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¿Es usted un Hereje?
Nosotros, los Herejes


Reeditado
de Claves por
Alexis López Tapia
“Todo lo que se haga para convertir a los herejes
es Gracia.”
(Nicolau
Eimeric, General de la Católica Orden de Santo
Domingo. S. XIV.)
Antes de que existiera la palabra pecado,
sólo había inconveniencias. Antes de que se
inventase la palabra herejía, sólo había
disentimiento.
Admitámoslo. La herejía, con toda sencillez e
inocencia imperaba en la cristiana faz de un pedazo
del planeta, incluso con antelación a que naciera
Santo Domingo de Guzmán, futuro fundador de la “Muy
Católica Orden” que llamamos de los frailes
dominicos, futura campeona de la mano dura contra
Satanás y la pésima costumbre de cierta gente de
ponerse a pensar por su cuenta.
Esta mala costumbre, unida a ciertas fantasías
místicas, recibieron el nombre global de “herejías”.
Y contra las herejías se dio comienzo a una de las
páginas más asombrosas (por decir lo menos) de la
historia de la Iglesia Católica, caracterizada por
el funcionamiento del Santo Tribunal de la
Inquisición que fue un feudo de la orden de los
dominicos de hábito blanco... ¡recubierto de negro!
Para comprender qué fue la Inquisición, para
comprender qué sentimientos de justicia, bondad y
amor cristiano podía gobernar esa campaña de
terrorismo antidiablista, podemos intentar situarnos
dentro de los procesos lógicos de la Inquisición y
sus Inquisidores.
Para los inquisidores, la noción de error era más
amplia que la de herejía, por cuanto ésta la daban
por incluida en el concepto error. En materia de fe
tenemos, entonces, que error y herejía son
totalmente equivalentes.
Hay varias significaciones de la palabra herejía:
El Diccionario de la Real Academia la Lengua
Española, señala:
Herejía
De hereje.
1. Error en materia de fe, sostenido con
pertinacia.
2. Sentencia errónea contra los principios
ciertos de una ciencia o arte.
3. Disparate, acción desacertada.
4. Palabra gravemente injuriosa contra uno.
5. Daño o tormento grandes infligidos
injustamente a una persona o animal.
Hereje
Del provenzal eretge.
1. Cristiano que en materia de fe se opone con
pertinacia a lo que cree y propone la Iglesia
católica.
2. [com.] figurado y familiar. Véase. cara de
hereje.
3. [com.]fig. Desvergonzado, descarado, procaz.
Sin embargo, otras etimologías de la palabra son:
a) Que proviene del verbo elegir (eligo), lo
que es igual a elesis,
herejía. Por lo tanto, ella deriva de elección,
porque el hereje, de acuerdo con el catolicismo, al
decidir entre un dogma verdadero y uno falso rechaza
el verdadero y elige como verdadero uno falso y
perverso. Evidentemente, puesto en estas
circunstancias el hereje elige. Basándose en la
etimología griega de la palabra, viene de "haieresis"
que indica una escuela del pensamiento, por ejemplo,
la de un filósofo como el platonismo o el
aristotelismo. Así pues, el herético es quién elige
lo que debe creer
"Cuando Flavio Josefo presenta el judaísmo
helenístico, [.... ] utiliza la categoría de la
filosofía [... ]. Entonces, las aplica a un término
que pesó mucho en la génesis del cristianismo en el
mundo griego y aún pesa mucho en nuestra
inteligencia, y también en el judaísmo palestino
anterior a la caída del segundo templo, en tiempos
del inicio del movimiento cristiano. Este término es
la haieresis. Lo
traducimos por "secta" cuando pertenece a las
corrientes que cruzan el judaísmo palestino y cuando
son en el inicio del movimiento cristiano, y por
"herejía" (que es la trascripción de haieresis),
cuando indica las corrientes del cristianismo que,
el segundo siglo, se ven como desviaciones"
(Maurice Sachot, l'invention du christianisme,
Odile Jacob, 1997, pp. 123).
b) Hay una segunda ponencia, un significado que
surge del verbo adherir,
pues hereje es sinónimo de adherente. Efectivamente,
hereje es el que adhiere a una doctrina falsa que él
mismo considera verdadera.
c) También juegan, los expertos, en una tercera
distinción, que es una derivación del verbo
erciscor,
sinónimo de dividir, del que procedería el término
herejía. Así obtenemos que el término latín
“haereticus” remite a la idea de “ercissivus”,
dividido. Sería hereje el que se cercena de lo común
verdadero, espiritualmente de la fe católica.
d) Según otros, el vocablo herejía viene del latín
hereticus,
que significa “opción”. Se usó por primera vez
cuando se impuso la nueva Biblia del Siglo III d.C.
(aprox), y se denominó con ella a quienes optaban
por los Antiguos Evangelios.
e) Sin embargo, la palabra hereje no viene sólo del
latín, y por ende, no fue utilizada por primera vez
por los romanos, sino que viene del griego
airesis
que significa decisión o separación.
e) Finalmente, el término se encuentra relacionado
con Alexis,
del griego, que es alejarse hacia lo desconocido, lo
exótico,
lo inusual.
Sus raíces: “Alos” que es igual a exótico, pero que
tiene la connotación acabada de señalar, y “Ex”:
alejamiento, adelantamiento o salida.
Santo Domingo, el
precursor
Domingo
de Guzmán nació en España en 1170. Cumplió con los
votos correspondientes y fue designado canónigo en
1194. Acompañó a su Obispo al Mediodía de Francia,
en Tolosa, 1204, para predicar a los albigenses. A
ello se entregó con un tesón suprahumano, dándose
por entero a la misión de convertirlos a la “recta
doctrina”.
Al mismo tiempo pensaban en la creación de una
estricta hermandad religiosa, lo que realizó al
fundar en Tolosa, en 1215, la Orden de predicadores
que lleva su nombre (antepuesto el calificativo de
Santo). Este fue el primer convento destinado a
preparar sacerdotes animados por el mismo celo
candente que a él lo distinguía.
La aprobación oficial llegó rápidamente en 1216,
gracias al Papa Honorio III. Esta Orden progresó y
se expandió como un rayo, tanto en la Cristiandad
como fuera de ella.
Los Dominicos hacen los conocidos votos de pobreza,
castidad y obediencia; pero Domingo agregó otro:
prohibición de comer carne.
Son dirigidos por un Jefe superior al cual llaman
General, que es electo por un plazo de doce años.
Los conventos son regidos cada uno bajo la jefatura
de un Prior y se encuentran distribuidos en
provincias, bajo la dirección de un Provincial. Sus
hábitos son de lana blanca con manto negro, del cual
surge la denominación popular de “frailes negros”, y
capucha puntiaguda.
A Santo Domingo se le ha acusado de promover el
fanatismo de aquellos cruzados que lucharon contra
los albigenses. Se puede tener la seguridad que fue
el gran adelantado y precoz iniciador de la
Inquisición. Falleció en Boloña, Italia, en 1221, a
los 51 años de edad, dejando un testamento extenso
dentro de la Iglesia Católica, aunque cruel, porque
siempre los dominicos fueron los trabajadores de la
Inquisición. El Vaticano lo canonizó en 1234.
En sus comienzos, las huestes de Santo Domingo no
dejaron universidad europea sin que subrepticiamente
instalaran una célula, para saber lo que ocurría en
ella, registrar las actividades, para que fueran -en
su integridad- católicas, y ejercer dominio en los
rumbos de la enseñanza superior. A lo antedicho se
puede añadir que sus predicadores viajaban
constantemente de un lugar a otro, para estar bien
informados, como una organización actual de
espionaje y contraespionaje. Cerramos este párrafo
enfatizando: que la Inquisición recibió de los
dominicos apoyo constante y de un entusiasmo febril.
Santo Tomás de Aquino y otros muchos escolásticos
pertenecieron a la Orden de Santo Domingo.
La
Santa Cofradía de la Santa Inquisición
Ahora comenzaremos a introducirnos en un capítulo
oscuro de la historia mundial, en general, y en un
período siniestro de la Santa Iglesia Católica,
Apostólica y Romana. Relataremos una realidad cruel,
aunque muchos prefieran ignorarla, por múltiples
razones; pero lo que aquí se consignará responde a
hechos concretos acaecidos entre los siglos XIII y
XIX. Hay que esclarecer que con anterioridad, ayer,
hoy y en el futuro seguirán ocurriendo actos
espeluznantes nacidos de cualquier factor personal,
institucional o de grupos que únicamente perseveran
en el mal para la humanidad. Pese al mensaje
iluminador y ejemplar de sentido común que nos legó,
imperecederamente, Jesucristo.
La localización y situación de la Inquisición se
encuentra en archivos, libros y hasta en un manual,
para aplicarla lo más ordenadamente posible. Sus
acciones se hallan claramente estampadas. Las
instituciones perduran, porque sus leyes han sido
codificadas; porque su organización y objetivos han
quedado a fuego impresos en el papel. Esto sin
contar los numerosos escritos que estudiaron y
analizaron, con astucia y a fondo, en las mismas
fuentes del tema, este fenómeno de entidad
entronizado o, mejor dicho, iniciada su
planificación en la Santa Sede en 1198, durante el
pontificado de Inocencio III, programada y llevada a
cabo por un lapso de setecientos años, como un
Tribunal Eclesiástico que cuando condenaba a muerte
al culpable, lo entregaba al brazo secular, al
régimen judicial común. A la Inquisición no se le
ponía en el doloroso trance de cumplir con la pena
capital, contra un sujeto que por sus culpas, por
haber cometido herejías, como era de costumbre,
fuera quemado vivo.
Los que resultaban culpables, pero eran confesos y
mostraban arrepentimiento —entre ellos
invariablemente se encontraban las personas dueñas
de riquezas—, podían ser sentenciados a severos
ayunos y a la pena de azotes en público, a ser
mandados en peregrinación a determinados santuarios.
En casos más graves los culpables eran condenados a
bastantes años de prisión. Los herejes inconfesos ni
arrepentidos eran entregados al brazo secular, lo
que corrientemente significaba morir en las llamas
de la hoguera.
La Inquisición desplegó sus operaciones por siglos
en Italia, Francia, España y Portugal. Este tribunal
también ejerció sus sacros fines en los dominios del
Nuevo Mundo, desde el siglo XVI en adelante,
particularmente en Perú, donde incluso el
conquistador Aguirre fue sometido a juicio. En
Europa sirvió para suprimir movimientos disidentes,
a todas las sectas o fraternidades que no estaban
derechamente en el camino indicado por la Iglesia
Católica.
Hacia la mitad del siglo XVI, la Inquisición
intrínsecamente se acentuó como una herramienta
política. Sin embargo, debe subrayarse que su
aversión a los judíos y su interés para neutralizar
o exterminarlos, como una actividad de limpieza-
racial, prosiguieron incólumes aún más tarde.
Santa
Inquisición, Romana y Universal,
éste es el nombre completo con que fue bautizada
primitivamente. Sin embargo, no es menos cierto que,
en especial, su denominación en cuanto institución,
varió a la de Sagrada Congregación del Santo
Oficio. Fue establecida, en 1542, en
Roma, por el Papa Pablo III, como un servicio
pontifical, cuya función suprema es salvaguardar la
Iglesia Católica en toda materia de fe y de moral.
El Santo Oficio prosiguió la obra de la Inquisición,
nominación que nunca se ha perdido, y en 1917 se le
asignó el desempeño de la Congregación del Índice.
Hoy en día su misión consiste, en esencia, dar
batalla para proteger la moralidad y la creencia, y
sepultar, anular a la herejía y cautelar que los
libros que se editen estén dentro del esquema
eclesiástico y no provoquen peligros. El Index
Librorum Prohibitorum, en el ámbito
dirigente del catolicismo, es la lista oficial de
libros que los fieles no pueden leer ni poseer, bajo
pena de excomunión o severa censura.
Condena a los libro por razones doctrinales,
religiosas y morales. Este acto de censura siempre
ha tenido para la Iglesia Católica una gran
importancia, incluso proviene de los primeros
tiempos. Se dice que la primera lista de libros
prohibidos, divulgada por la autoridad pontificia,
se remonta al 494. Esta instancia no tuvo mayor
repercusión, sino hasta la invención de la imprenta,
la que hizo posible el acceso más masivo a los
libros editados. El índice publicado, en el sentido
moderno del vocablo, en 1564, la primera edición
propiamente tal, del Index Librorum
Prohibitorum, que hasta nuestra actualidad
es periódicamente reeditado.
Esta clase de censura, en 1571, fue puesta dentro de
la esfera de labores de la Congregación del Indice,
en el Vaticano, y en 1917 transferidas sus
atribuciones al Santo Oficio.
No hay que confundir el Indice de Libros Prohibidos
con el Index Librorum Exporgandorum, o
Espurgatorius, cuyo objetivo es catalogar las
obras que pueden ser leídas ya suprimidos pasajes
inadecuados. A modo de ejemplo, en el Index de
Prohibición:
— Existen libros de pensadores famosos como Hobbes,
Locke, Descartes, Gibbon, Voltaire, Rousseau,
Rergson, etc.
— Aparecen ciertas novelas de Flaubert, Zola, Dumas,
Anatole France, etc.
— Y sobre libros de astronomía; hasta 1835,
estuvieron prohibidos los firmados por Copérnico,
Kepler y Galileo.
La eclosión de la nueva tecnología en los campos de
la imprenta y edición electrónica ha repercutido en
la publicación veloz de libros, algunos hasta en más
de un millón de ejemplares, aumento que dejó al
Índice en una posición obsoleta. No puede caminar
según el aceleramiento del mundo editorial. La
resolución para imprimir se da a los libros
católicos en nuestra época. No tiene en la práctica
mayor connotación. Cada año se editan más y más
libros, en tirajes sorprendentes.
Volvamos al tema de la Inquisición y a sus raíces
que dejaron una huella que con el tiempo la misma
Iglesia ha ido borrando con una tiza blanca, para
estar con quienes sufren, sea por enfermedad,
persecución política, terrorismo y actitudes
adversas a la fe cristiana.
El Tribunal de la Iglesia Católica tenia las
facultades y deberes de descubrir y erradicar la
herejía. Su fundación, como una institución
pontificia, data del Sínodo de Toulouse,
realizado en 1229, después de la eficiente
Cruzada emprendida en contra de los Albigenses,
secta especialmente numerosa en la región francesa
de Albi, Languedoc, basada en la religión dualista
oriental. Muchos del los Albigenses escaparon hacia
Cataluña, España y Portugal para escapar de la
muerte.
Así se resolvió que en cada parroquia se formaran
juntas de vigilancia que buscaran y luego
denunciaran a los herejes.
Es curioso, pero en 1248 fue constituido un tribunal
viajero y muy pronto estos Inquisidores turistas, en
su mayor porcentaje dominico, efectuaban sus
recorridos para oír denuncias, juzgar y sentenciar.
El
procedimiento era secreto. El acusado nunca era
careado con el acusador. De esta manera, se
estimulaba el denuncio injusto y la persecución
indiscriminada. Los que confesaban y denunciaban a
sus cómplices recibían un trato mejor que los
contumaces, los que no confesaban, pese al
tratamiento de tortura inexcusable a que eran
sometidos. Hay que decir que éstos eran en gran
cantidad inocentes, pero lo que importaba era, como
lo señala el teólogo español Francisco Peña, que a
fines del siglo XVI le cupo poner al día y
complementar “El Manual de los Inquisidores”:
“La finalidad de los procesos y de la condena a
muerte no es salvar el alma del acusado, sino
mantener el bienestar público y aterrorizar al
pueblo.
El papel del abogado es presionar al acusado para
que confiese y se arrepienta, y solicitar una
penitencia por el crimen que haya cometido.
¡No somos verdugos!
Que se haga todo lo necesario para que el penitente
no pueda proclamarse inocente, para no dar al pueblo
el menor motivo de que piense que la condena es
injusta.
Aunque sea lastimoso enviar a la hoguera a un
inocente... Alabo la costumbre de torturar a los
acusados”
La palabra Inquisición del latín “Inquisitio
— tionis” es la acción y efecto de inquirir,
investigar y examinar, literalmente. La Iglesia
Católica estableció este tribunal para indagar y
castigar los delitos contra la fe, la herejía.
Los Inquisidores, invariablemente de la Orden
Dominicana al igual que sus secuaces, cumplían sus
funciones a base de delaciones, con o sin
fundamento, para someter al inculpado a horrendos
suplicios, que iban desde el potro, que hace estirar
el cuerpo en forma cruel y dolorosa; golpizas
intolerables; utilización de elementos candentes;
tenazas para dislocar miembros del cuerpo humano, en
fin un variado instrumental para una detestable y
horripilante tortura, para que el encarcelado:
inocente o no, confesara. ¡Quién no habría confesado
hasta lo no realizado con este repelente sistema!
Tampoco eludían, mientras estaba prisionero el
posible hereje, efectuarle presión psicológica, a
través de sacerdotes que “querían” aliviarle la
conciencia mañosamente, a la intervención de
“amigos”, infames, que se prestaban para tratar de
sonsacarle evidencias o pruebas que llevaran a esta
gente hasta el suplicio y la muerte. La pena de
muerte prescrita por el Tribunal Eclesiástico se
efectuaba con el sentenciado aun vivo puesto en una
hoguera, en un lugar público, connotado, para
escarmiento y temor del pueblo.
La actividad del Inquisidor se vaciaba, en especial,
hacia los judíos, los moriscos, protestantes y
místicos. A vía de ejemplo, se puede citar que, “por
alumbrados y dejados”, San Juan de la Cruz y Fray
Luis de León fueron juzgados por el Santo Oficio. El
ánimo Inquisitorial ponía gran dedicación en los
acusados por hechicerías y brujerías. La causa
principal siempre fue la herejía y los que la
cometían en sus diversas modalidades aquí expuestas.
Famoso y muy conocido fue el caso de Copérnico,
quien salvó su vida, pero no el médico Miguel de
Servet, quien investigando logró demostrar que la
sangre fluía constantemente, la corriente sanguínea.
Otros casos destacables fueron dos menores quemados
en Aviñón, que eran hermanos, Pierre de Castillon y
Nicho. Quien dio la orden fue el Cardenal Albo. Ese
mismo Cardenal, más tarde, hizo quemar dos frailes,
Mauricio y Juan de Narbona. Varios franciscanos
llegaron a la hoguera, bajo el pontificado de
Urbano. Asimismo fueron condenados a la pena máxima:
Sagarelli, de Parma; Dolcino, de Novara; el
Inquisidor de Marsella condenó y mandó quemar, por
herejes contumaces, a cuatro frailes cuyos nombres
fueron omitidos en las actas del proceso, siendo
pontífice Juan XXII. Quemaron a limosneros y a otros
seres humanos que han quedado, lógicamente, en el
anonimato.
El número total de condenados por la Inquisición
tanto en el Viejo como en el Nuevo Mundo
desgraciadamente es imposible de fijar, porque la
Iglesia ha guardado el más estricto secreto de las
estadísticas. Estudiosos han fijado que los
condenados por la Inquisición fueron 32.000 a la
pena capital. Su última víctima, oficialmente, fue
el maestro Cayetano Rifo!!, en 1826, España.
Desensamblada y sin vestigio ya desaparece en 1834.
Un
manual para el más óptimo desempeño del Inquisidor
Es
una curiosidad, un avance que en esta era
contemporánea ha llegado al pináculo para una más
eficiente organización y distribución de tareas en
cualesquiera administración. El Directorium
Inquisitorum representa un paso para que
nada quede sin esclarecerse.
Su título hispano es “El Manual de los
Inquisidores”, una obra cumbre en su especialidad:
totalizadora, sistemática, exhaustiva, consistente,
coherente, como para una acción gerencia!, apoyada
por subalternos, del tiempo que vivimos,
computarizadamente.
Su autor fue Nicolau Eimeric, hermano de la Orden de
Santo Domingo. Lo escribió en Aviñón en 1376, fue
actualizado, completado por Francisco Peña, en
1578, en Roma. Peña era Doctor en Derecho
Canónico y Derecho Civil.
Eimeric nació en Gerona, reino de Aragón-Cataluña,
en el año 1320. A los catorce años de edad, su
vocación, ayudada por sus familiares, lo impulsa a
ingresar al convento de la Orden de Santo Domingo de
su ciudad natal. En 135.7 fue nombrado Inquisidor
General de Aragón, Cataluña, Valencia y Mallorca.
Fue sucesor del dominico Nicolau RoselI, quien en
1356 ascendió al cardenalato.
Eimeric ejerció el cargo de Inquisidor General
señalado de 1357 a 1392. Tuvo dos largas
interrupciones, de 1360 a 1365 y de 1375 a 1387.
Hubo de exiliarse del reinado de Aragón - Cataluña,
en dos ocasiones, debido a que su excesivo celo de
juez inquisitorial, más sus posiciones políticas
extremas y teológicas, le fueron insoportables a la
casa real instalada en Barcelona.
No obstante, nunca consideró la deposición del
cargo.
Cabe destacar que en 1362 fue designado Vicario
General de la Orden Dominica en el mencionado reino.
En 1361, le fue concedido el título de capellán del
Papa en Aviñón y, por sus funciones, siguió a Roma a
Gregorio IX. En 1391 presidió el capítulo general de
los sacerdotes de Santo Domingo.
Estando en el convento de Gerona falleció en 1399.
Fuera del “Manual de los Inquisidores”, Nicolau
Eimeric escribió varias obras teológicas y una serie
destinada a refutar las doctrinas de su compatriota
el filósofo Raimon Llul y sus discípulos,-a quienes
condenó con gran rigor a través de la Inquisición.
Los Antiguos Herejes
-
Los Menandrinos,
discípulos del mago Menandro, que afirmaban que
el mundo no era creación de Dios, sino de los
ángeles.
-
Los Nicolaítas,
discípulos de Nicolás, que fuera diácono de la
Iglesia de Jerusalén, tenían la costumbre de
intercambiar esposas, como lo hacía su mentor.
-
Los Carpocratianos,
que proclamaban que Jesucristo era solamente un
hombre procreado en un acto normal y natural.
-
Los Nazarenos,
que mantenían como guía al Antiguo Testamento,
sin embargo reconocían la divinidad de Cristo.
-
Los Ofitas,
del griego: serpiente, adoraban a este reptil,
porque con él entró la inteligencia al Paraíso.
-
Los Valentinianos,
que decían que Jesucristo no se había encarnado
divinamente en el vientre de la Virgen María,
sino que simplemente se había alojado en ella,
como en un tubo cualquiera.
-
Los Adamitas,
quienes imitaban la desnudez de Adán. Hombres y
mujeres vivían en comunidad desnudos
completamente y rezaban.
-
Los Setistas,
idolatraban a Set, el tercer hijo de Adán. Set
era para ellos el auténtico Cristo.
-
Los Artotiritas,
que ofrecían al cielo queso y pan, porque
opinaban que la primera ofrenda de los hombres
primigenios eran frutos de la tierra y del
rebaño de cabras o vacas.
-
Los Acuarios,
que para la comunión se abstenían de usar vino;
únicamente la consagraban con agua y pan.
-
Los Severianos,
se abstenían del vino y rechazaban el Antiguo
Testamento y la resurrección de Jesucristo.
-
Los Tacianos,
que detestaban la carne.
-
Los Alogos,
del griego:
a-logos,
sin palabra, negaban que Cristo fuera el Verbo
Divino y se oponían al Evangelio de San Juan y
al contenido del Apocalipsis.
-
Los Cátaros,
se atribuían este nombre para enaltecer su
pureza. Negaban que se perdonaban los pecados a
quienes se arrepentían; las viudas que volvían a
casarse eran adúlteras. Creían, firmemente, en
que ellos eran los más puros.
-
Los Maniqueos,
seguidores de un pensador
Persa
llamado
Mani o
Manes
(circa 215-275),
que admitían dos naturalezas y dos sustancias:
la del bien y la del mal. Para ellos, las almas
emanaban de Dios, como las aguas de un arroyo
cordillerano. Además, no aceptaban el Antiguo
Testamento ni ciertas partes del Nuevo. Los
maniqueos -a semejanza de los gnósticos y los
mandeos- eran dualistas, creerían que había una
eterna lucha entre dos principios opuestos e
irreductibles, el bien y el mal, que eran
asociados a la luz (Ormuz) y a las tinieblas (Ahrimán).
Según ellos, Dios es el creador de todo lo bueno
y Satanás el creador de todo lo malo.
Posteriormente algunos maniqueos distinguían el
Dios del Antiguo Testamento (malo) del Dios del
Nuevo Testamento (bueno).
-
Los Hierarquitas,
que eran monjes. Negaban que los niños inocentes
tuvieran entrada al cielo. No tenían trato
alguno con mujeres.
-
Los Novacianos,
que rebautizaban a los ya bautizados.
-
Los Fotinianos,
exponían que Cristo fue engendrado en coito por
María y José.
-
Los Antidicoramitas,
pensaban como los fotinianos.
-
Los Patricianos
hablaban de que el diablo era el creador de la
sustancia carnal humana.
-
Los Colucianos
sostenían que Dios no era el autor del mal, lo
que se opone a: “Yo el Señor, he creado el mal”,
(Isaías).
-
Los Florienses,
al revés, que Dios fue el creador del mal, lo
que se contrapone al Génesis: “Dios contempló lo
que había creado y era bueno”.
-
Los Circonceliones,
también denominados
Escototópicos, se suicidaban por amor
al martirio.
-
Los Pricilianistas
difundieron, especialmente en territorio
español, una mezcla de gnosticismo (conocimiento
íntimo y profundo de los enigmas sagrados,
porque sus adeptos eran iniciados) y
maniqueísmo.
-
Los Jovinianistas,
osaban manifestar la más mínima inexistencia de
diferencia entre una doncella, virgen, y una
mujer casada, entre un juerguista y un estable.
-
Los Tesaresdecatitas
(del griego, cuatro y diez) celebraban la Pascua
en la luna decimocuarta del año calendario.
-
Los Pelagianos
atribuían al libre arbitrio rango más alto que
al de la gracia divina. Esta herejía del siglo V
fue obra de Pelagio, un monje británico que
negaba que el hombre naciera bajo el pecado
original y que no hacía falta la gracia de Dios
para conseguir la salvación, ya que el hombre,
por si sólo ya la podía alcanzar.
-
Los Acéfalos
(sin “cabeza” como jefatura), se oponían a la
doctrina aprobada en el Concilio de
Calcedonia.
-
Los Apolinaristas
que destacaban la divinidad de Jesucristo, a
expensas de su condición humana.
-
Los Arminianistas
que pretendían que sólo los creyentes podían
tener acceso a las indulgencias, al perdón y al
cielo. Para los otros, no había redención
alguna.
-
Los
Arrianos que
son sin lugar a dudas famosos por discutir el
origen y la verdad de la Trinidad Divina.
El arrianismo tomó su nombre de Arrio
(256-336) sacerdote de Alejandría y después
obispo libio, quien desde el 318 propagó la idea
de que no hay tres personas en Dios sino
una sola persona, el Padre.
Jesucristo no era Dios, sino que había sido
creado por Dios de la nada como punto de apoyo
para su Plan. El Hijo es, por lo tanto, criatura
y el ser del Hijo tiene un principio; ha habido,
por lo tanto, un tiempo en que él no existía. Al
sostener esta teoría, negaba la eternidad del
Verbo, lo cual equivale a negar su divinidad.
A Jesús se le puede llamar Dios, pero solo como
una extensión del lenguaje, por su relación
íntima con Dios.
Admitían
la existencia del Dios único, eterno e
incomunicable; el Verbo, Cristo, no divino sino
pura creatura, aunque más excelsa que todas las
otras y escogido como intermediario en la
creación y la redención del mundo.
Aunque Arrio se ocupó principalmente de despojar
de la divinidad a Jesucristo, hizo lo mismo con
el Espíritu Santo, que igualmente lo percibía
como creatura, e incluso inferior al Verbo.
Fueron
condenados los escritos de Arrio y tanto él como
sus seguidores desterrados, entre ellos Eusebio
de Nicomedia. Aunque no era arriano, Constantino
gradualmente relajó su posición anti-arriana
bajo la influencia de su hermana, quien tendía
simpatías arrianas. A Eusebio y a otros se les
permitió regresar y pronto comenzaron a trabajar
para destruir lo hecho en el Concilio de Nicea.
Por los manejos de Eusebio de Nicomedia,
Constantino intento traer a Arrio de regreso a
Constantinopla (334-335) y rehabilitarlo, pero
murió antes de que llegara. Aprovechando la
nueva situación, el partido arriano fue ganando
terreno y logró el exilio de San Atanasio, quien
ya era obispo de Alejandría, y de Eustaquio de
Antioquía. Avanzaron aún más durante el reinado
del sucesor de Constantino en Oriente,
Constancio II (337-361), quien dio un apoyo
abierto al arrianismo.
En el año 341 se celebró un Concilio en
Antioquía, el cual no fue reconocido como
concilio ecuménico y fue encabezado por Eusebio
de Nicomedia. Este Concilio aceptó varias
afirmaciones heréticas sobre la naturaleza de
Cristo. La oposición fue tal en Occidente, que
Constancio II, emperador de Oriente, y
Constante, de Occidente, convinieron en convocar
un Concilio en Sárdica en el 343, donde se logró
el regreso de Atanasio y su restauración como
obispo de Alejandría, así como la deposición de
sus sedes de muchos obispos arrianos.
Tras la muerte de Constante y el advenimiento de
Constancio como único emperador en el año 350,
los arrianos recuperaron mucho de su poder,
generándose persecuciones anticatólicas en el
Imperio. Durante este período se dio el momento
de mayor poder y expansión de la herejía arriana
con la unificación de los diversos partidos en
el interior del arrianismo en el año 359 y su
máximo triunfo doctrinal en los concilios de
Seleucia y Arimino.
Cuando parecía humanamente que la fe católica se
perdía, las cosas se volvieron en contra del
arrianismo. Constancio murió en el año 361,
dejando al arrianismo sin su gran protector. Más
adelante los semiarrianos, escandalizados por la
doctrina de sus copartidarios más radicales,
empezaron a considerar la posibilidad de algún
arreglo.
Bajo el gobierno del emperador Valentiniano
(364-375), el cristianismo ortodoxo fue
restablecido en Oriente y Occidente, y la
ejemplar acción de los Padres Capadocios (San
Basilio y San Gregorio Nacianceno) condujo a la
derrota final del arrianismo en el Concilio de
Constantinopla en el año 381.
La herejía no moriría aun por siglos y crecería
en algunas tribus germánicas que habían sido
evangelizadas por predicadores arrianos, las
cuales la traerían de nuevo al Imperio en el
siglo V con la invasión de Occidente. Aunque
todavía se encuentran grupos de
cristianos-arrianos en el Oriente Medio y el
Norte de África, el arrianismo profesado como
tal desapareció hacia el siglo VI.
Como ocurre con otras herejías, hay siempre
quienes, sin definirse herejes, sostienen
todavía esos errores. Se trata de una batalla
por la verdad en la que el espíritu del error no
se da por vencido.
-
Los
Semiarrianos,
también llamados
Homousianos, ocupan un lugar
intermedio entre los arrianos radicales o
Anomeos que
predicaban una clara diferenciación entre el
Padre y el Hijo, y la fe ortodoxa del Concilio
de Nicea. Ellos asumen el término homoiousios,
pero en el sentido de similitud y no de
consustancialidad. Resaltan, pues,
simultáneamente similitudes y diferencias entre
el Padre y el Logos.
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Los Angélicos
que eran unos místicos que se establecieron en
Holanda en 1688. Creían haber alcanzado las
propiedades angelicales y por ello rechazaban
toda actividad terrenal, incluido el matrimonio.
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Los Bucanitas,
a quienes les agradaba llevarse en una vida muy
disipada.
-
Los
Basilidenses que mantenían que del Dios
supremo, el ingénito Padre, procedían numerosas
emanaciones que construyeron 365 cielos. Sus
ideas fueron desarrolladas en el Siglo II por
Basílides el pitagórico de Alejandría (Año 90
d.C.) y expuestas por San Ireneo y San Hipólito.
Rendían culto al Dios Abraxas. Esta secta
gnóstica creía que Jesucristo había emanado de
Abraxas y que éste era un fantasma mientras
estuvo sobre la Tierra. Pensaban que el nombre
Abraxas contenía grandes misterios, porque
contiene las siete letras griegas que, al ser
numéricamente computarizadas, son iguales a 365,
los días del año. También se creía que comandaba
a 365 dioses, cada uno poseía una virtud, por lo
que había una virtud para cada día del año.
Basílides empleaba la voz Abraxas como un
nombre de la Divinidad, la suprema de las Siete,
y como dotada de 365 virtudes.
En la numeración griega, a=1, b=2, r=100, a=1,
x=60, a=1, s=200, lo que forma un total de 365,
días del año, año solar, un ciclo de acción
divina. C. W. King, autor de Los Gnósticos,
considera dicha palabra similar a la hebrea
Shemhamphorasch, palabra sagrada, el extenso
nombre de Dios.
Las gemas Abraxas, representan generalmente un
cuerpo humano con cabeza de gallo, uno de los
brazos con un escudo, y el otro con un látigo.
Abraxas es la copia de las palabras indias
Abhimânim y Brahmâ
combinadas.
Estas compuestas y místicas cualidades motivaron
que Oliver, la gran autoridad masónica,
relacionara el nombre de Abraxas con el de
Abraham.
Esto era insostenible; las virtudes y los
atributos de Abraxas, que son en número de 365,
debían haberle mostrado que la Divinidad estaba
relacionada con el Sol y la división solar del
año; más aun: que Abraxas es el anticipo, y el
Sol es el tipo.
Sin embargo, algunos mitologistas antiguos
colocan a Abraxas entre los dioses Egipcios y/o
Persas, mientras que algunos estudiosos de los
demonios lo citan como un demonio con la cabeza
de un rey y serpientes formando sus piernas. Ha
sido representado en amuletos con un garrote en
sus manos. La mística palabra abracadabra
fue derivada de su nombre. Muchas piedras y
gemas fueron cortadas con sus caprichosas marcas
simbólicas, con cuerpo humano y cabeza de león o
aves, y serpientes como miembros, fueron
vestidas por los Basilideanos como amuletos.
También acompañado por el número 365.
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Los Simoníacos
que compraban, vendían o negociaban los asuntos
espirituales o sacramentales.
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Los Tertulianenses
que defendían una moral extremadamente rigurosa
y que al alma se le podía atribuir cierta
corporeidad.
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Los Calbinistas
que se ceñían a un sistema teológico célebre,
fundamentado en la predestinación.
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Los Cerintinianos,
partidarios de divulgar que el Dios Supremo y el
Creador no son la misma persona Divina y que
Cristo, que tomó y usó temporalmente el cuerpo
de Jesús, reinará por un milenio de “festivales
nupciales” y en una multiplicidad de placeres
sensuales.
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Los Cabalistas
que se basaban en la Cábala, que proviene del
hebreo qabbalah, cuya doctrina tal como
lo expresa su nombre, significa aplicar siempre
la tradición por sobre todo.
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Los Camerionanos
que se adjudicaban la virtud de la profecía como
inspiración, la cual tenía cuatro grados: el
aviso, el soplo, profetizar y los dones.
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Los Cainitas
estimaban que Caín era el fruto de la unión de
Eva con un poder superior. Y que Abel fue
engendrado por un poder inferior. Por tanto, su
asesinato (el comienzo del homicidio y de la
novela policial) era el símbolo de la victoria
sobre el Demiurgo insignificante.
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Los Mesianistas,
creencia de acuerdo con la que Dios juzgará
oportunamente, y vendrá al mundo un Mesías
personal, pero descendiente del rey David.
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Los Melquitas
(en sirio, realistas,
de Melk, rey),
nombre dado a los consecuentes con la doctrina
emitida por el Concilio de Calcedonia (451
a.C.). Negaban que, después de la Encarnación,
únicamente había una naturaleza en Jesucristo.
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Los Apostólicos
que practicaban un comunismo religioso aunque
profesaban el más estricto celibato. Se trataban
de hermanos entre ellos.
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Los Euquitas
(del griego euche, oración) que eran unos
místicos indiferentes al culto exterior y la
plegaria era el medio exclusivo de salvación.
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Los Celotes
que, hacia la época de Cristo, formaban el
izquierdismo de los fariseos y enunciaban que el
reino del Mesías se establecería por la
violencia.
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Los Paulicianos
que se llamaban así por su muy especial
veneración por las escrituras dejadas por San
Pablo. Condenaban el culto a la Virgen María,
porque ella fue un canal por intermedio del cual
vino al mundo el cuerpo aparente de Cristo;
porque la materia pertenece al diablo y el
Espíritu Divino no podía quedar prisionero en
ella. Rechazaban los sacramentos y el
sacerdocio.
-
Los Hesiquiastas o
Hesicastas (del griego hesyches,
quieto) que principalmente se entregaban a la
meditación, inclinando la cabeza sobre el pecho
y mirándose fijamente, en forma individual, se
entiende, el ombligo, donde para ellos se
concentraban las fuerzas del alma. Creían de que
así lograrían el éxtasis y la iluminación
espiritual.
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Los Adopcionistas
que trataban de conciliar el cristianismo con el
mahometanismo. Que Cristo era sólo Hijo de Dios
por adopción.
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Los Sabelianos
sostenían que la trinidad no es unión de tres
personas distintas, que por el contrario forma
una sola esencia divina única, pero manifestada
en tres aspectos sucesivos: Padre, Hijo y
Espíritu Santo.
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Los Pitagóricos,
secta fundada por Apolonio de Tiana. Sus
seguidores eran muy devotos a la sabiduría de
Pitágoras, rehusaban comer carne, y tomar vino;
andaban descalzos y se dejaban crecer el cabello
en abundancia.
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Los Luteranos,
nombre que llevan los protestantes que surgieron
de las doctrinas enseñadas por Martín Lutero en
el siglo XVI. Es francamente la más grande
oposición a la Iglesia Católica. Enfrentó la
venta de indulgencias para remitir los pecados;
escribió una lista de 95 tesis sobre la
imposibilidad de que los pecados pudieran ser
condenados a cambio de dinero. La base doctrinal
de los Luteranos es la justificación por la fe y
que no hay presencia real en la Eucaristía, sino
que ésta representa un memorial simbólico.
-
Los Patarinos,
que se oponían al matrimonio y lo consideraba
como maligno.
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Los Patripacianos
decían que el Padre mismo descendió de los
cielos al seno de la Virgen María, que nació de
ella y que padeció “La Vida, Pasión y Muerte”,
porque de hecho El mismo era Jesucristo.
-
Los Bogomilos,
que en eslavo significa “amados de Dios”,
afirmaban que gran parte de la historia de
Cristo debía interpretarse como una alegoría.
Predicaban que tanto Jesús como Lucifer eran
hijos de Dios y ambos los instrumento del Padre.
Rechazaban de plano todos los sacramento
cristianos. No hacían culto a la Virgen ni a los
Santos ni a las imágenes. Enfatizaban que los
milagros eran obra del Demonio y nadie más.
Adoraban el logro de un alto ideal moral.
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Los Donatistas,
discípulos de Donato de Cártago, norte de Africa,
exigían que los cristianos que habían entregado
sus ejemplares de las Escrituras, bajo la
presión de Diocleciano, fueran tratados con una
severidad que la Iglesia Católica reprobó. No
sabemos el porqué de la existencia de esta
herejía en las nóminas de la Inquisición, pues
los Donatistas no existían desde el siglo V.
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Los Marcionitas
que se inclinaban al dualismo religioso,
haciendo distinción entre Dios Padre y un
Creador o Demiurgo (asimilado al Yavé de los
judíos). El primero mandó a su hijo, Jesucristo,
a objeto de liberar a la humanidad del dominio
del segundo. Creían que Jesucristo nunca
encarnó, fue nada más que apariencia; abominaban
del Antiguo y Nuevo Testamento, exceptuando el
Evangelio de San Lucas y diez de las Epístolas
de San
Pablo. Al tiempo absorbidos por los maniqueos.
-
Otras religiones,
por supuesto, contrarias a los preceptos
católicos como la
religión Hebrea
de los judíos, a los cuales la Inquisición
persiguió sin tregua y denodadamente.
También la religión Islámica, combatida por las
Cruzadas, y todas las demás.
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Los errores—herejías
del platonismo, del estoicismo, de los
epicúreos, de Aristóteles, Averroes, Al Gazil,
Al Kindí, etc.
-
Las Cultos Atávicos;
la magia, la hechicería, la brujería y el
demonismo.
Esas merecerían un artículo por sí mismas, ya
que la quema de brujas -en Europa y América-
costó la vida de más de 17 millones de mujeres.
Léase en Acción Chilena:
El Dios de los Brujos,
de Margareth Murray.
Estas son las herejías más singulares y estaban en
el Código Civil Español, en los textos de Derecho
Canónico, en Edictos, Ordenanzas, Instrucciones y
hasta en la agrupación llamada extravagantes.
Leamos esta declaración de Eimeric:
“Existen aún innumerables herejías sin
heresiarcas y sin nombre. Entre ellos, hay
algunos que dicen que Dios es triforme, otros
que la naturaleza divina de Cristo ha sufrido la
pasión, otros pretenden que Cristo fue
engendrado por el Padre en el origen de los
tiempos, algunos niegan que Cristo descendiera a
los infiernos para librar a los justos y otros
que el alma no está hecha a imagen de Dios.
Otros pretenden que las almas se transforman en
diablos o animales. Los hay que dicen que el
mundo es inmutable o que hay mundos incontables
o que el mundo es eterno como Dios. Los hay que
van descalzos y otros que no comen con los
demás...”
Los Nuevos Herejes
Nuestra lista de herejías no termina aquí, ya que
debemos señalar algunas de las nuevas Herejías
vigentes y perseguidas en la actualidad, con tanta
pasión y devoción como lo hizo en su tiempo la Santa
Inquisición:
Veamos:
Los
Revisionistas,
que sostienen la maligna idea de que la Historia
debe ser revisada, verificada y contra verificada, y
que –por ende- no existe un relato único, verdadero
u oficial sobre un hecho Histórico.
Estos nuevos herejes han sido sistemáticamente
perseguidos por la moderna
Inquisición,
que ha condenado a la mayoría de ellos a penas de
cárcel, como es el caso del Historiador Inglés,
David Irving, condenado a dos años de cárcel por
sostener –entre otras cosas-, que el llamado
Holocausto de 6 millones de judíos durante los tres
años finales de la Segunda Guerra Mundial, debe ser
revisado y contrastado con los hechos.
Los Negacionistas,
que al igual que los anteriores, sostienen que la
Historia debe ser revisada, y que -de dicha
revisión-, puede concluirse fehacientemente que hay
determinados relatos históricos que nunca ocurrieron
en la realidad, sino que simplemente son fruto de
determinados intereses políticos, económicos y
culturales que determinan una versión “oficial” de
la Historia.
Los Antisionistas,
que se oponen al dominio hegemónico de las tesis del
Sionismo en el planeta. Entre ellos pueden contarse
desde el presidente Hugo Chávez hasta Israel Shamir.
Los Alternativos,
que piensan que el actual modelo de civilización de
la humanidad conducirá a la extinción de la especie
y el planeta, y que por ello, debemos pensar en
otros modos de hacer sociedad. Entre ellos se
incluye un amplio abanico de herejías modernas,
desde los ecologistas hasta revolucionarios de
diverso signo.
Por ejemplo, si usted no cree en el Libre Mercado,
usted es un hereje. Si no cree en la democracia
representativa también lo es. Si no cree en la
imposición universal de los llamados Derechos
Humanos, es un hereje contumaz e impenitente.
Los Terroristas,
que según la definición de George W. Bush,
corresponden a todos aquellos que forman parte del
llamado “Eje del Mal”, es decir, de
aquellos que están en contra de que Estados Unidos y
el Nuevo Orden Mundial –Mundialismo y/o
Globalización-, impongan sus dictados a toda la
Humanidad.
Los Religiosos,
(también denominados
Fundamentalistas)
que en un mundo dominado por el ateismo y el
nihilismo, aún creen en la trascendencia del
espíritu frente a la materia. Caben aquí, por
cierto, todos quienes de un modo u otro profesan una
visión espiritual de la realidad, sean o no fieles
de determinada fe, y –por extensión-, cualquiera que
incluso hoy sostenga alguna vieja herejía, que –por
el sólo hecho de serla-, es también herética en el
mundo de hoy.
Finalmente, estamos los
Herejes Heréticos, que cuestionamos
incluso las propias ideas que sostenemos,
particularmente en el caso de aquellas que dicen
relación con la evolución del pensamiento del cual
han evolucionado nuestras ideas.
Para muchos, quizá la mayoría, esta categoría es la
más peligrosa de todas, probablemente porque es la
que más próxima está del sentido profundo de Ser
Humanos.
¿Es usted también un Hereje? |