
completamente (ver “Raza,
racismo, antirracismo y
evolución”).
d)
Exacerbación del
conflicto social:
el sistema alimenta de manera
permanente el malestar social, y
conduce de manera expedita al
estallido violento de las
demandas.
La respuesta del Estado es a la
vez, mayor represión, y
mayor cesión ante los
efectos que pueden suponer mayor
conflictividad, como el posible
aumento del valor del pasaje.
e)
Ausencia de
Responsables, ausencia de Razón: ni Lagos ni Bachelet, ni los
Ministros, ni los Técnicos, ni
la AFT (Capitalistas), ni los
Operadores o los choferes son
responsables.
Se deconstruye entonces la
“razón de Estado” –que siempre
debe obedecer a una verdadera
responsabilidad para con la
Nación-, y se actúa desde la
“sinrazón puesta en la
marginalidad, actuando como
formas de contrapoder”,
parafraseando a Foucault.
Como señala Manuel Gross en
Atina
Chile:
“Ahora, en el colmo de la
irracionalidad que rodea
todo lo relacionado con el
Transantiago, debido a la
inminente quiebra financera del
consorcio AFT, formada
principalmente por los cinco
mayores banco de este país, el
gobierno ha decidido aportar
nuevos fondos al sistema,
pero... esos fondos no saldrán
de los bolsillos de los bancos
involucrados en el fracasado
proyecto, sino que (manteniendo
la tradición de que en Chile las
cagadas públicas "las paga
Moya"), esos fondos saldrán del
erario nacional, en un cómodo
préstamo a cuatro años plazo,
cuyas tasa de interés y
factibilidad de devolución son
desconocidas.
Lo que no es desconocido es que
las utilidades de los bancos
miembros del AFT no sufrirán
ni una milésima de disminución y
seguirán siendo las empresas más
rentables de Chile, para
mayor gloria de la oligarquía
económica que reina en esta
nación y para mayor indignación
de los usuarios de la locomoción
colectiva, que son quienes
finalmente estarán pagando con
sus sacrificios, por muchos
años, los costos del plan
Transantiago”.
f)
Se conforman nuevos
centros de Poder:
En las estructuras
orgánicas el poder se haya
disperso, no concentrado, y
diluido dinámicamente entre
todos los componentes de la
estructura.
En las estructuras
materialistas, el poder tiende a
concentrarse piramidalmente en
forma estática y permanente.
El Transantiago ha conformado a
lo menos tres nuevos poderes
fácticos: La AFT (Administrador
Financiero del Transantiago);
las Empresas Concesionarias –que
sólo pueden “ganar”-, y los
Choferes, que ahora tienen
“herramientas de lucha y
coacción” concretas, como lo han
demostrado ya en tres ocasiones.
Se verifica por tanto, una
“inversión” de principios y
valores predominantes: el
Transporte Público siempre había
sido concebido como un Servicio
Público. Ahora es concebido como
un Negocio, y este proceso
equivale a una anulación del
sistema de poder vigente, ya que
el Estado ahora no es
responsable por este servicio,
que pasa a depender enteramente
de los privados.
g)
Se generan puntos
de catástrofe:
Recordemos la definición
de Félix Guatari: se han de
constituir nuevas “máquinas
de guerra revolucionaria”
plasmadas en nuevos
“agenciamientos de deseo y lucha
de clases”, capaces de
superar la “clausuras”
sistémicas.
Como vimos antes, el sistema ha
generado la re-segregación y
clausura de las Comunas
marginales, y con ello ha
permitido la emergencia de
“puntos de catástrofe”, que
actúan como “fisuras” o
“quiebres” del sistema de
poder imperante, funcionando
como “nuevos aparatos de
guerra”, que deben ejecutar
una “violencia fundadora”.
En efecto, dichos focos de
conflicto no han tardado en
aparecer, por ejemplo, cuando la
Estación del Metro Las Rejas
debió ser cerrada, y Carabineros
reprimió duramente la protesta
de los pasajeros que esperaban
movilizarse.
El punto de catástrofe final,
representado por la posibilidad
empírica de aumento del costo
del pasaje, ha intentado ser
evitado por todos los medios.
Sin embargo, dicho esfuerzo no
elimina las causas del problema
ni los focos de conflicto. A lo
sumo, sólo retrasa la emergencia
de un estallido aún mayor de
violencia social, con lo cual –paradojalmente-
incrementa exponencialmente su
futura potencia.
El resultado neto de
todos los procesos que hemos descrito,
es el deconstruccionismo del tejido
social en todos sus niveles:
·
Las familias resultan afectadas: ya que
los padres disponen de menos tiempo
para estar en casa, y se encuentran
sometidos a un mayor nivel de estrés
diario por la ineficiencia de
sistema. A su vez, los niños y
jóvenes resienten dicho impacto por
la ausencia del padre o la madre
durante la mayor parte del día, y
finalmente, la relación de pareja se
ve afectada en la calidad de su vida
afectiva, sexual y en la convivencia
diaria.
·
Las comunas periféricas soportan el
mayor impacto:
ya que los tiempos de desplazamiento
hacia los centros de producción han
aumentado en algunos casos a más del
doble de tiempo, y –por otra parte-,
porque el sistema termina generando
una nueva “barrera a la
integración”, menoscabando el libre
tránsito de las personas por la
ciudad.
De hecho, dados los problemas de
desplazamiento que impuso el
sistema, las personas tienden
naturalmente a evitar tener que
salir de sus comunas, a menos que
sea indispensable.
El efecto concreto es una
segregación aumentada, y una
clausura de los espacios de
socialización de las personas: de un
modo muy gráfico,
hoy los
pobladores del borde de Santiago se
encuentran literalmente “encerrados”
por el anillo de alimentadores del
sistema, que –además-,
están pensados en una proyección
radial desde el Centro de la Ciudad,
y han dejado sin comunicación
directa a Comunas contiguas (por
poner un ejemplo, ahora no hay
recorridos directos entre Pudahuel y
Renca).
·
Los trabajos resultan afectados: ya que
el impacto del sistema se traduce en
una disminución directa de la
productividad diaria por los
atrasos, inasistencias, falta de
sueño y estrés de los trabajadores,
así como la pérdida de la “sensación
de bienestar” que el propio empleo
produce. En efecto, tener que “ir
a trabajar” en las condiciones
actuales es un nuevo problema, no
una condición necesaria para
producir.
De este modo, las condiciones de
empleabilidad de los habitantes de
la periferia tienen nuevas
desventajas: primero, por el
omnipresente clasismo en la
asignación de los empleos, y
–ahora-, por las dificultades
empíricas de desplazamiento a los
centros de producción.
·
La competitividad resulta afectada: ya que
el impacto del Transantiago en las
Empresas se refleja en una
disminución de la productividad a
todos los niveles, por el hecho de
que el sistema ha afectado
transversalmente a la población sin
excepciones.
De hecho, por ejemplo, aún para los
trabajadores que se desplazan en
automóvil el sistema también ha
generado un problema, por el notorio
aumento en la congestión de tránsito
diaria, por lo cual ellos tampoco
están libres de problemáticas
similares a quienes deben usar el
transporte público.
·
Otros sistemas de transporte
resultan afectados:
como señalamos, los automovilistas
están afectados, pero –en mucho
mayor nivel-, el Metro de Santiago
ha terminado por encontrarse al
borde del colapso por el explosivo
aumento de la demanda, que se ha
duplicado desde la entrada en
operaciones del sistema.
El efecto del Transantiago,
entonces, se multiplica y amplifica
a todos los niveles de de movilidad
de las personas en la Ciudad, y se
proyecta incluso fuera de esta.
·
La salud de la población se
resiente: ya
que las largas esperas del
transporte en el frío y la lluvia,
afectan directamente a los usuarios,
en particular a los niños y la
tercera edad, pero también al
segmento productivo de la población.
·
La convivencia social se deteriora: de
hecho, a los efectos netos de las
aglomeraciones en el Metro y las
micros –abusos deshonestos,
aglomeración, incomodidad, robos e
incluso muertes-, se suma una
sensación extendida de malestar,
desagrado, tensión y violencia
apenas reprimida.
Con lo
antes señalado, es claro que la política
deconstruccionista del “Gobierno contra
el Estado” (ver antes), tiene uno de sus
mayores ejemplos en el Transantiago, y
ha producido una de las “fisuras” más
formidables en el tejido social del
país, como nunca antes en su historia se
había generado.
Por
ello, se puede pronosticar con
probabilidad, que la posibilidad de un
estallido social de grandes proporciones
se encuentra latente y en aumento.
De no mediar entonces, una completa
reestructuración de sistema basada en:
·
Volver al modelo de recorridos
basados en “desafío/respuesta”
·
Desconcentrar el poder de la AFT,
las Empresas y los choferes
·
Reinstalar la lógica del
transporte como un Servicio
Público, es decir, como una
responsabilidad del Estado
La posibilidad de una agudización del
conflicto social, y su expresión final
en un “Punto de Catástrofe” de gran
magnitud, es potencialmente inevitable.
En este
caso, el peor escenario es un completo
colapso no sólo del sistema de
transporte, sino de la propia estructura
política que le ha dado cabida.
Por
ello, lo que hemos visto esta semana en
el Congreso, con la aprobación del un
plan de financiamiento únicamente para
“mantener” funcionando el sistema, es un
síntoma claro de la ceguera conceptual
del Gobierno, de los Legisladores y de
la “clase política” en general.
Ante ello, el triunfo de la
“máquina de
guerra” del
Deconstruccionismo no es una profecía:
es casi un hecho.
Continuará…
Notas
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