
TIWANAKU
LA OBRA PERDIDA DE LOS DIOSES
Desde Bolivia escribe: Andrés Tejada, Acción Directa
Aún recuerdo mi primera visita a Tiwanaku. Tenía yo 12 años, y si bien el viaje en bus me pareció bastante monótono, al llegar tuve la primera sensación que invade a cualquiera que visite las ruinas: misterio y sorpresa. Esto lo sentí muy bien al recorrer todo el sector, admirando las enormes estelas de piedra, los gigantescos muros y las construcciones que parecen invitar a resolver y revelar ese pasado glorioso, esa Edad de Oro andina cubierta aún por el velo de la ignorancia y el desinterés.
Encontramos entonces a 3.936 metros sobre el nivel del mar y 17 kms. al sur del lago Titicaca, una monumental obra, la cual nos sugiere un alto conocimiento y dominio de las ciencias, con una masa humana organizada y estratificada importante, eminentemente constituida por una población agrícola avanzada, con un alto desarrollo dentro la cerámica y objetos metálicos. Aunque se le debe una antigüedad que se sitúa en el VI a.C. (1) es posible que en un tiempo tuviera contacto marítimo. Esto, basados en los restos de sedimentos marinos que no solo se encuentran en los alrededores, sino en gran parte del altiplano boliviano. Lo anterior nos puede sugerir entonces dos alternativas: la primera, nos presentaría a los tiahuanacotas como un pueblo que llegó a esas antiguas costas y se estableció en las tierras altas andinas (2); la segunda nos muestra a esta civilización como originaria, pero con un alto intercambio comercial con otras culturas contemporáneas (3). Si dejamos por un momento el discutir si una u otra posibilidad es más acertada y nos centramos en la esencia misma de las ruinas como un acto de proporciones magnificas, veremos que cualquiera sea su origen, son el recuerdo máximo de una primitiva cultura sudamericana, de la cual poco sabemos hasta hoy. Aunque de uno u otro modo, compartimos la aseveración que tenemos como muy acertada, de que los pueblos actuales no podrían haber sido artífices de semejante esfuerzo, esto no es una apreciación nueva, ya lo mencionaba de este modo el profesor Enrique Finot, -cito-:
"No hay motivo alguno para atribuir a los aimaras la cultura milenaria de Tiwanaku, por el hecho de ser aimaras los habitantes de la región en que esos vestigios se hallan enclavados. Si hubieran sido aimaras los más remotos pobladores de Tiwanaku, querría decir que ese pueblo ha retrogradado, contrariando las leyes del progreso. En todo caso conservarían algún rasgo de su pasada grandeza. Lo más probable es que el pueblo que construyó Tiwanaku hubiera emigrado o desaparecido a través de los siglos, lo que no es inverosímil. Lo mismo cabe decir de un probable origen quichua".
Y esta no es una idea fuera de contexto como se la vería inicialmente, ya que basta con visitar y observar con algo más que detenimiento tal trabajo. Saltarían entonces a nuestro ojos, inmensos monolitos o estelas antropomorfas de rasgos esquemáticos tallados de más de dos toneladas y 7,5 mts de altura, con un detallado trabajo de grabados; altos escalones en los edificios que sugieren una cultura de gran estatura y complexión; muros de precisión matemático-geométrica y compararlos con la arquitectura de estas culturas mencionadas, de la cual, en la aimara, podemos decir que destacan dos tipos de edificios característicos: las pucaras y las chullpas, ambas construidas generalmente en piedra y/o adobe; y dentro su arte cerámico, se rescata el hecho de que presenta tres colores y es muy tosca, se dedicaba casi exclusivamente al pastoreo y en menor medida a la agricultura. ¿Qué nos queda entonces? Que lo que uno observa en medio del altiplano es obra de titanes, sin desmerecer las diversas manifestaciones culturales de otros pueblos, y apreciando su valor incalculable en su justa medida. Pruebas simples para una comprensión simple.(4)
Entonces tratemos de ver y entender porque el año 1.000 a.C., los Incas, cuando descubrieron las ruinas, huyeron del lugar, presa de un temor desconcertante, y buscaron otro refugio para no tener que profanar el lugar, ya que para ellos, esa ciudad construida en un época tan antigua, que su tradición oral no la mencionaba, tenía que haber sido obra de los dioses. Sin ser especulativos en nuestras apreciaciones, ni buscar una justificación degradatoria como es el hecho de quitar a los arquitectos de Tiwanaku su mérito y hacer afirmaciones fuera de todo contexto objetivo, como es el de asumirla como obra de extraterrestres o prodigios mágicos.
Simplemente no estamos de acuerdo, ya que estaríamos quitándole al hombre como tal, su capacidad creativa, de elaborar obras magníficas cuando el medio y el espíritu están en armonía con el cosmos, cuando se unen los esfuerzos colectivos en detrimento de los individuales con el solo objetivo de tallar con el cincel la piedra y con la mente un futuro que perpetúe, no simplemente como un acto simbólico accidental, ya que tal como lo asegura el investigador Guillermo Lange Loma:
"Los monolitos de Tiwanaku encierran átomos de altísima conciencia, cuya misión es la de estimular a la especie humana a su total realización material y espiritual. Dichos elementos atómicos fueron implantados por los sacerdotes-científicos que regían los destinos de esta arcaica cultura precursora. Esto explica la misteriosa y potente atracción que estos admirables monumentos ejercen en el ánimo de los investigadores que estudian su misterioso mensaje hieroglífico". (5)
Sin embargo estamos quizás al principio de la develación de estos misterios.
Gracias a un grupo multinacional de investigadores pertenecientes al Akakor Geographical Exploring, que se encuentra en el trabajo de buceo y sondeo del lago Titicaca con la esperanza de encontrar el "Templo Mayor", que no sería otra cosa que el símbolo de la posición ideológica y religiosa de este pueblo. Encontrarlo equivaldría a ayudarnos a revelar que mensaje tienen los distintos grabados, algunos de sentido sugestivo como la svástica, el cáliz y la cruz.
Aún queda mucho por entender y descubrir para terminar esta historia. Por ahora, deseamos el inicio de una nueva visión para entender su mensaje...el inicio de un nuevo pensamiento para asumir su legado.

NOTAS
1. Son variadas la opiniones que acerca de la antigüedad de las ruinas, ya que mientras algunos cronistas durante la Conquista le asignaban una edad no mayor a los doscientos años, otros como el investigador Max Hule calculaba casi quince siglos y Posnansky entre diez y doce mil años.
2. Dice Enrique Finot: "Sobre el origen de los primitivos pobladores de la meseta andina, hay dos teorías contradictorias que, a nuestro juicio, no se excluyen, sino que se complementan: la que les asigna una procedencia amazónica o de otras regiones del continente. El descubrimiento de vestigios tiahuanacotas en las costas del Atlántico es un indicio de que en un época remota (y de acuerdo con una tradición indígena recogida por los historiadores de la Conquista) una raza antiquísima vino hacia el occidente, buscando las tierras altas, a causa de un cataclismo ocurrido en las tierras bajas del oriente. Posteriormente pudo producirse la inmigración de procedencia oceánica, de donde resultó la raza colla, precursora de los aimaras y de la civilización incaica. La permanencia en la región, de restos de raza y lenguas diferentes (los uros, los puquinas y los atacamas, etc.), que nada tienen de común con los quichuas y los aimaras, demuestra que en la zona altiplánica existieron varias culturas superpuestas, anteriores a la dominación incaica".
3. Se cree que una raza antiquísima pobló la región que circunda al lago Titicaca, esto debido a los vestigios arqueológicos que se han encontrado. Esta hipótesis atribuye la construcción de Tiahuanaco a la raza que se ha dado en denominar protocolla.
4. "El acento en las monumentales estructuras arquitectónicas impulsó a Tiawanaku en su época III, la cual se fisonomizó por el tránsito de aldea en urbe. El cometido se acentuó en la construcción de templos, con los lienzos de sillares y pilares pétreos, resistentes a los efectos perniciosos del tiempo, cada vez de magnitud más extraordinaria. Se puede citar a Kalasasaya y Pumapunku, con cerca de dos hectáreas de superficie cada uno, o la pirámide de Akapana. Tal labor demandó el concurso de cuerpos de especialistas, artesanos, albañiles, canteros, metalarios, pintores, escultores, ceramistas, etc. Además fue menester arquitectos e ingenieros ya que muestran las edificaciones minuciosa planificación. Para comprobar me ciño a expresar que los muros sur y norte de Kalasasaya poseen una inclinación uniforme de 0.89%, con evidente exactitud que nunca pudo ser fruto de la casualidad...Para la colocación de un bloque de arenisca roja en la plataforma de Pumapunku, que pesa 131 toneladas, tuvo que formularse un plan bien meditado".
Carlos Ponce Sanginés: "Tiwanaku: Espacio, tiempo y cultura"
5. Guillermo Lange Loma: "Montañas sagradas, momificación y magnetización". Artículo aparecido en "El Diario", edición del 28 de enero de 1996.
BIBLIOGRAFIA
1. FINOT, Enrique: Nueva historia de Bolivia. Editorial Gisbert, La Paz, Bolivia. 1978.
2. KLEIN, Herbert: Historia de Bolivia. Editorial Juventud, La Paz, Bolivia. 1993.
DATOS PERIODÍSTICOS
1. Tiawanaku: Enigma de enigmas -Primera parte-, Alberto Laguna Meave. Artículo de "El Diario" del 8 de septiembre 1996
2. Tiawanaku y la Atlántida -Segunda Parte- Alberto Laguna Meave. Artículo de "El Diario", sin fecha.
3. Descifrar los símbolos de Tiawanaku, Guillermo Lange Loma. Artículo de "El Diario" del 13 de octubre de 1996
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