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Doctrina

 Adam Smith y Carl Marx

 Guerra Fría y Choque de Civilizaciones 

Una respuesta Nacionalista

 

 

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Por Oscar Fuentes
Alumno Escuela PNS

 

¿Qué tienen que ver Adam Smith y Carl Marx con la Guerra Fría y el “Choque de Civilizaciones”?

Mucho.

Son, junto a otros, el punto de inicio del hilo conductor de la historia contemporánea, y coincidentemente, casi contemporáneos de la Revolución Francesa.

La guerra fría, como tal, fue el choque entre las dos superpotencias mundiales entre 1947 y 1989. Sin embargo, éste enfoque realista de las relaciones internacionales contemporáneas, centrada en el choque de los Estado-Nación en busca de la hegemonía, tiene su fin con la caída de uno de esos Estado y el declive o fin del crecimiento del poder nacional de la URSS.

La particularidad de este conflicto es el estandarte de lucha de estos Estados, como son las ideologías que representaban los Estados Unidos y el liberalismo y la URSS con el marxismo.

Como sabemos, las ideologías son conceptos teóricos que tratan de explicar la realidad, pero no se reducen solamente al plano político, ni menos al plano de las relaciones de poder político estatal. No se limitan tampoco a un régimen político. Son tan reducidas, pero a la vez tan amplias, ya que parten del individuo y tratan de explicar su existencia así como sus relaciones, y viven y existen por y desde el individuo.

Por lo mismo, la caída de un poder político estatal no arrastra necesariamente a la ideología que este sostiene. El fin de la guerra fría fue una reorganización del orden internacional, una reorganización del sistema de alianzas. Las ideologías triunfan porque sobreviven a éste reordenamiento de poder.

¿Y cómo subsisten?

 

El liberalismo triunfante mantiene el poder político de los Estados, reflejado en los sistemas democráticos, como también el poder económico consagrado en el capitalismo económico.

El marxismo triunfante pierde el poder político, sólo mantenido en países como Cuba, China, Mongolia, etc. Pierde el poder económico después del experimento soviético, pero ¿dónde gana?

Gana donde mismo gana el liberalismo, que es en el poder ideológico o cultural. Triunfa el materialismo individualista del cual se nutren el liberalismo anónimo individualista y el marxismo colectivista de masas, también anónimo.

El liberalismo con el poder político y el poder económico despliega sus armas en la lucha por el poder cultural en una sociedad en donde la globalización ha diluido el poder político y el económico. La lucha es por el poder ideológico que ostentaba el Estado, ahora debilitado y difuso.

Los planteamientos marxistas ya no se preocupan ni se desviven por el poder político, sino por el poder cultural, por lo tanto, sus órganos de acción ya no son el anacrónico molde de un Estado con menos soberanía, ni de partidos políticos fuertes y totalitarios, cada vez menos legítimos.

En la sociedad  de las comunicaciones, las cabezas de playa de la nueva lucha ideológica son las organizaciones de la Sociedad Civil.

 

La esclavitud del hombre por el materialismo es ya un trabajo hecho por el liberalismo económico y el logro de la esclavitud del hombre por el hombre-masa ya ha sido realizado por el liberalismo político. Sólo queda la dominación del hombre espiritual, que es atacado por las ideologías neo-marxistas y neo-liberales, destruyendo los pilares básicos de la civilización occidental, que creó a sus verdaderos verdugos: el liberalismo y el marxismo, dos supuestos adversarios, pero en realidad dos visiones pragmáticas que debilitaron al Estado-Nación (reflejo de una nación con un ethos propio), lo utilizaron, para después comenzar el proceso de reemplazo por la organización política mundial, supranacional, sin un ethos definido, en donde el liberalismo se queda con el poder político y económico y el marxismo se queda con el poder ideológico, con un hombre democrático (anónimo, pluralista y mediocre), hombre económico (consumista y materialista) y el hombre sin Dios (sin principios ni valores, sin trascendencia, sin ideales).

 

Entonces, ¿terminó realmente la guerra fría?

Si la definimos como el choque de poderes político estatales en el sistema internacional, que se desarrolló mediante un sistema de alianzas (OTAN y Pacto de Varsovia), con una carrera armamentista desenfrenada, con conflictos bélicos en la periferia del orbe, etc., sí, terminó ese ordenamiento mundial, basado en el sistema bipolar. Actualmente existe una superpotencia mundial hegemónica como son los Estados Unidos de América, que rigen el sistema internacional.

Sin embargo, si la guerra fría fue un choque de ideologías reflejado en el choque de dos potencias, creo que no ha terminado, es decir, creo que no sería la guerra fría tal y cual como la conocemos.

 

Desde 1945 no existe tal guerra ideológica.

Bajo ese espejismo de choque de poderes, existe una unión de concepciones del hombre que se complementan. Si reducimos el marxismo a sus concepciones económicas, obviamente tenemos un enemigo del liberalismo, pero el hecho de reducir actualmente, en el diario vivir, la vida del hombre a un conjunto de interacciones económicas materialista, eso ya es un triunfo del marxismo tolerado por el capitalismo, porque desde ahí se nutren mutuamente.

Pero, en el inicio de cada una de estas ideologías están las visiones no occidentales, no europeas, sino de parásitos que destruyen desde dentro.

Adam Smith, con su visión del hombre pesimista, estableciendo prejuicios ahora sacrosantos y aberrantes, aprovechándose de las concepciones liberales de Kant, Locke, reduciéndolas, mencionando la calidad de egoísta del hombre que, según él, se mueve solo según sus propios intereses, crea la economía y en específico el capitalismo, basado en la usura, dándole vida propia a la materia, el papel dinero.

Y por otro lado, Marx, que crea un sistema filosófico donde reduce al ser humano al materialismo, que siguiendo a Smith, reduce la historia del hombre a la lucha por el capital. Que propone el dominio del hombre masa, del proletariado, que clasifica al ser humano según sus accidentes, es decir, según la tenencia del capital.

 

¿Y su esencia?

Además, ambas ideologías crean un enemigo por el cual luchar, por el cual mover la historia, pero que se complementan y se necesitan. El capitalismo ya tiene un enemigo fuerte al cual temer, en teoría, como es el marxismo. Pero sin él, el capitalismo pierde dinamismo, pierde el ideal de lucha de su clase oprimida, la esperanza de esa clase, y sin ella pierde motivación, acción. El marxismo tiene a su enemigo, el capitalismo, ante el cual lucha, en teoría, con tal de derribarlo y suprimir su actuar opresor. Pero la paradoja es que sin el capitalismo, no hay marxismo. El marxismo tiene el principio de la muerte en sí mismo, porque su fin, su objetivo, es su propia destrucción.

En fin, ambas ideologías se nutren, son mutuamente enemigas utilitaristas, ya que sin un enemigo visible no hay con quien luchar, y se termina el actuar, el ideal, y se produce el estancamiento.

El liberalismo económico (capitalismo), que adoptó el liberalismo político y cultural para su propio beneficio, superándolos, y el marxismo ideológico, que adopta las ideas del neo-marxismo de la Escuela de Frankfurt y la táctica gramsciana, tienen como denominador común su carencia de ideales, virtudes y principios, que generan el hombre esclavo, sin voluntad y oprimido, sin trascendencia.

Solo tienen como guía el triunfo de la materia por sobre el espíritu, en el contexto de esa gran lucha titánica, donde el mundo actual es solo un campo de batalla.

 

Supuestamente la guerra fría terminó, triunfó el liberalismo, no hay enemigo, no hay adversario, entonces ¿Por quién luchamos? Buscamos enemigos en otras civilizaciones, el Islam, China, India, etc., pero desde ese punto de vista, ¿cómo lucharemos? Si occidente cae, se desintegra desde dentro y no se da cuenta, confía en su poder, confía en su paladín, Estados Unidos y su American way of life. ¿Es esto occidente? El ethos de occidente se va, se fue. Por lo tanto, en el contexto del supuesto choque de civilizaciones, las demás civilizaciones no buscarán el choque directo con occidente, sino que este sólo será esporádico, periférico, porque esperarán con la paciencia de un ave carroñera que espera la muerte de su presa, la caída de occidente, la crónica de una muerte anunciada.

Así, sólo se puede entender un 11 de septiembre de 2001 como un ataque desde el interior de occidente, por entidades enquistadas que dan el golpe de gracia a lo que alguna vez fue lo grecolatino, pre cristiano, pagano, mítico, en lo cual demoraron 2 milenios.

 

Finalmente, ¿qué hacer?

Destruir el mito del choque de civilizaciones. Fortalecer a occidente, buscar sus orígenes, su ethos, su espíritu, en mundo desbordante de materialismo. Es difícil, pero el hombre occidental tiene el arquetipo de la lucha, de la trascendencia y el heroísmo por un ideal. Reconocer al adversario, que es interno, estudiarlo, y buscar su flaqueza y desenmascararlo para luchar de frente con él. Es decir, tomando una concepción de la geopolítica, reconocer nuestras fronteras internas y superarlas. Y luego ver nuestras fronteras externas. Buscar el verdadero occidente, heredero de griegos y romanos.

Aquí en este confín del mundo también somos partícipes de esa misión, ya que somos partícipes de esa cosmovisión occidental, pero debiendo a la vez buscar ese origen perdido, o destruido, con el cual se fusionó el alma europea originaria que llegó a estas tierras.

Esa es la importancia de este lugar de desiertos y selva lluviosa, de cordillera y mar, es el lugar donde se fundió lo mejor del norte con lo mejor del sur y formaron una entidad equilibrada con este ser viviente llamado Tierra, que debió y debe ser la llamada a heredar la gran tradición europea originaria, pero superándola con la inyección del ideal originario de las tierras del sur profundo, que sin embargo, por nuestra positiva ingenuidad y buena fe, hemos ido perdiendo.

 

Ahí está el objetivo del nacionalismo de Revolución y Tradición.