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Vale la pena
preguntarse quiénes son los actuales "nazis"

Eugenesia y
Eutanasia en Chile
Por Alexis
López Tapia
Trabajo de Investigación para el
Taller de Ética
Escuela de Periodismo y Comunicación Social
Universidad Bolivariana
Profesor: Carlos Donoso P.
Santiago, Agosto 2006

Índice
1.- Eutanasia, Ética y Bioética
2.- La Eutanasia en la Antigüedad
3.- La Eutanasia en el Siglo XX
a) Eugenesia y Eutanasia en
Alemania
b) Eugenesia y Eutanasia en EE.UU
c) Eugenesia y Eutanasia en Chile
3.- Proyecto de Eutanasia en Chile
4.- Análisis y Discusión
5.- Conclusiones
6.- Bibliografía
1.-
Eutanasia, Ética y Bioética
La palabra
eutanasia deriva del griego
eå q§natoj
“eu tanatos”,
literalmente buena muerte.
El Diccionario
de la Real Academia la Lengua española la define
como:
-
Del gr.
eå,
bien, y
q§natoj,
muerte.
1. f. Med.
Muerte sin sufrimiento físico.
2.
Acortamiento voluntario de la vida de quien
sufre una enfermedad incurable, para poner fin a
sus sufrimientos.
Los criterios
fundamentales utilizados en la definición son:
-
Que se
considera “buena muerte” aquella que
se produce sin sufrimiento físico.
-
Que con ella
se pone término anticipado de la vida.
-
Que está
referida a quien sufre de una enfermedad
incurable.
-
Que es un
acto voluntario.
-
Que tiene
por objetivo poner fin al sufrimiento.
Por su parte, citando al Filósofo Alberto Buela,
la ética
es la disciplina filosófica que se ocupa del
fenómeno de la moralidad. El término ética
proviene del griego
hqoV ,
que significa tanto morada como carácter y
que, a su vez, viene de
eqoV
que se traduce por costumbre.
Al respecto hay un párrafo de Aristóteles que
dice: “la virtud moral
(hqoV)
es producto de la costumbre
(eqoV)
de la cual ha tomado su nombre por una ligera
inflexión del vocablo”
.
Lo cual significa que el carácter deriva del
hábito.
La ética se divide en tres grandes ramas: la que
pone el acento en la doctrina de los bienes y
que busca responder sobre aquello que todos
apetecen, la de las virtudes que estudia las
actitudes o hábitos en que se expresa la
conducta y la de los deberes que se ocupa de
las exigencias que el hombre en su obrar debe
cumplir.
Al decir que la
ética, en tanto disciplina filosófica, estudia
el fenómeno de la moralidad, termino que provine
de latino mors –moris (costumbre)
queremos decir que es una ciencia que estudia
obrar humano vinculado a las costumbres desde el
punto de vista racional, sin supuestos y que
lleva implícito la exigencia de validez
universal. Estas son las pretensiones de la
ética como la de toda filosofía: ser un saber
racional (conocimiento por las causas), sin
supuestos y con validez universal.
La diferencia
con la moral es que ésta es un sistema de
preceptos que tienen vigencia en un grupo humano
determinado. Así tenemos la moral musulmana,
budista o cristiana. Morales hay muchas ética
una sola.
Las morales, a
través de preceptos y mandamientos, prescriben
qué se debe hacer, la ética, por el contrario,
no enseña qué debe hacerse sino que sólo
pretende mostrar, describir, como está
configurado el deber ser. No enseña juicios
hechos sino a juzgar. Se dirige a lo creador que
hay en el hombre, y en este aspecto es lo que
trata de formar y educar.
La pregunta por
el bien es más amplia que la pregunta por el
deber, pues no puedo saber qué debo hacer si no
sé qué es el bien. A su vez, los bienes son
tales en la medida en que tienen un valor
encarnado. Y así el valor moral no se funda en
el deber sino que, por el contrario, todo deber
presupone la existencia de valores morales.
El valor moral
de un acto “se realiza a espaldas de la acción”,
de ahí que un hombre no sea bueno porque realiza
por deber actos buenos, sino que realiza actos
buenos porque es bueno.
La ley en ética es la órthos lógos, la
recta razón. Esta recta razón se vuelca luego en
los principios más generales sobre el obrar
humano:
Hacer el bien y evitar el mal
(obrar moral)
o dar a cada uno lo suyo
(justicia).
De estos principios primeros se derivan luego
principios o derechos derivados en los distintos
órdenes del obrar y del hacer.
Así en medicina, el principio básico que la une
a la ética es aquel que dice: Primum non
nocere = Lo primero es no dañar.
Nocere
es el infinitivo del verbo noceo que
significa daño. De esta forma verbal se derivan
los términos nocentia = malicia, noxia
= culpa, delito, y noxius = nocivo. Y
también nox = noche.
Es la ética de
la vida humana, y de los conocimientos prácticos
y técnicos relativos a ella –medicina, genética,
embriología, ingeniería genética, etc.-. Como
tal, la bioética no puede tener primeros
principios diferentes a los de la ética; es más,
es sólo una ética aplicada a un conocimiento y
acción específicos.
Por su parte, el
término bioética fue acuñado por el
médico oncólogo norteamericano Potter, de la
Universidad de Wisconsin, quien lo utilizó por
vez primera en 1970.
Según su
concepción la bioética trataría de analizar las
implicancias que para la salud humana tienen los
descubrimientos biológicos, a cuyas aplicaciones
trata de dar un sentido moral, mediante la
distinción de lo que es bueno o malo. Su papel
sería el de procurar dar solución a los
conflictos de valores en el dominio de la vida y
de la muerte.
La ética entiende de todo lo que concierne a la
conservación del cuerpo propio y el de los
demás. En ese sentido, la medicina es la
profesión más ética. Así como la cortesía puede
definirse como darle el lugar al cuerpo del
otro, vgr. cediéndole el asiento otro, la
generosidad en medicina, es la dignidad para el
cuerpo del paciente.
En teoría no
debería haber contradicciones entre la técnica y
la ética; por la sencilla razón que ambas
derivan de una misma razón práctica. Ahora bien,
tenemos experiencia –muchas veces dolorosa -, de
que la técnica muchas veces se contrapone a la
ética.
La contradicción
se produce cuando la técnica contradice el fin
último.
Es sabido que el Informe Belmont en 1978 de la
National Commission for the Protection of
human Subjects of Biomedical and Behavioral
Research, y los Principles of Biomedical
Ethics en 1979 por Tom L. Beauchamps y James
F. Clildress son los textos preliminares donde
se establecen los principios desde el punto de
vista ético, para dirigir la investigación con
seres humanos.
En el primer informe se dan tres: Respeto por
las personas, Beneficencia y Justicia.
Y en el segundo
son cuatro: beneficencia, autonomía, no
maleficencia, justicia.
Estudiados detenidamente podemos afirmar que
todos ellos se reducen al principio del
Primum non nocere, pero bajo una
interpretación utilitarista en caso de
conflicto entre ellos.
Veremos cómo
surgieron estos principios, y cómo se expresaron
desde la antigüedad hasta hoy.
2.-
La Eutanasia en la Antigüedad
En Grecia,
Hipócrates (S. V a.C.), en su juramento, afirmó
que el médico “no dará medicamento mortal por
más que se lo soliciten”.
En el juramento
Hipocrático, la santidad de la persona y el
verdadero bienestar del paciente es central:
nadie puede asignar el valor paciente porque él
tiene valor inherente.
Reconoció, sin
embargo, que se podría violar fácilmente esta
ética, ya que los médicos no tienen sólo el
poder para curar, sino también para matar.
Por esta razón
hizo que los médicos juraran que nunca usarían
su conocimiento y experimentarían para matar,
incluso ante la propia demanda de un paciente.
El juramento permitió a la medicina proteger al
paciente vulnerable.
Por su parte, el
filósofo Platón, (427-337 a.C.) sostuvo en “La
República”: "Se dejará morir a quienes no
sean sanos de cuerpo".
En Roma, la
práctica es múltiple: “Muerte sin dolor por
miedo a afrontar conscientemente el sufrimiento
y la propia destrucción” (Tácito en sus
Anales)
Séneca: "Es
preferible quitarse la vida, a una vida sin
sentido y con sufrimiento".
El filósofo
estoico Epicteto (55–135 a.C.) predica la muerte
como una afirmación de la libre voluntad.
Cicerón le da
significado a la palabra como "muerte digna,
honesta y gloriosa".
Durante la Edad
media y los comienzos del Renacimiento predomina
el pensamiento de la Doctrina Cristiana.
El término
Eutanasia se cita por vez primera en la “Utopía”
de Tomás Moro (1478 a 1535, año en que fue
decapitado). Aparece el concepto médico y moral
de la Eutanasia:
"...Cuando
a estos males incurables se añaden sufrimientos
atroces, los magistrados y sacerdotes, se
presentan al paciente para exhortarle, tratan de
hacerle ver que está ya privado de los bienes y
funciones vitales... y puesto que la vida es un
puro tormento, no debe dudar en aceptar la
muerte, no debe dudar en liberarse a sí mismo o
permitir que otros le liberen...”
Tomás Moro
establece: la existencia previa de una atención
esmerada a los enfermos. La existencia de una
enfermedad intolerable, que legitima la muerte
voluntaria y la eutanasia. Se toman en cuenta
los derechos de la persona: la responsabilidad
moral, la libertad, y la noción de que los
sacerdotes son intérpretes de la voluntad
divina.
David Hume, (711
a 1776) refiere que:
"Si el disponer de la vida humana fuera algo
reservado exclusivamente al todopoderoso, y
fuese infringir el derecho divino el que los
hombres dispusieran de sus propias vidas, tan
criminal sería el que un hombre actuara para
conservar la vida, como el que decidiese
destruirla"
Justifica la
eutanasia en términos prácticos al decir que se
puede aplicar:
"una vez que se admite que la edad, la
enfermedad o la desgracia pueden convertir la
vida en una carga y hacer de ella algo peor que
la aniquilación. Creo que ningún hombre ha
renunciado a la vida si esta mereciera
conservarse."
Para Kant (1724
a 1804), el suicidio es malo, porque viola los
deberes y el respeto para consigo mismo.
Frente a la
eutanasia tiene en cuenta la potencialidad de
ese ser humano que se quita la vida, las
posibilidades de desarrollo de sus capacidades:
"La vida no vale por sí misma, sino en función
de un proyecto de vida ligado con una libertad y
una autonomía, ésta se justifica si permite la
base material para una vida digna".
De este modo,
las ideas fundamentales acerca de la Eutanasia
se ampliaron hacia la concepción de que el valor
de la vida estaba determinado no en función de
sí misma, sino de la “calidad de vida”. De allí
que conceptualmente, la Eutanasia y Eugenesia se
puedan considerar como concepciones
ideológicamente paralelas.
Con el
desarrollo de las tesis neodarwinistas, ambas
concepciones encontrarían una amplia base
científica que daría paso a su legitimación
ética.
Si para los
darwinianos, todos los seres humanos, al margen
de su raza o status cultural, descendían de los
simios, esto abría la posibilidad de que los
rasgos físicos y mentales que habían permitido
al hombre adaptarse a un ámbito salvaje, fuera
en el pasado remoto (el cazador Neanderthal) o
en el presente (el guerrero watusi), pudieran
legarse inadvertidamente a descendientes
modernos y civilizados.
El zoólogo
darwiniano, Henry Maudsley, lo explicaba con la
observación de que existe “realmente un
cerebro bestial dentro del hombre”, lo
cual permitía “identificar el salvajismo
en la civilización, así como podemos identificar
el animalismo en el salvajismo”.
Precisamente,
los biólogos del siglo XIX hablarían de
“atavismo” para referirse a esta supervivencia
bestial, por la palabra latina atavus,
antepasado remoto. El atavismo enseñaba que todo
organismo tenía ciertas características
“perdidas” que podían reaparecer en ciertas
condiciones y se legarían a los descendientes.
La teoría atavista existía antes de Darwin, pero
su teoría de la evolución parecía confirmarla,
al igual que la genética mendeliana
posteriormente.
En
definitiva, el atavismo seria la piedra
fundamental de la teoría de la degeneración.
Conforme a esto,
el atavismo presentaba la aterradora posibilidad
de que una saludable familia de clase media de
pronto engendrara un bruto retrógrado. Si bien
la mayoría de los teóricos convenían en que esta
clase de atavismo era poco frecuente, surgía la
pregunta, ¿Qué sucedería si de repente ciertas
condiciones específicas hacían aflorar esas
características perdidas en toda la especie, que
luego las legaría a sus descendientes?
De darse tal
posibilidad, el proceso de la herencia podía
obrar súbita e inexplicablemente contra los
intereses de la especie. La selección natural se
convertiría en una trampa. Lo peor reproduciría
indiscriminadamente más de lo peor en una
disolución atávica de la raza humana. En
definitiva, tal acontecer podía generar un
proceso de degeneración de la raza humana y
caída radical de la civilización humana. En
consecuencia, el estudio de la evolución no sólo
podía rastrear el ascenso de las especies a
través del tiempo sino, como lección
fundamental, en el caso de los antiguos imperios
y civilizaciones, su declinación y caída.
De esta forma,
las ideas Neodarwinistas fueron la base teórica
sobre la cual se desarrollaron las políticas
Eugenésicas y Eutanásicas en el Siglo XX.
3.-
La Eutanasia en el Siglo XX
a) Eugenesia y Eutanasia en Alemania
Siguiendo la
política eugenésica definida desde el siglo XIX,
los legisladores de la liberal y democrática
República de Weimar, para demostrar preocupación
pública respecto de la degeneración racial, en
enero de 1920 aprueban una “Ley de
Asesoramiento Matrimonial”, complementada
con indicaciones que subrayaban los peligros
hereditarios de padecimientos tales como la
tuberculosis, enfermedades venéreas y la
debilidad mental.
Luego, ya en el
marco de la política del Tercer Reich, el 14 de
julio de 1933 el gobierno alemán dictó la
“Ley para la Prevención de la Progenie
Genéticamente Enferma”, siendo promulgada en
noviembre de 1933 y entró en vigor el 1 enero de
1934.
La ley señalaba:
“Toda persona
afectada de una enfermedad hereditaria podrá ser
esterilizada por medio de una operación
quirúrgica si, con arreglo a las experiencias de
la ciencia, es de suponer con la mayor
probabilidad que los descendientes de estas
personas estarán afectos de males hereditarios
graves que influyan en su constitución mental o
corporal”.
Precisa la norma
legal:
“Son
considerados como atacados de una enfermedad
hereditaria, en el sentido de esta Ley, todas
las personas afectadas de una de las siguientes
enfermedades: Imbecilidad congénita,
esquizofrenia, folia circular (manía depresiva),
epilepsia hereditaria, mal de San Vito
hereditario (Corea de Huntington), ceguera
hereditaria, sordera hereditaria, graves
deformidades físicas hereditarias. Pueden ser
igualmente esterilizadas todas las personas
sujetas a crisis graves de alcoholismo”.
Determina
asimismo la ley:
“Puede hacer
la petición de esterilización el que haya de ser
objeto de la misma.... su representante legal...
el médico oficial (y) para los individuos
internados en un hospital, sanatorio o asilo o
en una casa de corrección, el director del
establecimiento respectivo... La solicitud debe
ser hecha ante el Tribunal Eugenésico, ya sea
por escrito, o verbalmente... El Tribunal
Eugenésico estará adscrito a un juzgado de
primera instancia...”.
Aún más, la “Ley
de Sanidad Matrimonial” dictada en Alemania el
29 de Noviembre de 1935 establece un reglamento
que dispone:
“El otorgamiento
del Certificado de aptitud matrimonial es una
parte de la “Eheberatung” y se entrega por la
oficina de sanidad competente (consultorio de
eugenesia). Por “Eheberatung” se entienden todas
las funciones diversas ejercidas por una especie
de consultorio que abarca todas las cuestiones
del matrimonio, consejos prenupciales, de
puericultura, economía doméstica...
Para obtener el
certificado de aptitud matrimonial, cada uno de
los contrayentes se hará examinar en la oficina
de sanidad en cuya jurisdicción tiene su
domicilio... La oficina de sanidad puede negar
el otorgamiento del certificado de aptitud
matrimonial, si los contrayentes no acatan
debidamente las exigencias de dicho organismo de
presentar las pruebas necesarias para juzgar sus
casos...
Si la oficina de
sanidad tuviera conocimiento de impedimentos
matrimoniales, según cláusula 1 de la ley,
posteriores al otorgamiento del certificado,
puede anular dicho certificado, siempre que la
boda no se haya realizado... Todo contrayente
puede apelar al Tribunal de Sanidad Hereditaria
contra la negación o la anulación del
certificado de aptitud matrimonial”.
Es necesario
hacer notar que las políticas Eutanásicas y
Eugenésicas siempre avanzaron de la mano.
De hecho, el
programa original de eutanasia en Alemania fue
una creación de algunos médicos, y no del
entonces naciente Nacional Socialismo.
En 1920 se
publicó un libro titulado "El Permiso para
Destruir la Vida Indigna”, por Alfred
Hoche, M.D., profesor de psiquiatría en la
Universidad de Freiburg.
El defendió en
su libro a los pacientes que pedían "ayuda de
muerte", debía ser autorizado por un médico,
bajo determinadas condiciones:
-
Debía ser autorizado por tres expertos.
-
El derecho del paciente para retirar su
demanda en cualquier momento.
-
La protección legal de los médicos que lo
ayudarían a terminar con su vida.
Alfred Hoche
explicó como la ayuda de muerte era congruente
con la ética médica más alta y era esencialmente
una solución compasiva a un problema doloroso.
Se aplicaría a pacientes en coma, con daño
cerebral, en algunas condiciones psiquiátricas,
y en retraso mental.
Adujo que los
beneficios a la sociedad serían grandes, el
dinero previamente consagrado al cuidado de
"vida del sin sentido" se encauzaría a aquellos
que más lo necesitaran.
El Ministerio de
Justicia describió la propuesta "como lo que
haría posible para los médicos acabar con las
torturas de pacientes incurables, en los
intereses de verdadera humanidad". Y los
ahorros redundarían en las personas alemanas si
el dinero ya no se tira con el inválido, el
incurable, y "aquellos en el umbral de vejez".
El primer caso
conocido de la aplicación de esta propuesta en
ese momento aceptada involucró "el Bebé Knauer."
El padre del
niño pidió directamente a Adolph Hitler que a su
hijo se le permitiera la muerte, ya que había
nacido ciego, con atraso mental y sin un brazo y
una pierna. Hitler derivó el caso a su médico
personal, Karl Brandt, y en 1938 la demanda se
concedió.
Durante los
próximos meses, se establecieron los medios
prácticos por los que podrían concederse tales
"muertes de misericordia" a otros niños que no
tenían ninguna perspectiva para la vida.
El hospital a
Eglfing-Haar, bajo la dirección de Hermann
Pfannmuller, M.D., dejó sin alimentos a muchos
de los niños inválidos a su cuidado hasta que
ellos murieran de "causas naturales."
Otras
instituciones siguieron el ejemplo, algunos
privaron a sus pacientes pequeños de calor, en
lugar de la comida.
A los médicos
que no estaban de acuerdo con lo que les pedían
se les decía que ellos no los estaban matando
sino simplemente deteniendo el tratamiento y
"permitiendo que la naturaleza siguiera su
curso". Con el tiempo, Pfannmuller preparó
la Hungerhauser (la inanición para el
anciano).
Al finales de
1939, Hitler firmó esta carta:
"Reichleader
Bouhler y Dr. Brandt se comisionaron para
extender la autoridad de los médicos para
ser designados responsablemente para que
pudieran conceder una muerte de
misericordiosa a los pacientes que, según el
juicio humano, están incurablemente enfermos
según la evaluación más crítica del estado
de sus enfermedades".
No se pidió que
los médicos participaran, simplemente era una
cuestión privada entre el médico y su paciente
(o la familia si el paciente fuera incapaz de
hablar).
Brandt testificó
en Nuremberg después de la guerra:
"El motivo [de la aplicación de la
Eutanasia] era el deseo de ayudar a
individuos que no podían ayudarse y podrían
estar prolongando sus vidas así en tormento.
... Citar Hipócrates hoy es proclamar: que
nunca debe darse veneno a los inválidos y
las personas con gran dolor. Pero cualquier
médico moderno que hace tan retórica esa
declaración es un mentiroso o un
hipócrita... Yo nunca pensé que estaba
haciendo algo mal, sino que estaba
abreviando la existencia torturada de tales
criaturas infelices".
Hubo internistas
que ayudaron a vaciar los hogares para ancianos.
Luego algunos médicos salieron a la calle,
sacaron de sus hogares a muchos viejos y
discapacitados y los mataron. Para 1945 estos
médicos habían eliminado, incluso, a muchos
veteranos de la Primera Guerra Mundial.
Pocos saben que
los médicos que participaban en el "Programa
Alemán de Eutanasia" lo hacían voluntariamente.
Algunos abandonaron el programa sin sufrir
represalias de ningún tipo.
Por parte de la
prensa aliada y los vencedores de la Segunda
Guerra Mundial, la aplicación de la Eutanasia
durante el Tercer Reich ha sido continuamente
presentada como un elemento condenable más,
específico y propio de la ideología racista
del nacionalsocialismo alemán.
Veremos que esta
condena carece de toda validez.
b) Eugenesia y Eutanasia Estados Unidos
En lo referente
al concepto de superioridad racial, bastaría con
recordar la filosofía y la praxis de las
oligarquías rectoras del Imperio Británico para
constatar que, tal concepto, estuvo
profundamente arraigado en la mentalidad
burguesa prácticamente desde el mismo instante
en que ésta se convirtiera en la ideología
dominante. Y los procedimientos con que el
sentido de superioridad racial anglosajón se
llevó a la práctica fueron, cuando hizo falta,
drásticos y contundentes.
Lo que ocurre es
que esa "raza superior" siempre ha dispuesto de
la desvergüenza suficiente y de los medios
propagandísticos necesarios para presentar sus
exterminios genocidas como hazañas épicas (el
caso de los aborígenes amerindios de
Norteamérica no es más que una muestra).
Por lo demás,
esas ínfulas de "pueblo elegido" y de
"civilización superior" características del
espurio mesianismo anglosajón, han sido en todo
momento el sustento ideológico del imperialismo
y la depredación anglo-yanqui.
Cuando Cecil
Rhodes
escribió: "sostengo
que [los ingleses] somos la primera raza
del mundo y que cuanta mayor porción del planeta
esté habitada por nosotros tanto más se
beneficiará la humanidad", no
estaba sino expresando con meridiana claridad
una parte de esa filosofía racial.
Pero aún queda
un segundo aspecto de esta cuestión, más sórdido
si cabe que el ya expuesto, y en el que la
burguesía angloparlante también sería pionera,
como veremos seguidamente.
El darwinismo
social fue una corriente ideológica que, si bien
no llegó a cristalizar como programa político de
forma explícita, mantuvo en todo momento un
acusado arraigo entre los círculos dirigentes de
la burguesía decimonónica anglosajona, aunque
sus efectos también se dejaron sentir en la
Europa continental.
Dicha corriente
no sólo sentaba la superioridad biológica de
unas razas sobre otras, sino también (y aquí
viene ese segundo matiz aludido en el párrafo
anterior) la de determinados individuos sobre
los restantes dentro del propio cuerpo social de
la "civilización superior". Por otra parte,
tales tesis fueron sostenidas indistintamente
por elementos dirigentes tanto de la derecha
como de la izquierda burguesa.
Como un simple
avance de lo que nos encontraremos más adelante,
pueden citarse las palabras pronunciadas por
Jules Ferry, líder de la izquierda republicana
francesa, en el Parlamento galo (julio 1885):
"Señores, hay que
hablar más alto y proclamar la verdad. Hay que
decir abiertamente que las razas superiores
tienen un derecho ante las razas inferiores; y
hay un derecho para las razas superiores porque
hay un deber para ellas, que es el de civilizar
a las razas inferiores".
Las tesis del
darwinismo social, entre cuyos más conspicuos
doctrinarios sobresalieron los ingleses
Herbert Spencer y Walter Bagehot y el
norteamericano W. Graham Summer, fueron
ampliamente esgrimidas como soporte del
capitalismo liberal basado en el "laissez
faire", así como para justificar la
estratificación social en razón de las
desigualdades biológicas existentes entre los
individuos.
De acuerdo con
dichas tesis, la riqueza y la posición social no
eran sino el
“resultado de la adaptación al medio
[capitalista] de los mejor dotados”,
por lo que la competitividad debería mantenerse
sin restricción alguna como medio para
garantizar la selección natural.
Llegados a este
punto, no estará de más hacer un pequeño inciso
para preguntarse por qué razón los abanderados
de tan ingeniosos planteamientos no propugnaron
también, como hubiera sido lo lógico, la
abolición de los derechos sucesorios, para que
así, partiendo de cero, los herederos de las
grandes fortunas pudieran demostrar su
superioridad biológica en igualdad de
condiciones con los más "inadaptados".
En el plano
internacional el darwinismo social fue esgrimido
como argumento o soporte ideológico del
imperialismo y del colonialismo, dos conceptos
fundamentados sobre la idea de la superioridad
biológica y cultural de anglosajones.
Debemos insistir
una vez más en que todos estos planteamientos,
tan brillantemente llevados a la práctica por el
imperialismo anglo-norteamericano, formaban
parte del catecismo ideológico burgués con
muchas décadas de adelanto a la aparición del
fascismo alemán, al que después se le
adjudicaría su invención
Sin embargo, el
asunto no acaba aquí.
Si en un
principio los doctrinarios del darwinismo social
estimaron que las leyes de la competitividad
capitalista bastarían para garantizar la debida
selección biológica y para cribar a los
individuos más débiles, no tardaron en surgir
una serie de adelantados que consideraron
oportuno ayudar activamente a que esa criba se
acelerara.
Fue así como
comenzaron a tomar cuerpo las tesis eugenésicas
en pro de la esterilización de individuos
considerados como un peligro para la salud de la
raza, tesis que se trasladaron a la práctica en
la patria pionera de la filantropía moderna y de
los derechos humanos: los Estados Unidos de
Norteamérica.
En efecto, fue
en la colonia virginiana de Lynchburg donde se
puso en marcha por primera vez un concienzudo
programa de esterilización, la mayor parte de
cuyas víctimas no fueron precisamente
deficientes mentales, como rezaba el proyecto
oficial , que de esa forma pretendía adoptar una
imagen más favorable, sino desarraigados
sociales, indigentes, vagabundos y huérfanos,
todos ellos de raza blanca.
Sólo en la
colonia de Lynchburg fueron esterilizados
entre 1924 y 1932 alrededor de ocho mil
personas, en su mayoría adolescentes sin taras
de ningún tipo, pero pobres y sin domicilio
fijo.
El término
eugenesia había sido acuñado en 1883 por el
científico británico sir Francis Galton,
primo de Charles Darwin y acérrimo doctrinario
del darwinismo social.
El soporte de
sus tesis fueron las leyes de la herencia, según
las cuales los progenitores cretinos o deformes
producían sucesores de idénticas
características. Se hacía preciso por ello,
concluyó el tal Galton, que desde el Estado
fueran adoptadas las medidas oportunas para
impedir el declive de la raza británica.
Por otro lado,
no es menos importante destacar que la
esterilización eugenésica fue defendida desde
principios de siglo por las más destacadas
figuras del socialismo fabiano, como H.G.Wells o
George Bernard Shaw entre otros precursores del
actual Mundialismo, así como por varios líderes
del conservadurismo británico, Winston Churchill
entre ellos.
En los Estados
Unidos dichas tesis gozaron pronto de una
favorable acogida , tanto por parte de la
población (Hollywood se volcó en su apología),
como de las autoridades políticas y judiciales.
Aunque su puesta
en práctica comenzó ya en la primera década del
siglo XX, el espaldarazo definitivo no llegaría
hasta 1926, con la aprobación en la Corte
Suprema estadounidense de una
ley de esterilización.
El borrador de
dicha ley había sido elaborado por un equipo de
prestigiosos biólogos, e incluía a ciegos,
sordos, deformes, alcohólicos, tuberculosos,
sifilíticos, leprosos, criminales, idiotas,
pobres y personas sin domicilio fijo.
En cuanto al
objetivo perseguido, el proyecto legal lo
enunciaba sin ambages:
"preservar la pureza de la raza blanca".
La decisión de
la Corte Suprema fue adoptada a raíz del caso
Carrie Buck, una adolescente pobre y madre de
una niña engendrada tras una violación, y a la
que se consideró "imbécil moral"
por tener un hijo sin estar casada, siendo
condenada por ello a la esterilización.
Igualmente digno de mención es el papel decisivo
jugado en favor de la constitucionalidad de las
prácticas eugenésicas por el juez Holmes, un
miembro del Tribunal Supremo conocido por su
apasionada militancia ideológica, en la
izquierda liberal norteamericana.
A raíz de
aquella disposición legal se abrió la veda, y 27
Estados de la Unión emprendieron una carrera de
esterilizaciones masivas practicadas en un
principio sobre residentes en establecimientos
mentales, y aplicadas inmediatamente después a
pobres y marginados sociales.
Las leyes y
tesis eugenésicas estadounidenses sirvieron
luego de base a la normativa racial del Tercer
Reich, cuyas autoridades rindieron homenaje
público al doctor Harry Laughlin, cerebro del
programa eugenésico norteamericano,
reconociéndole como a su gran inspirador. Por
otro lado, durante la década de los treinta
fueron numerosas las voces que, desde las más
altas instancias científicas, académicas y
políticas estadounidenses, elogiaron las medidas
eugenésicas adoptadas por el régimen hitleriano,
llegando incluso a lamentar el hecho de que
aquél hubiera tomado la delantera en tan
encomiable labor de profilaxis social.
Significar por
último que después de la 2ª Guerra Mundial las
prácticas eugenésicas continuaron a buen ritmo
en los Estados Unidos, donde todavía hoy gozan
del estatuto de constitucionalidad.
Sobre las mismas
bases en que se fundaron las prácticas eugenésicas
en Inglaterra, EE.UU. adoptó desde un inicio
esas tesis.
En la
actualidad, las asambleas legislativas juegan
con la aprobación legal de proyectos de ley,
mientras en el estado de Washington y en
California, peticiones de iniciativa legislativa
popular han tratado por una sencilla votación
mayoritaria de convertir el matar al paciente,
que actualmente aún es un crimen en los 50
estados, en un procedimiento legalizado,
medicalizado y no criminal. A la fecha, el
Estado de Oregon legalizó el suicidio asistido.
A causa de
propaganda aliada contra el Tercer Reich que
equiparó la palabra "eutanasia" con el nazismo,
el moderno movimiento pro-eutanasia de EE.UU. ha
tratado de restarle importancia al término, y ya
no se habla de “eutanasia” sino de
"elección" en el morir, es una
maniobra semántica típica del deconstruccionismo
que precede a la maniobra social, es decir, a la
legislación e imposición estatal del “nuevo”
criterio.
De esta forma,
el suicidio se convierte en "elección
racional", e incitar al suicidio (aún
ilegal en la mayor parte de los estados,) se
convierte en "ayuda en el morir".
Así, por acción
u omisión, uno puede acabar fácilmente con su
vida. Y en EE.UU. ya se ha acabado con las vidas
de pacientes, tanto conscientes como en "estado
vegetativo persistente" de una manera y en un
tiempo predecible cortando todo alimento y agua.
Mientras tanto,
dentro de la medicina misma, la eutanasia y el
llamado suicidio racional encuentran un foro
cada vez más hospitalario.
En las revistas
médicas más prestigiosas de EE.UU, el
Journal of the American Medical Association
(Revista de la Asociación Médica Americana,
JAMA) y el New England Journal of Medicine
(NEJM, Revista de Medicina de Nueva Inglaterra)
ha aparecido una serie de artículos que proponen
el concepto de eutanasia y "suicidio racional".
Por ejemplo en
"It's over, Debbie" ("Ya acabó,
Debbie", JAMA, 1988), se detalla un caso de
eutanasia deliberada por un joven médico
residente anónimo.
En "Physician's
responsibility toward hopelessly ill patients -a
second look", (La responsabilidad del
médico hacia los pacientes desahuciados -una
segunda mirada, NEJM, 30/3/89), 10 a 12
respetados médicos mantienen que "no es
inmoral para un médico asistir en el suicidio
racional de un paciente enfermo terminal"
y publican un llamamiento a favor de una
discusión abierta de par en par del suicidio
asistido.
Por su parte, el
Dr. Timothy Quill, en "Death and Dignity"
("Muerte y Dignidad", NEJM, 1/3/91),
informa que asistió en un suicidio como
"tratamiento médico" mientras que admite
francamente que engaña intencionadamente al
examinador médico, negándose a conceder
información. El New York Times (17/3/91) aprobó
en un editorial la acción del Dr. Quill.
Mientras tanto,
el inconformista Dr. Jack Kevorkian (conocido
como El “Doctor Muerte”) publicó un llamamiento
a favor de una nueva especialidad médica a la
que denominó "obitiatría", y utilizando
su “máquina del suicidio”, eufemísticamente
apodada el "mercitrón", logró efectuar cuatro
muertes provocadas en pacientes que no eran
enfermos terminales. Procesado dos veces, en
ambos casos se le encontró inocente de conducta
criminal.
En el segundo
proceso a Kevorkian, el juez Davie Breck del
Circuit Court -Tribunal de distrito o circuito-
de Michigan, volviéndose a hacer eco de una
postura adoptada por el juez Compton en el caso
Bouvia, mantuvo en su decisión (21/7/92):
"Si
una persona se puede negar a un tratamiento
que le mantenga con vida, entonces esta
persona debiera tener derecho a insistir en
un tratamiento que le cause la muerte con
tal que el médico esté dispuesto a asistir y
el paciente esté lúcido y satisfaga
criterios racionales." Además,
"la distinción entre suicidio asistido y
la retirada del apoyo vital es una
distinción sin merito."
No obstante, el
Dr.Kevorkian fue posteriormente declarado
culpable y encarcelado por ayudar a suicidarse a
un gran número de otros pacientes.
Dr. Leo
Alexander, un reputado cirujano de origen judío,
comentó sobre EE.UU. unos meses antes de su
muerte hace varios años:
"Es exactamente como Alemania en los años
treinta, se están rebajando las barreras contra
el matar."
Efectivamente,
los notables paralelos entre las ideas de las
elites en la medicina y el derecho en el Tercer
Reich y en los EE.UU. son evidentes.
Ambas corrientes
denigran las vidas de seres humanos con defectos
físicos o mentales; ambos están de acuerdo en
que ciertas vidas no son dignas de ser
conservadas; ambas creen que la medicina y el
derecho debieran cooperar en acabar con la vida
"sin valor".
Así, El ritmo
del avance de la eutanasia en los EE.UU. es tal
que uno puede predecir con toda confianza que -a
no ser que sea detenido ahora-, el matar
deliberadamente a los pacientes por decenas de
miles llegara dentro de los próximos 10 o 20
años.
Las primeras
víctimas continuarán siendo los que son caros de
cuidar -"desahuciados" en los "márgenes de la
vida", que tienen pocos o ningunos defensores.
Será tan racional que, como la rana en agua cada
vez más caliente, no se percibirá ningún cambio
hasta que sea demasiado tarde.
Como señalamos
antes, el Nacional Socialismo alemán heredó una
guerra médica hecha contra "comedores
inútiles" y "Lebens unwerten Leben"
-vidas que no son dignas de ser vividas".
En los casos
ante los tribunales y la literatura médica en
EE.UU., ocurre hoy del mismo modo una
deshumanización de los pacientes humanos con
pocos comentarios adversos.
Un artículo en
el The Wall Street Journal pregunta, "¿Por
qué no podemos dormir a mamá? -justo como
hacemos a nuestros perros.
De este modo,
sin pegar un tiro, en los últimos 20 años ha
ocurrido una revolución:
27 millones de niños aún
no nacidos ni deseados han sido asesinados
legalmente en Estados Unidos (el aborto
estaba duramente penalizado en el Tercer Reich)
y ahora, la "ayuda en el morir" se mueve al
escenario central, con la “ética” de la Economía
de Libre Mercado decidiendo quién continuará
viviendo y quién será matado.
De hecho, el
propio Dr. Leo Alexander -quien fue especialista
en psiquiatría del Ministerio de la Guerra en el
llamado “proceso de Nürenberg” a los médicos
nazis a mediados de los años cuarenta-, en un
artículo publicado en "Medical science
under a dictatorship" ("La ciencia
médica bajo una dictadura, NEJM 39, 39-41, 1949)
hizo una advertencia a la cual no se le prestó
mucha atención en aquel entonces, pero que tiene
importancia profética actualmente.
"Cualesquieras
que sean las proporciones que estos crímenes
[de guerra alemanes] asumieron finalmente,
se hizo evidente a todos los que los
investigaron que habían empezado desde
comienzos pequeños.
Los
comienzos al principio fueron meramente un
sutil cambio en el énfasis en la actitud
básica de los médicos. Empezó con la
aceptación de la actitud, básica en el
movimiento en pro de la eutanasia, de que
hay tal cosa como una vida que no es digna
de ser vivida. Esta actitud en sus primeras
etapas se preocupó meramente por los
enfermos graves y crónicos.
Gradualmente
la esfera de los que tenían que ser
incluidos en esta categoría fue ampliada
para abarcar a los que no producen en la
sociedad, los ideológicamente no deseados,
los racialmente no deseados y finalmente
todos los que no eran alemanes.
Pero es
importante darse cuenta de que el primer
paso hacia adelante infinitamente pequeño
del que recibió su impulso toda esta
tendencia mental, fue la actitud hacia los
enfermos no rehabilitables".
Hace poco más de
veinte años, si uno hubiera predicho que con las
actitudes públicas y leyes cambiantes el útero
humano en EE.UU. pronto se convertiría en el
lugar más peligroso de este mundo para el humano
aún no nacido, seguramente habría habido una
negación masiva.
Sin embargo, los
27 millones de abortos registrados en EE.UU.
desde 1973 -más de 4.000 por día-, dan
actualmente trágica resonancia a un hecho
indiscutible.
Hoy, uno puede
predecir con toda confianza que a menos que se
detenga pronto la eutanasia por razones
económicas, dentro de poco se convertirá en la
manera en que la sociedad norteamericana se
librará de personas "onerosas" en el otro
extremo de la vida.
A cientos de
miles se les dará muerte deliberada y legalmente
por la profesión médica, que extraerá sus
imperativos éticos del Manifiesto Humanista y la
encuesta más reciente, antes que del Decálogo y
la ética hipocrática.
c)
Eugenesia y Eutanasia en Chile
En 1933 -el
mismo año en que Adolfo Hitler se transformaba
en Canciller de Alemania-, en Chile, el joven
médico Salvador Allende Gossens entregaba
su tesis de grado con la que se tituló de
doctor, titulada: “Higiene mental y
delincuencia”.
De este modo,
Allende se situaba precisamente en el horizonte
cultural de los herederos de Lombroso y los
Neodarwinistas, abogando activamente por la
Eugenesia y la “salud racial”.
De hecho, aún
una década antes de que se dictaran las primeras
leyes alemanas al respecto, en Chile se dictó el
Decreto Ley Nº 355, del 21 de marzo de
1925.
En esta norma
legal se establece que
“es función del Gobierno luchar contra las
enfermedades y costumbres susceptibles de causar
degeneración de la raza y adoptar los medios que
juzgue adecuados para mejorarla y vigorizarla”.
Se dispuso por
tanto, la constitución de una “División de
Higiene Social”, dependiente del Ministerio
de Higiene, Asistencia, Previsión Social y
Trabajo. El decreto ley establecía que confiere
a la “División de Higiene Social el cuidado de
la raza”. A este efecto la norma legal
consideraba el establecimiento de una estructura
nacional basada en “Brigadas de Higiene
Social”. Se disponía así mismo la
organización de una “policía sanitaria”.
Aún más, se
decretó que “los
varones que desearen contraer matrimonio deberán
presentar al oficial del registro civil,
respectivo, un certificado de salud, dado por la
autoridad de higiene social… sin cuyo requisito
(el) funcionario no podrá proceder a la
celebración del matrimonio”.
Asimismo, en el
mensaje presidencial del 21 de mayo de 1939, el
Presidente Pedro Aguirre Cerda, líder de la
alianza comunista- socialista-radical del
“Frente Popular”, proclama:
“Os conjuro
a creerme que sabré respetar fielmente mi
juramento Constitucional y que será mi
preocupación constante fortificar la raza”.
Luego, teniendo
a la vista la experiencia de “Dopolavoro” de la
Italia fascista y después la de “Kraft durch
Freude” [Fuerza por la Alegría] en la Alemania
nazi, en Chile nace la iniciativa oficial
denominada: “Institución para la Defensa
de la Raza y aprovechamiento de las Horas
Libres”.
El decreto
orgánico N.° 4.157, del 18 de Agosto de 1939,
establece:
“Considerando: Que es deber del Estado velar
por el desarrollo y perfeccionamiento de las
cualidades que constituyen las virtudes de
la raza;
Que estas
virtudes pueden fortalecerse especialmente
por el ejercicio de la cultura física y la
enseñanza de la vida del hogar y la relación
social... Decreto:
Artículo
1.° - Créase una institución nacional que se
denominará Defensa de la Raza y
Aprovechamiento de las Horas Libres... Las
finalidades de esta institución, serán las
siguientes: cultivo de la conciencia del
valer nacional y del honor patrio; práctica
de la cultura física como medio de conservar
el vigor y la aptitud para el trabajo;
observancias de las costumbres higiénicas;
culto al trabajo, a la paz y a la
solidaridad humana; estímulo del sentimiento
de la dignidad y de la superación del
individúo en la vida ciudadana y del hogar;
y aprovechamiento de las horas libres por
medio de entretenimientos y actividades
honestas y educativas. Esta institución
dependerá directamente del Presidente de la
República”.
En el
correspondiente discurso, el Presidente de la
República, Pedro Aguirre Cerda, indica:
“Conciudadanos: Comprendo, sí, que hay ideas
básicas en las cuales coinciden o deben
coincidir la colectividad toda…
Entre estos sentimientos patrióticos está el
amor a la raza, a la raza chilena, a ese
conjunto social que para nosotros es todo
nuestro orgullo, que lo admiramos y
queremos, a pesar de los defectos que
pudiera tener, como se quiere a la madre y a
la bandera...
Fortificar, pues, la raza, formarla sana y
pujante, proporcionarle la alegría de vivir;
el orgullo de sentirse chileno, es un
sentimiento que nadie debe negar a nadie,
cualquiera que sea el medio que unos u otros
conceptúen como el más apropiado”.
También en esta
perspectiva se establece un proyecto de ley de
educación física. Entendiendo que se trata de
una “campaña sagrada en favor de la
fortificación de nuestra raza”, se define la
“educación física (como) parte integrante de la
educación general y debe ser atención preferente
del Estado en cuanto propende a la salud y vigor
del pueblo.
La Educación
Física será obligatoria para los escolares de
uno y otro sexo y deberá ser impartida a los no
escolares que la presente ley señala.
Establécese como obligatorio el control
biotipológico…
La Junta Central
de Beneficencia Pública y Asistencia Social
pondrá a disposición del Ministerio de Educación
Pública con cargo a la suma que se encuentra
acumulada en su poder la construcción del
Instituto de Reeducación Mental”.
Del mismo modo,
en 1940, hasta la organización comunista “Comité
Popular del Deporte” celebraba la creación del
comité oficial “Pro Salvación de la Raza”.
A la época, el
juez de menores de Valparaiso, Luis Vicuña
Suarez, postulaba:
“(Llega) el
momento de recordar a tanto criminal
inconsciente que no hay derecho alguno para
crear y seguir creando ciudadanos de
sanatorio; vidas indefensas e inermes en
medio del mundo fiero donde, a mayor
acumulación de Códigos se contrapone más
brutal predominio de la fuerza; y a mayor
suma de asistencia social cobran más impía
recrudescencia los fueros del lobo y las
leyes de la selva. ¿No tenemos -Ud. médico y
yo Juez-, la historia fichada de familias
marcadas con el prontuario del “vermoulu”
inscrito en su principio germinal y que han
desenvuelto sus obscuras existencias
larvadas en la colmena de nuestra ciudad
común, ambulando con fardos de dolor entre
el Consultorio del Seguro Obrero los
Juzgados penitenciales y el Lazareto, como
en un ansia, inconsciente de regresar a la
Nada?”.
Agregaba el juez
Vicuña Suarez:
“Toda la
piedad y la compasión del mundo para ellas,
pero ¡qué gran negocio para la sociedad si
no existieran esas frecuentes aleaciones de
histeria y de males venéreos! ¡y qué
ganancia para la contabilidad del bienestar
humano si el manantial de tanto sufrimiento
hubiera visto cegada su fuente! Por lo mismo
que se ama a los que sufren, se desea con
fervor que no hubieran comenzado a padecer;
y ese sentimiento se traduce científicamente
en el vocablo... Eugenesia".
Postula por
tanto:
“Eugenesia,
antes que lástima... Eugenesia, primero y
mejor que allanamientos y carcelazos...
Eugenesia, más interesante y mas lógica que
el veronal o la morfina, para esos pobres
degenerados “de boite” presuicidas que
mitigan falsamente las taras con que sus
padres los pusieron sobre el mundo,
imaginando acaso que los indemnizaban de
verdad dejándoles dinero para cubrirlas...
Conciencia eugenésica, valdría emanciparla
de una servidumbre de mortal ceguera y
levantar saludablemente los declives en que
verifica su evolución biológica e
histórica”.
La Segunda
Conferencia Panamericana de Eugenesia y
Homicicultura, celebrada en Buenos Aires,
Argentina, el año 1934 acordaría, entre otras
mociones:
"Considerando
que las cualidades propias de cada nación y las
generales de América están condicionadas por las
características del estado social y, sobre todo,
biológico de su masa pobladora, y que el
conocimiento de estas cualidades es esencial
para el presente y, sobre todo, para el porvenir
del continente, resuelve:...
Que se solicite
de la Unión Panamericana, en la forma más
respetuosa, que proceda a organizar y mantener
en su "Oficina Principal un Instituto de
Investigaciones de la Población Americana",
que se dedicará a dicho estudio en sus aspectos
históricos, geográficos, antropológicos,
estadísticos, económicos, culturales y
eugenésicos”.
Es entonces, en
este ambiente político, cultural y científico,
donde durante 1933, el descendiente de judío por
madre, socialista y masón, Salvador Allende
Gossens, publica su memoria de título
profesional titulada: “Higiene Mental y
Delincuencia”.
En ella, el
futuro presidente de la república proponía la
esterilización de los enfermos mentales,
fustigaba a los homosexuales y se refería de
este modo a los judíos: "Los hebreos se
caracterizan por determinadas formas de delito:
estafa, falsedad, calumnia y, sobre todo, la
usura."
Y agregaba:
“La revolución es un ‘delito colectivo
patológico’ y un revolucionario es en realidad
un sicópata peligroso, tanto más cuanto que los
movimientos masivos y violentos que él genera
provocan locuras colectivas peligrosamente
contagiosas”.
En 1939, en
calidad de Ministro de Salud, Salvador Allende
Gossens anuncia al país el tratamiento
obligatorio contra alcoholismo, alcaloides y
enfermedades venéreas como parte del
“trípode legislativo en defensa de la raza”.
El proyecto de
ley sobre contagio venéreo del 8 de noviembre de
1939 disponía la obligatoriedad del tratamiento
y certificado prenupcial.
En éste se
consigna:
“Del
Certificado prenupcial: Las personas que
padezcan de una enfermedad venérea en
peligro de contagio no podrán contraer
matrimonio. Los Oficiales del Registro Civil
no autorizarán la celebración de matrimonio
si los contrayentes no acompañaren un
certificado de salud venérea, otorgado por
el organismo respectivo del Consejo Nacional
de Salubridad...
El que
contagiare a otra persona de un mal venéreo
sufrirá la pena de reclusión… Se refiere a
la conservación de la virilidad y desarrollo
de la raza, a la salud de los habitantes y a
un sinnúmero de hechos sociales que pueden
considerarse fatales dentro del
desenvolvimiento del estado sanitario de la
nación”.
Anuncia
asimismo un programa de “esterilización
de los alienados mentales” cual
instrumento de acción en “defensa de
la raza con aspecto coercitivo compuesto por
medidas eugenésicas negativas” que,
si bien no alcanzó a debatirse en el
Congreso, de hecho consideraba la creación
de “Tribunales Esterilizadores
autorizados para ordenar el uso de la fuerza
pública en caso de rebeldía por parte de los
pacientes”.
En éste se
disponía:
“Toda persona
que sufra de una enfermedad mental que, de
acuerdo con los conocimientos médicos, pueda
transmitirla a su descendencia, podrá ser
esterilizado, en conformidad a las disposiciones
de esta ley...
Serán
consideradas enfermedades mentales transmisibles
por vía hereditaria, especialmente, las
siguientes: esquizofrenia (demencia precoz),
psicosis maníacodepresiva, epilepsia esencial,
Corea de Huntington, idiocía, imbecibilidad y
debilidad mental profunda, locura moral
constitucional y alcoholismo crónico...
Podrán solicitar
la esterilización: los directores de
establecimientos manicomiales, públicos y
privados; directores de Hospitales donde existan
secciones para enajenados; los enfermos
mentales, cuando sean mayores de edad; y los
representantes legales de enfermos mentales
incapaces”.
Proponía
entonces, Salvador Allende Gossens:
“Créanse
Tribunales de Esterilización de Primera
Instancia, que funcionarán en las capitales de
provincias y un Tribunal Superior de
Esterilización, con asiento en Santiago...
El Tribunal
Superior de Esterilización estará integrado por
el Presidente de la Excma. Corte Suprema, el
Decano de la Facultad de Biología y Ciencias
Médicas de la Universidad de Chile y el profesor
titular más antiguo que dicte la Cátedra de
Psiquiatría de la Escuela de Medicina de la
Universidad de Chile... Todas las resoluciones
que dicten los Tribunales de Esterilización
serán obligatorias para toda persona o
autoridad, y se llevarán a efecto, en caso de
resistencia, con el auxilio de la fuerza
pública”
Si uno revisa la
Ley promulgada al respecto durante el Tercer
Reich que hemos citado antes, podrá verse que la
propuesta por Salvador Allende casi parece una
copia.
De este modo, es
posible advertir que el impacto de la eugenesia
trascendía la posición ideológica particular de
los sujetos, respondiendo a una convicción
profunda y fuerte en los hombres de aquel
tiempo.
Como hemos
señalado antes, la Eugenesia es ideológicamente
equivalente a la Eutanasia, en tanto relativiza
el valor de la Vida y promueve la muerte como
una “solución final” a problemas que finalmente
son sociales.
3.- Proyecto de Ley Sobre Eutanasia
Moción sobre
Eutanasia (Texto Completo)
El siguiente
es el texto completo de la moción de los
Diputados Fulvio Rossi, Carolina Tohá, Juan
Bustos y otros, sobre reforma al Código
Sanitario:
La moción
agrega, en el Libro I del Código Sanitario, el
siguiente título VI con sus párrafos y
artículos, 54 bis a 54 bis Ñ.
Art. 54° bis.-
Para los efectos de esta ley se entenderá como
eutanasia la terminación de la vida que lleva a
cabo un médico a petición del paciente,
cumpliendo los requisitos y manifestando su
consentimiento en los términos que se señala en
los siguientes artículos.
Párrafo 1° De la
eutanasia pasiva
Art. 54° bis A.-
De la eutanasia pasiva. Es derecho de todo
paciente terminal otorgar o denegar su
consentimiento a cualquier procedimiento médico
que estime invasivo, complejo o innecesario
cuando:
Se trate de un
paciente en estado terminal, esto es, que
padezca un precario estado de salud, debido a
una lesión corporal o una enfermedad grave e
incurable, que haga prever que le queda muy poca
expectativa de vida. Que los cuidados que se le
puedan brindar al paciente sean innecesarios, en
cuanto éstos solo persigan prolongar su agonía.
Para ejercer
este derecho, los profesionales tratantes están
obligados a proporcionar, previamente y en
lenguaje comprensible para el paciente,
información completa respecto de la enfermedad,
sus implicancias y posibles tratamientos. Esto
se hará en forma oral y también por escrito, en
un acta que deberá firmar la persona o su
representante legal. En caso de pacientes cuyo
estado impida obtener su consentimiento, pero se
presume que prontamente podrá prestarlo de forma
libre y espontánea, se entenderá que acepta el
tratamiento hasta que su voluntad pueda ser
conocida.
Art. 54º bis B.-
No obstante lo señalado en el artículo anterior,
la voluntad del paciente no tiene efecto alguno
cuando:
La no aplicación
de los procedimientos o intervenciones señaladas
precedentemente suponen un riesgo para la salud
pública, debiendo dejar el médico tratante
expresa constancia de configurarse esta causal
en la respectiva ficha clínica.
Se trate de
atenciones médicas de emergencia o urgencia,
esto es, cuando la condición de salud o cuadro
clínico del paciente implique riesgo vital y/o
secuela funcional grave de no mediar atención
médica inmediata e impostergable.
Art. 54º bis C.-
La voluntad del paciente podrá manifestarse
verbalmente pero de ésta deberá quedar siempre
constancia por escrito. El consentimiento deberá
prestarse a lo menos ante dos testigos, siendo
uno de éstos el cónyuge, ascendiente o
descendiente mayor de edad del paciente. En caso
de encontrarse el paciente internado en un
recinto hospitalario oficiará de ministro de fe
el director del establecimiento o quien le
subrogue. El consentimiento siempre podrá
prestarse ante Notario Público. En caso de no
existir el cónyuge, ascendientes o descendientes
mayores de edad, o bien ante negativa de éstos,
el consentimiento deberá prestarse a lo menos
ante cinco testigos.
Art. 54º bis D.-
En caso de menores de edad la decisión de
someter o no al paciente a los tratamientos
indicados en el numeral 2º del artículo 3º será
adoptada por los padres de común acuerdo si
existiesen ambos. A falta de uno de los padres,
la decisión será tomada por él que existiese. A
falta de ambos, la decisión será adoptada por la
mayoría de los parientes consanguíneos presentes
de grado más próximo en la línea colateral,
hasta el tercer grado inclusive.
Art. 54º bis E.-
En caso de los legalmente incapaces la decisión
de someter o no al paciente a los tratamientos
indicados en el numeral 2º del artículo 54º bis
B será adoptada por el representante legal.
Artículo 54º bis
F.- En caso de muerte cerebral, entendiendo por
tal la definida en la ley 19.541, la decisión de
someter o no al paciente a los tratamientos
indicados en el numeral 2º del artículo 54º bis
B será adoptada por el cónyuge siguiendo, cuando
corresponda el orden que establece el art. 983
del Código Civil, con la exclusión del Fisco.
Art. 54º bis G.-
El médico tratante deberá consultar siempre la
opinión de una Comisión Ética de comprobación
que se establece en el párrafo 3° de este
titulo.
Párrafo 2° De la
eutanasia activa
Art. 54° bis H.-
De la eutanasia activa. Todo paciente que sufra
una enfermedad incurable o progresivamente letal
que le cause un padecer insufrible en lo físico
y que se le representa como imposible de
soportar podrá solicitar por razones
humanitarias, y de conformidad a las normas que
esta ley establece, que la muerte le sea
provocada deliberadamente por un médico
cirujano.
Para ejercer
este derecho, los profesionales tratantes están
obligados a proporcionar, previamente y en
lenguaje comprensible para el paciente,
información completa respecto de la enfermedad,
sus implicancias y posibles tratamientos. Esto
se hará en forma oral y también por escrito, en
un acta que deberá firmar la persona o su
representante legal.
Art. 54º bis I.-
La voluntad del paciente podrá manifestarse
verbalmente pero de ésta deberá quedar siempre
constancia por escrito. El consentimiento deberá
prestarse a lo menos ante dos testigos, siendo
uno de éstos el cónyuge, ascendiente o
descendiente mayor de edad del paciente En caso
de encontrarse el paciente internado en un
recinto hospitalario oficiará de ministro de fe
el director del establecimiento o quien le
subrogue. El consentimiento siempre podrá
prestarse ante notario. En caso de no existir el
cónyuge, ascendientes o descendientes mayores de
edad, o bien ante negativa de éstos, el
consentimiento deberá prestarse a lo menos ante
cuatro testigos.
Artículo 54º bis
J.- En caso de menores de edad la decisión será
adoptada por los padres de común acuerdo si
existiesen ambos. A falta de uno de los padres,
la decisión será tomada por el que existiese. A
falta de ambos, la decisión será adoptada por la
mayoría de los parientes consanguíneos presentes
de grado más próximo en la línea colateral,
hasta el tercer grado inclusive.
Art. 54º bis K.-
En caso de los legalmente incapaces será
adoptada por el representante legal.
Párrafo3°. De la
Comisión Ética de comprobación.
Art. 54º bis L.-
En cada región del país existirá una Comisión
Ética de comprobación cuya integración,
subrogación, funcionamiento y atribuciones
estarán especificadas en un reglamento que, para
estos efectos, dictará la autoridad competente.
Artículo 54° bis
LL.- La Comisión, de a lo menos cinco miembros,
estará necesariamente integrada por:
a) Un
médico cirujano designado, de entre sus
afiliados, por la directiva del Colegio
Médico procurando que éste ejerza la
profesión en la región respectiva.
b) Un
médico psiquiatra designado, de entre sus
afiliados, por la directiva del Colegio
Médico procurando que éste ejerza la
profesión en la región respectiva.
c) Un
abogado designado, de entre sus afiliados,
por la directiva del Colegio de Abogados,
procurando que éste ejerza la profesión en
la región respectiva
d) Un
profesor de derecho penal, con el grado de
doctor, que ejerza la docencia en una
Universidad afiliado al Consejo de Rectores.
Art. 54º bis M.-
Corresponderá a la Comisión Ética velar por el
adecuado cumplimiento de los requisitos que
hacen procedente la eutanasia y, verificados
fehacientemente éstos, autorizarla.
Art. 54º bis N.-
La Comisión sesionará, a requerimiento de
interesado, en un plazo no mayor a cinco días
desde que se hubiese presentado ante ésta una
solicitud de eutanasia que cumpla con todos los
requisitos formales.
Art. 54º bis Ñ.-
Para sesionar, la Comisión requerirá la
presencia de todos sus miembros o quienes
subroguen a éstos y sus acuerdos se adoptarán
por mayoría absoluta. La Comisión Ética, dentro
del plazo de cinco días hábiles, otorgará la
correspondiente autorización cuando la solicitud
cumpla con todos los requisitos. La aprobación o
rechazo de la solicitud deberá siempre fundarse
por escrito y no será susceptible de recurso
alguno. La solicitud rechazada no podrá
interponerse nuevamente sino en el plazo de tres
meses y siempre que contemple nuevos
antecedentes. Otorgada la autorización
correspondiente está le será comunicada al
Juzgado de Garantía y a la Fiscalía Local,
correspondiente al lugar donde se practicará la
eutanasia.
Artículo 2°.
Sustituyese el art. 393 del Código Penal en el
siguiente sentido:
Art. 393. El que
quitare la vida a otra, según el deseo expreso y
serio de la misma será castigado con pena de
presidio mayor en su grado mínimo. El que
induzca a otro a suicidarse sufrirá la pena de
presidio menor en su grado máximo.
El que con
conocimiento de causa preste auxilio a otro para
que se suicide será castigado con la pena de
presidio menor en su grado medio. Las penas
previstas en este artículo sólo se impondrán si
se efectúa la muerte del suicida. El supuesto al
que se refiere los incisos anteriores no será
punible en el caso de que haya sido cometido por
médico que haya cumplido con los requisitos de
cuidados recogidos en el título VI del Código
Sanitario y se lo haya comunicado a la comisión
ética de comprobación.
4.-
Análisis y Discusión
Hemos sostenido
antes que la Libertad del Ser Humano es producto
de su propia naturaleza.
Quienes argumentan a favor de la Eutanasia lo
hacen –aparentemente- a partir precisamente de
la defensa de la Libertad como un valor
fundamental.
Como hemos
visto, los modernos fundamentos teóricos de la
Eutanasia –al igual que los de la Eugenesia-,
derivaron de las tesis neodarwinistas.
Sin embargo,
precisamente para las tesis neodarwinistas –de
las que devino la moderna “sociobiología”-, el
ser humano NO es Libre, precisamente a causa de
su naturaleza biológica y genética.
En efecto, para
los modernos neodarwinistas, los sociobiólogos,
el ser humano es simplemente una “máquina
de transporte de genes”, que actúa
fundamentalmente en forma egoísta para preservar
esos genes. Así, la conducta estaría básicamente
predeterminada, y en realidad no existiría
libertad.
A lo sumo, la
única “libertad” que tendríamos en términos
bioéticos, sería la libertad de transmitir
nuestros genes a la próxima generación, y
–consecuentemente-, las tesis eugenésicas
tendrían razón al intentar “proteger” el legado
genético de la humanidad. Lo mismo vale para la
Eutanasia.
De allí nace la
inconsistencia argumental de defender la
eutanasia como parte de la Libertad, y –a la
par-, de sostenerla como solución del
determinismo vital que nos lleva a la
muerte.
La libertad en
este caso, está además condicionada por la
determinación médica de que la vida de un
paciente no es viable, o –si lo vemos en
términos de la Ley propuesta para nuestro país:
“la terminación de
la vida que lleva a cabo un médico a petición
del paciente, cumpliendo los requisitos y
manifestando su consentimiento”.
Pero, ¿cómo se
determina esto en términos médicos? Al respecto,
el filósofo argentino Alberto Buela sostiene
:
“El acto médico
es un acto complejo pues no sólo implica
conocimiento, la primera obligación del médico
es saber (principio de beneficencia), pues si no
sabe no puede cumplir con su deber por más
compasión y bondad que pudiera tener. Y al
mismo tiempo el acto médico lleva implícito un
acto moral. Es decir, es un acto científico y
ético al mismo tiempo.
Científico
porque exige el conocimiento de su ciencia a la
perfección o al menos de la manera menos dañosa
para el paciente (principio de maleficencia), y
ético porque su materia específica es el cuerpo
humano que no es un cuerpo más de los que
componen el mundo, sino que tiene el extraño
privilegio de ser el único cuerpo que es fin en
sí mismo y no medio para otra cosa”.
Y es un fin en sí mismo porque el cuerpo humano
constituye una unidad psicofísica con el
espíritu. Esta unidad se expresa en la idea de
persona, la que a su vez es definida como: un
ser, moral y libre. Único e irrepetible. Un
argumento muy poco conocido acerca de la
dignidad del cuerpo es el que nos recuerda el
filósofo Maurice Merlau- Ponty:
“No podemos tratar el cuerpo
como se estudia una cosa cualquiera del
mundo. El cuerpo es a la vez visible y
vidente. No hay aquí dualidad sino unión
indisoluble. El mismo cuerpo es quien ve y
quien es visto”.
De este modo, la
especificidad del acto médico es que se trata de
un acto voluntario y libre.
Si lo
involuntario es, en ética, determinado, producto
de la fuerza y la ignorancia, lo voluntario es
-por contraste- aquello cuyo principio está en
el agente (el médico) que conoce las
circunstancias particulares de la acción.
Y es libre
porque es un acto responsable que viene de
respuesta, pero no cualquiera, sino de una
respuesta demorada, producto de la deliberación
que termina en la elección.
Sin embargo, en
este caso la libertad no es “poder hacer lo que
se quiere”. Esa es la libertad del loco, esclavo
de sus propias pasiones o desvaríos.
La libertad está
íntimamente vinculada a la responsabilidad. A la
capacidad de dar respuestas.
Entonces se
puede afirmar que el irresponsable es al obrar,
lo que el necio es al saber. El primero cree que
es libre cuanto más alocado es y el necio cree
que sabe cuando en realidad no sabe.
El hombre es
antes que nada persona. Esto es, un ser, único,
singular e irrepetible marcado por los rasgos de
moral y libre.
En el acto
voluntario utiliza su libertad para decidir qué
hacer o cómo obrar. Este acto tiene dos
momentos: uno, primero, el de la deliberación y
otro, segundo, el de la elección o decisión.
El hombre no
delibera sobre todas las cosas, pues no se
delibera sobre lo necesario, lo que no puede ser
de otra manera, sino que se delibera sobre las
cosas que dependen de nosotros y es posible
hacer. Entendiendo por posible aquello que
podemos hacer por nuestra propia intervención.
No hay
deliberación sobre aquellos temas de la ciencia
que han sido resueltos y que han quedado fijado
como por ejemplo las letras de abecedario o el
principio de Arquímedes, pero sí la hay sobre
las cosas que se verifican no siempre del mismo
modo como sobre problemas de medicina o de
negocios.
Incluso se
delibera más en las artes (la medicina es un
arte) o las técnicas, que en las ciencias,
porque en las artes y en las técnicas se le
presentan al hombre mayores perplejidades.
Deliberamos
sobre las cosas que ocurren de un cierto modo en
la mayoría de los casos pero cuyo resultado no
siempre es el mismo.
En una palabra,
deliberamos no sobre los fines sino sobre los
medios. Y así puede afirmar Aristóteles: “No
delibera el médico si curará, ni el orador si
persuadirá... ni nadie sobre el fin, sino que
una vez que se han propuesto el fin, examinan
todos ellos por qué medios alcanzarlo. Si
pareciera que por muchos medios se puede lograr,
se buscará el más fácil y el mejor”
Es que el médico
como el orador del ejemplo no tienen dudas
acerca del fin que persigue su actividad y su
disciplina: el curar la enfermedad y el
persuadir al oyente.
La mayoría de los procedimientos de tomas de
decisiones médicas consideran aspectos parciales
a tener en cuenta. Así Sackett da prioridad a la
utilidad, Thomasma a los valores,
Siegler la calidad de vida y Drane los
factores socioeconómicos.
Esto pone de
manifiesto la importancia del tema de las
decisiones médicas desde el punto de vista de la
moralidad de sus acciones.
La pregunta que
surge entonces, es precisamente bajo qué
criterios éticos, valóricos y científicos un
médico tomará la decisión de asesinar a un
paciente -con previo consentimiento de este-, y
en qué medida esta será una libre determinación
para ambos.
En el caso del
médico, es claro que sus decisiones estarán
determinadas por los valores, principios y ética
con las que haya sido formado. Si estos valores
son utilitarios y materialistas, la vida será
entendida de este modo por él.
En el caso del
paciente, la Muerte no es una opción, ya que
este hecho está biológicamente determinado.
La muerte es
considerada por la filosofía como un “aún no”
o “como la posibilidad de la absoluta
imposibilidad”. Es el acto más personal y
solitario que ejecuta el hombre, pues nadie
muere por otro, pero a la par, es el acto menos
voluntario de todos, ya que ocurrirá vocatus
atque non vocatus
.
Es decir, no somos “libres” de morir,
sino que estamos absolutamente determinados a
morir.
Ante esto se
argumenta que la libertad consistiría en elegir
cuándo y cómo morir: sin embargo también se
trata de una ilusión. Un paciente que tuviese
oportunidad de sanar nunca elegiría morir, y –de
hecho-, biológicamente la única “libertad” es
precisamente resistirse a la muerte.
Visto en una
perspectiva más amplia y consecuente con los
fundamentos de la actual biología, la teoría
general de sistemas y el devenir físico del
universo, la vida es “libre” en cuanto
constituye la única alternativa al determinismo
materialista de la entropía universal.
Una roca, un
líquido, un gas, un planeta o una estrella no
tienen ninguna “opción” frente al aumento de la
entropía universal determinada por la segunda
Ley de Termodinámica: “La entropía de un
sistema cerrado aumentará”.
Los “sistemas
cerrados”, están condenados a la “muerte
térmica”, independientemente de cuánto tiempo
puedan mantener sus estructuras moleculares
estables.
Los seres vivos
no son sistemas cerrados, y gracias a ello,
pueden escapar momentáneamente –durante sus
propias vidas-, y hereditariamente –durante
la evolución de sus especies-, de la
entropía.
Sin embargo, una
vez que el fenómeno de la vida se inicia, queda
precisamente determinado por esa “libertad”
frente a la entropía:
“un ser vivo sólo puede elegir vivir”
y por ende la muerte no es una “opción”.
Como corolario
de lo anterior, es clave considerar que en la
discusión sobre la Eutanasia uno de los
principales aspectos sostenidos a su favor ha
sido el evitar “dolor innecesario” al
paciente.
La lógica
subyacente es la misma que opera respecto a la
Eugenesia: vistas así, estas acciones son
decisiones “caritativas” y “piadosas”, que
evitan al paciente (y a la humanidad), el dolor
de cargar con los aspectos menos agradables de
ser Seres Vivos (una piedra no “sufre”).
A medida que la
tecnología médica aumenta, la supresión del
dolor ha llegado a establecerse como un
parámetro estándar de una buena atención médica.
De hecho, pacientes terminales con tratamientos
adecuados pueden evitar todo el dolor asociado a
su padecimiento.
De esa forma, el
límite entre la Eutanasia como “alivio final”
del dolor se vuelve difuso.
Entonces, si la
Eutanasia no es en realidad una “libre
elección”, si no se trata de “eliminar el
dolor”, y si en realidad, no constituye una
premisa ética de la Vida en su conjunto, ¿sobre
qué bases podría sostenerse?
Los que fluye de
todo el análisis desarrollado, indica que los
fundamentos verdaderos de la Eutanasia tienen
directa relación con los valores sociales
predominantes, la concepción acerca de
la calidad de vida, la
utilidad de la misma y –sobre todo-, los
factores socioeconómicos
involucrados en su mantenimiento.
Se trata en
suma, de argumentos totalmente materialistas,
cuyo único efecto es relativizar el valor de la
vida y minimizar la responsabilidad social en el
sostenimiento del altruismo, privilegiando el
egoísmo y los criterios de mercado.
Una sociedad
sana es una sociedad donde la Vida en su
conjunto, y la de cada persona que la forma, son
protegidas y fomentadas por toda la sociedad.
En una sociedad
sana, las condiciones socioeconómicas nunca
determinarán el “valor” de una vida, ni la
necesidad de ponerle término anticipado, y por
definición, promoverá conductas que favorezcan
la salud –biológica, mental, social, económica y
valórica-, de todos sus miembros.
De este modo,
una sociedad sana no se preguntaría acerca del
“costo” de mantener a un paciente con vida,
porque la Vida no puede ser reducida a un
criterio de mercado, y –de hecho-, el valor de
un Ser Humano no se mide por la “calidad” del
funcionamiento de su cuerpo.
Adicionalmente,
la salud en términos ecológicos no es
precisamente la “ausencia de enfermedad”,
sino la capacidad de las poblaciones del
ecosistema, de resistir y superar la presión
selectiva que las enfermedades representan: para
ello, una población debe ser genéticamente
diversa –la endogamia y la mono especificidad
son formas rápidas de llegar a la extinción-, y
con ello también se invalidan las tesis
Eugenésicas.
De hecho, la
salud de un ecosistema puede medirse en términos
de su biodiversidad, así como la salud de una
población humana, puede ser establecida como la
capacidad del pool genético presente, de
resistir y sobrevivir a una pandemia.
Por ello, las
políticas eugenésicas y su tendencia a
establecer “tipos perfectos” a los cuales
la “selección natural” tendería, son
completamente contradictorias con el modo en que
la adaptación opera: mientras más genéticamente
homogénea es una población, menos resistente y
capaz de sobrevivir a la presión selectiva se
vuelve.
En síntesis, la discusión sobre la Eutanasia y
su gemela, la Eugenesia, es fundamentalmente una
discusión acerca de las concepciones ideológicas
dominantes en nuestra sociedad y en el Planeta.
Nuestras conclusiones parten de esta última
premisa.
5.- Conclusiones
De acuerdo a lo señalado, este autor desea
expresar su completo rechazo a los fundamentos y
proposiciones que han llevado a promover el
establecimiento de una Ley de Eutanasia en
Chile.
Se trata de una iniciativa que tiene claros
antecedentes en concepciones utilitarias,
egoístas y materialistas de la Vida, y que –por
su propia naturaleza-, son completamente
contrarias al ejercicio de la Libertad que nos
otorga nuestra naturaleza como seres humanos.
Del mismo modo,
estas ideas son consecuentes con un modelo de
Civilización que está basado en la Cultura de la
Muerte y en la negación del valor de la Vida,
herencias directas del materialismo en todas sus
formas.
La humanidad
evolucionó durante toda la Prehistoria en plena
coherencia estructural con la naturaleza.
En esa época, el
hecho de que un recién nacido no pudiera
sobrevivir no implicaba una actitud social
“eugenésica”, ya que ante todo se intentaba
preservar la vida.
Del mismo modo,
una enfermedad –incluso grave-, no constituía
una sentencia de muerte inmediata: existen
registros arqueológicos de individuos Cro
magnon de avanzada edad, que sobrevivieron a
accidentes de gran magnitud. También hay amplia
evidencia de trepanaciones cerebrales a las
cuales los pacientes sobrevivían largos años,
demostrando que las operaciones tenían por
objetivo reestablecer la salud de los afectados.
La cultura
prehistórica era una continua celebración de la
Vida, y la muerte se entendía como parte
integral del mismo proceso cíclico.
Fue con el
surgimiento de las ideas socráticas y su moderna
expresión en el cartesianismo, que la
fundamental unidad entre Dios, Hombre y
Naturaleza se vio cuestionada.
Así, la
sentencia “cogito ergo sum”, implicó la
separación entre Cuerpo y Mente, extensiva a la
separación entre Hombre y Naturaleza.
En esta
dualidad, la muerte dejó de ser parte
fundamental del ciclo de la Vida, y se
constituyó como un hecho rechazado y resistido
culturalmente.
Paralelamente,
la Vida dejó de tener sentido en tanto unidad
indivisible entre espíritu y materia, y pasó a
ser considerada desde una perspectiva únicamente
materialista: el funcionamiento del cuerpo
humano fue equiparado con el de una máquina, y
–consecuentemente-, la enfermedad y la muerte
fueron equiparadas con “fallas de diseño”,
“fatiga de materiales” y “término de la vida
útil”.
Esta moderna
actitud de negación de la muerte se expresa
–entre otros ejemplos- menos conspicuos, en los
actuales “parques del recuerdo”: cementerios
donde la lápidas se encuentran a ras de tierra y
el entorno aséptico nos evita la ominosa
presencia de los tradicionales mausoleos.
Entonces, si el
cuerpo es equivalente a una máquina, y está
determinada por la “resistencia de materiales”,
la “vida útil” está también limitada por sus
“condiciones materiales”: es decir, por la
“calidad de vida”, por la “utilidad” y por el
“costo económico”.
Así, la muerte
natural no es “legítima” si se pueden evitar sus
aspectos desagradables: el suicidio asistido se
vuelve una salida “rápida, indolora y eficiente”
frente a la enfermedad, el dolor, y por cierto,
los costos económicos asociados. Paralelamente,
a partir de la afirmación nietzscheana sobre la
“Muerte de Dios”, la dimensión espiritual de la
Vida se encuentra completamente ausente.
De este modo, el
resultado de todo el proceso metafísico de
Occidente nos lleva en una secuencia lógica que
puede ser brevemente resumida como sigue
:
-
Pérdida de
la noción de Divinidad:
Del panteísmo, al politeísmo, al monoteísmo,
al antropocentrismo, al racionalismo, al
materialismo, a la muerte de Dios, al
estructuralismo y al deconstruccionismo.
-
Pérdida de
la noción de Espiritualidad:
De la Muerte de Dios a la ausencia de la
espiritualidad, y el fin del concepto de
hombre como unidad substancial de cuerpo y
espíritu, quedando resumido en una dimensión
puramente material e intrascendente.
-
Pérdida del
sentido de la Vida:
La muerte de Dios y la pérdida de la
espiritualidad remiten a un mundo sin una
causa u origen primero, y a la consecuente
inexistencia de una dimensión espiritual.
Esta pérdida se refleja a su vez en la
carencia de un sentido de finalidad, y –por
ende- a la pérdida del sentido de la Vida.
-
Si la
realidad actual carece de un sentido
trascendente y queda reducida a las cosas en
sí mismas o en sus estructuras, es porque
hoy prima un contenido, significado y
sentido de mera inmanencia de la realidad.
Se ha producido un cambio en el sentido del
sentido, y se ha deconstruido la realidad.
De esta
situación fluyen las siguientes tendencias
sociales dominantes, presentes en nuestra
sociedad:
-
Desazón – Desesperanza – Desesperación –
Desilusión – Desamparo
-
Confusión – Soledad – Angustia – Ansiedad –
Asfixia – Depresión – Melancolía – Miedo
-
Vacío – Aburrimiento – Hastío – Aislamiento
– Inabarcabilidad
-
Individualismo - Insensibilidad –
Impenetrabilidad
-
Apatía – Ausencia – Cinismo – Arrogancia –
Impiedad
-
Insatisfacción – Frustración – Evasión -
Olvido
El resultado de
estas tendencias se expresa en:
Aniquilación:
de las tendencias establecidas se infiere un
estado social de aniquilación o intención de
terminar con la realidad dolorosa e insoportable
mediante la eliminación de la racionalidad que
la capta, o sea, destruyendo o arruinando
completamente las cosas y la realidad misma,
intentando reducirla a la nada. Implica el
renacimiento de la existencia de un estado de
impotencia o carencia de potencia, que
corresponder a la incapacidad de virtud
generativa de bien.
Suicidio:
De las tendencias establecidas se infiere un
estado social suicida o con la intención de
terminar con la propia vida humana, ante el
cansancio o falta de fuerzas que produce la
imposibilidad de adaptarse o superar la realidad
dolorosa o insoportable.
El suicidio
corresponde a la acción y efecto de suicidarse o
buscar suicidio
,
es decir, de matarse a sí mismo de modo
inmediato, o de manera gradual y progresiva.
El suicidio
surge como aniquilamiento del ser en una
búsqueda de plenitud no lograda, castigo a la
realidad y respuesta a la pérdida e incapacidad
de lo significativo que confiere contenido,
significación, valor y sentido a la vida.
Entonces, en una
realidad que no existe más que en nuestra mente,
y donde la vida no tendría ningún sentido ni
significado trascendente, la Eutanasia resulta
la respuesta lógica de un modelo cultural
que ha logrado cuestionar las bases mismas de la
evolución humana, y que lleva implícita la
tendencia al suicidio de la especie, esto es, a
nuestra propia Extinción.
En términos más
amplios, esta lógica se encuentra claramente
expresada en nuestra actitud hacia el Planeta y
la Naturaleza: hoy estamos aplicando una
verdadera Eutanasia Planetaria Masiva,
extinguiendo más de 40 especies por año,
depredando hasta el último rincón de la Tierra,
contaminando polucionando y envenenando todos
los ecosistemas, alterando el Clima global, y
provocando sistemática y consistentemente, las
condiciones necesarias para un proceso de
extinción masiva de la actual biota planetaria,
incluido el propio Ser Humano.
Entonces, decir
NO a la Eutanasia es la única respuesta ética de
quienes sostenemos que Dios, Hombre y Naturaleza
son un todo único e indivisible, y la última
respuesta a la entronización absoluta del
materialismo, y su corolario de muerte,
aniquilamiento y extinción.
Alexis López
Tapia
6.-
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