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Doctrina

Revista Pendragón Nº 15 - Del 20-05-1999

La Alborada de la (R) Evolución

La Alborada de la (R) Evolución

Por Alexis López Tapia

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Hijos de la Nueva Era
20-04-1990

Seres de extrañas historias,
entes únicos e individuales,
asombrosamente distintos,
asombrosamente similares.
 
Una causa común para todos unos,
una causa tan amplia como ellos,
una causa individualmente
aceptada y promulgada.
 
Extraños designios llevarán
a extraños personajes
a construir un mundo más allá
de su más íntimo deseo.
Un símbolo para unirlos,
siete signos para separarlos,
diez peldaños para ascender,
y un símbolo único para hacerlos dioses.
 
Tiempos extraños se aproximan
con viejas ideas rejuvenecidas
e ideas nuevas prematuramente muertas
hasta el final de la vieja era.
 
Siete símbolos de poder
en siete seres distintos,
un símbolo para unirlos
y un único signo para hacerlos dioses.
 
En el séptimo año,
en el que fue el séptimo mes,
en el séptimo día, allí,
la magia de la nueva era llegará.
 
De viejos sueños olvidados,
perdidos y acaso ocultados
una Patria Nueva alzará su emblema,
con los colores de la tierra,
con el ímpetu de una vida nueva.
 
 
Del Décimo Cuaderno: "Años"
Alexis López Tapia



Hace casi diez años, en otro veinte de abril, cuando compuse esta poesía, ignoraba el curioso sentido que sus versos adquirirían al pasar el tiempo.

Nos encontramos reunidos aquí, después de más de un año de retro y realimentación ideológica, con la alegría de una misión cumplida pese a todo y pese a todos.
 
Y no obstante, hay algo totalmente lógico y previsible en que así sea.
 
Como si efectivamente hubiese un destino singular que ha conducido nuestros pasos hasta esta playa despojada de conceptos vacíos, y pletórica de mareas de pensamiento emergente.
 
Concentrarse profundamente en el Ser lleva a paradojas difíciles de resolver para la mayoría de quienes lo hacemos habitualmente: "me gustaría tanto estar contigo sentado en la cumbre de esa montaña, pero mi alma añora caminar solitaria por la playa de ese mar".
 
Curiosamente, esta vez mi alma prefiere caminar acompañada, por esta playa de conceptos e intuiciones agudas sobre un nuevo modo de comprender la Vida.
 
Lo hace, porque creo que desde hace un tiempo, somos muchos los que hemos emprendido una atrevida caminata por nuevos e ignotos derroteros de la conciencia.
 
Una caminata que a la vez, nos ha alejado y nos ha acercado a ciertos modos de comprender el mundo, que otros en otra época supusieron eran los mejores para crear una nueva civilización, y de los que nosotros hemos rescatado ciertos trozos: como los trozos de un naufragio que arroja la marea a una playa solitaria.
 
Sin embargo, a diferencia de los restos de un naufragio que terminan desintegrados por el tiempo, los conceptos son inmunes a los años. Por lo menos los conceptos que encierran granitos de verdad entre sus nociones. Estos conceptos pueden superar al tiempo hasta casi volverse eternos, como si tuvieran la pretensión de tocar la sombra de los Dioses en el giro de cada ciclo.
 
El nacionalsocialismo histórico contenía numerosos de esos granitos de verdad, granitos que -para aquellos que nos hemos detenido a mirar-forman parte de una playa conceptual mucho mayor que aquella en la que se expresaron en el pasado.
 
Algunas de esas intuiciones están en este mismo documento, en cada una de las ponencias que mis Camaradas han presentado en estos días. Otras, permanecen y permanecerán veladas aún mucho tiempo, hasta que sea su propio tiempo de emerger del profundo mar del inconsciente.
 
Sin embargo, hay al menos una de esas intuiciones que a mi parecer resulta sustantiva y fundamental en todo el tinglado ideológico de la cosmovisión: la concepción de la política como una expresión de la naturaleza y -a la vez-como una herramienta de adaptación a ella.
 
Como mencionaba en la inauguración del Encuentro, todo lo que ha pasado con este modo fundamental de pensar, es que hemos estado tratando de ampliar la concepción original hasta el límite máximo que nos permite el conocimiento actualmente existente.
 
Por ello, cuando señalo que Hitler desarrolló un modelo político basado en la Biología del Pensamiento, y que nuestro deber es sostener un modelo más amplio, basado en la Ecología del Pensamiento, no hago más que poner en palabras las que resultan ser claramente las conclusiones más importantes que fluyen de estas ponencias:
 
Es necesario que el nacionalsocialismo original sea reformulado de acuerdo a los actuales conocimientos, y que -fundamentalmente-se le dote nuevamente de capacidad resolutiva respecto a la realidad contingente y práctica del día a día de cada ser humano en el planeta.
 
Es necesario que estas potentes y provocativas reflexiones acerca de la realidad sean llevadas nuevamente al territorio de los hechos, para que allí se contraste efectivamente su potencialidad.
 
Y es necesario que se despoje a estos ojos nuevos, de cataratas de la historia que entorpecen su mirar.
 
Yo creo que lo que aquí estamos haciendo es fundamental.
 
Si bien alguien podría pensar que no existe una coherencia interna entre los trabajos que se han presentado, precisamente es porque veo esa coherencia que soy capaz de sintetizar algunos de sus aspectos. Y eso es lo más importante.
 
Lo que aquí ha pasado, es que un pequeño grupo de jóvenes chilenos, provenientes de distintas historias familiares, sociales e incluso raciales, han realizado una labor de deconstrucción y reconstrucción ideológica, alcanzando niveles de coherencia conceptual que no he visto en ningún otro referente político o intelectual del país con anterioridad.
 
No es importante para ello que el nivel "intelectual" de los trabajos merezca la aprobación elogiosa de los académicos o de la intelligentzia criolla. Tampoco resulta relevante el hecho de que los temas tratados sean más o menos importantes desde la perspectiva del sistema.
 
Lo que es realmente valioso, y que se encuentra subyacente en cada una de las ponencias, es un sentido nuevo y a la vez muy viejo de comprender la realidad. Un sentido que aún no ha madurado lo suficiente como para expresarse completa y complejamente en términos filosóficos o doctrinarios, pero que sin embargo tiene todo el vigor y el atractivo de un mundo que emerge para hacerse cargo de su propia realidad.
 
Cierto. No es Nacionalsocialismo.
 
¡Es mucho más que Nacionalsocialismo!
 
Y no es algo que tampoco nos sorprenda demasiado. Muchas veces habíamos señalado que esto era precisamente lo que debía ocurrir si queríamos seguir siendo consecuentes con lo que nos señaló el Führer hace ya más de medio siglo.
 
Y para quienes no comprendan aún lo que esto significa, es muy simple: el Nacionalsocialismo y el Führer han ganado.
 
Lo han hecho, porque si -después de ser derrotados militarmente, perseguidos ideológica, política y policialmente, denostados y maldecidos, prejuzgados y condenados sin apelación posible, humillados y ridiculizados en todas las instancias y todas las formas posibles-porque si después de todo esto, cincuenta y cinco años después, en otro país, por jóvenes que ni siquiera habían nacido cuando esas nociones se acuñaron, esta ideología es capaz de transformarse en una inspiración creadora de nuevos y mejores modos de comprender la realidad, es que efectivamente la Weltanschauung original no estaba fundamentalmente equivocada.
 
Por eso estas ideas siguen vivas. Por eso, aunque se reiteren hasta la eternidad los mismos argumentos y calumnias en su contra, seguirá habiendo jóvenes que hallarán en estas ideas, ecos de su propia alma clamando por transformar la realidad a costa de la mayor de las voluntades: la voluntad de Ser.
 
Y por esta Voluntad de Ser, nosotros hemos sostenido que hay que ampliar la noción biológica original hacia una propuesta ecológica.
 
Y en ello hay encerrada una reflexión mucho más profunda de lo que aparenta.
 
Por una parte, se trata de proyectar la ideología a nivel planetario, es decir, transformarla en una opción válida, lógica, legítima y factible de aplicarse por cualquier cultura, raza y nación del mundo.
 
Por otra parte, se trata de generar las respuestas adecuadas para cada realidad a partir de idénticos postulados conceptuales, que en el fondo se basan en una sola noción: la comprensión de la naturaleza.
 
Y por último, se trata de despojar para siempre a esta revolucionaria propuesta de civilización, de aquellas culpas que -justificada o injustificadamente-se han esgrimido como válidas causas para su proscripción.
 
Si estos tres preceptos logran cumplirse, entonces efectivamente habremos ganado la más importante de las batallas: la de la legitimidad. Y esta es precisamente la importancia de lo que estamos haciendo hoy aquí, porque nada hay más legítimo y justo, que el que una idea se critique precisamente por quienes la comparten, para desde allí generar nuevas posiciones.
 
Y el valor de estas nuevas posiciones es que nacen totalmente inocentes de culpas ajenas, porque no han sido sometidas a los hechos, y porque la historia aún no ha registrado su paso.
Por todo ello, después de esto nadie podrá con justicia atacarnos por lo que el nacionalsocialismo significó históricamente, o por los hechos supuestos o verdaderos a los que la ideología original fue llevada en el pasado.
 
Sólo se nos podrá juzgar y criticar por aquellos hechos y acciones que surjan de los conceptos que estamos elaborando hoy en día, por aquellas ideas que efectivamente nos pertenecen, por aquellas nociones que hemos elaborado y difundido a partir de nuestras propias reflexiones. Este es el mayor valor de lo que aquí hemos hecho.
 
Quiero finalizar agradeciendo a todos quienes han hecho material y espiritualmente posible este Encuentro, y a todos aquellos que nos han apoyado en silencio desde la distancia.
 
Quiero también agradecer a nuestros enemigos, que nos han obligado a superar nuestras falencias, y a volvernos cada vez mejores en nuestros propios ámbitos.
 
Quiero finalmente, agradecer a todos nuestros héroes y mentores, a los desconocidos guerreros que entregaron su vida por sostener estas ideas en el pasado, y a los que han continuado muriendo porque estas visiones no perecieran.
 
A todos ellos vaya mi más profundo respeto, admiración, y compromiso:
 
¡Vamos a cambiar el mundo!
 
¡La (R) Evolución ha comenzado!